Mostrando entradas con la etiqueta locura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta locura. Mostrar todas las entradas

20.11.08

.sueños. .20.11.08.

Todas las paredes del departamento son de azulejos verdes. Paredes altas, como si fueran lo único que se encontrara ahí. Camino por entre pasillos, como si los cuartos no fueran si no vagas conexiones entre estos. Pasillos estrechos que no llevan si no a otros pasillos. Siento que estoy perdida, que llevo mucho tiempo atravesando de un lugar a otro, como si tuviera qué hacerlo pero sin saber por qué, moviendo cajas de un sitio a otro aunque todo sigue luciendo vacío. En algún momento me doy cuenta de que hay alguien detrás de mí, una voz hablándome a mis espaldas mientras yo realizo todos los movimientos sin voltear a verla. Parece contarme algo, decirme algo, pero sin esperar mi respuesta, sabiendo que finalmente lo escucho aunque no pueda hacer más que eso. Sigo perdida y tardo demasiado tiempo para en el cambio de un cuarto-conexión puedo mirarlo de frente, mientras también parece acomodar cajas de contenido desconocido. Es Beto, luce mucho más delgado, más pequeño que la última vez que nos vimos, y me habla con la naturalidad del tiempo que no ha pasado. Lo miro fijamente, detenida, mientras ahora él es quien parece ignorarme y no verme, aunque continue hablándome de cosas que, ahora me doy cuenta, no me interesan. Tardo más tiempo en entender quién es, con toda la dimensionalidad que podría representar, tardo en preguntarme porqué está ahí y porqué me habla. Cuando me doy cuenta del sinsentido de su presencia lo delato, le pregunto qué hace ahí y sin esperar respuesta le pido que se vaya. Parece como si su farsa hubiese sido descubierta, como si esperara de mi memoria que borrara ciertos momentos que ahora son demasiado claros. Se detiene un poco buscando algo qué decir pero vuelvo a decirle que se vaya, que no quiero escucharlo más y lo orillo hacia el pasillo por el cuál llegamos. Él se va por el pasillo pero no puedo mirarlo, como si me mantuviera al borde, dentro del cuarto. Escucho un ruido de alguien que camina apresuradamente por el pasillo en mi dirección y entonces entra un niño que salta lúdicamente mientras parece tatarear muy suavemente alguna canción que no entiendo. Lo miro extrañada, a veces está ahí y a veces no, como si parpadeara pero lo único que desapareciera fuera él, intermitentemente. Sé que está muerto, que lleva tiempo dando vueltas por estos pasillos y siempre espero no encontrármelo. Sé también que Beto se detuvo en el pasillo cuando el niño pasó, y, sin mirar dentro del pasillo, le digo que se lo lleve con él. Lo intenta pero no puede, escucho al niño escurrirse por sus manos mientras sigue saltando y desapareciendo. Regresa al cuarto, parece que tuviera un globo o una pelota roja en sus manos, entonces puedo escuchar su canción suave que sólo repite una tras otra vez: estás loca.
Entonces despierto.




En mis sueños suena "La nena monstruo" de Árbol.

15.9.08

.sueños. .15.09.08.

Estoy detenida junto a unas mallas metálicas, endebles, viejas. De mi lado, una calle larga y abandonada, del otro un terreno baldío de arena y charcos. En el terreno baldío se levanta un circo improvisado, cuyas carpas oscuras y viejas apenas pueden mantenerse de pie con formas irregulares y equívocas. Los espacios se continuan unos a otros, como un laberinto de telas deterioradas. Todos lucen demasiado pequeños y de contenidos dudosos. Delante de todos ellos, sin poder adivinarse las entradas, en unas mesas metálicas se encuentran algunas personas vendiendo los boletos. Algunos de ellos son enanos. Pocas personas parecen querer acercarse y el lugar no deja de lucir abandonado. Yo entro y me acerco a una de las mesas, hay tres funciones en el día y yo compro para la más tarde. No tengo nada más qué hacer pero parece ser la mejor opción esperar hasta entonces. Compro dos boletos y salgo.
Afuera, un grupo de personas de ropas oscuras, una especie de vagabundos, se recuestan contra las mallas, sentados en el suelo, uno junto al otro. Me recuesto yo también, más cercana a la entrada del circo que a ellos, sin sentarme por completo en el suelo. Ian llega y se coloca junto a mí, de pie, como si hubiese estado ahí desde antes, como si fuese por él por quien yo me hubiese quedado. Los hombres hablan un poco del circo, de los fenómenos que se exhiben en él, de manera poco clara y que no deja adivinar lo que verdaderamente se esconde detrás de esas carpas. La tarde parece que se acerca a morir y todo tiene una sensación de arenoso, de cálido detenido. De pronto empiezan a hablar de la reina y dicen que está loca, pero la mención de ello contiene una carga semántica inentendible, una composición compleja de toda su estructura mental que no acabo a entender. Sólo puedo imaginármela, elegantemente vestida de rosa. Ian habla con ellos y cuando yo pregunto evidencio lo alejada que estoy de la conversación. Ian me dice que ya me lo había contado, que habíamos hablado de lo mismo algunos días antes, pero yo no lo recuerdo.
Entonces el sueño cambia. Estoy saliendo de la escuela y voy camino a la casa. Llevo una enorme mochila negra cuyo contenido deforma su visión normal, aunque no termina por ser pesada. El camino a la casa parece un laberinto de calles cerradas, de pasillos de restaurantes y casas que se conectan unos a otros. Todo luce alumbrado por luces beige y yo tengo una extraña prisa por llegar. El camino se va llenando de obstáculos y cada vez me cuesta más avanzar rápidamente. Llegando a un sitio con mesas metálicas y blancas un chico se pone de pie y me saluda, lo veo fijamente, sonrío un poco pero sigo de largo. Entonces escucho su voz diciendo "no sabes quien soy, ¿verdad?" y volteo de nuevo a verlo. Fijamente. No sé quién es, me dice que así he ido olvidando poco a poco a las personas que antes conocía. Como si todo mi mundo anterior se hubiese ido borrando poco a poco. Una chica llega y habla con él, parece que discuten pero se van llenando de gestos, levantando la voz, convirtiéndose en otros. Aprovecho el momento y me voy, inquieta. Llego finalmente hasta mi casa, que es la casa de mi abuela. Con su antigua puerta demasiado blanca. Entro y veo a Dulce arreglando algo. Los espacios parecen más amplios y a pesar de todos los lugares ocultos estoy segura de que es la única que está en la casa. Me dice que debemos hacer algo, algo que no recuerdo.
Más cosas suceden que olvido, entonces despierto.




En mi sueño suena "Mientras no cueste trabajo" de Melendi.