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20.11.08

.sueños atrasados. .15.11.08.

Entrábamos todos al salón de clases de mi secundaria, con sus bancos viejos de madera, sus tonos oscuros. Afuera hay una sensación de humedad y noche próxima, como si acabara de terminar de llover. Todos nos vamos sentando en diversos lugares como si hubieran sido dispuestos para nosotros, pero no hay ningún maestro al frente a quien debamos nuestro silencio y nuestra calma.
Yo me siento en medio de la fila junto a la pared en que está la puerta. El salón comienza a llenarse y finalmente parece ser que mi escritorio es el único doble y junto a mí se sienta alguien que no alcanzo a reconocer pero que no deja de hablar, hablar y hablar como si lo hiciera para todos y para nadie. No sé hasta qué punto su plática me involucra pero me desespera su voz sobresaliendo entre todos los demás murmullos. Todos parecen distraídos en sus cosas hasta que yo no aguanto más y me pongo de pie buscando otro lugar. Trato de irme a la fila más apartada pero comienzo a darme cuenta que todos los lugares están ocupados. Camino y me pierdo entre los pasillos de escritorios, nadie parece mirarme. Comienzo a desesperarme. Entonces al final de una fila Enrique me mira y me dice que el escritorio junto a él está desocupado, que puedo sentarme ahí si quiero. Me sorprende que me hable, después de tanto tiempo, pero me siento junto a él. Hay otros chicos con los que él habla y me hacen algunas preguntas, como una conversación casual, como si no hubiera pasado tanto tiempo desde que dejamos de hablarnos.
Miro dentro del escritorio y hay una libreta que alguien pareció olvidarlo. No la toco, no sé bien qué hacer mientras sucede lo que tenga que suceder, lo que venimos a hacer todos aquí. Miro confundida hacia todos lados y el salón parece enorme. Entonces desde uno de los lugares del frente se acerca alguien hacia mí, directamente, es la única persona de pie. Es un chico moreno, de cabello oscuro, de lentes. Me dice algo y después me besa suave, cotidianamente. Me sorprendo y retrocedo, en mi mente un pasado imaginario recrea momentos entre ambos y mi sorpresa se debe a la cotidianidad de aceptar cualquier posible lazo. Siento que todos los que están cerca de mí me miran, pero como si el que estuviera fuera de contexto fuera él. Sonríe y me dice que si pensaba que no íbamos en serio y vuelve a besarme. Cierro los ojos y el sueño cambia.
Estoy en una biblioteca, mirando los anaqueles bajos pero interminables de libros apilados como si fueran más bien una librería. Todos los libros con sus llamativas portadas mirando hacia el frente. Estoy buscando algo pero lo que necesito se confunde entre tantos otros libros basura, sin orden. Miro una especie de diccionario de mitologías cuya portada es una mujer en una caracola marina. Miro casi divertida la horrible edición. Es de noche, a lo lejos se perciben ventanales enormes que muestran el cielo nocturno. Estamos en el último piso de un alto edificio. Sólo alcanzo a ver las cabezas de algunas personas que se asoman por entre los libreros.
Saco algunos libros, los muevo, dejo unos, los cambio, parece que no puedo decidirme, como si estuviera nerviosa. Entonces del final del pasillo sale el mismo chico moreno, me sonríe, me siento turbada porque esté ahí. Me pregunta si nos veremos más tarde, que ahora él tiene algo qué hacer. Le digo que no sé, aunque en realidad no quisiera verlo. Él sigue pareciendo tan sonriente y yo trato de volverme lo más lejana que puedo. Se detiene para mirar algo y yo aprovecho para pretender que busco algo más y continuar caminando por el pasillo. Alejándome, hay zonas más amplias y oscuras, pasillos que van a otros sitios alejados de la biblioteca. Trato de irme, ya no tengo nada qué hacer ahí. El apresura el paso y camina hasta mí, me detiene y me dice que me buscará después. No quiero que lo haga pero asiento.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Mal bicho" de los Fabulosos Cadillas.

20.10.08

.sueños. .20.10.08.

Había estado con mi hermana hablando sobre un libro. La recuerdo asomándose a una esquina engañosa dentro de una casa a media luz, en tonos anaranjados. Dentro de ese libro yo guardaba un papel, una impresión con varios datos sobre documentos que tenía que conseguir.
Voy a la embajada de Cuba, que es un salón grande, con paredes de cristal alto y piso de piedra, pero que únicamente se compone por un gran escritorio central. Una especie de recepción cuadrada, muy larga y clara, dentro de la cuál se encuentran unas mujeres que lucen todas iguales. Sus sitios de trabajo están llenos de elementos de oficina como engrapadoras, lapiceros, pero no parece haber nada más, nada relevante. Me acerco y les pido una documentación que es la principal que necesito presentar. Le doy unos papeles para conseguirla y se aleja un poco para ver en unos cajones. Mira los apuntes que tengo, sobre los planes de estudio de la escuela de cine, y se ríe diciéndome si eso es lo que pretendo hacer. Le digo que sí y luego me insiste en que necesito otros documentos, pero le digo que no, que ya había leído todo y que era lo único. Parecía bastante enfadosa y buscando simplemente llevarme la contraria. Comienza a hablar con otra de las secretarías y parece ignorarme, hablan en voz alta y ríen de vez en cuando, con una risa aguda y molesta.
Hay una chica junto a mí, quizá un poco más pequeña que yo, luce muy delgada y frágil. Me dice que ella está haciendo los mismos trámites, pero que la escuela donde quiere ir le pide más cosas y que es difícil ver todo. Que las secretarias son siempre así y que no les haga caso. Me da su mail y me pide que le escriba, que podríamos ayudarnos o irnos juntas. Veo su caligrafía pequeña en mi libreta, su mail es v_b5@... Me parece agradable pero no estoy segura de que vaya a escribirle después, se va. Yo espero un rato más y de pronto todo parece desierto. Las secretarías lucen mucho más lejos y ya hablan bajo y de otras cosas, sin darse cuenta ya por completo de mi presencia. Me voy también.
Regreso al punto en que hablaba con mi hermana, asomándose por la esquina engañosa, con los tonos anaranjados a la luz del día. Vuelvo a hablarle del libro.
Entonces despierto.




En mis sueños suena "What can I say?" de Brandi Carlile.

21.9.08

.sueños atrasados. .18.09.08.

Una niña corre por los pasillos de mi infancia. Entre escritorios de madera oscura que para ella se vuelven un laberinto. Un cuarto sucede a otro, como si se encimaran continuamente y formaran una casa que se vuelve a construir sobre sí misma. Es muy pequeña, como de cuatro o cinco años, pero incluso su estatura es pequeñita, apenas si puede asomarse al borde de los escritorios. Vive, casi comunitariamente en esa casa, con gente tan dispar, tan sola. Las alfombras de los otros cuartos son verdes y todo luce oscuro, ella corre constantemente de un sitio a otro, como si no pudiera quedarse quieta.
Yo he venido de muy lejos para verla. La veo desde la puerta y tengo que interceptarla cuando pasa corriendo por la puerta. Me conoce, me ha visto estos últimos días. Le pregunto por su padre y me dice que no tiene. Le pregunto igualmente por su madre y responde del mismo modo. Parece poco preocupada por el hecho, como demasiado consciente. No le pregunto quién la ha estado criando. La tengo tomada por los hombros, con su ropa pequeñita, su cabello oscuro y sus ojos grandes. Le digo que por su madre no tendría que preocuparse más, porque soy yo. Que había estado lejos pero que había vuelto. Ella me mira fijamente con sus enormes ojos y comienza a llorar. Siento que todos desde los otros cuartos me miran mientras la abrazo y no decimos más.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Menos tu vientre" de Joan Manuel Serrat.

16.9.08

.sueños. .16.09.08.

Me encuentro en el patio de mi vieja secundaria. La arena está húmeda, el día es gris. Alrededor de mí se encuentra toda mi generación, diseminada alrededor de toda la cancha. Todos vestimos de blanco.
Alguien, dirigiéndonos, nos dice que nos juntemos hacia atrás. Retrocedemos acercándonos hacia la zona de concreto, pero no entramos. Algunos tienen una especie de papiro blanco en las manos, deben juntarse con alguien más que no tenga uno y formar duplas. Al retroceder quedo cerca de Enrique, él tiene un papiro en sus manos. Nos miramos, pero entonces David se interpone entre nosotros y toma a la vez el papiro que sosteniera en sus manos. Yo no necesito participar, cuando nos avisan que el juego inicia y todos comienzan a correr yo me quedo en mi lugar, viendo como todos corren alrededor del campo. No entiendo la dinámica del juego.
Suena la alarma y el tiempo termina. Regresamos a la zona de cemento y nos formamos, pero somos los únicos allá. Entramos hacia los salones, nos sentamos como antes en los viejos escritorios de madera oscura. Me siento confundida por un momento, como si no supiera donde debo de sentarme, lo dudo mucho antes de decidirme por un lugar casi al final de una de las filas. El murmullo es extraño, claro pero demasiado suave. El profesor entra, es Víctor. Todo luce demasiado vacío. Comienza a hacer preguntas, sin más, ni siquiera estoy seguro de qué tema habla. Llama a Lourdes y ella se pone de pie, está delante de mí. Comienza a recitar la respuesta, de manera muy segura pero entonces Víctor reitera preguntas, instiga, hasta que ella comienza a dudar y sentirse atrapada. Sigue respondiendo pero está llorando. Yo la miro y miro a todos, callados, pienso en cómo han pasado tantos años y regresamos ahí y seguimos siendo unos niños.
Deben suceder muchas más cosas, pero eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Casa sin puertas" de Fernando Delgadillo.