Mostrando entradas con la etiqueta silvio rodriguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta silvio rodriguez. Mostrar todas las entradas

16.10.08

.sueños. .15.10.08.

Te había enviado un mail, aunque no podría precisar si era el mismo cuento o alguna estructura caótica de todas las palabras que suenan como tú. No había pasado mucho tiempo, lo que podía significar unas horas, unos días, una vida tendida entre los dos eventos; y tus mensajes aparecían en mi ventana en blanco, mientras tú estabas offline. Era sorprendente encontrarte, después de tanto tiempo. Veía tus mensajes como me iban llegando, siempre con una sensación de que todo lo que yo pudiera responder era mínimo ante la cantidad de palabras que hilabas para mí. Escribías y escribías, tus mensajes llegaban a destiempo, o quizá los míos, escribía poco porque tenía poco qué responder. Y a ti no parecía importarte, como si simplemente dejaras ahí los mensajes para mí, para que los recogiera cuando quisiera.
Todo parecía hacer ruido en mi casa, todo parecía requerirme inmediatamente y yo tenía que leer entrecortadamente lo que ponías. Me levantaba constantemente, sentía la necesidad de checar todo, como si pudiera caerse sin mi presencia. Tú no dejabas de escribir, y eran muchas letras y tan corto el mensaje. No me sentía inquieta por atraparlo todo, me bastaba saber que ahí estaba. Cuando regresaba, al final, todo se había desconectado y tu ventana permanecía abierta, como si colgara muerta en medio del blanco. Tus últimas palabras de despedida eran incoherentes y faltas de significado. Pero, escondida, entre líneas pasadas, quedaba inconexa la frase: te quiero por conservarte tibia.
Despierto constantemente.




En mi sueño suena "Te doy una canción" de Silvio Rodriguez.

28.9.08

.sueños. .28.09.08.

Nuestra casa parecía de puertas abiertas. Grande y falsa, como los muebles en exhibición de una tienda. Pasillos luminosos pero opacos, enormes y convergentes hasta nuestra habitación: una sola cama. Me encuentro con mi primo Andrés como si viviéramos juntos, tenemos unos invitados rituales, como si cada cierto tiempo se repitiera la misma dinámina. Atravesamos sitios, vamos de un lado a otro, caminamos, subimos, en el transcurrir se resumen todas las acciones: no recuerdo los espacios. A uno de ellos lo conozco, está cerca de algún modo y es como si nuestra historia estuviese incompleta. Lo miro, a veces, y él también me mira, pero no hablamos. En cierto modo lo evado y yo misma me ubico lejos.
No hay modo de medir los días ni tampoco de conocer la rutina por completo. En algún momento nos levantamos Andrés y yo, nuestras camas están unidas por los pies y dormimos como una imagen reflejada. A nuestros lados los sitios están vacíos: se han ido. Entonces me siento culpable por haber montado aquel teatro silente, miro la almohada donde él dormía y tiene algo escrito con la tinta corrida sobre la tela blanca. Pero no lo leo. Sé que volverán hasta dentro de un año y entonces siento que el tiempo se alarga y aquella premisa resulta casi imposible de alcanzar. Andrés no dice nada pero siento que me recrimina, que todos me recriminan.
Me propongo escribirle una carta y comienzo por hacer referencia a una película cuyo nombre no puedo recordar. Doy vueltas y vueltas pero si no recuerdo el nombre no hay modo en que pueda iniciar. Salgo a la calle y hay una chica muy alta y muy rubia esperándome, la alcanzo y camino a la par de ella. Nos dirigimos a un estacionamiento. Le pregunto por las películas que conoce de cierto actor que sale en la que yo busco, refiero el título de algunas que yo consigo recordar. Ella me dice que la única película que ha visto de él es una cuyo título lleva la palabra 'colmillo'. No recuerdo yo esa película, me detengo dudosa ante la puerta de su auto.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Casiopea" de Silvio Rodriguez.

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.