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8.2.09

.sueños atrasados. .07.02.09.

Camino por unas calles pequeñas, de pueblo apenas ciudad, caluroso. Sé que son calles peligrosas pero no me importa, avanzo rápidamente con mi mochila en la espalda. Mirando únicamente el suelo y las bardas blancas que limitan las casas.
Paso junto a un grupo de chicos, una pequeña pandilla que se encuentra reunida en las afueras de una casa. Unos metros después de dejarlos atrás escucho como comienzan a sonar unas sirenas de policía. El grupo de jóvenes trata de dispersarse pero es evidente que los coches van detrás de ellos. Temo que me detengan a mí y corro hacia la última casa de la calle, a donde me dirijo, y como no tengo tiempo de tocar me resguardo lo más que puedo cerca de la barda, para evitar que me vean. Sé que a lo lejos ya han capturado a los jóvenes, y siento como una patrulla pasa por la esquina y me alumbra y sabe que estoy ahí. Pero no me dicen nada y se van.
Toco entonces a la puerta y ella me abre, parece como si no esperara mi visita. Sé que a esas horas está sola y por eso voy a verla, fingiendo que tengo que hacer algo en su casa, que me mandan por algo o que tengo que arreglar algo. Ella no pregunta y me deja entrar. Es pequeña, de estatura y de edad, viste un vestido blanco con flores azules, muy corto. Su piel es morena y lleva unas medias transparentes cubriendo sus piernas aunque es verano. Entra y me deja pasar como si no importara, regresa a sus ocupaciones en las habitaciones de atrás. Yo la sigo sin que me diga nada, miro como pasa frente al cuarto y luego a un baño muy grande con una puerta metálica blanca. La veo y no parece importarle mi presencia. Entro al cuarto, todo luce pequeño y con pocas cosas, está todo un poco tirado pero a mí no me importa. Ella entra entonces detrás de mí, como si ahora quisiera escucharme, y le digo que traje unas películas para que viera, o para que viéramos, y ella sabe que las tengo dentro de la mochila pero no me dice nada. Sale y se dirije ahora hacia la cocina y yo continuo avanzando detrás de ella.
Su cuerpo es pequeño y puedo abarcar gran parte de su cintura con mis manos. Ella se detiene sorprendida pero no me dice nada. La cargo por la cintura y la pongo sobre la mesa de madera con el mantel burdo. Sólo quiero tocarla y recorro su cuerpo como si no conociera ningún cuerpo humano antes, como si fuese un objeto siendo exhibido. Ella primero parece renuente a dejarme, me dice que no puede quererme, que no puede hacer nada más de lo que ya hace. Le digo que no importa, que solo quiero tocarla, como si no pudiera creer que fuera de verdad. Y entonces me deja, se ríe cuando le hago cosquillas y yo siento como ella se va volviendo más pequeña entre mis manos, como si fuera a desaparecer.
Alguien golpea la puerta fuertemente y yo me pongo de pie y tomo mis cosas. Entran antes de que podamos hacer nada y unos hombres comienzan a interrogarme. Son de la policía y me preguntan qué hago ahí a esas horas. Le digo que soy un vendedor, que paso a veces a vender películas y les muestro las que tengo en la mochila para que me crean y ellos violentamente las toman y se me corren de la casa. Me dicen que me vaya y que no regrese. Otros la han conducido antes al cuarto, quizá también preguntándole qué hacía conmigo a esas horas. Ella no dijo nada y sólo fue al cuarto, después de correrme los otros también irán ahí. Termino en la calle y me alejo, caminando hasta que el pavimento de la calle se convierta todo en piedras pequeñas y dejen de haber casas con portones blancos.
Entonces despierto.

28.1.09

.sueños atrasados. .26.01.09.

Llego temprano a mi clase de japonés. Todas las personas continuan aún hablando dispersas, alejando el momento. El salón es distinto, es demasiado pequeño, sin ventanas. Apenas puede entrar una fila de escritorios dobles y dejar un pequeño espacio para moverse. Todo es de madera, no hay nadie sentado. Hay una amiga conmigo pero no dice nada, sólo se mantiene inmutable junto a mí, sin decir nada. Estoy hablando con Francisco, en realidad él me está contando algo pero yo no lo escucho, sólo pienso en lo extraño que es que se presente al curso ahora, sin haber venido a ninguna de las clases anteriores, sin tener idea de lo que hemos visto. Pero él me habla de otras cosas, me cuenta que ha estado teniendo problemas con su novia, Selma. Me cuenta algunas cosas que han sucedido entre ellos y la actitud de Selma en dichas circunstancias es completamente errática. No voluble, no bipolar, no nada que pudiese justificarse de algún modo: simplemente sus acciones no tienen sentido. Le respondo vagamente que no debería sorprenderle, dado que es francesa, pero al momento de enunciar la oración me doy cuenta de que suena terriblemente despectiva y me siento avergonzada de haberla pronunciado. Volteo a verla a ella, sentada sola en el primer escritorio. Es la única persona sentada y mira hacia el frente como si hubiera algo allá, pero no lo hay. Inmóvil con su suéter azul y su cabello negro suelto. Me pregunto si me habrá escuchado pero nada parece indicarlo.
La clase va a comenzar y todos parecen irse a sus lugares. Yo me siento en un escritorio y Francisco se sienta junto a mí, mi amiga parece irse y sentarse en otro lugar, pero no me importa.
La clase terminaba y yo regresaba a casa. Me sentía de nuevo como en la preparatoria, regresando al hogar a la hora de la comida, pero mi familia estaba lista para viajar, como si hubiera sido el último día de clases y ellos tuvieran ya todo listo a mi regreso para el viaje.
Estamos en el coche y tras un viaje corto llegamos a una casa en medio del campo, que más bien parece una campiña europea. Sé que estamos en España, en casa de los padres de él, y sé que nos esperan aunque no nos conozcan.
Recorro constantemente la casa, voy de una habitación a otra, de un salón a otro. Es enorme y luce muy iluminada todo el tiempo. Sé que hay más gente y los escucho a veces en los cuartos a los que no entro, pero nunca los veo, no me encuentro nunca con nadie. Y los días transucurren sin que él llegue, porque sé que no ha terminado sus clases y falta aún para que vuelva a casa, pero no sé cuándo será eso, y sus padres no saben que no nos conocemos así que no me siento con la confianza de preguntárselos. Voy a un cuarto que se encuentra junto a entrada principal, es una especie de recibidor pero en realidad luce como un dormitorio pequeño. Hay dos camas alargadas pero muy angostas que se cubren por unas cortinas transparentes. Me acuesto en una de esas camas, en la otra está sentada mi hermana en silencio, y duermo una siesta.
Han pasado varios días y él no llega, continuo con mi ejercicio absurdo de recorrer la casa obsesivamente. Todo luce muy blanco, muy amplio, entro en varias otras habitaciones: un cuarto que parece un dormitorio. Comienzo a pensar que no lo veré, que nos queda poco tiempo y él bien podría no llegar en esos días. Comienzo también a pensar que quizá llegó precisamente el día en que dormí la siesta y partió durante esas pocas horas. Que era mi única oportunidad y la arruiné. Me siento frustrada por todos mis pensamientos y decido entretenerme haciéndole preguntas a mi ipod.
Salgo al garage, nuestro coche está estacionado ahí, es una camioneta negra muy grande. Abro la puerta del copiloto y me inclino sobre el asiento para buscar mi ipod alrededor de las cosas que hay tiradas en el suelo. Muevo muchas cosas pero no puedo encontrarlo. Escucho las pisadas de alguien que entra en el concreto del garage y entonces siento como unas manos me toman por la cintura y me jalan suavemente obligándome a salir del coche. Me volteo y quedo frente a él, viene con la fatiga de aquel que lleva días viajando y con la borrachera encima también. Sin decirme nada me abraza fuertemente. Siento su peso sobre mí, la carga de una ternura inentendible. Al separarse me dice que lo acompañe a saludar a sus padres.
Entramos a la casa, tengo que dejarlo recargarse en mí puesto que el alcohol ya no le permite caminar correctamente. Soy consciente de nuestra amplia diferencia de alturas, de cómo apenas consigo aferrarme a su cintura, del modo en que debe inclinarse un poco para facilitar nuestro paso. Atravesamos de nuevo los mismos salones por los que yo hubiera pasado antes, donde confluyen estructuras arquitectónicas fantásticas y sitios de todas las casas donde he vivido. Ahora están llenas de personas y ruidos, gente que platica y se mueve pero nadie conocido, nunca sus padres. Hablamos poco y a veces al responderme sus expresiones son iguales que las de Ian. Me hace sentir incómoda, me pregunto si siempre que conozca a alguien estoy condenada a mantener las mismas conversaciones, como si todos fueran si no una calca de algo absoluto.
En alguna de las habitaciones por las que atravesamos me encuentro con mi abuela, está sola. Nos mira fijamente y escucho nada más cómo me dice que cómo puedo estar junto a un joven completamente drogado. Pienso en responderle que no está drogado, que nada más está ebrio, pero también pienso que no tiene caso y salgo de la habitación sin responderle nada.
Llegamos de nuevo al pasillo principal, al final del cual se encuentra la habitación de sus padres. Me dice que irá a saludarlos y que luego vuelve por mí para que salgamos a dar una vuelta por la ciudad. Yo entro en el recibidor con camas nuevamente, donde dejé mis zapatos, y me dispongo a atarlos mientras pienso en lo que sucederá posteriormente. Nos imagino recorriendo en coche una ciudad pequeña y de noche, con calles de pequeños adoquines. Pienso en todo lo que tengo que decirle y todo lo que ahora sé que el tiene que decirme. Nos imagino volviendo de nuevo a esta habitación, sentándonos sobre esta cama y platicando durante toda la noche. Me pregunto si será igual, me pregunto si debería ser igual, me pregunto si importa que sea o no igual. Pero entonces suena el teléfono del cuarto y contesto. Es él, llamándome desde la habitación de sus padres, me dice que tiene que irse, que le acaban de avisar que un programa que tendría ese verano ha cambiado de lugar. Originalmente sería en la misma ciudad en la que nos encontrábamos, pero ahora tendrá que ser en Madrid y tiene que partir justo en ese momento. Sin posibilidad de vernos siquiera a la puerta, como si fuera entonces la distancia más abismal, entre el cuarto de sus padres y aquel falso recibidor. Él suena mal por los sucesos, mal por no poder estar conmigo siquiera un poco.
Le digo, sin demasiada emoción, que puede que no sea tan malo, que mi familia aún esperaba pasar unos días en Madrid antes de regresarnos. A él parece alegrarle la idea, me dice que podría decirle a mi chofer que me dejara frente a su universidad por las tardes, cuando él terminara clases, y así podría pasar el resto del día conmigo. Le digo que eso no importa, que yo puedo moverme sola, y me imagino llegando a su pequeña escuela, más de noche que de tarde, con toda la gente saliendo y alejándose y entonces él, saldría y caminaríamos mientras se vuelve todo más oscuro y la calle más solitaria. Él interrumpe mis pensamientos comentando fugazmente anécdotas que vivimos juntos: recuerdo aquella vez que te caíste. Sonrío casi por compromiso pero no quiero pensar en ellas, trato de regresar siempre a nuestro hilo principal y le pido el número de su celular o no podré llamarlo. Me lo va dictando: 2454. Entonces escucho 'C'. Le pido que me lo repita y vuelve a decirlo, 'C'. Miro las teclas de mi celular, pensando que quizá se refiera a la cuál corresponde la letra C. Pero mis teclas han cambiado de lugar, no tienen letras y muchas ni siquiera tienen números. Él lo dice entonces: 'X'. Y yo sé que se refiere al 6. 24546. Pero al mirar la pantalla del teléfono noto que he escrito 35458. Creo que me he equivocado de número, que me hace falta algo más, que no podré comunicarme nunca de vuelta. Y él sigue hablando, con ternura, historias que yo no puedo escuchar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El club de las mujeres muertas" de Víctor Manuel.

26.1.09

.sueños. .25.01.09.

Hay un largo recorrido laberíntico. No me siento perseguida: tengo que llegar a algún sitio. Atravesamos casas viejas, pisos de lozas blancas y verdes. Paredes que se van cayendo, techos altos. Todo a media oscuridad. Todo encerrado y todo viejo. Pero siento que debo correr, que para después será demasiado tarde. Mi hermana corre detrás de mí todo el tiempo, no decimos nada, no es una competencia pero siento que debo llegar antes que ella. Adelante siempre luce más oscuro.
Al llegar a la última sala hay un mantel blanco en el suelo, en medio de una habitación sin más muebles. Sobre el mantel se encuentran dos pequeñas cunas a nivel del suelo. Como pequeñas cajas oscuras. Me siento en el suelo y detrás de mí mi hermana repite mis actos, espalda contra espalda. Tomo al bebé que está en la cuna frente a mí, lo abrazo. Ya no es una bebé, es una muñeca. Una muñeca vieja, fea, sin ropa, únicamente con el cuerpo de peluche blanco, los ojos azules muy abiertos y casi despintados, el cabello rubio sucio revuelto y escaso. La muñeca me mira, y yo me siento culpable de pensarla fea, de saberla fea. Después será demasiado tarde. Tomo un biberón y comienzo a alimentarla, la leche se cae por entre sus pequeños labios de plástico.
Entonces despierto.



En mis sueños suena "Prison song" de System of a Down.

22.1.09

.sueños atrasados. .16.01.09.

La habitación es todo, no se le puede contener, los pasillos no llevan lejos de ella. La luz amarillenta da una sensación de que ya ha anochecido siempre. Hay poca gente pero todo luce tan pequeño por momentos que siempre parece que estamos amontonados, que todo el tiempo chocamos con los demás y que nuestro cuerpo apenas puede limitar su propio espacio. Yo vivo ahí, tengo mi espacio para escaparme, y por encima de todas las cosas miro mi casa, como una pequeña casita del árbol construida sin árbol alguno.
Hay algunas mujeres cerca de mí y hablan, aunque no les presto atención ni puedo entenderlas. Alguien más me dice algo y me siento retada, como si tuviera que demostrarle algo a los demás, encontrándonos todos tan atrapados. Tomo la escalera y me dispongo a subir a mi habitación casa del árbol, casi casa de muñecas. La escalera es pequeña y luce frágil, la acomodo pero no parece suficientemente rígida como para aguantar mi peso. Trato de acomodarla un poco más pero no tiene caso. Todos me miran mientras realizo esta acción, como si fuera mi gran prueba.
Subo unos escalones y siento como si fuera a romperse. Al único que yo puedo mirar es a quien me retó. Continuo subiendo como si la distancia fuera muy larga aunque la casa apenas si debe suspenderse unos dos metros y medio por encima del nivel del suelo. No miro hacia arriba mientras subo.
Cuando llego al final me doy cuenta que no hay final. La escalera da contra la pared también amarilla. La gente continua mirando, la escalera se encuentra contra un enorme librero infantil. Mi casa ha desaparecido dentro de uno de los libros. Ellos no dejan de mirarme y yo ya no quiero mirarlos a ellos. Tomo el libro, de pasta oscura sin dibujos, lo abro. Parece una libreta de dibujo, en sus páginas apenas algunas manchas de colores claros casi diluidos con agua pretenden concretar formas. Mi casa está dentro y sé que si quisiera podría entrar. Cierro los ojos y quiero desaparecer. Pero no puedo.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Mi niñez" de Joan Manuel Serrat.

13.1.09

.sueños atrasados. .09.01.09.

Me encuentro dentro una palapa acodicionada a modo de vivienda, como una especie de centro de información de unos suburbios alejados. Es una especie de colonia pueblo que se encuentra lejos de la ciudad principal, con una arquitectura asemejando las comunidades rurales del sur, pero con el acondicionamiento necesario para viviendas de clase media alta. Leo un folleto o, más bien, pretendo leerlo mientras espero algo, la razón por la que he venido aquí. De otro lado de la habitación dos personas platican en voz baja pero con el volumen suficiente como para que escuche sus murmullos. Una de ellas, quien se encuentra detrás de un pequeño mostrador de madera le indica al hombre cómo debe realizar un plan para matar a una de las personas que viven en la colonia. Hablan como si no se percataran de mi presencia pero sé que de algún modo lo hacen, sé que la mujer me mira sin que yo voltee, en espera de que alguna mirada delate que los escucho, pero yo continuo leyendo el folleto con fingido interés.
Espero a que el hombre abandone el lugar y entonces salgo sutilmente del lugar. Me encuentro entonces en la calle principal, la única que recorre todas las casas del lugar, una calle de tierra clara y desde donde uno puede ver todas las casas y la vegetación selvática que se extiende después de ellas hasta donde alcanza la vista. Sé que la mujer me escuchó y que en ese preciso momento, aún dentro del lugar, realiza otro plan para matarme. El camino a mi derecha avanza durante demasiados kilómetros antes de llegar a la carretera y sería fácilmente descubierta si tratara de huir por él. Como si todo el lugar estuviera controlado por ella. Tengo que escapar, pero no estoy segura de qué manera.
Camino hacia la derecha, en la última casa antes de salir de la comunidad hay una fiesta enorme. Muchas personas se amontonan desde la entrada, en los patios delanteros, dentro de la casa. La música suena muy alta. Me detengo delante de la entrada, sin atreverme a atravesar la barda. Entonces llega un jeep y de él bajan varios jóvenes, uno de los cuáles es Mario. Me acerco cuando él camina hacia la casa y lo saludo. Al verme me abraza demasiado fuerte, con una inmensa alegría de verme y me besa fugazmente en los labios. No correspondo su emotividad y tampoco me importa cómo se comporte, le digo que me deje entrar con él a la fiesta, sé que dentro de ella no podrán entrar a buscarme.
Entramos y él va saludando a varias personas que se va encontrando en su camino, me presenta con todos como si fuesemos pareja y yo me siento extrañada de su actitud pero no me detengo a pensar demasiado en por qué lo hace. Trato de hacer un plano mental de la casa y entonces pienso que la barda que delimite el patio de atrás debe restringir la selva del otro lado. Le digo a Mario, como si él ya estuviera al tanto de mi situación, que deberíamos escapar por el patio de atrás, saltar la barda e internarnos en la selva erráticamente hasta encontrarnos con algún camino. Sé que no me encontrarían en medio de la selva. Él me dice que eso no es posible, que la barda es de concreto liso, demasiado alto, y que en la parte de arriba se encuentra protegida por alambre de púas, imposible superarlo. Llegan otros amigos de él y le preguntan lo que sucede, él le explica que tengo que escapar porque planean matarme, ellos le indican que vayamos por otro lado y salimos de nuevo hacia el patio de adelante y rodeamos la casa hasta llegar a la parte de atrás, una especie de garage o taller, muy grande y que se encuentra aún en obras en algunas partes.
Todos ellos se quedan afuera, de pie, platicando y considerando diferentes opciones para el escape. Yo sólo me mantengo junto a ellos pero no les presto atención, no los escucho, sus planes son tan burdos que sé que no puedo fiarme de ellos. Desvío la mirada hacia los albañiles que se encuentran trabajando a unos metros de nosotros y me doy cuenta de que uno de ellos es Beto. Él también se da cuenta de mi presencia pero trata de evitar mirarme, pretendiendo que no me ve. Espero a que vuelva a voltear y al delatarlo en la mirada lo saludo con la mano, él se ve forzado a responder rápidamente el saludo y regresar a su labor. Lo miro continuar, me siento culpable de haberlo saludado pensando que él, después de todo, no habría querido que sucediera y por eso me evitaba. Veía que vestía con una chaqueta amplia, de color claro pero manchada por el trabajo, y con una capucha que le cubría fácilmente el rostro. Pensaba que si me diera aquella chaqueta sería fácil para mí colarme en el camión de los albañiles e irme del lugar por el propio camino principal sin que fuese descubierta. Dejo al grupo de chicos discutiendo y entro hasta la parte de atrás del garage, llamándolo.
Sé que me ha escuchado, que se encuentra ahí, y camino hasta quedar fuera de la vista de los demás y entonces él aparece de pronto tratando de besarme, de tocarme. Sin ninguna clase de reacción emocional lo empujo, aunque él insiste, mostrándose algo violento. Me pregunto si mi presencia habría motivado un malentendido, pero le digo que lo único que quiero es su chaqueta, que la necesito. Él deja de intentar nada y me dice que sí, que está bien, que lo acompañe a otro lado de los talleres y yo camino detrás de él hasta que me pide que entre en una habitación. El lugar no tiene puerta, y al entrar me doy cuenta de que tampoco tiene ventanas, ni muebles, y que las paredes son una suerte de construcción muy endeble. Todo luce oscuro y húmedo. Le pregunto por qué me llevó ahí, pero al volterme a verlo ya no hay nadie en la puerta ni en ningún otro lugar.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "La ley del retiro" de Giulia y los Tellarini.

12.1.09

.sueños atrasados. .08.01.09.

Tenía la sensación de que estábamos de visita en casa de Mauricio. Sin embargo todo lucía como una campiña muy iluminada que se extendía hasta donde la vista alcanzara y donde cada cierto tramo se encontraba alguna construcción, como si las partes de la casa estuvieran dispersas por el campo.
Yo caminaba tras haber salido de una y dirigiéndome a otra. Tenía la sensación de llevar mucho tiempo en ese lugar y sin embargo nunca había visitado el sitio al que me dirigía, que eran una especie de cuartos extra que nadie empleaba. Una especie de lugar secreto que en realidad todos conocían.
Cuando entro algo está sucediendo, escucho una conversación que parece acercarse a una pelea. En lugar de dirigirme hacia ese punto voy rodeando hasta llegar al cuarto que se encuentra junto. En el cuarto hay una pared falsa, la abro como si fuera una puerta y termino encerrada dentro de un pequeño armario improvisado. Sé que al volver a cerrarla nadie notará que estoy dentro, nadie sabrá que estoy ahí. La pelea es cada vez más violenta, me tapo los oídos y repito mentalmente lo que sucede como si fuera una historia conocida: alguien, el visitante, mata a todas las personas que se encontraban en la casa. Nadie era de la familia, todos los demás permanecían callados en otros sitios mientras las dos personas discutían y murieron callados. Con los ojos y los oídos cerrados puedo ver las paredes de afuera llenas de sangre, en una imagen que he visto antes muchas veces.
Salgo y todo lo demás es un escape, más que de una circunstancia de una imagen. Me siento perseguida por la fatalidad, como si se hubiera disperado a través de la casa y ahora me siguiera inevitablemente. Llego a casa de mi abuela, hay una reunión familiar pero todos parecen muy lejanos en una casa que se acrecenta y extiende cuando tratas de abarcarla. Trato de distraerme pero no puedo, me siento nerviosa y voluble. Me refugio en el cuarto de mi abuela y estoy sentada en el piso junto a mis hermanos. Hay otras personas con nosotros que no conozco, niñas pequeñas que hablan y hablan sin que pueda entender lo que dicen. Mi hermana entonces le comenta a alguien más que mi hermano le enseñó cómo subir por las paredes. Y entonces la veo apoyarse contra la alta pared amarilla y comenzar a subir, como si su cuerpo pudiera adherirse sin ningún problema, o como si unos hilos delgados sostuvieran su peso. Ella explica que lo consigue a través de los agujeros de su pantalon, y entonces veo que éste, en algunas partes de la pierna, cambia su tela por una malla con varios agujeros. Con ellos y con los clavos que recorren las paredes, ella va escalando y escalando hasta el infinitamente alto techo de vigas de madera. Cuando veo lo alto que ha llego le digo que deje de hacerlo, que es muy alto y que no podrá bajar. Ella me dice que bajar en sencillo, pero al tratar de hacer algún movimiento en falso se suelta y cae hacia atrás. Trato de atraparla antes de que caiga pero no alcanzo. Escucho cómo cae como peso muerto pero sin embargo se levanta como si nada y me dice que no tenía por qué preocuparme, que no le pasaría nada.
Continuo escapando, avanzo. Me encuentro de pronto en la proa de un barco enorme, todo en metal burdo. Hay varias personas recorriéndolo y yo siento que avanza muy deprisa pero que yo quisiera que lo hiciera aún más rápido. El aire golpea mi cara de frente, pero no puedo ver el agua, solo un cielo demasiado azul. Sospechosamente azul. Entonces un hombre llega junto a mí y yo lo abrazo como si aferrarme a él pudiera salvarme de algo. Comienzo a besarle desesperadamente el rostro, los ojos, la barbilla. Él viste completamente de blanco, es japonés y muchos años mayor que yo. Me abraza tiernamente y me decide que nos escapemos. Yo le digo bajito que ya quiero estar lejos con él, a solas con él, a salvo con él. Nos imagino encerrados en un cuarto sin ventanas.
En un momento se aleja y un par de chicas detrás de mí se acercan alegremente y hacen burla de mis frases de cariño desesperado. Me dicen que no es necesario decir eso, que será demostrarlo cuando esté lejos con él. El barco se va hundiendo conforme hablamos hasta que quedamos nosotras, avanzando en el agua por una corriente submarina. Con el agua empujándonos en un cauce artificial y estrecho. Avanzamos rápidamente mientras continuamos hablando, de todo, de nada. En algún momento algo raro se siente en el ambiente, como si el agua se calentara o el aire se hiciera más pesado. Ellas me dicen que nos detengamos y nos aferramos a las orillas para evitar continuar ser arrastradas. Avanzamos lentamente y llegamos hasta un punto donde el cauce se abre y hay una zona amplia. En ella hay un grupo de hombres de pie y varios cuerpos flotando sin vida. Las venas de sus rostros se marcan sobre la piel como si fueran manchas oscuras, sus ojos están perdidos y hacen que el agua a su alrededor se caliente. Son portadores de la muerte, de algún modo. Mucha gente que viene detrás de nosotros, que también venía en el barco, detienen su curso sin saber qué hacer. Sabemos que no podemos acercarnos.
Regresamos un poco sobre la corriente, escucho como varias de las personas hablan sobre qué hacer. Hasta que alguno de ellos dice "enciendan a Magdalena" y todos quedamos callados. En una zona del cauce parece entrar otra intersección, muy pequeña y casi desapercibida, y todos miramos hacia ella mientras retrocedemos lo más posible. De ella sale Magdalena. Una criatura famélica, humanoide, de piel negra y anatomía irregular. Su enorme sonrisa inicia en su esternón y se extiende por sus costillas, por su costado, hasta terminar en su espalda, en los homóplatos, provista de miles de dientes pequeños, amontonados y afilados. No tiene cabeza, su cuello termina abruptamente como un muñon operado. Avanza torpemente y todos la miramos sin acercanos más. Escucho desde lejos una voz que me llama quedamente por mi nombre, volteo y veo a un chico rubio vestido extravagantemente de rojo. Siento como si lo conociera de toda la vida y nado hacia él. Su altura me rebasa considerablemente y me abrazo a él para no ser arrastrada por la corriente. Sonríe al verme y siento que hay algo que quiere decirme.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El rastro" de Marea.

10.1.09

.sueños atrasados. .07.01.09.

Estaba de nuevo en la isla, volvía a ser de nueva una adolescente. Me encontraba devuelta a aquellos años a la vez que los cargaba encima. Salía del teatro de la ciudad como si hubiera salido de una clase. Me encontraba por el estacionamiento cerca del parque central y la tarde comenzaba a caer. Todo lucía abandonado y ya sólo quedábamos Mariana y yo ahí afuera. Hacía mucho frío. Mariana fumaba un cigarro mientras platicábamos y yo sostenía unos libros. Entonces ella me decía que ya tenía que irse y que pediría un taxi. Me ofrezco a acompañarla unas cuadras y luego continuaría caminando hasta casa de Ian que vivía cerca de ahí. Era como si las calles después del centro continuaran creciendo hasta su casa.
Antes de subirme al taxi le preguntaba si estaba bien mi atuendo, me sentía preocupada por cómo me vería Ian. Llevaba un vestido negro muy corto, una mezcla entre vestido formal y vestido de playa. Era lindo, pero yo me sentía nerviosa de que la falda pudiera lucir muy corta. Mariana me decía que no, que estaba bien. Yo trataba de jalarlo para conseguir que bajara un poco más y era como si jalara más tela que se encontraba debajo. Como si la falda tuviera otra debajo en color azul deslavado que queda más larga que la tela negra. Sentía como si mi cuerpo, de la cintura para abajo, fuese un terreno enorme donde podría encontrar telas y telas saliendo, como del sombrero de un mago.
Mariana detenía un taxi y me subía con ella. Avanzábamos por calles muy grandes y en la esquina le decía al taxi que me bajaba pero él no se detenía. Seguía insistiéndole y él decía que lo haría, pero continuaba avanzando. Comenzábamos a discutir, a agredirnos verbalmente, hasta que por fin se detenía pasadas varias calles. Él decía que se detendría sólo cuando fuera el momento y yo le respondía que, claro, el momento sería muchas cuadras después de que uno debiera bajarse. No me despedía de Mariana y comenzaba a avanzar por las pequeñas calles que llevaban al centro de la ciudad. Le llamaba por teléfono a Ian para preguntarle si me estaba esperando y me imaginaba su casa como una pequeña casa caribeña y él me decía que sí y me sentía como una adolescente de nuevo al escuchar su voz.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Our last summer" de Abba.

.sueños atrasados. .04.01.09.

Me encontraba en la isla como si nunca la hubiera abandonado, como si hubiera crecido ahí y todo hubiera sucedido ahí. Había un evento grande, una especie de congreso o reunión y mis padres no podían llevarme a ella y yo quería ir. Les decía que me dejaran en casa de Eduardo y que él me llevaría. Él organizaba algo al respectoo estaba involucrado de algún modo. La situación era conveniente aunque no agradable.
Nos dirigíamos hacia su casa atravesando un laberinto de calles que parecían cercas enormes. Yo quería mostrarle a mi madre un dibujo que alguien había hecho en una pared pero por más que las miraba no recordaba en dónde estaba y no podía encontrarlo. Cuando doblábamos en la pequeña calle donde estaba la casa de Eduardo sabía que ya no lo encontraría. En medio de la calle la casa de Eduardo se alzaba enorme en comparación con las demás cosas, además de que por su color amarillo resultaba también llamativa. Mis padres me dejaban y yo entraba sin que nadie me abriera, como si tuviera control sobre esa casa. Caminaba hacia una especie de falso comedor, demasiado blanco y con una pequeña mesa de madera en medio. En una de las paredes frente a la mesa había un pizarrón blanco. En la mesa estaban sentadas dos chicas que lucían algunos años más jóvenes que nosotros, una de ellas era Cinthia, y Eduardo se encontraba de pie hablando con ellas y mostrándoles algo en el pizarrón que seguía luciendo blanco. Yo me sentaba sin saludar, sin adentrarme en su conversación, dejándolos en su propia burbuja. Hablaban muy entusiasmados, con una alegría exagerada que tenía mucho de parafernalia, riéndose tontamente, escandalosamente, infantilmente. Yo estaba aburrida y harta y en algún momento me ponía de pie para ir a buscar algo en la cocina y al regresar veía que las chicas estaban de pie y que movían algunas cosas en el cuarto. Cinthia entonces tomaba la silla en que yo había estado sentada y se disponía a moverla cuando yo la interrumpía y le decía que no debería tomar las cosas que no son de ella. Mi voz procura ser hiriente hasta lo imposible, yo misma estoy consciente del tono orgulloso y prepotente con que me muevo. La chica no dice nada, sólo deja la silla y se aleja a punto de llorar. Me siento de nuevo y sé que Eduardo se encuentra mirándome, juzgándome, sé que detesta mi actitud, quizá hasta mi presencia, pero también sé que no puede ni va a decirme nada. Me quedo de nuevo sentada y por un momento mi hermana está también sentada junto a mí preguntándome si no he llegado a ser una persona demasiado desagradable.
Llaman a la puerta y momentos después entran en la habitación Mayra, Karen y Lillian. Me pongo de pie para hablar con ellas, cambio por completo y comenzamos a hablar y reir, mientras siento que las dos chicas nos miran a mis espaldas. Vienen de casa de Mayra, quien vive por ahí cerca, y planean irse con nosotros también. Decidimos continuar platicando en la entrada de la casa, para no tener que encontrarnos en el mismo cuarto con ellos.
Lo primero que está entrando a la casa es la biblioteca: el techo es muy alto y por las paredes los libreros de madera cubren toda la altura. También hay algunos pequeños libreros por el medio, dando una noción de librería pequeña y rústica. Mientras hablamos Karen detiene la conversación y le dice a Lillian que no había querido comentárselo pero que encontró el blog de su ex novio. Ella lucía triste pero le preguntaba qué había encontrado en él. La pantalla se desplegaba frente a nosotros y la página se dividía en dos apartados: el más amplio, a la izquierda, tenía la redacción de las entradas, de manera desordenada y como si los pensamientos de un día se confundieran con los del otro; del lado derecho, en una columna pequeña, tenía su información personal, que consistía casi completamente en una lista de sus libros favoritos y una pequeña reseña de cada uno de ellos. Ellas se dedicaban a ver la parte de las entradas, donde parecía que hablaba de Lillian aunque en realidad nunca la mencionara, que hablaba de ellos aunque en realidad todo hiciera referencia a otras cosas. Yo veía su lista de libros, uno por uno, y conforme avanzaba en la interminable lista me daba cuenta de que no solo no había leído ninguno de ellos, tampoco conocía ninguno. Me sentía perdida entre tantos nombres y títulos desconocidos.
Karen entonces me comentaba que este chico le había dejado algunos de sus libros a Eduardo para que se los cuidara, aparentemente se había mudado o algo así. Íbamos hacia el estante en que estos se encontraban y comenzaba a verlos. Eran muchos. Entre ellos se encontraban las obras completas de José Asunción Silva en una colección de 20 tomos. La edición era muy bella, de pasta dura y acabados rústicos en tonos morados o verdes. Comentaba que yo siempre las había querido y odiaba secretamente al ex novio de Lillian por tenerlas. Pero entonces tenía la seguridad de que esos libros no habían sido leídos y que aún ninguno de los libros de la biblioteca de Eduardo había sido leído nunca.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Ciudad de pobres corazones" de Fito Paez.

6.12.08

.sueños atrasados. .02.12.08.

Miro por sobre el hombro de otro personaje. No estoy yo en el sueño. Estamos en la colonia de mi infancia, las casas lucen limpias pero como si estuvieran abandonadas, o como si todos estuvieran escondidos muy dentro de ellas, ajenos todos a las calles. Nos detenemos frente a la casa de mi infancia, abandonada. Dentro debe comenzar el juego y todos han aceptado entrar, menos la mujer que soy yo. No tiene idea a qué han ido y nadie le ha avisado hasta encontrarse en la puerta. Todo parece normal, pero dentro la casa es profunda y húmeda. Dentro hay un cocodrilo y todos se juegan la vida viendo quién puede escapar. Ella no quiere jugar, ha sobrevivido ya al ataque de un cocodrilo y no quiere arriesgarse de nuevo. Nadie parece insistir pero en el fondo esperan que se quede. Ella sale corriendo y los demás sólo la miran.
Yo quiero despertar. Ella recorre las calles de la colonia buscando a alguien, o un sitio donde refugiarse. Pero no hay nada. Camina y es como si diera vueltas en círculo. El sol brilla demasiado, el día luce muy cálido aunque parece que pronto se avecina la tarde.
Se detiene frente al número 17 de una calle perpendicular, el frente está poblado de plantas y las puertas y ventajas cubiertas por rejas blancas. Mira de frente la casa cuando escucha que alguien le habla. Voltea y ve a uno de los chicos con los que fue. Le dice que fue detrás de ella, aunque no quedan muy claras sus intenciones. Ella pregunta si dejó la puerta abierta y él dice que sí, como si no supiera lo que ello significa. Ella comienza a sentir al reptil por todos lados, como si lo escuchara moviéndose por las calles. Como si ella fuera la colonia, la ciudad, y el cocodrilo la recorriera lento, esquivo.
Mira las rejas de las ventanas altas y piensa que si tan solo pudiera alcanzarlas. Salta y queda colgada de ellas, pero es imposible entrar por las ventanas. El chico en la calle vuelve a repetir que fue a buscarla. Escucha ella un rugido de fondo y cuando baja la vista ve un perro blanco mirando al chico. Luce tranquilo y no es muy grande, pero ella sabe que tiene al cocodrilo por dentro y que está dispuesto a saltar en cualquier momento.
Ella quiere despertar, yo quiero despertar, y entonces despierto.





En mi sueño suena "Sozinho" de Caetano Veloso.

30.11.08

.sueños. .30.11.08.

Habíamos llegado hasta un pequeño conjunto de casas, a modo de campamento, en medio de un bosque brillante y cálido. El grupo estaba formado de manera aleatoria, como si hubiésemos sido escogidos para cumplir con una misión concreta que resultaba difícil de precisar. Bajábamos del coche, Eduardo, dos chicas que me parecía conocer superficialmente de la isla y yo. En el lugar ya estaban algunos otros conocidos, aunque aún no podíamos verlos. Todo lucía demasiado tranquilo, como si lo único que se moviera fuera el viento.
Bajábamos con nuestras cosas, equipajes absurdos, y nos dirigíamos hacia nuestras habitaciones. Las casas eran pequeñas, de madera, y estaban organizadas como si fueran las orillas de un cuadrado, donde todas las puertas daban a un espacio abierto de hierba en el centro del lugar. Eran casas pequeñas. Entraba por una de las puertas y atravesaba un pasillo estrecho. Llegaba a un cuarto individual, el único de todos, con una cama enorme de sábanas coloridas, con un cuadro enorme sobre la cabecera y una ventana que ocupaba casi toda la pared de un lado. Era el cuarto de Eduardo, lo sabía, me preguntaba por qué le había tocado el único cuarto individual pero no me detenía demasiado. La ventana era también una puerta corrediza de cristal y salía por ella para entrar en otra de las cabañas. Ahí, en el cuarto en que entraba, habían tres camas grandes, eran los únicos muebles del lugar. La más grande se encontraba en una de las esquinas, colocada contra dos de las paredes que cubrían la cabecera y el lado izquierdo. Las sábanas eran rojizas. Las otras dos, un poco más pequeñas, se encontraban en las paredes restantes: una junto a una ventana grande, aunque no ocupara más que una tercera parte de la pared, y otra separada de cualquier otra cosa. Junto a la cabecera de la cama grande había una puerta que dirigía a un baño u otra habitación. Las dos camas pequeñas, una azul y otra verde, estaban perfectamente tendidas, intactas. Sin embargo yo tenía la noción de que la cama roja era la mía, y dejaba sobre ella varias prendas de ropa clara que llevaba cargando, como si acabara de lavarlas. Pero entonces me detenía mirando la cama destendida, como si pudiera ver también todos los movimientos que habían empujado las sábanas, las personas que habían dormido antes ahí. Es incómodo, dejo entonces mis cosas sobre la cama verde, que es la más lejana.
Entonces entran las dos chicas que venían en el coche junto con una mujer mayor, que aparentemente es una de las organizadoras. Vienen platicando, la mujer les dice que pueden tomar las camas que quedan libres. Pregunto si la roja no estaba ocupada y ella responde que no. La mujer permanece de pie mientras nosotras estamos sentadas sobre nuestras respectivas camas, hablando con ella, mirándola. Ella dice, de manera burlona, si todas nosotras somos novias de Eduardo. Entiendo entonces que las dos chicas que venían en el coche tienen alguna clase de relación con él, conscientes de que también la otra y quizá muchas más, sin que eso importe mayormente. Digo que yo no, quisiera agregar: ya no, pero me callo. Llega la noche y me descubro durmiendo en la cama, siento como si las casas y su orden cambiara mientras dormimos.
Escucho entonces la alarma del despertador, me despierto rápidamente y recuerdo lo que tengo que hacer. La habitación ha cambiado y ahora duermo sola. Me levanto y salgo a patio, las formas se dibujan entre sombras. Camino por una vereda de concreto entre la hierba hasta la casa vecina, donde entro gritando para que los demás se despierten. En una misma habitación están durmiendo las dos chicas y Yahir, mientras que un pequeño pasillo los separa de la habitación de Eduardo. Escucho como se despiertan, apenas, vuelvo a alzar la voz, hay cosas que tenemos qué hacer y es mi deber despertarlos. Se mueven en la cama. Una de las chicas me pide que prenda la lámpara de esferas. Levanto mi vista al techo, que de pronto me doy cuenta que es terriblemente alto, del techo cuelgan mil lámparas con formas distintas, con conceptos imposibles. Una de ellas es una especie de enredadera caída conformada por esferas de colores. Camino hacia la puerta y veo todos los interruptores, como si no pudiera enfocar bien, pero entonces se vuelven uno sólo y es el correcto. La luz que inunda el cuarto es ambarina. Estoy por irme de regreso a mi cuarto, a arreglar todo lo que sea necesario, cuando la otra chica me dice que encienda la luz de los boletos. Veo junto a la puerta una especie de pizarrón de corcho provisto de pequeñas luces. Ahí están clavados los boletos para un evento, como si estuvieran atravesados en una parrilla para pollos, girando. Enciendo su luz y todo alrededor de ellos brilla, es para que no olviden tomarlos antes de salir del cuarto. Son boletos para algún evento que llevan esperando mucho tiempo y que no quieren perderse.
Cuando salgo ya puedo ver claramente, es de noche, una noche cerrada. Una especie de alarma suave suena alrededor y sé que delata mi presencia en el patio interior. Veo que Yahir sale de otra de las casas, burlón, entonces caigo en la cuenta de que no lo vi despertar de su cama porque no estaba ahí. Entiendo que cambió la hora de todos los relojes para jugarme esa broma, como si el hechizo se rompiera todo ha vuelto a la normalidad, como si todos hubieran vuelto a dormir al descubrir, junto conmigo, el truco. No me molesto siquiera por lo que hizo, pienso en todos los relojes a los cuáles tuvo que cambiarle la hora, me doy cuenta que estoy descalza. Camina hacia mí y sin decirnos nada entramos en mi habitación.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Monedas al aire" de Carlos Varela.

31.10.08

.sueños atrasados. .28.10.08.

Me encuentro en un punto indefinido, una especie de supermercado a mitad de la nada. Alguien llama desde afuera y salgo. Atravieso anaqueles y objetos coloridos, principalmente anaranjados. Afuera está mi padre y dice que tenemos que irnos antes de que lleguen las aguas. Hay un sólo camino de concreto que atraviesa largos caminos. No se ve nadie, pero tampoco tengo una sensación de estar solos. Hay muchísimos colores, como si atravesáramos siempre una alfombra de flores.
Llegamos hacia un monte de pasto, siento que mi amplio vestido me impide avanzar cómodamente. Apenas alcanzamos a asomarnos hacia el borde. Del todo lado podemos ver campos más amplios, de más colores, como una enorme marea que se confunde con el cielo. Mi padre me dice que mire la casa que se encuentra cerca de la caída del monte de pasto. Miro la casa, es lo único que interrumpe momentáneamente los campos. Casi me alegro mirarla, sentirla nuestra, creer que es más hermosa que ninguna otra casa que haya visto antes. Entonces miro a un par de personas que salen de ella y las proporciones parecen cambiar. Siento que la casa es más pequeña de lo que parecía desde nuestra lejanía, o que las personas son más grandes de lo que deberían lucir. Todo lo demás en el campo parece cambiar de perspectiva y me confundo. Todo deja de parecerme tan hermoso, pero continuo sintiendo el viento suave que mece todo y que llena el ambiente. Sigo mirando a través del monte, sin entender cómo llegaremos al otro lado.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Como brillaba tu alma" de No Te Va A Gustar.

8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.

15.9.08

.sueños. .15.09.08.

Estoy detenida junto a unas mallas metálicas, endebles, viejas. De mi lado, una calle larga y abandonada, del otro un terreno baldío de arena y charcos. En el terreno baldío se levanta un circo improvisado, cuyas carpas oscuras y viejas apenas pueden mantenerse de pie con formas irregulares y equívocas. Los espacios se continuan unos a otros, como un laberinto de telas deterioradas. Todos lucen demasiado pequeños y de contenidos dudosos. Delante de todos ellos, sin poder adivinarse las entradas, en unas mesas metálicas se encuentran algunas personas vendiendo los boletos. Algunos de ellos son enanos. Pocas personas parecen querer acercarse y el lugar no deja de lucir abandonado. Yo entro y me acerco a una de las mesas, hay tres funciones en el día y yo compro para la más tarde. No tengo nada más qué hacer pero parece ser la mejor opción esperar hasta entonces. Compro dos boletos y salgo.
Afuera, un grupo de personas de ropas oscuras, una especie de vagabundos, se recuestan contra las mallas, sentados en el suelo, uno junto al otro. Me recuesto yo también, más cercana a la entrada del circo que a ellos, sin sentarme por completo en el suelo. Ian llega y se coloca junto a mí, de pie, como si hubiese estado ahí desde antes, como si fuese por él por quien yo me hubiese quedado. Los hombres hablan un poco del circo, de los fenómenos que se exhiben en él, de manera poco clara y que no deja adivinar lo que verdaderamente se esconde detrás de esas carpas. La tarde parece que se acerca a morir y todo tiene una sensación de arenoso, de cálido detenido. De pronto empiezan a hablar de la reina y dicen que está loca, pero la mención de ello contiene una carga semántica inentendible, una composición compleja de toda su estructura mental que no acabo a entender. Sólo puedo imaginármela, elegantemente vestida de rosa. Ian habla con ellos y cuando yo pregunto evidencio lo alejada que estoy de la conversación. Ian me dice que ya me lo había contado, que habíamos hablado de lo mismo algunos días antes, pero yo no lo recuerdo.
Entonces el sueño cambia. Estoy saliendo de la escuela y voy camino a la casa. Llevo una enorme mochila negra cuyo contenido deforma su visión normal, aunque no termina por ser pesada. El camino a la casa parece un laberinto de calles cerradas, de pasillos de restaurantes y casas que se conectan unos a otros. Todo luce alumbrado por luces beige y yo tengo una extraña prisa por llegar. El camino se va llenando de obstáculos y cada vez me cuesta más avanzar rápidamente. Llegando a un sitio con mesas metálicas y blancas un chico se pone de pie y me saluda, lo veo fijamente, sonrío un poco pero sigo de largo. Entonces escucho su voz diciendo "no sabes quien soy, ¿verdad?" y volteo de nuevo a verlo. Fijamente. No sé quién es, me dice que así he ido olvidando poco a poco a las personas que antes conocía. Como si todo mi mundo anterior se hubiese ido borrando poco a poco. Una chica llega y habla con él, parece que discuten pero se van llenando de gestos, levantando la voz, convirtiéndose en otros. Aprovecho el momento y me voy, inquieta. Llego finalmente hasta mi casa, que es la casa de mi abuela. Con su antigua puerta demasiado blanca. Entro y veo a Dulce arreglando algo. Los espacios parecen más amplios y a pesar de todos los lugares ocultos estoy segura de que es la única que está en la casa. Me dice que debemos hacer algo, algo que no recuerdo.
Más cosas suceden que olvido, entonces despierto.




En mi sueño suena "Mientras no cueste trabajo" de Melendi.

11.9.08

.sueños. .11.09.08.

Estoy dentro de una amplia habitación, esas habitaciones enormes de casas viejas, con baldosas verdes de formas complicadas. Está vacía, además del polvo y el aire encerrado, de un lado hay una puerta y del otro se adivina apenas la salida hacia un balcón. Me baño dentro de aquella habitación, conductos de agua por el techo derivan en regaderas que la arrojan sobre mi cuerpo vestido, que luego se escapará hacia las puertas. Me ilumino sólo con la luz que logra filtrarse por la salida al exterior.
Del otro lado de la puerta está Lili, me habla aunque es poco lo que puedo entender de todo lo que dice. Le digo que pronto saldré y hablaremos, ella insiste en si me llevaré el perro a casa. Recuerdo entonces que le dije que lo pensaría, cuando ella abre la puerta y un pequeño french puddle entra rápidamente al cuarto, dando vueltas y mojando sus pies en el agua. Yo ya no estoy mojada. Lo levanto y le digo a Lili que no me gustan los perros, que mi mamá tiene asma y que no podría lidiar con él dentro de la ca. Ella parece aceptarlo sin más y caminamos juntas hacia otros lugares de la casa.
En realidad la casa es enorme, como una ciudad contenida en sí misma a través de pasillos y cuartos irregulares que van cambiando constantemente de estilo, pero que jamás dejan entrever el exterior. Caminamos mucho, atravesamos pequeños puentes, salones, patios interiores. La casa es entonces una escuela y hay una gran reunión a la cuál tengo que llegar.
En un patio interior, completamente recubierto de cemento, hay muchas personas, muchos niños y padres, y hay alguien entre todas ellas que habla fuertemente tratando de guiarnos. Intentan rezar, pero es imposible poner un orden. Los textos están en distintos formatos, cada quien sostiene folletos, libros, hojas sueltas, con distintas frases que no alcanzan a organizarse. Yo sostengo una gran hoja de periódico, toda en negro con pequeñas letras blancas con alguna oración. Lo religioso se ha confundido con otros discursos y nadie está seguro de lo que debe decirse. Yo trato de comenzar, de leer lo que dice aquel periódico pero cuando trato de enfocarlo las letras se vuelven más pequeñas, más incompletas y no entiendo las frases. La voz en alto me dice que si no sé leer, así que me detengo. Un grupo sentado frente a mí sostiene más folletos y veo entonces que tienen textos que los demás desconocen.
Dejo el lugar y vuelvo a internarme por los pasillos de la casa, me alejo, termino en una cocina, sentada en una mesa redonda de madera clara. Frente a mí hay una mujer que toma té o café en silencio. Entonces entra mi madre a la cocina y se sienta junto a ella y le dice algo en voz baja. Yo no necesito escucharlas para saber lo que están diciendo. Le pregunto a mi madre si mi abuelo ha muerto. Ella no responde nada y sólo me mira, adivino sus respuestas y siento el aire más espeso, algo golpea mi pecho. Vuelvo a adentrarme en los pasillos de la casa hasta que entro, de noche, en la habitación de mi otra abuela. El lugar parece enorme y a lo lejos sólo se vislumbra la cama, la luz clara que entra por la ventana apenas si alumbra la figura recostada en la cama. Mi abuelo, sin sábanas, sin almohadas, su cuerpo frágil acostado, extendido, en la cama. No tiene camisa y su torso luce extremadamente delgado, su respiración violenta oscila entre agigantar su pecho y pegar la piel a los huesos. Respira bruscamente, antecediendo el momento en que dejará de hacerlo. Una voz que debe ser suya pero más grave me pregunta porqué no lo toco, aunque sus labios no se mueven. Pongo mi mano extendida sobre su pecho, su piel está fría, suave, delgada, como si en cualquier momento mi mano fuese a perderse en ella como en un cuerpo de agua. Su respiración casi parece una melodía triste, siento entonces que hay muchas personas, vestidas de negro, alrededor de nosotros, que lo miran sin ojos en esos últimos momentos.
Lo miro triste, tranquila, llena de amor.
Y entonces despierto.



En mi sueño suena "I cannot look away" de Sounds Of The Blue Heart.

9.9.08

.sueños. .09.09.08.

Haces posible lo imposible. Afuera el piso está cubierto de nieve pero hace calor. Pequeñas casas amarillas sobresalen de entre la profunda nieve demasiado blanca, sin un orden lógico. Camino, como buscando algo, como queriendo llegar a alguna parte y a la vez como si vagara también yo sin orden.
Las cosas vienen a mí de manera desordenada. Hay una pantalla amarilla y en ella pongo su mail, entonces sé que tu contraseña es "similar a mí". Tienes un blog que acabas de abrir y sólo tiene una imagen, de esta misma nieve y estas mismas casas amarillas, pero no se ve nadie en la foto. Parece que no dices nada, pero alguien junto a mí va a otra sección y encontramos una especie de diario indescifrable. Se divide en fragmentos que parecen poco tener que ver, algunos hablan de episodios concretos de tu vida, de textos que copias o sobre los que reflexionas, todo parece tener que ver contigo pero nada eres tú. Al final una pequeña parte personal menciona a tu nueva novia, llamada Paris, que su cumpleaños fue hace poco y, a grandes rasgos, que eres feliz.
Me alejo caminando entre la nieve, de nuevo, sin rumbo, leo en lo blanco más cosas sobre ti, escritas por ti, dirigidas a ti, como si alguien espiara constantemente tu vida y ahora fuese yo, encima de lo que eres. Hay muchas frases que se repiten, que te despojan de la información innecesaria, que te desnudan hasta volverte de nuevo tú, en el origen de las cosas. Todo se vuelve entonces demasiado blanco. Camino hacia la misma casa donde se encontraba la pantalla amarilla. Es pequeña, en medio de la nieve, ya no parece haber nadie alrededor, parece encontrarse en el último rincón posible. Dudo antes de abrir la puerta porque sé que adentro estarás tú.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Para no olvidar" de Andrés Calamaro.

7.8.08

.sueños. .07.08.08.

Estaba dentro del cuarto. Una especie de enorme intersección entre muchas otras recámaras. La casa era alta, las paredes y los pocos muebles oscuros y todo con poca iluminación, todo en rojo. Hay una gran mesa en medio, con demasiados ángulos y muchas sillas. En una de ellas, frente a mí, está sentada una niña, como de nueve años, rubia y con un vestido claro. No me mira, está inmersa en su labor: con objetos viejos, usados, rotos, construye otros nuevos, como si la materia fuese completamente moldeable. Nada de lo que construye parece tener una utilidad real y solo parecen nuevas partes metálicas, híbridas de sus anteriores compuestos. Pero ella no se detiene, construye uno tras otro y parece como si siempre estuviera construyendo el mismo.
Miro y alrededor de la sala, igualmente amorfa y llena de ángulos, hay muchas puertas y no sé por cuál debería de entrar. Escojo una al azar, llego a otro cuarto, igualmente oscuro pero más pequeño y menos iluminado. En él sólo se encuentra un mueble alto, angosto, sin sillas, donde otras cuatro niñas construyen más cosas. Lucen así, rubias, pálidas, con vestidos claros, un poco más grandes que la del cuarto anterior, pero sé entonces que están enfermas. Su metabolismo desordenado las traiciona y por dentro están envejeciendo todo el tiempo, lucen como niñas pero por dentro tienen mil años y quizá están muriendo. Escucho una voz como si viniera del cuarto de junto y le hablara a ellas, que tampoco han reparado en mí. Dice que dos de ellas tendrán que irse, y el ser alejadas de esta labor es casi equiparable a desaparecer del todo. Ellas se detienen y miran fijamente hacia la pared oscura de donde surge la voz, entonces me doy cuenta que son idénticas, como si fuese la misma repetida cuatro veces. La voz también parece darse cuenta y entonces es imposible apartar a ninguna.
Salgo del cuarto y entro a otra puerta, estoy en otro sueño. Despierto en el cuarto de mi abuelo, estoy acostada junto a mi hermana quien aún duerme. Siento la cama demasiado grande y veo la puerta abierta y la luz que se cuela por ella. Hay un mensaje junto a la cama de mi primo Andrés que dice que no nos despertó, que se adelantaría, junto a una foto de nosotras dos durmiendo. Lo único en lo que puedo reparar en que mis piernas se encuentran marcadas por unas mallas negras y llevo una falda. Me levanto enojada y salgo, llego a la cocina que es enorme y está llena de ollas de metal negro, no hay más muebles que muchos hornos y estufas. Están Andrés y mi padre cocinando en una olla enorme y les digo que por qué no me esperaron, responden sin decir nada y me doy cuenta de que ya no queda nada, todo está sucio pero vacío.
Salgo y estoy en otro sueño, salgo de la casa donde viví tantos años atrás como si ahora fuera mía y estuviese de nuevo ahí. Salgo y el resto de la colonia parece abandonada, las demás casas van siendo consumidas por las plantas y la luz apenas si es suficiente para caminar aunque es de día. Atravieso las calles desiertas como si tuviera prisa y un rumbo fijo, en las entradas oscuras de algunas casas escucho animales rugir y moverse oscuramente. A veces me detengo en las intersecciones esperando encontrar a alguien, creyendo escuchar voces familiares, sumida en una ensoñación más que asustada. El camino hacia la entrada parece eterno y cuando llego hay un solo guardia sentado, que me dice que no puedo salir.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Not without you" de Marlango.

5.8.08

.sueños. .05.08.08.

Era una casa vieja y enorme, llena de pasillos y escaleras, totalmente alfombrada de rojo y sin ventanas por las cuales mirar. En un cuarto me encuentro con mi hermano y ahí vemos películas de terror viejas con pésima calidad. Primero vemos una basada en los crímenes de un asesino serial que en la representación lucía más bien como una momia, completamente chupado y con los ojos idos. La película se corta a la mitad y mi hermano me dice que vaya a buscar el resto. Salgo de la habitación y a la derecha hay unas enormes escaleras, bajo, tengo noción de recorrer muchos pasillos y cuartos y de hablar con algunas personas aunque tengo la noción de que estamos solos en la casa. Al final encuentro los discos y subo de nuevo, al llegar a la habitación nos damos cuenta de que comienza una nueva película pero no nos importa. Al inicio hay un hombre parado en un andén que en realidad es una sola estructura de piedra. Sabe que hay alguien cercano a él pero no podemos verlo, llega un enano y él le da una carta, le dice que es importante que llegue pronto a su destino. El enano quiere saber qué es lo que sucede pero todo parece completamente en secreto. Luego la escena cambia a una casa exactamente igual a la que nos encontramos, donde un hombre con el rostro casi cadavérico habla frente al espejo, su esposa detrás de él parece no percatarse de la propia apariencia del mismo ni de nada, como si su conversación fuese algo completamente independiente de la trama. El hombre finalmente abre la boca y se ve entonces que no tiene dientes si no, en su lugar, una especie de encías afiladas grotescamente. Todas las escenas se han sucedido en blanco y negro.
Mi hermano y yo simplemente continuamos viendo la película. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Track 12" de Devil Doll.