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8.2.09

.sueños atrasados. .07.02.09.

Camino por unas calles pequeñas, de pueblo apenas ciudad, caluroso. Sé que son calles peligrosas pero no me importa, avanzo rápidamente con mi mochila en la espalda. Mirando únicamente el suelo y las bardas blancas que limitan las casas.
Paso junto a un grupo de chicos, una pequeña pandilla que se encuentra reunida en las afueras de una casa. Unos metros después de dejarlos atrás escucho como comienzan a sonar unas sirenas de policía. El grupo de jóvenes trata de dispersarse pero es evidente que los coches van detrás de ellos. Temo que me detengan a mí y corro hacia la última casa de la calle, a donde me dirijo, y como no tengo tiempo de tocar me resguardo lo más que puedo cerca de la barda, para evitar que me vean. Sé que a lo lejos ya han capturado a los jóvenes, y siento como una patrulla pasa por la esquina y me alumbra y sabe que estoy ahí. Pero no me dicen nada y se van.
Toco entonces a la puerta y ella me abre, parece como si no esperara mi visita. Sé que a esas horas está sola y por eso voy a verla, fingiendo que tengo que hacer algo en su casa, que me mandan por algo o que tengo que arreglar algo. Ella no pregunta y me deja entrar. Es pequeña, de estatura y de edad, viste un vestido blanco con flores azules, muy corto. Su piel es morena y lleva unas medias transparentes cubriendo sus piernas aunque es verano. Entra y me deja pasar como si no importara, regresa a sus ocupaciones en las habitaciones de atrás. Yo la sigo sin que me diga nada, miro como pasa frente al cuarto y luego a un baño muy grande con una puerta metálica blanca. La veo y no parece importarle mi presencia. Entro al cuarto, todo luce pequeño y con pocas cosas, está todo un poco tirado pero a mí no me importa. Ella entra entonces detrás de mí, como si ahora quisiera escucharme, y le digo que traje unas películas para que viera, o para que viéramos, y ella sabe que las tengo dentro de la mochila pero no me dice nada. Sale y se dirije ahora hacia la cocina y yo continuo avanzando detrás de ella.
Su cuerpo es pequeño y puedo abarcar gran parte de su cintura con mis manos. Ella se detiene sorprendida pero no me dice nada. La cargo por la cintura y la pongo sobre la mesa de madera con el mantel burdo. Sólo quiero tocarla y recorro su cuerpo como si no conociera ningún cuerpo humano antes, como si fuese un objeto siendo exhibido. Ella primero parece renuente a dejarme, me dice que no puede quererme, que no puede hacer nada más de lo que ya hace. Le digo que no importa, que solo quiero tocarla, como si no pudiera creer que fuera de verdad. Y entonces me deja, se ríe cuando le hago cosquillas y yo siento como ella se va volviendo más pequeña entre mis manos, como si fuera a desaparecer.
Alguien golpea la puerta fuertemente y yo me pongo de pie y tomo mis cosas. Entran antes de que podamos hacer nada y unos hombres comienzan a interrogarme. Son de la policía y me preguntan qué hago ahí a esas horas. Le digo que soy un vendedor, que paso a veces a vender películas y les muestro las que tengo en la mochila para que me crean y ellos violentamente las toman y se me corren de la casa. Me dicen que me vaya y que no regrese. Otros la han conducido antes al cuarto, quizá también preguntándole qué hacía conmigo a esas horas. Ella no dijo nada y sólo fue al cuarto, después de correrme los otros también irán ahí. Termino en la calle y me alejo, caminando hasta que el pavimento de la calle se convierta todo en piedras pequeñas y dejen de haber casas con portones blancos.
Entonces despierto.

10.1.09

.sueños atrasados. .04.01.09.

Me encontraba en la isla como si nunca la hubiera abandonado, como si hubiera crecido ahí y todo hubiera sucedido ahí. Había un evento grande, una especie de congreso o reunión y mis padres no podían llevarme a ella y yo quería ir. Les decía que me dejaran en casa de Eduardo y que él me llevaría. Él organizaba algo al respectoo estaba involucrado de algún modo. La situación era conveniente aunque no agradable.
Nos dirigíamos hacia su casa atravesando un laberinto de calles que parecían cercas enormes. Yo quería mostrarle a mi madre un dibujo que alguien había hecho en una pared pero por más que las miraba no recordaba en dónde estaba y no podía encontrarlo. Cuando doblábamos en la pequeña calle donde estaba la casa de Eduardo sabía que ya no lo encontraría. En medio de la calle la casa de Eduardo se alzaba enorme en comparación con las demás cosas, además de que por su color amarillo resultaba también llamativa. Mis padres me dejaban y yo entraba sin que nadie me abriera, como si tuviera control sobre esa casa. Caminaba hacia una especie de falso comedor, demasiado blanco y con una pequeña mesa de madera en medio. En una de las paredes frente a la mesa había un pizarrón blanco. En la mesa estaban sentadas dos chicas que lucían algunos años más jóvenes que nosotros, una de ellas era Cinthia, y Eduardo se encontraba de pie hablando con ellas y mostrándoles algo en el pizarrón que seguía luciendo blanco. Yo me sentaba sin saludar, sin adentrarme en su conversación, dejándolos en su propia burbuja. Hablaban muy entusiasmados, con una alegría exagerada que tenía mucho de parafernalia, riéndose tontamente, escandalosamente, infantilmente. Yo estaba aburrida y harta y en algún momento me ponía de pie para ir a buscar algo en la cocina y al regresar veía que las chicas estaban de pie y que movían algunas cosas en el cuarto. Cinthia entonces tomaba la silla en que yo había estado sentada y se disponía a moverla cuando yo la interrumpía y le decía que no debería tomar las cosas que no son de ella. Mi voz procura ser hiriente hasta lo imposible, yo misma estoy consciente del tono orgulloso y prepotente con que me muevo. La chica no dice nada, sólo deja la silla y se aleja a punto de llorar. Me siento de nuevo y sé que Eduardo se encuentra mirándome, juzgándome, sé que detesta mi actitud, quizá hasta mi presencia, pero también sé que no puede ni va a decirme nada. Me quedo de nuevo sentada y por un momento mi hermana está también sentada junto a mí preguntándome si no he llegado a ser una persona demasiado desagradable.
Llaman a la puerta y momentos después entran en la habitación Mayra, Karen y Lillian. Me pongo de pie para hablar con ellas, cambio por completo y comenzamos a hablar y reir, mientras siento que las dos chicas nos miran a mis espaldas. Vienen de casa de Mayra, quien vive por ahí cerca, y planean irse con nosotros también. Decidimos continuar platicando en la entrada de la casa, para no tener que encontrarnos en el mismo cuarto con ellos.
Lo primero que está entrando a la casa es la biblioteca: el techo es muy alto y por las paredes los libreros de madera cubren toda la altura. También hay algunos pequeños libreros por el medio, dando una noción de librería pequeña y rústica. Mientras hablamos Karen detiene la conversación y le dice a Lillian que no había querido comentárselo pero que encontró el blog de su ex novio. Ella lucía triste pero le preguntaba qué había encontrado en él. La pantalla se desplegaba frente a nosotros y la página se dividía en dos apartados: el más amplio, a la izquierda, tenía la redacción de las entradas, de manera desordenada y como si los pensamientos de un día se confundieran con los del otro; del lado derecho, en una columna pequeña, tenía su información personal, que consistía casi completamente en una lista de sus libros favoritos y una pequeña reseña de cada uno de ellos. Ellas se dedicaban a ver la parte de las entradas, donde parecía que hablaba de Lillian aunque en realidad nunca la mencionara, que hablaba de ellos aunque en realidad todo hiciera referencia a otras cosas. Yo veía su lista de libros, uno por uno, y conforme avanzaba en la interminable lista me daba cuenta de que no solo no había leído ninguno de ellos, tampoco conocía ninguno. Me sentía perdida entre tantos nombres y títulos desconocidos.
Karen entonces me comentaba que este chico le había dejado algunos de sus libros a Eduardo para que se los cuidara, aparentemente se había mudado o algo así. Íbamos hacia el estante en que estos se encontraban y comenzaba a verlos. Eran muchos. Entre ellos se encontraban las obras completas de José Asunción Silva en una colección de 20 tomos. La edición era muy bella, de pasta dura y acabados rústicos en tonos morados o verdes. Comentaba que yo siempre las había querido y odiaba secretamente al ex novio de Lillian por tenerlas. Pero entonces tenía la seguridad de que esos libros no habían sido leídos y que aún ninguno de los libros de la biblioteca de Eduardo había sido leído nunca.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Ciudad de pobres corazones" de Fito Paez.

6.12.08

.sueños. .06.12.08.

La superficie llana parece abarcar hasta donde alcanza la vista, aunque yo siento como si a lo lejos estuviera el mar. Fuimos de visita a casa de un primo pero yo siento como si todo el viaje estuviera lleno de engaños. Escucho la voz de mi tía dándome indicaciones y entonces yo caigo por un agujero en la tierra y me adentro en un entramado mecánico sin nada establecido. Caigo, llego hasta distintas habitaciones, trato de bañarme en una pequeña cubeta metálica que se sotiene en medio de la nada. Hay luces junto a las rocas, hay pasillos cubiertos por telas. De pronto estoy sentada en una mesa y hablamos de la muerte de alguien, la muerte imaginaria de alguien pero entonces la certeza de la muerte, como concepto absoluto cae sobre todo nosotros y no podemos bromear más. Tocamos madera, sólo mi primo y yo, somos los únicos que hablamos. Pero él luce más joven, viste de colores claros. Estamos de nuevo perdidos en su casa subterránea, pero no sé a qué altura. En otra habitación mi tía vuelve a decirme algo que no entiendo, junto a la pared camina María como si ya tuviera un par de años, con un traje morado que la abriga como si hubiera demasiado frío. Yo sigo escuchando agua que cae en algún lado, todo luce oscuro pero aún no es de noche, como una capa azul sobre todo lo que veo.
Más cosas suceden, antes y después, que no puedo recordar. Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Antes" de Jorge Drexler.

.sueños atrasados. .03.12.08.

Jessica había ido a visitarme, sentí que ambas nos encontrábamos demasiado lejos. Estaba sentada en el primer piso de un restaurante, en un pasillo estrecho y hacia el final se escuchaba el sonido de un tren como si pasara justo junto a nosotros. Estaba sentada en una mesa con varios hombres, no hablaba, apenas si los conocía de vista y sentía que estaba ahí por Jessica, pero Jessica no estaba.
Uno de ellos me miraba cada cierto tiempo, me hacía preguntas y trataba de incluirme en la conversación, pero eso me hacía sentir incómoda. Me preguntaba si ya lo conocía, o el por qué de su interés.
Siento que ha transcurrido demasiado tiempo y me voy, los dejo ahí sentados y me doy cuenta que es la única mesa que continua ocupada, no hay nadie más. Camino y llego hasta una especie de catacumbas, aunque en realidad se trata del metro. Pero todo luce derruido, de cemento tosco, sin pintar. Avanzo por un pasillo pero miro a lo lejos varios túneles por donde podría avanzar, varios pilares que apenas si sostienen el peso sobre mi cabeza. Escucho al metro pasando como si pasara junto a mí, detrás de mí, sin que yo pudiera verlo. Camino sin saber hacia dónde me dirijo hasta que llega un hombre muy alto y me toma de la mano, me dice que tenemos que avanzar. Avanzamos rápidamente pero siento como si flotara un poco por encima del suelo, él sigue jalándome de la mano y aunque va frente a mí siento que siempre estoy viendo sus ojos. El metro pasa frente a nosotros, sin detenerse, violentamente, todo parece suspendido hasta quedar en una imagen congelada. Ya sé cuál es la película, le digo, ya la he visto antes. Y todo se detiene, él me mira triste porque sabe que lo he descubierto, yo me pregunto cómo no lo había recordado antes.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Cine de verano" de Corcobado.

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.

15.9.08

.sueños. .15.09.08.

Estoy detenida junto a unas mallas metálicas, endebles, viejas. De mi lado, una calle larga y abandonada, del otro un terreno baldío de arena y charcos. En el terreno baldío se levanta un circo improvisado, cuyas carpas oscuras y viejas apenas pueden mantenerse de pie con formas irregulares y equívocas. Los espacios se continuan unos a otros, como un laberinto de telas deterioradas. Todos lucen demasiado pequeños y de contenidos dudosos. Delante de todos ellos, sin poder adivinarse las entradas, en unas mesas metálicas se encuentran algunas personas vendiendo los boletos. Algunos de ellos son enanos. Pocas personas parecen querer acercarse y el lugar no deja de lucir abandonado. Yo entro y me acerco a una de las mesas, hay tres funciones en el día y yo compro para la más tarde. No tengo nada más qué hacer pero parece ser la mejor opción esperar hasta entonces. Compro dos boletos y salgo.
Afuera, un grupo de personas de ropas oscuras, una especie de vagabundos, se recuestan contra las mallas, sentados en el suelo, uno junto al otro. Me recuesto yo también, más cercana a la entrada del circo que a ellos, sin sentarme por completo en el suelo. Ian llega y se coloca junto a mí, de pie, como si hubiese estado ahí desde antes, como si fuese por él por quien yo me hubiese quedado. Los hombres hablan un poco del circo, de los fenómenos que se exhiben en él, de manera poco clara y que no deja adivinar lo que verdaderamente se esconde detrás de esas carpas. La tarde parece que se acerca a morir y todo tiene una sensación de arenoso, de cálido detenido. De pronto empiezan a hablar de la reina y dicen que está loca, pero la mención de ello contiene una carga semántica inentendible, una composición compleja de toda su estructura mental que no acabo a entender. Sólo puedo imaginármela, elegantemente vestida de rosa. Ian habla con ellos y cuando yo pregunto evidencio lo alejada que estoy de la conversación. Ian me dice que ya me lo había contado, que habíamos hablado de lo mismo algunos días antes, pero yo no lo recuerdo.
Entonces el sueño cambia. Estoy saliendo de la escuela y voy camino a la casa. Llevo una enorme mochila negra cuyo contenido deforma su visión normal, aunque no termina por ser pesada. El camino a la casa parece un laberinto de calles cerradas, de pasillos de restaurantes y casas que se conectan unos a otros. Todo luce alumbrado por luces beige y yo tengo una extraña prisa por llegar. El camino se va llenando de obstáculos y cada vez me cuesta más avanzar rápidamente. Llegando a un sitio con mesas metálicas y blancas un chico se pone de pie y me saluda, lo veo fijamente, sonrío un poco pero sigo de largo. Entonces escucho su voz diciendo "no sabes quien soy, ¿verdad?" y volteo de nuevo a verlo. Fijamente. No sé quién es, me dice que así he ido olvidando poco a poco a las personas que antes conocía. Como si todo mi mundo anterior se hubiese ido borrando poco a poco. Una chica llega y habla con él, parece que discuten pero se van llenando de gestos, levantando la voz, convirtiéndose en otros. Aprovecho el momento y me voy, inquieta. Llego finalmente hasta mi casa, que es la casa de mi abuela. Con su antigua puerta demasiado blanca. Entro y veo a Dulce arreglando algo. Los espacios parecen más amplios y a pesar de todos los lugares ocultos estoy segura de que es la única que está en la casa. Me dice que debemos hacer algo, algo que no recuerdo.
Más cosas suceden que olvido, entonces despierto.




En mi sueño suena "Mientras no cueste trabajo" de Melendi.

11.9.08

.sueños. .11.09.08.

Estoy dentro de una amplia habitación, esas habitaciones enormes de casas viejas, con baldosas verdes de formas complicadas. Está vacía, además del polvo y el aire encerrado, de un lado hay una puerta y del otro se adivina apenas la salida hacia un balcón. Me baño dentro de aquella habitación, conductos de agua por el techo derivan en regaderas que la arrojan sobre mi cuerpo vestido, que luego se escapará hacia las puertas. Me ilumino sólo con la luz que logra filtrarse por la salida al exterior.
Del otro lado de la puerta está Lili, me habla aunque es poco lo que puedo entender de todo lo que dice. Le digo que pronto saldré y hablaremos, ella insiste en si me llevaré el perro a casa. Recuerdo entonces que le dije que lo pensaría, cuando ella abre la puerta y un pequeño french puddle entra rápidamente al cuarto, dando vueltas y mojando sus pies en el agua. Yo ya no estoy mojada. Lo levanto y le digo a Lili que no me gustan los perros, que mi mamá tiene asma y que no podría lidiar con él dentro de la ca. Ella parece aceptarlo sin más y caminamos juntas hacia otros lugares de la casa.
En realidad la casa es enorme, como una ciudad contenida en sí misma a través de pasillos y cuartos irregulares que van cambiando constantemente de estilo, pero que jamás dejan entrever el exterior. Caminamos mucho, atravesamos pequeños puentes, salones, patios interiores. La casa es entonces una escuela y hay una gran reunión a la cuál tengo que llegar.
En un patio interior, completamente recubierto de cemento, hay muchas personas, muchos niños y padres, y hay alguien entre todas ellas que habla fuertemente tratando de guiarnos. Intentan rezar, pero es imposible poner un orden. Los textos están en distintos formatos, cada quien sostiene folletos, libros, hojas sueltas, con distintas frases que no alcanzan a organizarse. Yo sostengo una gran hoja de periódico, toda en negro con pequeñas letras blancas con alguna oración. Lo religioso se ha confundido con otros discursos y nadie está seguro de lo que debe decirse. Yo trato de comenzar, de leer lo que dice aquel periódico pero cuando trato de enfocarlo las letras se vuelven más pequeñas, más incompletas y no entiendo las frases. La voz en alto me dice que si no sé leer, así que me detengo. Un grupo sentado frente a mí sostiene más folletos y veo entonces que tienen textos que los demás desconocen.
Dejo el lugar y vuelvo a internarme por los pasillos de la casa, me alejo, termino en una cocina, sentada en una mesa redonda de madera clara. Frente a mí hay una mujer que toma té o café en silencio. Entonces entra mi madre a la cocina y se sienta junto a ella y le dice algo en voz baja. Yo no necesito escucharlas para saber lo que están diciendo. Le pregunto a mi madre si mi abuelo ha muerto. Ella no responde nada y sólo me mira, adivino sus respuestas y siento el aire más espeso, algo golpea mi pecho. Vuelvo a adentrarme en los pasillos de la casa hasta que entro, de noche, en la habitación de mi otra abuela. El lugar parece enorme y a lo lejos sólo se vislumbra la cama, la luz clara que entra por la ventana apenas si alumbra la figura recostada en la cama. Mi abuelo, sin sábanas, sin almohadas, su cuerpo frágil acostado, extendido, en la cama. No tiene camisa y su torso luce extremadamente delgado, su respiración violenta oscila entre agigantar su pecho y pegar la piel a los huesos. Respira bruscamente, antecediendo el momento en que dejará de hacerlo. Una voz que debe ser suya pero más grave me pregunta porqué no lo toco, aunque sus labios no se mueven. Pongo mi mano extendida sobre su pecho, su piel está fría, suave, delgada, como si en cualquier momento mi mano fuese a perderse en ella como en un cuerpo de agua. Su respiración casi parece una melodía triste, siento entonces que hay muchas personas, vestidas de negro, alrededor de nosotros, que lo miran sin ojos en esos últimos momentos.
Lo miro triste, tranquila, llena de amor.
Y entonces despierto.



En mi sueño suena "I cannot look away" de Sounds Of The Blue Heart.

26.8.08

.sueños. .25.08.08.

Entro en un edificio derruido, como una construcción imperfecta y mal trazada. Todo luce viejo, húmedo, oxidado, falto de luz. Los espacios se siguen unos a otros sin orden, salones desiertos, largos pasillos, desniveles sin razón. Avanzo, sabiendo que es el cumpleaños de mi Gabriel y que por ahí llegaré a la fiesta. Llegado a un punto, miro el cuarto abierto a mi izquierda y encuentro a Raúl fumando un cigarro, solo. Entonces sé que algunos de esos pasillos inconclusos que se encuentran distribuidos aleatoriamente tienen habitaciones que funcionan como pequeños departamentos. Mentalmente repaso la historia: Raúl rentó uno de esos departamentos porque le pareció adecuado para vivir, pero una vez que lo vio su esposa lo desaprobó y tuvieron que dejarlo. Lo saludo y me dice que vayamos al lugar de la fiesta.
Entramos a un cuarto, como un gran salón abandonado donde todo luce viejo excepto una mesa de madera clara en el centro. Sólo quedan dos lugares disponibles, justo a la derecha de Gabriel quien se encuentra en la cabecera. Nos sentamos ahí, pero entonces es como si Gabriel hubiese cambiado de lugar para situarse enfrente de nosotros. Comienzan todos a hablar y entonces me doy cuenta que todos son profesores y yo me pregunto porqué estoy yo ahí.
Después de un tiempo una mujer entra, es la esposa de Raúl, el cuál se pone inmediatamente de pie y se ubica en dos asientos desocupados que aparecieron de pronto al otro lado de la mesa. Lo sigo con la mirada antes de percatarme que su lugar sería ocupado por un señor viejo, algo gordo y de cabello canoso quien me habla constantemente diciéndome "oye, niña..." y señalándome cuanto pueda decirse dentro de esa habitación. Yo veo hacia el otro lado de la mesa y cuando regreso mi vista al viejo me encuentro con que tiene el rostro pintado. Como maquillaje circense, todo su rostro es gris con algunos trazos blancos que no responden a ninguna armonía. Entonces miro a las demás personas a mi alrededor y todos tienen también el rostro pintado. La mujer frente a mí lo tiene pintado de amarillo mostaza con irregulares trazos negros. Gabriel ya no está, pero pienso entonces en que organizó una fiesta de disfraces y yo llegué sin nada. Me pongo de pie, incómoda, y me dirijo hacia la salida. Paso junto a Raúl, sentado, el asiento de su esposa desocupado pero él mirando fijamente un punto, sin hablarle ya a nadie.
Me salgo del cuarto y estoy en otro sueño. Camino sobre una estructura de madera localizada sobre una playa, como si fuese un muelle, o un edificio abierto, con desniveles extraños y que bordease el mar para localizarse siempre sobre él. Camino por ahí de un lado a otro, varias personas pasan junto a mí, algunos conocidos y otros no. Pasando por un punto alguien, una amiga, me dice que hay una ballena varada y voy hacia el punto que se encuentre más cercano a ella. La miro tumbada en la arena, más pequeña de lo que debería lucir, como si mirara hacia el sol. Mi amiga dice que es un bello animal y yo recuerdo otra ballena que encalló antes en la misma playa, que tenía alguna especie de malformación en la cabeza y un tono de piel café que la hacían lucir realmente grotesca. La miramos fijamente antes de que comience a moverse sobre su base, convulsivamente, al tiempo que poco a poco va regresando al mar hasta volver a perderse. Saco mi cámara y comienzo a tomarle fotos mientras se aleja. Fotos imposibles que la siguen hasta kilómetros alejados de la costa, fotos submarinas en que nada entre focas y otros peces. Hasta que se pierde por completo en el horizonte.
Corro hacia mi madre que se encuentra sentada en otro lado del muelle, platicando con alguien más, quiero mostrarle las fotos pero ella parece poco dispuesta a querer verlas.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Piel de astracán" de Maga.

22.8.08

.sueños. .22.08.08.

Caminaba con Dulce sobre la calle de atrás de la universidad. Íbamos rápidamente, probablemente a comer, y hacía mucho calor. Hablábamos sobre algún tema con el que estaba fastidiada, así que iba un poco de malas. Pasábamos frente al sushi y en una de las mesitas que están fuera veía a Jessica y a Víctor comiendo. La mesa era muy pequeña, de manera que sólo cabía un plato sobre la superficie y no parecía precisamente de sushi. Se encontraban muy cerca y acaramelados, de manera que en una escena digna de "La dama y el vagabundo", Víctor le daba de comer en la boca.
Dulce parecía no percatarse de ello y seguía hablando, yo sólo los miraba y ellos tampoco se daban cuenta de que yo pasaba por ahí. Pensaba mentalmente en lo idiota que era Jessica por regresar con él, pero aún eso no superaba mi desconocido enojo inicial.
Por la mañana recordaba algunas otras partes del sueño que ahora se han ido. Eventualmente despertaba.




En mi sueño suena "Nuestra sociedad secreta" de Xabel Vegas y las Uvas de la Ira.

14.8.08

.sueños. .14.08.08.

Me llaman, tengo que salir del cuarto, trato de ponerme mis zapatos pero no me quedan, no entran. Los miro varias veces y son ambos del mismo pie, de pronto miro y parece que todo el suelo está lleno de zapatos idénticos, para pies sin forma, para tallas inexistentes, y ninguno me queda. Salgo sin zapatos.
Por momentos parece que la ciudad dentro de la cuál estamos atrapados es un conjunto de casas abiertas una sobre otra. Subo a un pequeño ático y un niño duerme en una maleta, le digo que es hora de irnos.
Todo cambia, estamos en un coche, una amiga maneja pero no puedo ver quién es. Pasamos como a través de un malecón pero que es demasiado pequeño, como si fuese apenas una zona en un jardín y sin que se pueda observar el mar del otro lado. Le digo a la chica que quiero comer helado y pienso en un cierto helado de vainilla con jarabe de chocolate. Pasamos junto al sitio donde lo sirven, que es como una parte más asomándose a esa enorme casa blanca que es la ciudad. Por el cristal puedo ver demasiadas mesas para un sitio tan pequeño, todas de madera alta y clara, mi amiga me dice que está cerrado, que vendremos otro día. En otros sitios, a través de más ventanas, veo a personas sentadas en otras mesas, hablando, comiendo, pocas y esparcidas. Hay mucha luz adentro.
Estamos escapando, ella sabe que no nos pueden ver y por eso sólo salimos cuando es de noche. Se estaciona enfrente de unos locales cerrados mientras busca algo. Yo me pregunto de qué escapamos y cuanto tiempo tendremos que seguir así.
Suceden muchas más cosas que no recuerdo, y entonces despierto.




En mi sueño suena "Not ready to make nice" de Dixie Chicks.

7.8.08

.destello de sueños. .07.08.08.

Me encontraba comiendo con mi padre, frente a mí había una pantalla sin sonido con un programa de música. En uno de los comerciales pasaron rápidamente un fragmento de horóscopos donde sólo apareció el signo de piscis. Entonces recordé un fragmento inconexo de los sueños de ayer:

Me encuentro en una habitación que parece formar parte de un bar. Hay varias mesas altas pero nos encontramos en la única ocupada. Están varios chicos que identifico con amigos de Bake aunque ninguno corresponde a alguien que conozca. Sólo yo estoy sentada, ellos se mantienen de pie. Corcobado entra entonces por la puerta que se encuentra a mi izquierda y nos saluda a todos. Viste de negro. Se dan varios diálogos que no alcanzo a entender, yo me mantengo quieta y callada.
Entonces se detiene hablando con uno de los chicos y le dice que lo llamará Piscis. Él dice que, precisamente, ése es su signo. Corcobado responde que no tiene que ver con signos si no con una canción suya con el mismo nombre.




Debe ser mi emoción por verlo cantar de nuevo.
En mi sueño suena "Dos corazones" de Corcobado.