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26.1.09

.sueños atrasados. .21.01.09.

Caminamos por la orilla de la playa. Hay un desnivel pronunciado de arena antes de llegar hacia el mar. Me siento traicionada por el aparato en el que me muevo, como si mis piernas fueran inútiles y una complicada estructura de metal tuviera que reemplazar su función. Miro todo desde lo alto y tengo la sensación de que otras personas se mueven detrás de mí, pero no volteo a verlas. El día es gris.
Me bajo y no quiero saber nada más del mar. Entro en un pequeño sitio, cuyas paredes son casi en su totalidad de cristal. Lili se encuentra dentro y detrás de mí entra un hombre vistiendo un traje rojo tornasol que le queda un poco grande. Lili toca la tela, es muy suave y muy floja como para ser un traje. Le dice que ella tiene un vestido del mismo color, pero mira la tela casi con tristeza.
Quizá suceden otras cosas que no recuerdo. Entonces despierto.




En mis sueños suena "Aviones plateados" de El Último de la Fila.

22.10.08

.sueños atrasados. .21.10.08.

Paso de un objeto a otro, en eterno viaje, estoy alejándome siempre, avanzando siempre, como si las cosas se movieran vertiginosamente ajenas a mí. Entonces estoy sobre un barco que lentamente comienza a hundirse, sin dejar de avanzar, y yo voy recorriéndome hacia las zonas que se mantengan por encima del año hasta que finalmente no es más que un escalón y justo se acerca a un pueblo poblado de otras naves antes de desaparecer. El atardecer es malva, morado, caramelo.
Después del improsivado muelle de madera hay arena. Cercana comienza a nacer la ciudad, un sitio viejo, lleno de arena y casas casi artesanales. Parece un espejismo de paso, una ciudad perdida en la más vieja tradición de nuestras tierras. Comienzo a avanzar por callejuelas, pasos a desnivel, mercados, laberintos de calles pequeñas. Todo está lleno de gente que pasa, rápida y lenta a la vez, que desaparecen detrás de las esquinas con un dejo de incienso y copal. Toda la ciudad está celebrando las fechas de muertos, todo es una gran alegoría de la celebración.
Yo tomo fotos de todo lo que voy viendo, apresuradamente, siento que voy corriendo y subiendo de nivel, bajando, como si la ciudad se me presentara como un esquema lineal pero que es recorrido de forma compleja. En un punto me encuentro pasando por un puente peatonal que se alza sobre una calle principal a pesar de ser demasiado angosta. Por la calle, apretándose contra las paredes blancas, pasa un desfile de personas disfrazadas representando la tradición desde los vestigios más propios del folklore hasta las típicas alusiones al halloween. Veo un grupo de personas vestidas de calabazas que bailan al ritmo de la música, trato de tomarles fotos pero siempre salen mal, con demasiado acercamiento, fuera de marco, desenfocadas. Tomo varias pero no resulta, sé que todas las fotos anteriores han sido también así, me molesta pero me conformo con haberlas tomado.
Aparece mi padre detrás de mí y me dice que ya nos vayamos, que tenemos que continuar. Camino con él hasta el final del puente, al bajar nos encontramos de nuevo en la playa, pero con la sensación de encontrarnos del lado opuesto de la costa inicial. En toda la playa, dibujada con altas y suaves dunas, sólo se encuentra una mujer, mirando al mar. Parece terriblemente lejana aunque no lo está, mira al sol que parece demasiado cercano mientras se oculta, generando mil colores distintos. Trato de tomarle una foto pero ella se da cuenta y se esconde detrás de una duna, yo pretendo entonces sólo capturar el paisaje e irnos, pero la mujer corre hacia nosotros. Parece molesta por que le haya tomado la foto, comienza a gritar y quejarse pero yo sólo la ignoro, mi padre habla con ella hasta que parece calmarse y se queda sentada junto al puente. Es su hermana, él me dice si debería regalarle una cámara. Yo estoy molesta por su actitud y le respondo que de nada le serviría tener una cámara, que es inútil dársela. Nos internamos de nuevo en la ciudad.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "No" de Shakira.

8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.

30.9.08

.sueños atrasados. .29.09.08.

Parece un viaje largo pero no sé a dónde nos dirigimos. Voy en un coche pequeño, sin mirar a quien conduce, y puedo notar cómo delante de nosotros una línea espacia de otros automóviles nos van guiando hacia nuestro destino. Van suficientemente lejos como para no distinguir las figuras dentro.
Avanzamos sobre la arena, junto a nosotros un cuerpo de agua parece no terminar de decidirse entre ser mar o laguna. Del otro lado un habitat tropical apenas si asoma por sobre enormes montes de arena. Mi mente va perdida, no me doy cuenta en el momento en que entramos directamente al agua. Es un retorno a mis viejas pesadillas infantiles, en que siempre caíamos al agua, el coche se hundía y, claro, pesadilla al fin y al cabo, las puertas no podían abrirse. Me asusto mirando como el agua sube alrededor del coche que no deja de avanzar, pero veo que delante de nosotros los coches se internan en la enormidad de ese cuerpo húmedo, y quien va conduciendo me dice que nada pasará. Seguimos avanzando, veo como una pequeña capa de agua comienza a entrar al coche como si mi ventana estuviera abierta y el agua apenas si alcanzara a rozarla.
Cambio de sueño como si me hubiese bajado del auto antes de entrar al agua. Me encuentro de pie en la arena, el habitat se ha vuelto una suerte de manglar enterrado en tierra, sobresaliendo azarosamente en mi camino. Avanzo, como si tuviese que llegar a alguna parte, como si me hubiese alejado y tuviera que volver. En el camino me encuentro con Eduardo, apenas viste unos boxers de playa oscuros y se une a mí en el camino sin decir nada. Su torso desnudo parece irse transformando conforme avanzamos, como si sus músculos, su piel, respondieran a designios propios más allá de su constitución anatómica. Llegamos a un pequeño descanso arenoso entre varias raíces altas de árboles tropicales. Me ayuda a subir y nos sentamos por un momento. Yo no quisiera hablar así que él comienza a hacerlo, como si estuviera contando un cuento. Me pregunta por qué no puedo perdornarlo y le digo que sencillamente no puedo, que jamás nos perdonaremos. Se abraza a sí mismo en posición fetal y comienza a llorar, pero como si el llanto fuese tan solo una vibración leve pero errática de su mismo cuerpo. No puedo verle la cara entonces y no se escuchan sollozos. Continuo mi camino dejándolo solo.
El resto del sueño transcurre en otros sitios, en calles, en lugares oscuros. Pero hasta donde puedo precisar estaba en esa playa, con el sol brillante que no alcanzaba a quemarnos. Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Verano traidor" de Vilma Palma e Vampiros.

17.9.08

.sueños. .17.09.08.

Voy al restaurante donde trabaja Daniel. Tengo la sensación de que fue él quien me habló y me dijo que fuera. Llego y aunque el sol parece estar en el momento más caluroso del día, aún no han abierto. Entro y los veo acomodando las sillas, levantan los techos, moviéndolo todo. Él se encuentra poniendo las mesas, paso junto a él pero no lo saludo, pretendo que no es a él a quien voy a ver. Me acerco hasta la barra y veo al chico que se encuentra detrás de ella, como si fuese a él a quien busco pero de todos modos no le hablo, ni a él parece importarle demasiado que me encuentre allá, sencillamente mirándolo. Todo el suelo del lugar es de arena, y en lugar de encontrarse todo debajo de una única palabra, comienzan a levantarse una superposición de techos, como si todos hubieran estado replegados, se alzan a distintas alturas de distintos materiales. El más bajo de ellos pareciera haber sido la cubierta anterior del bar, en tono azul, como si lo hubiesen apenas levantado y quedara ligeramente por encima de mi cabeza. Daniel sigue sacando cosas del almacén, como si no dejaran nada en su lugar la noche anterior. Cuando pasa junto a mí me revuelve el cabello, a modo de saludo, en su presencia puedo sentir que va a decirme algo aunque yo pretenda que no me importa. Lleva su camisa rosa de The Killers.
Seguro que suceden más cosas, pero no las recuerdo, eventualmente despierto.




En mi sueño suena "No me arrepiento" de Coti.

16.9.08

.sueños. .16.09.08.

Me encuentro en el patio de mi vieja secundaria. La arena está húmeda, el día es gris. Alrededor de mí se encuentra toda mi generación, diseminada alrededor de toda la cancha. Todos vestimos de blanco.
Alguien, dirigiéndonos, nos dice que nos juntemos hacia atrás. Retrocedemos acercándonos hacia la zona de concreto, pero no entramos. Algunos tienen una especie de papiro blanco en las manos, deben juntarse con alguien más que no tenga uno y formar duplas. Al retroceder quedo cerca de Enrique, él tiene un papiro en sus manos. Nos miramos, pero entonces David se interpone entre nosotros y toma a la vez el papiro que sosteniera en sus manos. Yo no necesito participar, cuando nos avisan que el juego inicia y todos comienzan a correr yo me quedo en mi lugar, viendo como todos corren alrededor del campo. No entiendo la dinámica del juego.
Suena la alarma y el tiempo termina. Regresamos a la zona de cemento y nos formamos, pero somos los únicos allá. Entramos hacia los salones, nos sentamos como antes en los viejos escritorios de madera oscura. Me siento confundida por un momento, como si no supiera donde debo de sentarme, lo dudo mucho antes de decidirme por un lugar casi al final de una de las filas. El murmullo es extraño, claro pero demasiado suave. El profesor entra, es Víctor. Todo luce demasiado vacío. Comienza a hacer preguntas, sin más, ni siquiera estoy seguro de qué tema habla. Llama a Lourdes y ella se pone de pie, está delante de mí. Comienza a recitar la respuesta, de manera muy segura pero entonces Víctor reitera preguntas, instiga, hasta que ella comienza a dudar y sentirse atrapada. Sigue respondiendo pero está llorando. Yo la miro y miro a todos, callados, pienso en cómo han pasado tantos años y regresamos ahí y seguimos siendo unos niños.
Deben suceder muchas más cosas, pero eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Casa sin puertas" de Fernando Delgadillo.

15.9.08

.sueños. .15.09.08.

Estoy detenida junto a unas mallas metálicas, endebles, viejas. De mi lado, una calle larga y abandonada, del otro un terreno baldío de arena y charcos. En el terreno baldío se levanta un circo improvisado, cuyas carpas oscuras y viejas apenas pueden mantenerse de pie con formas irregulares y equívocas. Los espacios se continuan unos a otros, como un laberinto de telas deterioradas. Todos lucen demasiado pequeños y de contenidos dudosos. Delante de todos ellos, sin poder adivinarse las entradas, en unas mesas metálicas se encuentran algunas personas vendiendo los boletos. Algunos de ellos son enanos. Pocas personas parecen querer acercarse y el lugar no deja de lucir abandonado. Yo entro y me acerco a una de las mesas, hay tres funciones en el día y yo compro para la más tarde. No tengo nada más qué hacer pero parece ser la mejor opción esperar hasta entonces. Compro dos boletos y salgo.
Afuera, un grupo de personas de ropas oscuras, una especie de vagabundos, se recuestan contra las mallas, sentados en el suelo, uno junto al otro. Me recuesto yo también, más cercana a la entrada del circo que a ellos, sin sentarme por completo en el suelo. Ian llega y se coloca junto a mí, de pie, como si hubiese estado ahí desde antes, como si fuese por él por quien yo me hubiese quedado. Los hombres hablan un poco del circo, de los fenómenos que se exhiben en él, de manera poco clara y que no deja adivinar lo que verdaderamente se esconde detrás de esas carpas. La tarde parece que se acerca a morir y todo tiene una sensación de arenoso, de cálido detenido. De pronto empiezan a hablar de la reina y dicen que está loca, pero la mención de ello contiene una carga semántica inentendible, una composición compleja de toda su estructura mental que no acabo a entender. Sólo puedo imaginármela, elegantemente vestida de rosa. Ian habla con ellos y cuando yo pregunto evidencio lo alejada que estoy de la conversación. Ian me dice que ya me lo había contado, que habíamos hablado de lo mismo algunos días antes, pero yo no lo recuerdo.
Entonces el sueño cambia. Estoy saliendo de la escuela y voy camino a la casa. Llevo una enorme mochila negra cuyo contenido deforma su visión normal, aunque no termina por ser pesada. El camino a la casa parece un laberinto de calles cerradas, de pasillos de restaurantes y casas que se conectan unos a otros. Todo luce alumbrado por luces beige y yo tengo una extraña prisa por llegar. El camino se va llenando de obstáculos y cada vez me cuesta más avanzar rápidamente. Llegando a un sitio con mesas metálicas y blancas un chico se pone de pie y me saluda, lo veo fijamente, sonrío un poco pero sigo de largo. Entonces escucho su voz diciendo "no sabes quien soy, ¿verdad?" y volteo de nuevo a verlo. Fijamente. No sé quién es, me dice que así he ido olvidando poco a poco a las personas que antes conocía. Como si todo mi mundo anterior se hubiese ido borrando poco a poco. Una chica llega y habla con él, parece que discuten pero se van llenando de gestos, levantando la voz, convirtiéndose en otros. Aprovecho el momento y me voy, inquieta. Llego finalmente hasta mi casa, que es la casa de mi abuela. Con su antigua puerta demasiado blanca. Entro y veo a Dulce arreglando algo. Los espacios parecen más amplios y a pesar de todos los lugares ocultos estoy segura de que es la única que está en la casa. Me dice que debemos hacer algo, algo que no recuerdo.
Más cosas suceden que olvido, entonces despierto.




En mi sueño suena "Mientras no cueste trabajo" de Melendi.