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22.1.09

.sueños atrasados. .21.01.09.

Llegué a casa de Lili como si estuviera muy lejos, en un lugar extranjero, como si yo llegara de muy lejos y no fuera esperada pero tampoco resultara mi presencia en una sorpresa grata. La cotidianidad de lo lejano. Lili está en la habitación, todo parece azul muy pálido y la ventana es muy grande aunque no consigue filtrar demasiada luz dentro. Ella está sentada en la cama blanca y lee unas fotocopias para clase. Pero más que estar sumergida en la lectura parece que la comentara con alguien más, alguien que se encontrara en la cocina, junto a la habitación, y que pudiera escucharla aunque no fuese visto. Quizá Frank o Juan Pablo.
Me siento junto a ella y parece que no se da cuenta. Continua leyendo. Cuando veo el texto se supone que fuera un escrito de Sacha Baron Cohen. Pienso en lo ridículo que debe ser un texto de él pero al irlo leyendo me doy cuenta que es muy distinto a lo que pensaba. En alguna parte dice algo como "Mexico City should improve their manners cause now I'm falling in love with New Orleans". Quisiera continuar leyendo pero la voz de Lili me interrumpe, le dice a su interlocutor que entre el texto se filtra la letra de una canción que le gusta mucho. Comienza a leer la canción, aparentemente habla de un personaje solitario perdido en una ciudad donde va cayendo la noche, en el punto en que aún todo es azul, hace un recuento de todo sin hablar de él. Termina con una frase como "I'm with you. You're with me". Pero mientras miro esta frase se va volviendo más compleja, cambian las palabras, crece, cambia de colores. No puedo enfocar bien el resto del texto ni ya nada más.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Queen of New Orleans" de Bon Jovi.

10.1.09

.sueños atrasados. .29.12.08.

Caminaba por los pasillos de mi preparatoria, en el tercer piso del edificio. Avanzaba desde el salón al final del último pasillo hacia la dirección, el pasillo parecía más amplio y largo, y también más iluminado aunque la mañana era un poco gris. Ya no era una escuela si no una especie de dormitorios donde todas las chicas se encontraban en amplios cuartos que yo solo podía adivinar del otro lado de las puertas de madera. Esos salones eran cuartos enormes de los que veía que salían y entraban chicas, de las cuáles yo no conocía a ninguna. Al pasar frente a uno de los últimos salones escuchaba que dentro sonaba una canción de O'Funkillo. Me detenía sorprendida y me quedaba junto a la pared escuchando, como sin querer creerlo pero confirmando que no podía ser otro grupo. Me sorprendía mucho de que las chicas dentro, como si fueran una sola entidad, un grupo homogéneo, estereotipado y desconocido; pudieran conocerlos, o gustarles, o cualquier otra cosa. Me quedaba un rato ahí, simplemente sorprendida. Después reanudaba la marcha y llegaba hasta los baños. La ventana al fondo de ellos era mucho más grande y estaba abierta hacia un pequeño patio en el nivel inferior. Yo entraba a uno de los pequeños cubículos que no eran más que eso: pequeños espacios separados, como cuartos mínimos, armarios improvisados, exilios voluntarios de todo lo demás. Entraba escondiéndome, o queriendo estar completamente sola. No había nadie más. Me recargaba contra la pared y no quería pensar en nada. Entonces escuchaba su voz, perfectamente, como si estuviera hablando con alguien en el patio de afuera. Era una conversación tranquila, amena, posiblemente con Jorge, quien no respondía nada. Él sólo comentaba vagamente que estaba bien, que estaba tranquilo. Era algo cotidiano, como si hubieran salido a fumarse un cigarro en una mañana gris. A mí no me sorprendía escucharlo, era también algo cotidiano para mí.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Así estás donde estás" de O'Funkillo.

6.12.08

.sueños atrasados. .04.12.08.

No estoy segura de cómo llegué aquí. Me muevo silenciosamente por los pasillos o por el entramado exterior del edificio. Nadie debe verme. No sé si sea porque me encuentro fuera de la habitación que me asignaron y debiera estar encerrada como todas las demás mujeres, o si ni siquiera debería estar aquí.
La agitación que se escucha dentro del edificio es sorda, como si quien me persiguiera también lo hiciera silenciosamente, sin ser visto. Hay más gente conmigo pero no puedo verlas, sólo intuyo que avanzan a la par que yo.
Entro por una ventana y las demás ya están dentro, pegadas a la pared como si pudieran perderse dentro de ella. Cierro la puerta con seguro y la mujer cautiva me mira sin comprender lo que sucede. Es muy alta, de cabello claro y vestida de vaquera. La empujo y cae de espaldas sobre la cama, sin tratar de levantarse. Las demás rodean la cama y yo salto sobre ella. Quiero hacerle daño, quiero arrancarle las capas. Se mueve como si fuera una muñeca, torpemente, sin cambiar el gesto. Su cuerpo se va hinchando, como si fuera plástico, siento sus ropas como si fueran una membrana cubriéndola apenas, sus venas resaltan bajo su piel traslúcida como si fueran a reventar. Quiero arrancarle la ropa pero siento como si quitara una funda tras otra que terminan atoradas en sus botas ajustadas. No cambia el gesto, la sonrisa idiota. Estoy confundida y no sé qué hacer, las demás sólo miran, no dicen nada.
Tocan a la puerta, una vez, se dan cuenta de que está cerrada. Nos han descubierto, no espero a que las demás hagan nada más y salgo por la ventana. Fuera me sostengo de una cuerda, miro el balcón que une a todas las ventanas de ese pasillo y su conformación extraña, como si fuera una cápsula, incapaz de sostener a nadie. Avanzo hasta la última ventana y entro, pero caigo dentro del cuarto. Al levantar la vista veo a una mujer de pie frente a mí, una mujer hindú con una elegante bata verde. Está descalza, no puedo ver su rostro, sólo alcanzo a ver sus pies y su cuerpo elevándose hasta donde no alcanza mi vista. Me mira queda, sin decir nada, sin alarmarse ni preguntarse nada. Me pongo en pie y salgo del cuarto, veo por el pasillo que ya han entrado al cuarto de la vaquera. Corro en dirección contraria hasta que ya no hay más luz para alumbrarme.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Princesa" de Joaquín Sabina.

30.11.08

.sueños. .30.11.08.

Habíamos llegado hasta un pequeño conjunto de casas, a modo de campamento, en medio de un bosque brillante y cálido. El grupo estaba formado de manera aleatoria, como si hubiésemos sido escogidos para cumplir con una misión concreta que resultaba difícil de precisar. Bajábamos del coche, Eduardo, dos chicas que me parecía conocer superficialmente de la isla y yo. En el lugar ya estaban algunos otros conocidos, aunque aún no podíamos verlos. Todo lucía demasiado tranquilo, como si lo único que se moviera fuera el viento.
Bajábamos con nuestras cosas, equipajes absurdos, y nos dirigíamos hacia nuestras habitaciones. Las casas eran pequeñas, de madera, y estaban organizadas como si fueran las orillas de un cuadrado, donde todas las puertas daban a un espacio abierto de hierba en el centro del lugar. Eran casas pequeñas. Entraba por una de las puertas y atravesaba un pasillo estrecho. Llegaba a un cuarto individual, el único de todos, con una cama enorme de sábanas coloridas, con un cuadro enorme sobre la cabecera y una ventana que ocupaba casi toda la pared de un lado. Era el cuarto de Eduardo, lo sabía, me preguntaba por qué le había tocado el único cuarto individual pero no me detenía demasiado. La ventana era también una puerta corrediza de cristal y salía por ella para entrar en otra de las cabañas. Ahí, en el cuarto en que entraba, habían tres camas grandes, eran los únicos muebles del lugar. La más grande se encontraba en una de las esquinas, colocada contra dos de las paredes que cubrían la cabecera y el lado izquierdo. Las sábanas eran rojizas. Las otras dos, un poco más pequeñas, se encontraban en las paredes restantes: una junto a una ventana grande, aunque no ocupara más que una tercera parte de la pared, y otra separada de cualquier otra cosa. Junto a la cabecera de la cama grande había una puerta que dirigía a un baño u otra habitación. Las dos camas pequeñas, una azul y otra verde, estaban perfectamente tendidas, intactas. Sin embargo yo tenía la noción de que la cama roja era la mía, y dejaba sobre ella varias prendas de ropa clara que llevaba cargando, como si acabara de lavarlas. Pero entonces me detenía mirando la cama destendida, como si pudiera ver también todos los movimientos que habían empujado las sábanas, las personas que habían dormido antes ahí. Es incómodo, dejo entonces mis cosas sobre la cama verde, que es la más lejana.
Entonces entran las dos chicas que venían en el coche junto con una mujer mayor, que aparentemente es una de las organizadoras. Vienen platicando, la mujer les dice que pueden tomar las camas que quedan libres. Pregunto si la roja no estaba ocupada y ella responde que no. La mujer permanece de pie mientras nosotras estamos sentadas sobre nuestras respectivas camas, hablando con ella, mirándola. Ella dice, de manera burlona, si todas nosotras somos novias de Eduardo. Entiendo entonces que las dos chicas que venían en el coche tienen alguna clase de relación con él, conscientes de que también la otra y quizá muchas más, sin que eso importe mayormente. Digo que yo no, quisiera agregar: ya no, pero me callo. Llega la noche y me descubro durmiendo en la cama, siento como si las casas y su orden cambiara mientras dormimos.
Escucho entonces la alarma del despertador, me despierto rápidamente y recuerdo lo que tengo que hacer. La habitación ha cambiado y ahora duermo sola. Me levanto y salgo a patio, las formas se dibujan entre sombras. Camino por una vereda de concreto entre la hierba hasta la casa vecina, donde entro gritando para que los demás se despierten. En una misma habitación están durmiendo las dos chicas y Yahir, mientras que un pequeño pasillo los separa de la habitación de Eduardo. Escucho como se despiertan, apenas, vuelvo a alzar la voz, hay cosas que tenemos qué hacer y es mi deber despertarlos. Se mueven en la cama. Una de las chicas me pide que prenda la lámpara de esferas. Levanto mi vista al techo, que de pronto me doy cuenta que es terriblemente alto, del techo cuelgan mil lámparas con formas distintas, con conceptos imposibles. Una de ellas es una especie de enredadera caída conformada por esferas de colores. Camino hacia la puerta y veo todos los interruptores, como si no pudiera enfocar bien, pero entonces se vuelven uno sólo y es el correcto. La luz que inunda el cuarto es ambarina. Estoy por irme de regreso a mi cuarto, a arreglar todo lo que sea necesario, cuando la otra chica me dice que encienda la luz de los boletos. Veo junto a la puerta una especie de pizarrón de corcho provisto de pequeñas luces. Ahí están clavados los boletos para un evento, como si estuvieran atravesados en una parrilla para pollos, girando. Enciendo su luz y todo alrededor de ellos brilla, es para que no olviden tomarlos antes de salir del cuarto. Son boletos para algún evento que llevan esperando mucho tiempo y que no quieren perderse.
Cuando salgo ya puedo ver claramente, es de noche, una noche cerrada. Una especie de alarma suave suena alrededor y sé que delata mi presencia en el patio interior. Veo que Yahir sale de otra de las casas, burlón, entonces caigo en la cuenta de que no lo vi despertar de su cama porque no estaba ahí. Entiendo que cambió la hora de todos los relojes para jugarme esa broma, como si el hechizo se rompiera todo ha vuelto a la normalidad, como si todos hubieran vuelto a dormir al descubrir, junto conmigo, el truco. No me molesto siquiera por lo que hizo, pienso en todos los relojes a los cuáles tuvo que cambiarle la hora, me doy cuenta que estoy descalza. Camina hacia mí y sin decirnos nada entramos en mi habitación.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Monedas al aire" de Carlos Varela.

22.11.08

.sueños atrasados. .21.11.08.

Mi despertador no sonaba, me despertaba y veía que la luz que entraba por la ventana ya se había vuelto blanquecina. Mi cama lucía enorme, las sábanas interminables y azules. Volteaba a ver el reloj del celular y veía que eran las 4 de la tarde. Me desesperaba, me alteraba, me preguntaba por qué no había sonado el despertador a las 6 de la mañana tal como lo había puesto. Repasaba mentalmente todo lo que tenía que hacer ese día y que ahora había perdido. Caminaba hasta la sala, con la noción de nunca haberme levantado de la cama y comenzaba a gritarle a alguien, como si fuera su culpa, como si deberia haberme despertado y ahora era su culpa que no hubiera hecho nada, que hubiera perdido todo el día.
El despertador suena entonces a las 6 de la mañana y despierto.




En mi sueño suena "Camas vacías" de Joaquín Sabina.

20.11.08

.sueños atrasados. .15.11.08.

Entrábamos todos al salón de clases de mi secundaria, con sus bancos viejos de madera, sus tonos oscuros. Afuera hay una sensación de humedad y noche próxima, como si acabara de terminar de llover. Todos nos vamos sentando en diversos lugares como si hubieran sido dispuestos para nosotros, pero no hay ningún maestro al frente a quien debamos nuestro silencio y nuestra calma.
Yo me siento en medio de la fila junto a la pared en que está la puerta. El salón comienza a llenarse y finalmente parece ser que mi escritorio es el único doble y junto a mí se sienta alguien que no alcanzo a reconocer pero que no deja de hablar, hablar y hablar como si lo hiciera para todos y para nadie. No sé hasta qué punto su plática me involucra pero me desespera su voz sobresaliendo entre todos los demás murmullos. Todos parecen distraídos en sus cosas hasta que yo no aguanto más y me pongo de pie buscando otro lugar. Trato de irme a la fila más apartada pero comienzo a darme cuenta que todos los lugares están ocupados. Camino y me pierdo entre los pasillos de escritorios, nadie parece mirarme. Comienzo a desesperarme. Entonces al final de una fila Enrique me mira y me dice que el escritorio junto a él está desocupado, que puedo sentarme ahí si quiero. Me sorprende que me hable, después de tanto tiempo, pero me siento junto a él. Hay otros chicos con los que él habla y me hacen algunas preguntas, como una conversación casual, como si no hubiera pasado tanto tiempo desde que dejamos de hablarnos.
Miro dentro del escritorio y hay una libreta que alguien pareció olvidarlo. No la toco, no sé bien qué hacer mientras sucede lo que tenga que suceder, lo que venimos a hacer todos aquí. Miro confundida hacia todos lados y el salón parece enorme. Entonces desde uno de los lugares del frente se acerca alguien hacia mí, directamente, es la única persona de pie. Es un chico moreno, de cabello oscuro, de lentes. Me dice algo y después me besa suave, cotidianamente. Me sorprendo y retrocedo, en mi mente un pasado imaginario recrea momentos entre ambos y mi sorpresa se debe a la cotidianidad de aceptar cualquier posible lazo. Siento que todos los que están cerca de mí me miran, pero como si el que estuviera fuera de contexto fuera él. Sonríe y me dice que si pensaba que no íbamos en serio y vuelve a besarme. Cierro los ojos y el sueño cambia.
Estoy en una biblioteca, mirando los anaqueles bajos pero interminables de libros apilados como si fueran más bien una librería. Todos los libros con sus llamativas portadas mirando hacia el frente. Estoy buscando algo pero lo que necesito se confunde entre tantos otros libros basura, sin orden. Miro una especie de diccionario de mitologías cuya portada es una mujer en una caracola marina. Miro casi divertida la horrible edición. Es de noche, a lo lejos se perciben ventanales enormes que muestran el cielo nocturno. Estamos en el último piso de un alto edificio. Sólo alcanzo a ver las cabezas de algunas personas que se asoman por entre los libreros.
Saco algunos libros, los muevo, dejo unos, los cambio, parece que no puedo decidirme, como si estuviera nerviosa. Entonces del final del pasillo sale el mismo chico moreno, me sonríe, me siento turbada porque esté ahí. Me pregunta si nos veremos más tarde, que ahora él tiene algo qué hacer. Le digo que no sé, aunque en realidad no quisiera verlo. Él sigue pareciendo tan sonriente y yo trato de volverme lo más lejana que puedo. Se detiene para mirar algo y yo aprovecho para pretender que busco algo más y continuar caminando por el pasillo. Alejándome, hay zonas más amplias y oscuras, pasillos que van a otros sitios alejados de la biblioteca. Trato de irme, ya no tengo nada qué hacer ahí. El apresura el paso y camina hasta mí, me detiene y me dice que me buscará después. No quiero que lo haga pero asiento.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Mal bicho" de los Fabulosos Cadillas.

27.10.08

.sueños. .27.10.08.

Veo repetida una imagen, como si sucediera detrás de un espejo. En ella una mujer se encuentra atrapada en una habitación. No se distingue bien su rostro pero tiene el cabello negro y una bata blanca. En algún momento, sin que se de cuenta, una mano invisible parece atar hilos rojos alrededor de su cintura. El movimiento de los hilos dificulta sus propios movimientos, se encuentra atrapada. En la habitación parece estar sola pero no lo está, tampoco puede salir.
Luego vuelvo a donde estoy, la casa de Nery, fui a visitarla y me lleva hacia la habitación donde tendré que dormir. Subimos por unas escaleras pequeñas, alejadas del resto de la casa, pasamos por una habitación y luego llegamos a otra más alta. Es una habitación amplia, hay tres camas y un baño, aunque no tiene ventanas. El piso es de madera, las camas están cubiertas por sábanas blancas. Nery me dice que ahí dormiré y se despide. Yo siento que la habitación es la misma que veía antes. Le pregunto dónde dormirá ella y me dice que en el cuarto que pasamos primero. Le digo que porqué no duerme aquí conmigo, que hay suficiente espacio y así podremos platicar antes de dormir. Me responde que no le gusta este cuarto y se va.
Me siento incómoda, trato de no pensar en ello pero no puedo dormirme, dejo todas las luces encendidas. En algún momento entra una mujer que trabaja en su casa, una mujer grande, con ese dejo de paz y sabiduría, me dice que sólo va a buscar algo. Entonces me pregunta por qué duermo en esa habitación y le respondo que Nery me dijo. Dice que no debió haberlo hecho, que Nery prefiere pensar que no sucede nada en su casa pero que no es bueno dormir ahí, que vaya con ella y podré dormir en su habitación. Subimos hasta el fin de las escaleras, una habitación más pequeña pero con ventanas en todas partes, luminosa como si fuera de día. Pero entonces siento como si alguien atara hilos rojos en mi cintura, trato de moverme pero no puedo. Ella dice que es tarde, que olvidamos cerrar las puertas y ya nada puede hacerse. Y ahora yo estoy del otro lado del espejo, o me miro de lejos, como si ya no estuviera ahí.
Suceden otras cosas más que no puedo hilar, y entonces despierto.




En mi sueño suena "Ella usó mi cabeza como un revolver" de Soda Stereo.

22.10.08

.sueños. .22.10.08.

Me dijeron que no saliera de la habitación, estaba en alguna parte de un edificio a oscuras, en medio de una calle abandonada, en algún sitio que no conozco. No había nada en la habitación y yo la sentía tan pequeña como si estuviera encerrada en un armario. La sensación de no pertenecer me hacía preguntarme por qué debía esperar ahí. Y me habían advertido no salir, yo miraba por la única ventana la calle que parecía amarilla por la luz de las farolas en la noche. Como si saltara por la ventana yo me encontraba fuera, y caminaba, sintiendo a lo lejos las luces de neón moviéndose, como si la verdadera ciudad estuviera más lejos, del otro lado. Todo luce abandonado, pero no muerto, como si apenas hubieran dejado esas calles y pronto fueran a regresar por ellas.
El sueño cambia y estoy en alguno de los salones de mi primaria, están en filas todos los grandes escritorios de madera, pero no está el escritorio del profesor, en lugar de ello hay una especie de armario improvisado, grande, como otro pequeño cuarto a un nivel ligeramente superior. Estamos encerrados, como si tuvieramos qué vivir ahí y no hay modo de mirar afuera, las ventanas están selladas. Yo entro al pequeño cuarto como queriendo descubrir qué hay dentro, y no hay nada, más que el espacio entre las paredes amarillas. En algunas partes hay agujeros ya que las paredes son de alguna especie de plástico, ojos curiosos me miran por esos agujeros. Yo tomo papeles que encuentro y los voy colocando para sellar cada agujero, no quiero que me miren, quiero estar sola adentro.
El sueño cambia constantemente y yo corro por azoteas, por paredes de concreto, cambio siempre de sitio, quizá lo único que sé es que no debo salir, siempre debo encontrarme adentro.
Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Afuera" de Jaguares.

5.10.08

.sueños. .05.10.08.

Es de noche y nos encontramos todos encerrados en la habitación. Es la recámara de mis padres de la casa de mi infancia. Pero el cuarto es enorme, la cama se estira hasta lo inimaginable dando una sensación de pequeñas camas pegadas unas con otras. Siento que entra demasiada luz por la ventana, pero no puedo mirar nada afuera. Dormimos intercalados, unos con los pies hacia la puerta, otros hacia la cabecera. Todos usamos las mismas batas blancas, de la misma tela que las sábanas que nos cubren. Del otro lado de la puerta se escuchan ruidos, gritos, quejidos ahogados. Y nosotros también comenzamos a gritar, a movernos, como si tuviéramos que ser el eco de esos sonidos. Como si la reproducción fuese el único modo de mitigar el terror.
Cambio de escena, estoy en la cocina, es la única luz encendida. Es como si temiera encontrarme afuera. Junto a mí hay una chica mirando mis movimientos, es mi pareja. Como si pudiera sentir cada parte de mi cuerpo me doy cuenta que soy hombre. Busco algo, en los cajones, no lo encuentro.
Hay alguien afuera, lo podemos mirar a veces por las ventanas en la sala. Se mueve en el patio, como si nos retara a acercanos, le digo que no voltee a verlo, que lo ignoremos y se irá. Entonces escuchamos cómo derrama algo y mirando que tira gasolina por el patio. Comienza a incendiarse pero es como si el fuego se limitara a un pequeño charco en el concreto, no se mueve. Las llamas bailan alrededor de él pero no se acercan a la casa. Ella me grita que va hacia la puerta y corremos nosotros también. Tiene seguro pero él empuja como si no importara, veo el seguro puesto pero la puerta se tambalea como si fuera a caerse de un momento a otro. Ambos nos mantenemos haciendo peso. Pienso en que jamás he usado un extinguidor, en que los demás tardarán en llegar, en que no hay nadie cerca. Y la puerta tan endeble. De pronto ya no veo las manos ni el cuerpo de ella empujando, ya no siento los golpes del otro lado, ya no miro el fuego por la ventana. Todos se han ido, y sumergida en la noche oscura me encuentro sola.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El mar" de Ely Guerra.

30.9.08

.sueños atrasados. .29.09.08.

Parece un viaje largo pero no sé a dónde nos dirigimos. Voy en un coche pequeño, sin mirar a quien conduce, y puedo notar cómo delante de nosotros una línea espacia de otros automóviles nos van guiando hacia nuestro destino. Van suficientemente lejos como para no distinguir las figuras dentro.
Avanzamos sobre la arena, junto a nosotros un cuerpo de agua parece no terminar de decidirse entre ser mar o laguna. Del otro lado un habitat tropical apenas si asoma por sobre enormes montes de arena. Mi mente va perdida, no me doy cuenta en el momento en que entramos directamente al agua. Es un retorno a mis viejas pesadillas infantiles, en que siempre caíamos al agua, el coche se hundía y, claro, pesadilla al fin y al cabo, las puertas no podían abrirse. Me asusto mirando como el agua sube alrededor del coche que no deja de avanzar, pero veo que delante de nosotros los coches se internan en la enormidad de ese cuerpo húmedo, y quien va conduciendo me dice que nada pasará. Seguimos avanzando, veo como una pequeña capa de agua comienza a entrar al coche como si mi ventana estuviera abierta y el agua apenas si alcanzara a rozarla.
Cambio de sueño como si me hubiese bajado del auto antes de entrar al agua. Me encuentro de pie en la arena, el habitat se ha vuelto una suerte de manglar enterrado en tierra, sobresaliendo azarosamente en mi camino. Avanzo, como si tuviese que llegar a alguna parte, como si me hubiese alejado y tuviera que volver. En el camino me encuentro con Eduardo, apenas viste unos boxers de playa oscuros y se une a mí en el camino sin decir nada. Su torso desnudo parece irse transformando conforme avanzamos, como si sus músculos, su piel, respondieran a designios propios más allá de su constitución anatómica. Llegamos a un pequeño descanso arenoso entre varias raíces altas de árboles tropicales. Me ayuda a subir y nos sentamos por un momento. Yo no quisiera hablar así que él comienza a hacerlo, como si estuviera contando un cuento. Me pregunta por qué no puedo perdornarlo y le digo que sencillamente no puedo, que jamás nos perdonaremos. Se abraza a sí mismo en posición fetal y comienza a llorar, pero como si el llanto fuese tan solo una vibración leve pero errática de su mismo cuerpo. No puedo verle la cara entonces y no se escuchan sollozos. Continuo mi camino dejándolo solo.
El resto del sueño transcurre en otros sitios, en calles, en lugares oscuros. Pero hasta donde puedo precisar estaba en esa playa, con el sol brillante que no alcanzaba a quemarnos. Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Verano traidor" de Vilma Palma e Vampiros.

29.8.08

.sueños atrasados. .28.08.08.

Primero suceden algunas cosas en un gran patio, antes de que pase al otro sueño, en que me encuentro de nuevo en España, en Santiago, como un efímero regreso que celebro con una cena. Es de noche y me encuentro en el restaurante de Norma, pero luce más amplio, con dos salones para los comedores, con la madera de los pisos y paredes relucientes y como si estuviese en el último piso de un edificio alto por cuyas ventanas pudiese distinguirse las luces de Santiago de noche. Estoy sentada en una mesa de un rincón con varios conocidos, María, Manoela, pero también personas que no deberían estar allá, como si fuese una reunión impersonal. No recuerdo hablar con nadie, estoy sentada de lado viendo a las personas en las otras mesas, que lucen muy lejanas. Entonces le pregunto a Natalia por qué no vino Noa, ya que ahora son compañeras de cuarto. Ella me dice que probablemente no sabía, que se quedó en el departamento. Yo pienso en porqué ella no le avisó y salgo del lugar hacia otro cuarto. Ese otro cuarto es una especie de recibidor, cuyo único mueble es una pequeña mesa de madera donde se encuentra el teléfono, junto a unas grandes ventanas. Le marco a Noa mientras miro las calles oscuras más abajo. Noa luce sorprendida porque la llame, me dice que no sabía pero que tampoco sabía si podría ir en ese momento. Le digo que no se preocupe, que no importa, y ella comienza a hablar y hablar sin que yo pueda entender todo lo que me dice. Mientras ella habla miro por la ventana a un amigo de mi hermano caminar con dirección al restaurante y recuerdo también haberlo invitado. Lo veo entrar y calculo el tiempo que le tomará subir por las escaleras, entonces le digo a Noa que tengo que colgar y que hablaremos después.
El amigo de mi hermano entra entonces, por la puerta que queda del otro lado de ese recibidor, pero antes de él entra mi abuela, quien falleció cuando yo tenía 9 años. Lucía exactamente igual que en mis recuerdos, con su cano cabello finamente recogido, con sus ajustados y elegantes vestidos, éste en color completamente negro. Su piel tan blanca. Me quedo paralizada por un momento pero no lo razono, corro hasta ella y la abrazo y ella me devuelve el abrazo. Debería estar feliz, pero hay algo dentro de mí que se rompe y siento como si una cortina de arena resbalara por mi cuerpo hasta detenerse a mis pies. Comienzo a llorar sin poder detenerme y ella no me dice nada, sólo continua abrazándome fuertemente. Siento que me caigo, que nos caemos, y continuo abrazándola y llorando en el suelo, hasta que mi madre sale del comedor conjunto y se detiene junto a mí diciéndome que me detenga, que me calme. Levanto la vista y veo a las personas a mi alrededor, mi madre, el amigo de mi hermano, los que miran desde el comedor, pero ya no es mi abuela a quien sostengo, es un espejo. Mi madre me dice que fui siempre yo. Miro mi reflejo y soy yo quien viste ese vestido negro y cuyo cabello cano se recoge en un tocado alto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Desde mi cielo" de Mago de Oz.