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26.1.09

.sueños atrasados. .21.01.09.

Caminamos por la orilla de la playa. Hay un desnivel pronunciado de arena antes de llegar hacia el mar. Me siento traicionada por el aparato en el que me muevo, como si mis piernas fueran inútiles y una complicada estructura de metal tuviera que reemplazar su función. Miro todo desde lo alto y tengo la sensación de que otras personas se mueven detrás de mí, pero no volteo a verlas. El día es gris.
Me bajo y no quiero saber nada más del mar. Entro en un pequeño sitio, cuyas paredes son casi en su totalidad de cristal. Lili se encuentra dentro y detrás de mí entra un hombre vistiendo un traje rojo tornasol que le queda un poco grande. Lili toca la tela, es muy suave y muy floja como para ser un traje. Le dice que ella tiene un vestido del mismo color, pero mira la tela casi con tristeza.
Quizá suceden otras cosas que no recuerdo. Entonces despierto.




En mis sueños suena "Aviones plateados" de El Último de la Fila.

10.1.09

.sueños atrasados. .07.01.09.

Estaba de nuevo en la isla, volvía a ser de nueva una adolescente. Me encontraba devuelta a aquellos años a la vez que los cargaba encima. Salía del teatro de la ciudad como si hubiera salido de una clase. Me encontraba por el estacionamiento cerca del parque central y la tarde comenzaba a caer. Todo lucía abandonado y ya sólo quedábamos Mariana y yo ahí afuera. Hacía mucho frío. Mariana fumaba un cigarro mientras platicábamos y yo sostenía unos libros. Entonces ella me decía que ya tenía que irse y que pediría un taxi. Me ofrezco a acompañarla unas cuadras y luego continuaría caminando hasta casa de Ian que vivía cerca de ahí. Era como si las calles después del centro continuaran creciendo hasta su casa.
Antes de subirme al taxi le preguntaba si estaba bien mi atuendo, me sentía preocupada por cómo me vería Ian. Llevaba un vestido negro muy corto, una mezcla entre vestido formal y vestido de playa. Era lindo, pero yo me sentía nerviosa de que la falda pudiera lucir muy corta. Mariana me decía que no, que estaba bien. Yo trataba de jalarlo para conseguir que bajara un poco más y era como si jalara más tela que se encontraba debajo. Como si la falda tuviera otra debajo en color azul deslavado que queda más larga que la tela negra. Sentía como si mi cuerpo, de la cintura para abajo, fuese un terreno enorme donde podría encontrar telas y telas saliendo, como del sombrero de un mago.
Mariana detenía un taxi y me subía con ella. Avanzábamos por calles muy grandes y en la esquina le decía al taxi que me bajaba pero él no se detenía. Seguía insistiéndole y él decía que lo haría, pero continuaba avanzando. Comenzábamos a discutir, a agredirnos verbalmente, hasta que por fin se detenía pasadas varias calles. Él decía que se detendría sólo cuando fuera el momento y yo le respondía que, claro, el momento sería muchas cuadras después de que uno debiera bajarse. No me despedía de Mariana y comenzaba a avanzar por las pequeñas calles que llevaban al centro de la ciudad. Le llamaba por teléfono a Ian para preguntarle si me estaba esperando y me imaginaba su casa como una pequeña casa caribeña y él me decía que sí y me sentía como una adolescente de nuevo al escuchar su voz.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Our last summer" de Abba.