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10.1.09

.sueños atrasados. .04.01.09.

Me encontraba en la isla como si nunca la hubiera abandonado, como si hubiera crecido ahí y todo hubiera sucedido ahí. Había un evento grande, una especie de congreso o reunión y mis padres no podían llevarme a ella y yo quería ir. Les decía que me dejaran en casa de Eduardo y que él me llevaría. Él organizaba algo al respectoo estaba involucrado de algún modo. La situación era conveniente aunque no agradable.
Nos dirigíamos hacia su casa atravesando un laberinto de calles que parecían cercas enormes. Yo quería mostrarle a mi madre un dibujo que alguien había hecho en una pared pero por más que las miraba no recordaba en dónde estaba y no podía encontrarlo. Cuando doblábamos en la pequeña calle donde estaba la casa de Eduardo sabía que ya no lo encontraría. En medio de la calle la casa de Eduardo se alzaba enorme en comparación con las demás cosas, además de que por su color amarillo resultaba también llamativa. Mis padres me dejaban y yo entraba sin que nadie me abriera, como si tuviera control sobre esa casa. Caminaba hacia una especie de falso comedor, demasiado blanco y con una pequeña mesa de madera en medio. En una de las paredes frente a la mesa había un pizarrón blanco. En la mesa estaban sentadas dos chicas que lucían algunos años más jóvenes que nosotros, una de ellas era Cinthia, y Eduardo se encontraba de pie hablando con ellas y mostrándoles algo en el pizarrón que seguía luciendo blanco. Yo me sentaba sin saludar, sin adentrarme en su conversación, dejándolos en su propia burbuja. Hablaban muy entusiasmados, con una alegría exagerada que tenía mucho de parafernalia, riéndose tontamente, escandalosamente, infantilmente. Yo estaba aburrida y harta y en algún momento me ponía de pie para ir a buscar algo en la cocina y al regresar veía que las chicas estaban de pie y que movían algunas cosas en el cuarto. Cinthia entonces tomaba la silla en que yo había estado sentada y se disponía a moverla cuando yo la interrumpía y le decía que no debería tomar las cosas que no son de ella. Mi voz procura ser hiriente hasta lo imposible, yo misma estoy consciente del tono orgulloso y prepotente con que me muevo. La chica no dice nada, sólo deja la silla y se aleja a punto de llorar. Me siento de nuevo y sé que Eduardo se encuentra mirándome, juzgándome, sé que detesta mi actitud, quizá hasta mi presencia, pero también sé que no puede ni va a decirme nada. Me quedo de nuevo sentada y por un momento mi hermana está también sentada junto a mí preguntándome si no he llegado a ser una persona demasiado desagradable.
Llaman a la puerta y momentos después entran en la habitación Mayra, Karen y Lillian. Me pongo de pie para hablar con ellas, cambio por completo y comenzamos a hablar y reir, mientras siento que las dos chicas nos miran a mis espaldas. Vienen de casa de Mayra, quien vive por ahí cerca, y planean irse con nosotros también. Decidimos continuar platicando en la entrada de la casa, para no tener que encontrarnos en el mismo cuarto con ellos.
Lo primero que está entrando a la casa es la biblioteca: el techo es muy alto y por las paredes los libreros de madera cubren toda la altura. También hay algunos pequeños libreros por el medio, dando una noción de librería pequeña y rústica. Mientras hablamos Karen detiene la conversación y le dice a Lillian que no había querido comentárselo pero que encontró el blog de su ex novio. Ella lucía triste pero le preguntaba qué había encontrado en él. La pantalla se desplegaba frente a nosotros y la página se dividía en dos apartados: el más amplio, a la izquierda, tenía la redacción de las entradas, de manera desordenada y como si los pensamientos de un día se confundieran con los del otro; del lado derecho, en una columna pequeña, tenía su información personal, que consistía casi completamente en una lista de sus libros favoritos y una pequeña reseña de cada uno de ellos. Ellas se dedicaban a ver la parte de las entradas, donde parecía que hablaba de Lillian aunque en realidad nunca la mencionara, que hablaba de ellos aunque en realidad todo hiciera referencia a otras cosas. Yo veía su lista de libros, uno por uno, y conforme avanzaba en la interminable lista me daba cuenta de que no solo no había leído ninguno de ellos, tampoco conocía ninguno. Me sentía perdida entre tantos nombres y títulos desconocidos.
Karen entonces me comentaba que este chico le había dejado algunos de sus libros a Eduardo para que se los cuidara, aparentemente se había mudado o algo así. Íbamos hacia el estante en que estos se encontraban y comenzaba a verlos. Eran muchos. Entre ellos se encontraban las obras completas de José Asunción Silva en una colección de 20 tomos. La edición era muy bella, de pasta dura y acabados rústicos en tonos morados o verdes. Comentaba que yo siempre las había querido y odiaba secretamente al ex novio de Lillian por tenerlas. Pero entonces tenía la seguridad de que esos libros no habían sido leídos y que aún ninguno de los libros de la biblioteca de Eduardo había sido leído nunca.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Ciudad de pobres corazones" de Fito Paez.

5.11.08

.sueños. .05.11.08.

Habíamos detenido nuestro camino junto a una iglesia. Junto a ésta se había montado una pequeña carpa y habían algunas mesas blancas con decoración y algún evento pequeño al que no pertenecíamos del todo pero tampoco estábamos de más. Mi madre estaba sentada sola en una mesa, no había casi nadie sentado. Me sentaba frente a ella, sin preguntarle nada, me respondía que no le gustaba esa iglesia, que pensaba que para encontrarse en un campo a mitad de la nada debería ser más linda por dentro. Me hablaba de ella y me la imaginaba como si hubiera entrado, era muy amplia pero casi vacía, incluso la poca decoración que tenía no parecía religiosa. Pero me la imaginaba de día aunque ahora ya era de noche. Mi madre se distraía y yo me levantaba e iba hacia otro lado, pasaba por una mesa donde habían muchas botellas de distintos alcoholes y cada uno podía servirse. Veía una botella de vodka decorada de manera muy extraña pero me gustaba mucho, le quedaba poco alcohol y aunque no podía tomarlo me decidía a robarla. La tomaba y me iba hacia una zona que eran como los baños, pero al entrar eran una especie de pequeños cubículos donde las personas podían entrar en grupos a platicar de manera un poco privada. Entraba a uno, eran completamente beiges, quería alejarme un rato de los demás. Después de un rato me decidía a salir pero entonces escuchaba que alguien me llamaba y volteaba y veía a Cinthia, iba con un grupo de otros conocidos míos, como Alejandra, me saludaban vagamente y yo les respondía con un poco de educación pero huía rápidamente, me topaba con mi hermana al salir y nos íbamos.
Estábamos de nuevo en el coche, atravesando caminos oscuros, cuando veíamos un restaurante de comida rápida que era muy similar a mcdonalds pero demasiado estilizado. Me baja del coche, ya no estaba mi familia, entraba a él porque era el único establecimiento iluminado pero al entrar ya no era un restaurante si no una especie de oficina de luces ambar. Ahí estaban Sergio y Jorge y me hablaban demasiado rápido, preguntándome demasiadas cosas que no alcanzaba a entender. Detrás de nosotros Ariadna hablaba por teléfono, pero era como si del otro lado de la línea también estuviera ella, en otra ciudad, respondiéndose. Trataba de alejarme de las preguntas pero no se detenían, hasta que Ariadna decía que en el teléfono estaba un escritor de apellido Álito. Ambos corrían rápidamente hacia el teléfono y Sergio lo tomaba. Empezaba a hablar pero era como si el auricular hubiera desaparecido de sus manos. Ariadna también.
El sueño cambia, estoy en una cabaña en medio de un bosque nevado. De nuevo están mi madre y mi hermana. Hay una voz que nos habla y quiere obligarnos a realizar distintas acciones pero tratamos de evitarla, aunque no sabemos por cuanto tiempo. Nos subimos a un trineo de plástico rojo que está frente a nosotras y tratamos de huir, pero siempre tenemos la sensación de que hay otro trineo detrás de nosotras. A veces es como si además lleváramos cargando partes de algún cuerpo humano mutilado. Es confuso, por momentos me siento detenida, en otro trineo, con ropa de clima caluroso y personas que no conozco alrededor de mí me hacen preguntas que no vienen a tema. Por qué uso ese tipo de tela, qué letras se repiten a veces. Trato de responder pero no entiendo bien donde me encuentro.
Hay otras partes del sueño que se me escapan, pero eventualmente me despierto.




En mis sueños suena "Porcelain" de Moby.

13.10.08

.sueños. .13.10.08.

Los insectos se han apoderado de nuestra vieja casa. Regreso a una niñez nocturna donde todo es ajeno menos el cuarto de mis padres. Conozco las reglas, escucho sus pequeños y cientos de pies recorrer todos los sitios. En la cama duermen mi madre y mi hermana, siento el peligro escondido en todos los pequeños pliegues de las sábanas que se amontonan alrededor de sus cuerpos. No sé dónde están los demás, prometimos que no dejaríamos que eso pasara.
Voy encontrando los insectos recorriendo las paredes, debajo de la cama, con sus pequeñas corazas y su simulación de máquinas complejas son sólo metal y color. Y no podemos permitir que continuen apoderándose de todo. Tomo un martillo y trato de matarlos pero es difícil dar con ellos. Parecen no moverse, pero al punto en que estrello el martillo contra sus cuerpos da siempre en el lugar errado. Ellos siguen moviéndose sin alejarse, yo me desespero. Caminan sobre la cabecera, debajo de la cama que es enorme, se pierden.
El sueño cambia, miro a un grupo de chicos jugar beisball. Los miro como si me encontrara lejos, pero al mismo tiempo estoy cerca. Hay algo de tristeza en esa imagen lenta, como si repitieran los movimientos de un juego que es ajeno. Sin ánimos de jugar. Los conozco a todos, los estoy esperando como sin querer hacerlo. Cuando terminan comenzamos a caminar hasta que se hace de noche y el clima cálido se convierte en un frío helado. Comenzamos a subir una montaña porque deseamos acampar en la cima por la noche. Cuando trato de subir por unas piedras me doy cuenta de que no llevo zapatos puestos. El que viene detrás de mí me mira, como preguntándome dónde dejé los zapatos. Y yo le respondo pensando que los había dejado junto a la puerta, pero olvidé agarrarlos antes de salir. Mis pies sólo están cubiertos por gruesos calcetines azules que aún no dejan pasar el frío pero comienzan a mojarse por los restos de nieve. Todos continuan caminando como si no se hubieran enterado de nada, y yo me quedo sentada, pensando en qué debería hacer. Y él se queda delante de mí, simplemente mirándome.
El sueño cambia y estoy jugando cartas con Lillian en un cuarto. No hay nadie más en la casa y el juego no parece responder a ningún tipo de normas. Tampoco parece importarnos, hablamos más de lo que tiramos las cartas. Esperamos algo que todavía no llega. Entonces entra Álvaro de pronto a la habitación y nos dice que pronto nos iremos, que tomemos nuestras cosas. Lillian y yo nos ponemos de pie y vamos al cuarto de junto, encima de la cama está mi maleta abierta y desordenada por todo el cuarto está la ropa. Álvaro entra detrás de nosotras cargando la maleta de Lillian que tiene ya algunas cosas dentro pero que también está abierta y desordenada. La deja sobre la cama y se mantiene junto a la puerta. Vamos buscando nuestras cosas entre el desorden, y entonces yo trato de preguntarle algo a Lillian que no me responde. Le hablo de nuevo y es como si no me escuchara, como si mi voz fuera muda y entonces me doy cuenta de que tampoco Álvaro me escucha. Tengo la sensación de que nada en la habitación es mío, que hay algo que he perdido.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Tú me acostumbraste" de Chavela Vargas.

21.9.08

.sueños atrasados. .18.09.08.

Una niña corre por los pasillos de mi infancia. Entre escritorios de madera oscura que para ella se vuelven un laberinto. Un cuarto sucede a otro, como si se encimaran continuamente y formaran una casa que se vuelve a construir sobre sí misma. Es muy pequeña, como de cuatro o cinco años, pero incluso su estatura es pequeñita, apenas si puede asomarse al borde de los escritorios. Vive, casi comunitariamente en esa casa, con gente tan dispar, tan sola. Las alfombras de los otros cuartos son verdes y todo luce oscuro, ella corre constantemente de un sitio a otro, como si no pudiera quedarse quieta.
Yo he venido de muy lejos para verla. La veo desde la puerta y tengo que interceptarla cuando pasa corriendo por la puerta. Me conoce, me ha visto estos últimos días. Le pregunto por su padre y me dice que no tiene. Le pregunto igualmente por su madre y responde del mismo modo. Parece poco preocupada por el hecho, como demasiado consciente. No le pregunto quién la ha estado criando. La tengo tomada por los hombros, con su ropa pequeñita, su cabello oscuro y sus ojos grandes. Le digo que por su madre no tendría que preocuparse más, porque soy yo. Que había estado lejos pero que había vuelto. Ella me mira fijamente con sus enormes ojos y comienza a llorar. Siento que todos desde los otros cuartos me miran mientras la abrazo y no decimos más.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Menos tu vientre" de Joan Manuel Serrat.

11.9.08

.sueños. .11.09.08.

Estoy dentro de una amplia habitación, esas habitaciones enormes de casas viejas, con baldosas verdes de formas complicadas. Está vacía, además del polvo y el aire encerrado, de un lado hay una puerta y del otro se adivina apenas la salida hacia un balcón. Me baño dentro de aquella habitación, conductos de agua por el techo derivan en regaderas que la arrojan sobre mi cuerpo vestido, que luego se escapará hacia las puertas. Me ilumino sólo con la luz que logra filtrarse por la salida al exterior.
Del otro lado de la puerta está Lili, me habla aunque es poco lo que puedo entender de todo lo que dice. Le digo que pronto saldré y hablaremos, ella insiste en si me llevaré el perro a casa. Recuerdo entonces que le dije que lo pensaría, cuando ella abre la puerta y un pequeño french puddle entra rápidamente al cuarto, dando vueltas y mojando sus pies en el agua. Yo ya no estoy mojada. Lo levanto y le digo a Lili que no me gustan los perros, que mi mamá tiene asma y que no podría lidiar con él dentro de la ca. Ella parece aceptarlo sin más y caminamos juntas hacia otros lugares de la casa.
En realidad la casa es enorme, como una ciudad contenida en sí misma a través de pasillos y cuartos irregulares que van cambiando constantemente de estilo, pero que jamás dejan entrever el exterior. Caminamos mucho, atravesamos pequeños puentes, salones, patios interiores. La casa es entonces una escuela y hay una gran reunión a la cuál tengo que llegar.
En un patio interior, completamente recubierto de cemento, hay muchas personas, muchos niños y padres, y hay alguien entre todas ellas que habla fuertemente tratando de guiarnos. Intentan rezar, pero es imposible poner un orden. Los textos están en distintos formatos, cada quien sostiene folletos, libros, hojas sueltas, con distintas frases que no alcanzan a organizarse. Yo sostengo una gran hoja de periódico, toda en negro con pequeñas letras blancas con alguna oración. Lo religioso se ha confundido con otros discursos y nadie está seguro de lo que debe decirse. Yo trato de comenzar, de leer lo que dice aquel periódico pero cuando trato de enfocarlo las letras se vuelven más pequeñas, más incompletas y no entiendo las frases. La voz en alto me dice que si no sé leer, así que me detengo. Un grupo sentado frente a mí sostiene más folletos y veo entonces que tienen textos que los demás desconocen.
Dejo el lugar y vuelvo a internarme por los pasillos de la casa, me alejo, termino en una cocina, sentada en una mesa redonda de madera clara. Frente a mí hay una mujer que toma té o café en silencio. Entonces entra mi madre a la cocina y se sienta junto a ella y le dice algo en voz baja. Yo no necesito escucharlas para saber lo que están diciendo. Le pregunto a mi madre si mi abuelo ha muerto. Ella no responde nada y sólo me mira, adivino sus respuestas y siento el aire más espeso, algo golpea mi pecho. Vuelvo a adentrarme en los pasillos de la casa hasta que entro, de noche, en la habitación de mi otra abuela. El lugar parece enorme y a lo lejos sólo se vislumbra la cama, la luz clara que entra por la ventana apenas si alumbra la figura recostada en la cama. Mi abuelo, sin sábanas, sin almohadas, su cuerpo frágil acostado, extendido, en la cama. No tiene camisa y su torso luce extremadamente delgado, su respiración violenta oscila entre agigantar su pecho y pegar la piel a los huesos. Respira bruscamente, antecediendo el momento en que dejará de hacerlo. Una voz que debe ser suya pero más grave me pregunta porqué no lo toco, aunque sus labios no se mueven. Pongo mi mano extendida sobre su pecho, su piel está fría, suave, delgada, como si en cualquier momento mi mano fuese a perderse en ella como en un cuerpo de agua. Su respiración casi parece una melodía triste, siento entonces que hay muchas personas, vestidas de negro, alrededor de nosotros, que lo miran sin ojos en esos últimos momentos.
Lo miro triste, tranquila, llena de amor.
Y entonces despierto.



En mi sueño suena "I cannot look away" de Sounds Of The Blue Heart.

29.8.08

.sueños atrasados. .28.08.08.

Primero suceden algunas cosas en un gran patio, antes de que pase al otro sueño, en que me encuentro de nuevo en España, en Santiago, como un efímero regreso que celebro con una cena. Es de noche y me encuentro en el restaurante de Norma, pero luce más amplio, con dos salones para los comedores, con la madera de los pisos y paredes relucientes y como si estuviese en el último piso de un edificio alto por cuyas ventanas pudiese distinguirse las luces de Santiago de noche. Estoy sentada en una mesa de un rincón con varios conocidos, María, Manoela, pero también personas que no deberían estar allá, como si fuese una reunión impersonal. No recuerdo hablar con nadie, estoy sentada de lado viendo a las personas en las otras mesas, que lucen muy lejanas. Entonces le pregunto a Natalia por qué no vino Noa, ya que ahora son compañeras de cuarto. Ella me dice que probablemente no sabía, que se quedó en el departamento. Yo pienso en porqué ella no le avisó y salgo del lugar hacia otro cuarto. Ese otro cuarto es una especie de recibidor, cuyo único mueble es una pequeña mesa de madera donde se encuentra el teléfono, junto a unas grandes ventanas. Le marco a Noa mientras miro las calles oscuras más abajo. Noa luce sorprendida porque la llame, me dice que no sabía pero que tampoco sabía si podría ir en ese momento. Le digo que no se preocupe, que no importa, y ella comienza a hablar y hablar sin que yo pueda entender todo lo que me dice. Mientras ella habla miro por la ventana a un amigo de mi hermano caminar con dirección al restaurante y recuerdo también haberlo invitado. Lo veo entrar y calculo el tiempo que le tomará subir por las escaleras, entonces le digo a Noa que tengo que colgar y que hablaremos después.
El amigo de mi hermano entra entonces, por la puerta que queda del otro lado de ese recibidor, pero antes de él entra mi abuela, quien falleció cuando yo tenía 9 años. Lucía exactamente igual que en mis recuerdos, con su cano cabello finamente recogido, con sus ajustados y elegantes vestidos, éste en color completamente negro. Su piel tan blanca. Me quedo paralizada por un momento pero no lo razono, corro hasta ella y la abrazo y ella me devuelve el abrazo. Debería estar feliz, pero hay algo dentro de mí que se rompe y siento como si una cortina de arena resbalara por mi cuerpo hasta detenerse a mis pies. Comienzo a llorar sin poder detenerme y ella no me dice nada, sólo continua abrazándome fuertemente. Siento que me caigo, que nos caemos, y continuo abrazándola y llorando en el suelo, hasta que mi madre sale del comedor conjunto y se detiene junto a mí diciéndome que me detenga, que me calme. Levanto la vista y veo a las personas a mi alrededor, mi madre, el amigo de mi hermano, los que miran desde el comedor, pero ya no es mi abuela a quien sostengo, es un espejo. Mi madre me dice que fui siempre yo. Miro mi reflejo y soy yo quien viste ese vestido negro y cuyo cabello cano se recoge en un tocado alto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Desde mi cielo" de Mago de Oz.

26.8.08

.sueños. .25.08.08.

Entro en un edificio derruido, como una construcción imperfecta y mal trazada. Todo luce viejo, húmedo, oxidado, falto de luz. Los espacios se siguen unos a otros sin orden, salones desiertos, largos pasillos, desniveles sin razón. Avanzo, sabiendo que es el cumpleaños de mi Gabriel y que por ahí llegaré a la fiesta. Llegado a un punto, miro el cuarto abierto a mi izquierda y encuentro a Raúl fumando un cigarro, solo. Entonces sé que algunos de esos pasillos inconclusos que se encuentran distribuidos aleatoriamente tienen habitaciones que funcionan como pequeños departamentos. Mentalmente repaso la historia: Raúl rentó uno de esos departamentos porque le pareció adecuado para vivir, pero una vez que lo vio su esposa lo desaprobó y tuvieron que dejarlo. Lo saludo y me dice que vayamos al lugar de la fiesta.
Entramos a un cuarto, como un gran salón abandonado donde todo luce viejo excepto una mesa de madera clara en el centro. Sólo quedan dos lugares disponibles, justo a la derecha de Gabriel quien se encuentra en la cabecera. Nos sentamos ahí, pero entonces es como si Gabriel hubiese cambiado de lugar para situarse enfrente de nosotros. Comienzan todos a hablar y entonces me doy cuenta que todos son profesores y yo me pregunto porqué estoy yo ahí.
Después de un tiempo una mujer entra, es la esposa de Raúl, el cuál se pone inmediatamente de pie y se ubica en dos asientos desocupados que aparecieron de pronto al otro lado de la mesa. Lo sigo con la mirada antes de percatarme que su lugar sería ocupado por un señor viejo, algo gordo y de cabello canoso quien me habla constantemente diciéndome "oye, niña..." y señalándome cuanto pueda decirse dentro de esa habitación. Yo veo hacia el otro lado de la mesa y cuando regreso mi vista al viejo me encuentro con que tiene el rostro pintado. Como maquillaje circense, todo su rostro es gris con algunos trazos blancos que no responden a ninguna armonía. Entonces miro a las demás personas a mi alrededor y todos tienen también el rostro pintado. La mujer frente a mí lo tiene pintado de amarillo mostaza con irregulares trazos negros. Gabriel ya no está, pero pienso entonces en que organizó una fiesta de disfraces y yo llegué sin nada. Me pongo de pie, incómoda, y me dirijo hacia la salida. Paso junto a Raúl, sentado, el asiento de su esposa desocupado pero él mirando fijamente un punto, sin hablarle ya a nadie.
Me salgo del cuarto y estoy en otro sueño. Camino sobre una estructura de madera localizada sobre una playa, como si fuese un muelle, o un edificio abierto, con desniveles extraños y que bordease el mar para localizarse siempre sobre él. Camino por ahí de un lado a otro, varias personas pasan junto a mí, algunos conocidos y otros no. Pasando por un punto alguien, una amiga, me dice que hay una ballena varada y voy hacia el punto que se encuentre más cercano a ella. La miro tumbada en la arena, más pequeña de lo que debería lucir, como si mirara hacia el sol. Mi amiga dice que es un bello animal y yo recuerdo otra ballena que encalló antes en la misma playa, que tenía alguna especie de malformación en la cabeza y un tono de piel café que la hacían lucir realmente grotesca. La miramos fijamente antes de que comience a moverse sobre su base, convulsivamente, al tiempo que poco a poco va regresando al mar hasta volver a perderse. Saco mi cámara y comienzo a tomarle fotos mientras se aleja. Fotos imposibles que la siguen hasta kilómetros alejados de la costa, fotos submarinas en que nada entre focas y otros peces. Hasta que se pierde por completo en el horizonte.
Corro hacia mi madre que se encuentra sentada en otro lado del muelle, platicando con alguien más, quiero mostrarle las fotos pero ella parece poco dispuesta a querer verlas.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Piel de astracán" de Maga.