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8.2.09

.sueños atrasados. .06.02.09.

El auto se detiene en mitad de la nada. Vengo en la parte de atrás de la camioneta y tengo la idea de que el conductor ha salido a pelearse, pero después ya no hay nadie fuera. Ni queda nadie dentro. A lo lejos sólo se mira el paisaje desértico. Me bajo. Me siento mal, siento como si mi cuerpo se encontrara hinchado, como si por mi garganta subiera alguna clase de relleno. Siento mi garganta atorada y mi boca llena y me arrodillo tratando de vomitar pero no puedo. La sensación es dolorosa, como una herida interna que sangra. Continuo tratando de vomitar y cuando por fin lo logro es un líquido negro que cae al suelo. No me hace sentir mejor, continuo sintiéndome llena de malas cosas. Es algo que está mal dentro de mí y sé que tengo que escupirlo todo pero no puedo. Pienso en que todo dentro de mí es negro y no puedo escupirlo.
Avanzo hasta llegar a un centro comercial de varios niveles. Veo personas pasando junto a mí y que se alejan, atravesando los pasillos. Todo luce de un ambiente cálido, las paredes son anaranjadas y hay varias plantas. Yo subo escaleras, salto de un nivel a otro, veo tiendas de piedras preciosas en formas extrañas. Espero a alguien, quizá a la misma persona que estaba en el coche conmigo. Pero parece como si nunca fuera a llegar, como si ya estuviera ahí, en alguna parte, pero no fuera a llegar conmigo nunca. Me desespero pero no puedo hacer nada, continuo avanzando de un lado a otro, me desespero. Estoy mareada y quisiera vomitar de nuevo. Me detengo en un pasillo y quisiera poder soltarlo todo. Hay alguien detenido junto a mí, me mira como si le importara pero no hace nada. Me duele todo el cuerpo, quisiera que todo terminara, pero no puedo vomitar.
Entonces despierto.

22.1.09

.sueños atrasados. .16.01.09.

La habitación es todo, no se le puede contener, los pasillos no llevan lejos de ella. La luz amarillenta da una sensación de que ya ha anochecido siempre. Hay poca gente pero todo luce tan pequeño por momentos que siempre parece que estamos amontonados, que todo el tiempo chocamos con los demás y que nuestro cuerpo apenas puede limitar su propio espacio. Yo vivo ahí, tengo mi espacio para escaparme, y por encima de todas las cosas miro mi casa, como una pequeña casita del árbol construida sin árbol alguno.
Hay algunas mujeres cerca de mí y hablan, aunque no les presto atención ni puedo entenderlas. Alguien más me dice algo y me siento retada, como si tuviera que demostrarle algo a los demás, encontrándonos todos tan atrapados. Tomo la escalera y me dispongo a subir a mi habitación casa del árbol, casi casa de muñecas. La escalera es pequeña y luce frágil, la acomodo pero no parece suficientemente rígida como para aguantar mi peso. Trato de acomodarla un poco más pero no tiene caso. Todos me miran mientras realizo esta acción, como si fuera mi gran prueba.
Subo unos escalones y siento como si fuera a romperse. Al único que yo puedo mirar es a quien me retó. Continuo subiendo como si la distancia fuera muy larga aunque la casa apenas si debe suspenderse unos dos metros y medio por encima del nivel del suelo. No miro hacia arriba mientras subo.
Cuando llego al final me doy cuenta que no hay final. La escalera da contra la pared también amarilla. La gente continua mirando, la escalera se encuentra contra un enorme librero infantil. Mi casa ha desaparecido dentro de uno de los libros. Ellos no dejan de mirarme y yo ya no quiero mirarlos a ellos. Tomo el libro, de pasta oscura sin dibujos, lo abro. Parece una libreta de dibujo, en sus páginas apenas algunas manchas de colores claros casi diluidos con agua pretenden concretar formas. Mi casa está dentro y sé que si quisiera podría entrar. Cierro los ojos y quiero desaparecer. Pero no puedo.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Mi niñez" de Joan Manuel Serrat.

10.1.09

.sueños atrasados. .07.01.09.

Estaba de nuevo en la isla, volvía a ser de nueva una adolescente. Me encontraba devuelta a aquellos años a la vez que los cargaba encima. Salía del teatro de la ciudad como si hubiera salido de una clase. Me encontraba por el estacionamiento cerca del parque central y la tarde comenzaba a caer. Todo lucía abandonado y ya sólo quedábamos Mariana y yo ahí afuera. Hacía mucho frío. Mariana fumaba un cigarro mientras platicábamos y yo sostenía unos libros. Entonces ella me decía que ya tenía que irse y que pediría un taxi. Me ofrezco a acompañarla unas cuadras y luego continuaría caminando hasta casa de Ian que vivía cerca de ahí. Era como si las calles después del centro continuaran creciendo hasta su casa.
Antes de subirme al taxi le preguntaba si estaba bien mi atuendo, me sentía preocupada por cómo me vería Ian. Llevaba un vestido negro muy corto, una mezcla entre vestido formal y vestido de playa. Era lindo, pero yo me sentía nerviosa de que la falda pudiera lucir muy corta. Mariana me decía que no, que estaba bien. Yo trataba de jalarlo para conseguir que bajara un poco más y era como si jalara más tela que se encontraba debajo. Como si la falda tuviera otra debajo en color azul deslavado que queda más larga que la tela negra. Sentía como si mi cuerpo, de la cintura para abajo, fuese un terreno enorme donde podría encontrar telas y telas saliendo, como del sombrero de un mago.
Mariana detenía un taxi y me subía con ella. Avanzábamos por calles muy grandes y en la esquina le decía al taxi que me bajaba pero él no se detenía. Seguía insistiéndole y él decía que lo haría, pero continuaba avanzando. Comenzábamos a discutir, a agredirnos verbalmente, hasta que por fin se detenía pasadas varias calles. Él decía que se detendría sólo cuando fuera el momento y yo le respondía que, claro, el momento sería muchas cuadras después de que uno debiera bajarse. No me despedía de Mariana y comenzaba a avanzar por las pequeñas calles que llevaban al centro de la ciudad. Le llamaba por teléfono a Ian para preguntarle si me estaba esperando y me imaginaba su casa como una pequeña casa caribeña y él me decía que sí y me sentía como una adolescente de nuevo al escuchar su voz.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Our last summer" de Abba.

15.11.08

.sueños atrasados. .14.11.08.

Mi celular sonaba desde la habitación contigua. Todo está demasiado iluminado y demasiado vacío. Corro para contestarlo no alcanzo. Cuando lo tomo entre mis manos me llega un mensaje. El celular de convierte en una pantalla, en una tarjeta, en una carta. El texto brilla en grandes letras negras contra el fondo blanco. Es un mensaje de Dante, cuando veo su nombre digo en voz alta, como si le hablara a él, que es raro que me llame después de tanto tiempo. El mensaje se abre como si respondiera, me dice que me apure, que ya están todos ahí. El ahí es muy lejos, tengo que emprender un pequeño viaje. Tengo una conciencia extraña de la reunión, como si tuviera la cita concertada desde mucho tiempo antes pero no hubiera recordado que era ese día. Imaginaba entonces a todos reunidos en casa de Luis, los viejos habitantes de antes, y me extraña que hayan decidido reunirse de nuevo después de tanto tiempo. Es extraño que entre todos ellos no esté Bake. También es extraño que haya sido precisamente Dante quien me llamara. Pero entonces la idea cambia, la reunión es otra, ahí sólo estarán Dante y Luis y muchos desconocidos. No sé cómo acepté ir, quisiera declinar entonces pero no puedo. Al mismo tiempo siento que nunca saldré de ese cuarto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "The world is not enough" de Garbage.

31.10.08

.sueños atrasados. .30.10.08.

Me encuentro sentada en un parque cuadrado. Parece un espacio cerrado, donde la vegetación se encuentra hacia las afueras mientras en las esquinas aparecen bancas de concreto y metal. Me encuentro sentada en una esquina leyendo, junto a mí hay dos personas más, una especie de compañeros que platican a su vez con otras personas que se encuentran fuera del espacio. Cada uno ocupa una banca distinta y tiene una bolsa con sus cosas.
Hay tres hombres que dan una vuelta tras otra al especio cerrado, acercándose hacia los bordes. Yo los miro pasar una y otra vez, como si fueran los tres el mismo y como si no se cansaran de su inútil labor. Los tres visten de negro con ropas deportivas. No me dejan concentrarme en mi lectura y siempre que van a acercarse tengo que levantar la vista del libro para concentrarme en ellos.
Mis acompañantes, en un punto, se levantan y se inclinan sobre las jardineras para poder hablar mejor con las personas de fuera y dejan sus cosas en las bancas. Entonces tengo la sensación de que somos los únicos en un terreno enorme y casi desolado. La siguiente vez que pasan los hombres corriendo toman las dos bolsas de ellos y se dan a la fuga. Una fuga cíclica porque continuan corriendo en círculos pero ahora como si estuvieran alejados de nosotros. Yo tomo mi bolsa fuertemente y la mantengo junto a mí, con la sensación de que si la suelto un poco o si dejo de verlos se la llevarán también. Pienso en avisarle a los otros, que continuan hablando, sobre el robo, pero pienso que no tiene caso y mejor sencillamente me voy.
Tengo que llegar a mi trabajo, tomo un auto negro que comienzo a usar por primera vez y pienso que no debe ser tan difícil. Manejo hasta llegar a la colonia donde vivía de niña, hacia la zona más alejada y donde se encuentra un edificio algo derruido. Dejo el coche estacionado en la calle de enfrente, donde no camina nadie y entro. Todo parece en construcción, la entrada es pequeña y parte de las baldosas del suelo han sido removidas y se puede ver la arena debajo. Algunas partes están restringidas al paso. Las escaleras son pequeñas y sin soporte alguno, como si uno fuera a caerse de un momento a otro. Pareciera también como si no hubiera techo y el cielo se observara entre los huecos abiertos. Subo al segundo piso y ahí hay un pequeño salón que se escapa a la construcción caótica. Es de piso de madera y las paredes de espejos, como si fuera un salón de baile. Hay un gran grupo de señoras que apenas entran en ese espacio y que visten trajes de colores llamativos. Parece que dieran vueltas constantemente, siempre sobre su mismo eje y apenas chocando de pronto unas contra otras. Yo trabajo ahí, para una mujer que no puedo distinguir entre las demás y sin saber en qué consiste mi trabajo. Solo me mantengo ahí, mirándolas.
Entre todas ellas reconozco a Aranza y me sorprende un poco verla ahí. Me explica que está haciendo su servicio social en el mismo lugar. Platicamos brevemente antes de que las mujeres comiencen a irse y sea hora de retirarnos. Somos las últimas en bajar. Cuando está por irse le digo que puedo acercarla a su casa, si no teme a mi terrible habilidad para conducir. Me dice que tiene que pasar a buscar algo a una casa por ahí y que mejor va caminando. Me siento tonta por habérselo ofrecido y me voy.
El sueño cambia y estoy en las afueras de un espacio arenoso, con algunos locales de madera. Como si fuera una reproducción en fantasía de un pueblo de vaqueros. Hay poca gente y los lugares parecen pequeños y desiertos. Camino como si tuviera un rumbo fijo pero lo desconociera. Entonces veo que un hombre sale de un local y detiene a una joven que camina frente a mí. Luce joven, de cabellos castaños y un vestido blanco y azul. Él le pregunta por el final de un cuento que tiene pero que sólo llega hasta la mitad. Habla de una joven que queda atrapada en un pequeño pueblo. Ella le dice que sabe el final, que la joven sería torturada, que su cabello sería cortado completamente, que le arrancarían las ropas y la reducirían al mínimo de su ser. Que estaría condenada siempre, en un estado intermedio casi metafísico. Y mientras habla sé que habla de ella, sin saberlo, que ella quedará atrapada ahí y será torturada y su condena casi griega estará más allá de los límites de una posible realidad. La miro e imagino su cabello castaño cayendo por montones junto a ella, con su vestido roto y con todo el pueblo fantasma a su alrededor. Pero simplemente continuo caminando.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "La soledad" de la Bersuit Vergarabat.

12.10.08

.sueños. .12.10.08.

Camino por las calles de una ciudad clara pero sin gente. Alguien va a mi lado, un poco por delante de mí, un amigo a quien no miro directamente. Estamos buscando un café que él mencionó pero que parece haber desaparecido de un momento a otro. Entramos de pronto en un edificio grande, como si fuese un hospital o algunas oficinas. Por dentro los espacios son enormes y lucen vacíos, lo único que se distingue es la alfombra roja en el suelo. Avanzamos hacia nuestra derecha y vamos recorriendo el sitio hasta que se convierte en otro, una especie de museo de aquellos que parecen haberse localizado dentro de grandes casas viejas remodeladas. Llegamos hasta el final, donde hay unas amplias escaleras en espiral que llevan a un segundo piso casi improvisado. Subimos. Arriba es una especie de patio simplemente, sostenido sobre el salón que se encuentra abajo. Hay mucha gente, aunque lal mayoría van solos o apenas en parejas. Como si fuera un mirador sin vistas a ninguna parte. Llego hasta el final, hacia el barandal por donde se asoma a la parte de abajo y al mirar hacia allá descubro que ahora es una iglesia, aunque no hay bancas y muchas personas, vestidas elegantemente se encuentran allá. Miro a mi prima Tere, quien viste un vestido azul y luce más joven, voltea hacia arriba y me dice que baje, que ya va a comenzar, y yo me siento entonces de 10 años, vistiendo un traje de paje y me dispongo a bajar las escaleras.
Pero el sueño cambia, recorro de nuevo los sitios de algún edificio, está por caer la tarde y la luz es grisácea. Voy buscando a alguien, hasta que llego a un cuarto con unas enormes puertas de cristal opaco y metal oscuro. Están ligeramente abiertas y veo dentro a mi prima María José. Es su boda y voy a buscarla, a preguntarle si ya está lista, y la veo frente a un tocador, ya con su peinado completamente realizado pero vistiendo únicamente una bata. Detrás de ella se ve una enorme bañera de mármol con agua. Parece sorprendida y un poco inquieta de haberme visto, me dice que ya casi está lista pero que decidió que antes de la ceremonia iba a tomar un baño con su prometido. Escucho como él se encuentra en un cuarto conjunto y que está a punto de entrar, pero mi prima cierra las puertas antes de que pueda verlo. Me alejo y regreso a la iglesia, que es una especie de santuario construido con modelos arquitectónicos griegos, compuesto de varios recintos donde todos los objetos son tan bajos que permiten que pueda mirarse sin problemas hacia el frente, donde se encuentra el altar. Llego donde se encuentran varios familiares y les digo que tardará en comenzar la boda porque los novios se están bañando. Algunos parecen sorprendidos por los conceptos mudables de moralidad pre-matrimonial, pero yo insisto en que si llevan tanto tiempo viviendo juntos ya es algo ridículo. Uno de mis tíos me dice que habló con Francia y que también se casará en unos meses. Primero me alegro, pero entonces pienso que ella ya está casada en realidad, como también lo está María José y que en realidad la única que podría casarse aún sería Angélica. No sé si atribuir aquello a una confusión por parte de mi tío o a que me encuentro detenida en un tiempo anterior a todos aquellos sucesos. Todos parecen regresar a sus esperas y sus actividades.
Yo no me siento arreglada para el evento y entonces veo que se encuentra por ahí un estilista amigo de alguna de mis primas, le pregunto si puede peinarme y me dice que sí. Voy con él hacia otro sitio donde se encuentran unas elegantes sillas negras y me siento en una. Lo veo platicando con un joven sentado algo alejado que me parece demasiado conocido. Sé que es su pareja, sus rasgos son muy suaves pero todo en su rostro parece demasiado pequeño, su mirada es extraña. Sé que es amigo de Erika, aunque él no parece recordarme a mí. Me extraña que esté ahí. El estilista comienza a peinar mis cabellos mientras yo miro una pequeña fuente que se encuentra frente a mí.
Y el sueño vuelve a cambiar. Me encuentro en un enorme cuerpo de agua, cambiante, hay piedras que van formando diferentes arquitecturas improvisadas, o variando la profundidad del agua conforme avanza. Somos criaturas de agua, el sol crea reflejos de todos los colores. Somos muchos, escucho que alguien cuenta una historia detrás de mí. Habla sobre tigres marinos que se esconden entre las olas, de cazadores que entran en su juego y sobre el saber en qué momento no podemos ganar. El cazador de la historia, ante la amenaza inminente de su derrote, se convierte en un rizo metálico que se hunde en el agua.
Me alejo, me pierdo entre las aguas y las rocas, a veces siento a las personas cerca de mí y a veces lejos, aunque quisiera que siempre estuvieran lejos. Siento golpes en el agua sin entender quien los da, todo parece estar dando vueltas o soy yo que no salgo nunca del mismo sitio. Estoy muy confundida, quizá ese sea el peligro. Siento a muchas personas cerca de mí, mirándome, viendo como me convierto yo también en un rizo metálico y me voy hundiendo hasta el fondo de las aguas profundas.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Va a empezar a llover" de Enrique Bunbury & Vegas

11.10.08

.sueños. .11.10.08.

Venía con Alejandra en su camioneta, atravesando la calle que se encuentra detrás de la universidad. Era de noche, como si acabáramos de salir de algún sitio cercano pero al mismo tiempo se sentía como esos largos viajes en que a uno lo sorprende la noche sin llegar a su destino. Hablábamos en voz baja y nuestras palabras se confundían con la música, sin voz, que inundaba el espacio dentro del automóvil.
En algún momento, pasando frente a una casa vieja que tiene una larga entrada llena de árboles, vimos como en el carril contrario venía en nuestra dirección Dulce en su carro. Yo no me fijaba en el detalle hasta que Alejandra me hacía ver que, finalmente y contra todos nuestros consejos, Dulce venía manejando. Yo veía entonces que Lili venía en el asiento del copiloto y en lugar de mirar hacia el camino miraba fija pero tranquilamente a Dulce. Por la expresión de ésta y por los movimientos del volante parecía como si estuviese conduciendo a gran velocidad, pero en realidad apenas si el coche avanzaba suavemente por el camino. Lili no parecía alarmada, y deducíamos una discusión en la cuál Dulce se negó a cederle el control del coche sin demasiada protesta por parte de Lili. No volteaban a vernos siquiera y se perdían después de pasar junto a nosotros. Alejandra me comentaba, un poco molesta, lo peligroso que era que estuviera manejando. Yo no reparaba en pensar qué hacían ellas conduciendo desde la dirección contraria, de dónde venían y hacia dónde iban.
Alejandra volvía a la plática silenciosa pero yo no hablaba más, me daba cuenta entonces que la calle estaba sola, que no había nadie caminando y que el de Dulce había sido el único carro con el que nos habíamos encontrado, que las farolas estaban apagadas y que todas las luces parecían haberse apagado también, aunque una cierta luminosidad tenue y sepia caía sobre todos los objetos a nuestro alrededor. Continuábamos en el camino, en dirección opuesta a la casa.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Volve a casa" de No Te Va A Gustar.

8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.

5.10.08

.sueños. .05.10.08.

Es de noche y nos encontramos todos encerrados en la habitación. Es la recámara de mis padres de la casa de mi infancia. Pero el cuarto es enorme, la cama se estira hasta lo inimaginable dando una sensación de pequeñas camas pegadas unas con otras. Siento que entra demasiada luz por la ventana, pero no puedo mirar nada afuera. Dormimos intercalados, unos con los pies hacia la puerta, otros hacia la cabecera. Todos usamos las mismas batas blancas, de la misma tela que las sábanas que nos cubren. Del otro lado de la puerta se escuchan ruidos, gritos, quejidos ahogados. Y nosotros también comenzamos a gritar, a movernos, como si tuviéramos que ser el eco de esos sonidos. Como si la reproducción fuese el único modo de mitigar el terror.
Cambio de escena, estoy en la cocina, es la única luz encendida. Es como si temiera encontrarme afuera. Junto a mí hay una chica mirando mis movimientos, es mi pareja. Como si pudiera sentir cada parte de mi cuerpo me doy cuenta que soy hombre. Busco algo, en los cajones, no lo encuentro.
Hay alguien afuera, lo podemos mirar a veces por las ventanas en la sala. Se mueve en el patio, como si nos retara a acercanos, le digo que no voltee a verlo, que lo ignoremos y se irá. Entonces escuchamos cómo derrama algo y mirando que tira gasolina por el patio. Comienza a incendiarse pero es como si el fuego se limitara a un pequeño charco en el concreto, no se mueve. Las llamas bailan alrededor de él pero no se acercan a la casa. Ella me grita que va hacia la puerta y corremos nosotros también. Tiene seguro pero él empuja como si no importara, veo el seguro puesto pero la puerta se tambalea como si fuera a caerse de un momento a otro. Ambos nos mantenemos haciendo peso. Pienso en que jamás he usado un extinguidor, en que los demás tardarán en llegar, en que no hay nadie cerca. Y la puerta tan endeble. De pronto ya no veo las manos ni el cuerpo de ella empujando, ya no siento los golpes del otro lado, ya no miro el fuego por la ventana. Todos se han ido, y sumergida en la noche oscura me encuentro sola.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El mar" de Ely Guerra.

.sueños atrasados. .03.10.08.

Iba a visitar a Vanessa. Sabía que no se había estado sintiendo bien y pensé que quizá necesitaría de alguien que la cuidara durante algunos días. Era como si viviera cerca de ella, apenas a algunas horas, para que la ceremoniosidad del encuentro quedara relegada a lo cotidiano. Ella vivía en una ciudad eternamente gris, como si las ventanas siempre estuvieran empañadas de humedad. Tenía mi edad y vivía con su hermana menor, apenas un par de años, quien era exactamente igual a ella sólo que con el cabello muy largo y profundamente negro.
La melancolía de Vanessa era una mezcla de depresión y gripa, parecía siempre sin ganas de moverse, mirando por las ventanas. Su departamento era pequeño y poco amueblado, con demasiada luz que lo hacía lucir demasiado blanco. Su hermana me insistía constantemente que saliéramos, que hicieramos algo, ella estaba siempre con un pie afuera, saliendo y entrando. Vanessa no decía nada. Y yo siempre declinaba las invitaciones de su hermana, advirtiéndole que había ido para cuidar a Vanessa. Pero ella insistía, siempre, como si quisiera alejarme de su hermana. Ellas apenas si se hablaban, como si no se conocieran. Finalmente tengo que declinar, mientras me encuentro en la cocina lavando algo, explicándole que no pienso salir con ella. Entonces se marcha y no vuelvo a verla.
El día que me voy Vanessa me acompaña al aeropuerto. Para llegar debemos de tomar un tren que recorre lentamente por campiñas verdes y húmedas. Somos las únicas en el vagón y vamos todo el camino abrazadas sin decir nada. Cuando llegamos a nuestro destino soy la única que se baja, ella se queda dentro y se despide de mí mientras espera que el tren vaya de regreso. En la estación ya es de noche y afuera llueve terriblemente. Alguien viene conmigo, detrás de mí, y yo arrastro mi maleta hasta la salida. Afuera hay un sólo taxi esperando pero una familia delante de mí lo toma primero. El taxista me pregunta a dónde iré y le digo que al aeropuerto y promete regresar por mí. Me detengo contra la pared, sola, mirando la noche, a esperar.
Entonces cambia el sueño.
A partir de ahí vienen imágenes confusas. Un enorme reloj rosa de pulsera que me dan para que funcione como celular. Una casa en la esquina de la de Mayra, desde donde corro por las noches para escribirle mensajes en su puerta metálica blanca, por fuera, para que ella los lea por la mañana. Un supermercado donde corro mientras me encuentro con diversos primos en el camino, algunos me jalan para que corra con ellos. Confusión y superposición de imágenes.
Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Nada" de Juanes.

30.9.08

.sueños. .30.09.08.

Entro en la pequeña librería de segunda mano. Es pequeña, desde la entrada puede apreciarse todo el lugar y las pocas cosas que lo componen: una gran mesa central de baja altura que apenas se alza por encima de mis rodillas, y algunos libreros más aparatosos que espacios alrededor. Otra mesa, más alta, junto a la puerta, sirve para el cobro y la vigilancia del lugar, un hombre oscuro detrás de ella parece no prestar demasiada atención. Es como si alcanzara a Lili y Ariadna en un sitio lejano al que no se supone que debiera haber asistido. Ellas recorren la librería revisando cada uno de los ejemplares, como si su búsqueda tuviese que ser minuciosa y eterna. Apenas un par de personas más entran y salen rápidamente, mientras ellas no interrumpen su labor. Yo me coloco junto a la mesa central y reviso superficialmente los ejemplares desordenados sobre ella. Tengo la sensación de que todos son cuentos infantiles, burdos y viejos cuentos infantiles. Lili se acerca a mí y me dijo que vio algunos libros para mí pero que no sabe si me serán útiles. Yo les encargué algo en su búsqueda y me señala un libro maltratado con el grabado de un dragón en la portada. Lo tomo y el título me indica que se trata de monstruos medievales. Comienzo a hojearlo pero me doy cuenta de que son historias ficticias sobre diversos elementos del bestiario medieval. No, no me sirve, necesito información, no cuentos. Donde lo tomé hay otros que parecen de la misma colección, miro el siguiente que tiene el grabado oriental de un hombre en la portada. Hay algo imperfecto y siniestro en su anatomía pero no alcanzo a precisar qué. El título indica que se trata de cuentos sobre monstruos asiáticos.
Desisto en la búsqueda así que vuelvo a mirar sin mayor cuidado los demás libros, Lili y Ariadna parecen estar pagando varios ejemplares que encontraron y parecen alegres por ello. Entonces Ariadna me llama mostrándome un libro grueso de pasta dura que se encontraba en el librero junto al mostrador. Camino hasta ellas y lo tomo, es una especie de diccionarios de criaturas monstruosas de todas las partes del mundo, con diversas imágenes y un cuidado editorial más propio de un libro de artes plásticas que de un diccionario. Me parece extraño no haber escuchado antes de él. En la portada una figura grabada toda en negro sobre fondo blanco parece no alcanzar a precisar ninguna forma.
Ariadna ha pagado y se coloca junto a mí, de frente al librero que sigue al que resguardaba el diccionario. Me indica algo y sólo entonces me doy cuenta que en este segundo librero se encuentran únicamente figuras de peluche que desentonan con todo el lugar. Coloridos y felices animales se montonan entre los estantes de madera. Ariadna me señala uno que se encuentra en el último, fuera de nuestro alcance por la altura. Son dos colchones con forma de gatos rosados que se complementan formando un ying yang con sus cuerpos. Lo miro fijamente, es muy lindo pero es también muy extraño. Casi tan extraño como que a Ariadna le guste algo relacionado con gatos. Cuando me doy cuenta ya no está junto a mí. Han salido de la tienda.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Mírame y no me toque" de Joan Manuel Serrat.

26.9.08

.sueños. .26.09.08.

Miro la escena desde afuera. Como un cuento que estuviera mirando y escribiendo al mismo tiempo. He olvidado cómo llegaron a ese punto, pero ella lo mira, profundamente, toda de negro, él, también la mira, hay solo una calle o un abismo entre ambos. No se dicen más, es un encuentro casual y se alejan. Ella piensa en que aún podría amarlo si el bebé no hubiera muerto.
Quizá llega a alguna lugar, alejándose sobre esa calle, pero no lo recuerdo. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Dead boy's poem" de Nightwish.

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.

14.9.08

.sueños. .14.09.08.

En un sitio enorme, oscuro, una especie de enormes gradas curveadas se mantienen de frente a una enorme pared de concreto oscuro, como si fuera una pantalla. Por los niveles de las gradas va cayendo una capa ligera de agua, siempre en movimiento, como si fuera una enorme fuente siempre encendida. Mucha gente está sentada, mirando hacia el oscuro vacío como si pudiera adivinarse algo. Todos distanciados, vagando erráticos por el enorme lugar, ninguno cercano al otro.
Yo tengo que esperar, como si hubiera forma de medir el tiempo dentro de aquel lugar. La gente comienza a irse, uno tras uno, poco a poco, hasta que en el lugar sólo queda un anciano, en el nivel inferior, sentado entre todas sus pertenencias como si aquella fuera su casa. Yo bajo y le entrego un sobre, una carta pequeña y cuadrada, improvisada y donde la letra se lee de manera infantil. No decimos nada, él la abre apresuradamente y se dispone a leerla. Mientras él lo hace yo subo por unas escaleras en el medio de las gradas, por donde no corre el agua, hasta el último nivel. Ahí hay un cuarto, cuya puerta se baja como una persiana de metal. La abro y entro, la vuelvo a bajar. Dentro es un baño, enorme, a la izquierda el nivel desciende y el piso se vuelve completamente liso, entro ahí y hay toda especie de cosas colgadas: trozos de tela que no alcanzan a convertirse en cortina, figuras de formas extrañas, recortes, que van dando vueltas alrededor de mí mientras el agua de la ducha corre como una capa de vapor. En la zona de la derecha hay varios apartados donde se sostienen frascos y otras cosas que no detengo a ver.
Cuando me termino de bañar salgo de nuevo, supongo que ya debe ser de noche, bajo de nuevo hasta el primer nivel y el anciano ya duerme en su cama de agua. Tomo las cartas abiertas que están junto a él y camino hacia la salida, en el último nivel del extremo derecho. Abro una débil reja azul y la cierro con seguro detrás de mí. Paso por unos caminos irregulares a los pies de una especie de monte artificial hasta llegar a un camino donde me encuentro con dos hombres y una hermosa mujer vestida de negro. Les entrego las cartas, ella sonríe pero no dice nada. Y el sueño comienza de nuevo.
Es la misma escena en las gradas, la gente se va, entrego la carta y subo al baño. Al entrar siento que hay algo diferente. La puerta, cortina de metal, no puede cerrarse. Me desespero y no recuerdo cómo cerrarla, trato de tomar los trozos de tela que cuelgan y enredarla con ellos pero no funciona. Después de varios intentos encuentro el pasador en la parte inferior de la cortina y la cierro por fin. Me dispongo a bañarme pero siento que algo está mal, como si la escena se hubiera repetido tantas veces que la conociera exactamente y algo hubiera cambiado en ese momento. No puedo ver bien, entre todo lo que cuelga sobre mi cabeza y se mueve como girando a mi alrededor. Estoy tratando de no pensar en nada pero entonces volteo y encuentro, entre los trozos de tela y las figuras sin forma, varios perros muertos y colgados que giran torpemente entre los demás objetos. Perros pequeños, apenas muertos, con los ojos abiertos y mojados por el agua de la ducha. Siento como si me acercara demasiado a ellos, como si no pudiera ver nada si no a ellos. Me desmayo. Mi consciencia, que continua despierta, escucha como la mujer entra al lugar, ya ha tomado la carta por sí misma. Dice que lo habría arruinado eventualmente, que no estaba hecha para esto.
Entonces el sueño cambia.
Entramos en una casa, alrededor de ella hay un patio enorme y primaveral, de noche, no se ven más casas cercanas. Es un equipo grande, estamos filmando una serie de televisión. Los actores son únicamente un hombre y una mujer, que platican animadamente. Por dentro parece la casa de mi abuela, enorme y deshabitada. Todos se ocupan en sus labores mientras yo me mantengo ahí. Alguien me dice que cuide a la niña y entonces veo a una niña que camina hacia mí, pequeña y rubia, únicamente vestida por una camisa blanca que le queda a manera de vestido. La cargo y la escena cambia. Entramos a un cine, es una enorme sala donde sólo la primera zona está ocupada por bancas, demasiado juntas, y el resto de las personas se mantienen de pie o sentadas detrás, en un espacio abierto. Todo luce demasiado blanco, alfombrado. Estoy con una amiga y la niña, les digo que nos sentemos antes de que comience todo. Vamos hacia adelante y después una voz dirá que va a iniciar la función y todos querrán sentarse pero no habrán más sillas. Yo mencionaré lo afortunadas que somos, aunque nuestros asientos se encuentren localizados de lado y sea difícil mirar hacia la pantalla. La niña juega junto a mí y yo pienso en lo triste que es que esté muerta.
El sueño cambia de nuevo.
Caigo en una alberca, pero todo parece estar cubierto por agua, en realidad estoy en la calle. Hay varias personas que conocí hace muchos años, como si volviera a tener 15 y una de ellas, Cinthia, me dice que iremos todos a casa de alguien más. Quizá sea su cumpleaños. Le digo que sí aunque no sé si estoy dispuesta a ir. Ellos se adelantan y yo camino entre el agua hasta llegar a un restaurante, por encima del nivel del agua, construido aparentemente por trozos de madera como caña. Entro y en una mesa enorme están sentados todos mis primos. Ya lleva mucho tiempo que inició la comida y me anexo a ellos. Hay otras personas que no conozco. Somos la única mesa en el lugar, los meseros y los chefs nos miran insistentemente hasta que traen la cuenta. Es muchísimo dinero, les digo a todos que nos tocará pagar $800 a cada uno. Todos parecen sorprendidos pero van pagando, yo tengo que hacer las cuentas y cuento mil veces porque jamás parece darme la cantidad. Pedro, mi primo, me dice que los trozos de cristal verde que tenemos valen $50 cada uno. Termino por contar todos los trozos de cristal roto, grueso y verde, hasta dejar la cantidad completa sobre la mesa.
Cuando salimos ya no agua en las calles. Enfrente hay varios coches estacionados y nos vamos repartiendo en ellos. Yo me subo en la cajuela de una camioneta gris, y tengo la vaga sensación de que vamos transportando cadáveres.
Todo parece ser bastante inexacto, diferente, pero entonces despierto.




En mis sueños suena "Al respirar" de Vetusta Morla.

13.9.08

.sueños. .13.09.08.

Me encuentro en un local, un cuarto pequeño y oscuro, con pocas superficies elevadas que utilizar improvisadamente como bancos. Se encuentra ligeramente por debajo del nivel del suelo y da la impresión de estar húmedo, viejo, la única luz que se filtra entra por el espacio abierto de la entrada hacia la calle. Hay más personas, todas parecen estar de pie y estáticas, yo miro fijamente el suelo, como si leyera algo, pero no hay texto.
Una amiga junto a mí me dice entonces que mire a la televisión. Levanto la vista hacia el único aparato, sostenido en una de las esquinas del lugar, todos parecen estarlo mirando. La imagen en la pantalla ocupa toda mi visión y es como si fuera lo único que existiera. Ahí, en escenas cortadas e independientes, aparecen distintos cuerpos de mujeres bailando, moviéndose, mujeres cuyo rostro no puede verse bien. Mujeres con cuerpos pequeños, delgados, con huesos largos y desproporcionados, mujeres moviéndose torpemente obstaculizadas por su propia y extrema delgadez. Mujeres cuyos miembros se caen como si fuesen piel desprendida y que continuan danzas ridículas que pretenden ser sensuales. Mujeres sin manos, con muñones improvisados, con pechos planos como una hoja de papel, con piernas largas y débiles. No entiendo qué tengo que ver en esas mujeres, pregunto algo respecto a ellas pero nadie responde.
Ian entra entonces al local y me llama, desvío la vista para verlo a él y me dice que vayamos al cine. Acepto y salimos a la calle, una calle grisácea en un día húmedo, con pocos autos y pocas personas, una calle triste y perdida. Mientras caminamos le pregunto qué película veremos y dice un nombre como "Habitación 162". Mientras las palabras llegan a mí el título va cambiando, los números son otros, se desprenden de un número mayor que va más allá del mil, podría ser 1462, y al siguiente minuto ser otro. En el poster de la película me imagino sencillamente la imagen de una puerta.
Suceden muchas cosas más que no recuerdo. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Una canción triste" de Enrique Bunbury.

11.9.08

.sueños. .11.09.08.

Estoy dentro de una amplia habitación, esas habitaciones enormes de casas viejas, con baldosas verdes de formas complicadas. Está vacía, además del polvo y el aire encerrado, de un lado hay una puerta y del otro se adivina apenas la salida hacia un balcón. Me baño dentro de aquella habitación, conductos de agua por el techo derivan en regaderas que la arrojan sobre mi cuerpo vestido, que luego se escapará hacia las puertas. Me ilumino sólo con la luz que logra filtrarse por la salida al exterior.
Del otro lado de la puerta está Lili, me habla aunque es poco lo que puedo entender de todo lo que dice. Le digo que pronto saldré y hablaremos, ella insiste en si me llevaré el perro a casa. Recuerdo entonces que le dije que lo pensaría, cuando ella abre la puerta y un pequeño french puddle entra rápidamente al cuarto, dando vueltas y mojando sus pies en el agua. Yo ya no estoy mojada. Lo levanto y le digo a Lili que no me gustan los perros, que mi mamá tiene asma y que no podría lidiar con él dentro de la ca. Ella parece aceptarlo sin más y caminamos juntas hacia otros lugares de la casa.
En realidad la casa es enorme, como una ciudad contenida en sí misma a través de pasillos y cuartos irregulares que van cambiando constantemente de estilo, pero que jamás dejan entrever el exterior. Caminamos mucho, atravesamos pequeños puentes, salones, patios interiores. La casa es entonces una escuela y hay una gran reunión a la cuál tengo que llegar.
En un patio interior, completamente recubierto de cemento, hay muchas personas, muchos niños y padres, y hay alguien entre todas ellas que habla fuertemente tratando de guiarnos. Intentan rezar, pero es imposible poner un orden. Los textos están en distintos formatos, cada quien sostiene folletos, libros, hojas sueltas, con distintas frases que no alcanzan a organizarse. Yo sostengo una gran hoja de periódico, toda en negro con pequeñas letras blancas con alguna oración. Lo religioso se ha confundido con otros discursos y nadie está seguro de lo que debe decirse. Yo trato de comenzar, de leer lo que dice aquel periódico pero cuando trato de enfocarlo las letras se vuelven más pequeñas, más incompletas y no entiendo las frases. La voz en alto me dice que si no sé leer, así que me detengo. Un grupo sentado frente a mí sostiene más folletos y veo entonces que tienen textos que los demás desconocen.
Dejo el lugar y vuelvo a internarme por los pasillos de la casa, me alejo, termino en una cocina, sentada en una mesa redonda de madera clara. Frente a mí hay una mujer que toma té o café en silencio. Entonces entra mi madre a la cocina y se sienta junto a ella y le dice algo en voz baja. Yo no necesito escucharlas para saber lo que están diciendo. Le pregunto a mi madre si mi abuelo ha muerto. Ella no responde nada y sólo me mira, adivino sus respuestas y siento el aire más espeso, algo golpea mi pecho. Vuelvo a adentrarme en los pasillos de la casa hasta que entro, de noche, en la habitación de mi otra abuela. El lugar parece enorme y a lo lejos sólo se vislumbra la cama, la luz clara que entra por la ventana apenas si alumbra la figura recostada en la cama. Mi abuelo, sin sábanas, sin almohadas, su cuerpo frágil acostado, extendido, en la cama. No tiene camisa y su torso luce extremadamente delgado, su respiración violenta oscila entre agigantar su pecho y pegar la piel a los huesos. Respira bruscamente, antecediendo el momento en que dejará de hacerlo. Una voz que debe ser suya pero más grave me pregunta porqué no lo toco, aunque sus labios no se mueven. Pongo mi mano extendida sobre su pecho, su piel está fría, suave, delgada, como si en cualquier momento mi mano fuese a perderse en ella como en un cuerpo de agua. Su respiración casi parece una melodía triste, siento entonces que hay muchas personas, vestidas de negro, alrededor de nosotros, que lo miran sin ojos en esos últimos momentos.
Lo miro triste, tranquila, llena de amor.
Y entonces despierto.



En mi sueño suena "I cannot look away" de Sounds Of The Blue Heart.

.sueños atrasados. .10.09.08.

Estoy dentro de una tienda, como esas pequeñas tiendas en el centro caótico de las ciudades. Es pequeña, de un sólo salón lleno de objetos. Con varios mostradores de vidrio que exhiben una mercancía indefinida y también con muchos objetos colgados de las paredes. Es de noche, y la luz que proviene de los mostradores apenas si puede iluminar parcialmente el lugar. Mi hermana está junto a mí, pero es pequeña, está buscando un muñeco que falta en su colección. Yo le digo a la señora que me atiende y está frente a mí, sin decir palabra, y ella va sacando distintos muñecos, pequeños, de plástico, como personajes cubiertos por alguna especie de protección. Va sacando decenas de ellos, poniéndolos todos desordenadamente sobre el mostrador. Mi hermana me dice que no, que todos esos colores ya los tiene, pero en realidad todos son azul oscuro. Nos vamos de la tienda.
Caminamos por calles pequeñas y oscuras, apenas iluminadas por farolas amarillas. Entramos en algunas otras tiendas, pequeñas, como cuartos a medio construir, que muestran su mercancía sosteniéndola de las paredes. Ella sigue viendo las cosas, como si buscara algo, yo solo camino con ella.
Se me hace tarde, subo a un taxi. Por la ventanilla veo el centro histórico de la ciudad como si fuera enorme y como si las calles atravesaran azarosamente los monumentos. Rodeamos la ciudad que es como si rodearamos un único edificio, demasiado grande, y vamos cruzando por otros centros, de otras ciudades, como si todas estuviesen unidas en una sola. Hasta que llegamos a Guanajuato.
Pienso en las visitas que tendremos pronto, y en lo decepcionadas que estarán de que sus recorridos sean tan breves. El centro de la ciudad parece un gran terreno bordeado por altas rejas antiguas. Dentro hay mucha gente, me bajo y entro por la enorme puerta.
Un gran número de personas se mantienen junto a la pared que está por la entrada, mientras, a varios metros de ellos, el único edificio dentro arde en llamas. Veo a mi primo Edoardo y a su hermana, nos hacemos pasar por reporteros para poder acercarnos al incendio. De ese lado hay otra multitud, pero más pequeña, que se mantiene en pie junto al edificio ardiendo pero mira de frente hacia el otro grupo de personas.
Hay otros primos, mi hermano, y otras personas que no conozco. Todos son hombres menos mi prima y yo. Hablan y tratan de explicar, vagamente, lo que pasa, pero no puedo entenderlos. Todos los hombres se quitan entonces la camisa y exhiben sus cuerpos pálidos de frente a la otra multitud, que parece atemorizada de acercase pero también de irse. El edificio, una especie de arquitectura con dejos clásicos, arde pero no se consume, las llamas sencillamente bailan tratando en vano de escapar por las puertas y ventanas. Todo se convierte en un cuadro que yo sostengo, con un marco dorado antiguo y donde, en un fondo negro, se sostiene una cabeza decapitada, por cuyos ojos y bocas también trata de escaparse un fuego que no consume.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Sombras de la China" de Joan Manuel Serrat.

8.9.08

.sueños. .08.09.08.

Hay muchas personas hablando cerca de mí y hablándome a mí. No puedo verlas, me encuentro frente a un fondo negro y todo ocurre detrás. No entiendo lo que dicen, quizá cuentan algo pero no puedo entenderlas. Llegan cartas a mis manos que no están dirigidas a mí, como si interrumpiera una conversación ajena. Cartas con letras pequeñas y verdes, demasiado juntas. Trato de leerlas pero tampoco las entiendo. Una voz de fondo me dice que espere seis noticias. O quizá son siete.
Tal vez pasa algo más, pero entonces despierto.



En mi sueño suena "Shimmer" de Fuel.

29.8.08

.sueños atrasados. .28.08.08.

Primero suceden algunas cosas en un gran patio, antes de que pase al otro sueño, en que me encuentro de nuevo en España, en Santiago, como un efímero regreso que celebro con una cena. Es de noche y me encuentro en el restaurante de Norma, pero luce más amplio, con dos salones para los comedores, con la madera de los pisos y paredes relucientes y como si estuviese en el último piso de un edificio alto por cuyas ventanas pudiese distinguirse las luces de Santiago de noche. Estoy sentada en una mesa de un rincón con varios conocidos, María, Manoela, pero también personas que no deberían estar allá, como si fuese una reunión impersonal. No recuerdo hablar con nadie, estoy sentada de lado viendo a las personas en las otras mesas, que lucen muy lejanas. Entonces le pregunto a Natalia por qué no vino Noa, ya que ahora son compañeras de cuarto. Ella me dice que probablemente no sabía, que se quedó en el departamento. Yo pienso en porqué ella no le avisó y salgo del lugar hacia otro cuarto. Ese otro cuarto es una especie de recibidor, cuyo único mueble es una pequeña mesa de madera donde se encuentra el teléfono, junto a unas grandes ventanas. Le marco a Noa mientras miro las calles oscuras más abajo. Noa luce sorprendida porque la llame, me dice que no sabía pero que tampoco sabía si podría ir en ese momento. Le digo que no se preocupe, que no importa, y ella comienza a hablar y hablar sin que yo pueda entender todo lo que me dice. Mientras ella habla miro por la ventana a un amigo de mi hermano caminar con dirección al restaurante y recuerdo también haberlo invitado. Lo veo entrar y calculo el tiempo que le tomará subir por las escaleras, entonces le digo a Noa que tengo que colgar y que hablaremos después.
El amigo de mi hermano entra entonces, por la puerta que queda del otro lado de ese recibidor, pero antes de él entra mi abuela, quien falleció cuando yo tenía 9 años. Lucía exactamente igual que en mis recuerdos, con su cano cabello finamente recogido, con sus ajustados y elegantes vestidos, éste en color completamente negro. Su piel tan blanca. Me quedo paralizada por un momento pero no lo razono, corro hasta ella y la abrazo y ella me devuelve el abrazo. Debería estar feliz, pero hay algo dentro de mí que se rompe y siento como si una cortina de arena resbalara por mi cuerpo hasta detenerse a mis pies. Comienzo a llorar sin poder detenerme y ella no me dice nada, sólo continua abrazándome fuertemente. Siento que me caigo, que nos caemos, y continuo abrazándola y llorando en el suelo, hasta que mi madre sale del comedor conjunto y se detiene junto a mí diciéndome que me detenga, que me calme. Levanto la vista y veo a las personas a mi alrededor, mi madre, el amigo de mi hermano, los que miran desde el comedor, pero ya no es mi abuela a quien sostengo, es un espejo. Mi madre me dice que fui siempre yo. Miro mi reflejo y soy yo quien viste ese vestido negro y cuyo cabello cano se recoge en un tocado alto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Desde mi cielo" de Mago de Oz.

27.8.08

.sueños. .27.08.08.

Escribo un cuento, desesperadamente, como si no pudiera hacer otra cosa que crear esos universos en el papel. Escribo un cuento donde es imposible entender quién realiza las acciones, encontrar los personajes, diferenciar género y número, atribuir los espacios, los tiempos, las palabras. Escribo un cuento en el margen completo de lo neutral, lo inatribuible.
Escribo un cuento donde nada puede entenderse.
Sin haberlo terminado, despierto.



En mi sueño suena "Writing to reach you" de Travis.