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6.12.08

.destello de sueños. .04.12.08.

Avanzamos por las calles cercanas a su casa, como si buscáramos algo. Parece una salida informal y apenas si hablamos entre nosotros. Aunque escucho atrás de mí la voz de Alejandra, aunque no sé con quién habla. Voy casi al frente y él junto a mí, sin que me de cuenta me toma de la mano, como si ambas manos tomadas fueran agua de los charcos bajo nosotros. Noto la mirada de Alejandra sobre mí pero no me suelto, en ese momento no me importa. Casi llegamos a la avenida.




En mi sueño suena "Radio actividad radial" de Andrés Calamaro.

25.10.08

.sueños atrasados. .25.10.08.

El tiempo en la isla siempre corre a un ritmo distinto. Yo no estoy exactamente ahí, pero tampoco en ninguna otra parte. Manejo un automóvil por algún rumbo idefinido: no miro hacia la carretera, miro hacia dentro. Hasta que la voz de Erika interrumpe mis ensoñaciones y me trae de vuelta. Tengo un compromiso que había olvidado, tengo que abandonar a mis desconocidos acompañantes y cambiar el rumbo, regresar a mi primaria. Es un día húmedo y la arena del patio, donde me estaciono, está mojada. Todo parece extrañamente vivo, aunque no se vean demasiadas personas en el lugar. Erika ya se encuentra esperándome en las canchas de basquet cuando yo llego hasta ella. Me siento feliz y voy cantando 'tropical dreams' de el Guisante Mágico y bailándola cuando llega hasta ella que me mira extrañada. No me dice nada y vamos caminando hacia la biblioteca, nos topamos con personas que parecen perdidas, la mayoría en grupo, a mí me causa una especie de gracia el mirarlo confundidos. Avanzo rápidamente hacia la biblioteca, la puerta está abierta y dentro puedo mirar una maqueta enorme, a modo de flor extraña cuyos pétalos se conforman por máscaras de yeso. Es completamente blanca. No me dijo que el piso junto a las escaleras está aún húmedo y me resbalo y caigo antes de poder subir, chocando contra la pared. Erika me mira preocupada pero yo no puedo dejar de reirme por mi torpe descuido.
El sueño cambia, estamos en un lugar enorme, con un escenario y un par de niveles. En el primero, el más cercano y más abajo, donde nos encontramos, hay muchas sillas metálicas y pequeñas dispuestas. Del techo cuelgan pancartas y diversos adornos, todo luce amplio y por los espacios abiertos entra un fuerte sol. Es un concierto de la Bersuit y en la música de fondo suena la canción de ellos de 'el viejo de arriba'. Hay mucha gente y siento que me he perdido de las personas con las que iba originalmente. Siento como si estuviéramos en América Latina, pero todas las personas que se encuentran en el público son conocidos. Llego junto a Mayra, después de vagar un rato, parece que está sola. Me cuenta sobre un proyecto que está llevando en la universidad sobre un automóvil. Me habla sobre los colores y el modo en que las agencias los manejan, de modo que si quisieras un coche de un color que la agencia no maneje, te costaría extra porque tendría que comprar los derechos sobre el color o emularlo vagamente. Mientras me lo cuenta imagino pequeñas cascadas de colores acrílicos que se derraman unos sobre otros. Pienso en lo poco práctico que es eso y en que debería pintar mi coche. Lo imagino de verde principalmente.
Alejandra aparece entonces, como si apenas me hubiera encontrado. Me platica sobre una reseña que leyó sobre el último concierto de Calamaro, que fue enorme. Mientras me cuenta lo que pasó miro que, precisamente, una de las pancartas que penden del techo tiene una fotografía de Calamaro. Me dice que fue un evento gigante, y yo me imaginaba una especie de escenario al aire libre donde convergía el escenario con otras secciones mercantiles o de servicios. Lo narraba con extremo detalle, como si hubiera estado ahí. Me decía entonces que Raúl había ido, que le había contado que incluso había comprado un souvenir, un pequeño peluche. Entonces yo sabía que el concierto había sido en Puerto Rico, y no me sorprendía enterarme que a Raúl le gustara esa música. Lo buscaba entonces entre la gente y lo encontraba, unas filas adelante, también solo, le preguntaba por el concierto y me lo contaba vagamente, como si comenzara a olvidarlo o le restara importancia. Le preguntaba por el peluche y me decía que sí, había comprado uno, y me lo daba entonces. Era un pequeño leon con una camisa del cantante argentino. Lo miraba fijamente, como si no supiera si me lo mostraba únicamente o me lo estaba regalando.
Un inoportuno despertador irrumpe mi sueño y entonces despierto.




En mi sueño suena "No te bancaste" de Andrés Calamaro.

11.10.08

.sueños. .11.10.08.

Venía con Alejandra en su camioneta, atravesando la calle que se encuentra detrás de la universidad. Era de noche, como si acabáramos de salir de algún sitio cercano pero al mismo tiempo se sentía como esos largos viajes en que a uno lo sorprende la noche sin llegar a su destino. Hablábamos en voz baja y nuestras palabras se confundían con la música, sin voz, que inundaba el espacio dentro del automóvil.
En algún momento, pasando frente a una casa vieja que tiene una larga entrada llena de árboles, vimos como en el carril contrario venía en nuestra dirección Dulce en su carro. Yo no me fijaba en el detalle hasta que Alejandra me hacía ver que, finalmente y contra todos nuestros consejos, Dulce venía manejando. Yo veía entonces que Lili venía en el asiento del copiloto y en lugar de mirar hacia el camino miraba fija pero tranquilamente a Dulce. Por la expresión de ésta y por los movimientos del volante parecía como si estuviese conduciendo a gran velocidad, pero en realidad apenas si el coche avanzaba suavemente por el camino. Lili no parecía alarmada, y deducíamos una discusión en la cuál Dulce se negó a cederle el control del coche sin demasiada protesta por parte de Lili. No volteaban a vernos siquiera y se perdían después de pasar junto a nosotros. Alejandra me comentaba, un poco molesta, lo peligroso que era que estuviera manejando. Yo no reparaba en pensar qué hacían ellas conduciendo desde la dirección contraria, de dónde venían y hacia dónde iban.
Alejandra volvía a la plática silenciosa pero yo no hablaba más, me daba cuenta entonces que la calle estaba sola, que no había nadie caminando y que el de Dulce había sido el único carro con el que nos habíamos encontrado, que las farolas estaban apagadas y que todas las luces parecían haberse apagado también, aunque una cierta luminosidad tenue y sepia caía sobre todos los objetos a nuestro alrededor. Continuábamos en el camino, en dirección opuesta a la casa.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Volve a casa" de No Te Va A Gustar.

17.9.08

.sueños a la siesta. .17.09.08.

Alejandra me llama por teléfono para preguntarme si no iré a clases. Le respondo que no, que no me siento con ganas. Al poco rato llaman a la puerta y voy a abrir y es ella. No sé si viene porque quiera saber cómo estoy o porque decidió de últimomento que tampoco quería ir a clases. Nos sentamos en los sillones de la sala, que son tres y son azules, platicamos. Entonces me llega un mensaje de Dulce con la misma pregunta y respondo de igual modo, al poco tiempo ella también llega y terminamos las tres sentadas sin más.
Tenemos algo más qué hacer, me dicen que ya es hora de que nos vayamos. Les digo que me esperen un momento, que tengo que ir a ver unas cosas antes. Paso por el cuarto y continuo hacia la habitación de mi hermano, que es la misma que tenía en la casa donde vivíamos cuando éramos pequeños. Le pregunto algo vanal, que quizá no viene a caso, me responde y me dice también que tome mis libros. No sé de qué libros me habla y entonces se levanta hacia el librero y me da un libro de pasta roja, con imágenes amarillas, el nombre del autor suena alemán aunque lo asocio mentalmente con Pirandello. Lo miro sorprendida y me pregunto cómo pude haber olvidado ese libro, siendo tan bueno, aunque al hojear la edición me parece completamente desconocida. Pero mi hermano insiste en que es mío. Me pregunta si ya he leído otro libro relacionado con espirales y le respondo que no, entonces saca una tomo grueso, con ese aire de bestseller norteamericano, en la portada la foto de un jardín cuyas nubes van cambiando de forma hasta formar un espiral casi morado. Me dice que es excelente, que me lo lleve, yo sólo miro el espiral y le pregunto si así se llama. Entonces el señala, más abajo, el título: "Los dos milagros".
Regreso al cuarto y les digo a las chicas que nos vayamos. Salimos a una calle que luce inglesa. Nos damos cuenta entonces que ninguna ha traído su carro y nos preguntamos qué hacer. Les digo que me parece que en la esquina hay una especie de transporte. Camino hacia una tienda cuya fachada está cubierta de ladrillos rojos y solo tiene algunas ventanas para mirar hacia el interior. Ahí venden toda clase de objetos relacionados con osos, aunque el lugar parece más un sitio de comida. Tiene un letrero que anuncia que para evitar la contaminación tienen un vehículo que sale cada cierto tiempo hacia donde los pasajeros necesiten ir. Pero el lugar luce cerrado.
Regreso con ellas justo cuando Gabriel pasa por la calle, manejando un jeep. Se detiene y nos regaña por no haber ido a clases, pero se ofrece a llevarnos a donde necesitamos. Me subo en el asiento del copiloto y ellas dos atrás, aunque de pronto también está Lili entre ellas. El viaje es confuso, entre zonas de viviendas y largos tramos de caminos verdes. Vamos platicando, algo relacionado con nuestro destino o con los libros. Pareciera que hay mucho ruido, no recuerdo las primeras partes de la conversación. Le preguntan a Gabriel por su madre, el comenta, de modo casi irónico, que sufrió un ataque al corazón. Me río y le digo que no tiene corazón por hablar así, me responde que no, que es su modo de preocuparse. Como si la solemnidad fuese algo completamente ajeno a él.
Estoy bebiendo café frío que pasamos a comprar, el me pide si puede tomar un poco y se lo doy. Al devolvérmelo le doy un sorbo y digo que le falta azúcar. Me dice que no, que el azúcar no remediará nada porque el café sabe malo, sin más.
De pronto atrás comienzan a hablar por su lado y Gabriel me dice que va a contarme una pesadilla que tuvo. Vamos atravesando una aparentemente interminable zona verde. Me dice que en su sueño iba a una posada con un hombre que conoció pero que ya está muerto. Era un hombre rubio, muy bajo. Era sencillamente un conocido pero iban juntos a una posada, casi podía imaginarme el sitio con una fachada roja y con aire claustrofóbico. Al igual que él, las demás personas en la posada eran simples conocidos o en algunos casos ni siquiera eso. La pesadilla residía ahí: una celebración con un conjunto de personas que no se importan para nada entre sí.
El mensaje de Dulce de "¿no vendrás a clase?" me despierta con un suave sensación de deja-vu.




En mi sueño suena "Hoy me dejaré" de Carlos Ann.

31.7.08

.sueños atrasados. .27.07.08.

La playa era clara y daba la idea de que las casas se organizaban justamente hasta donde llegaban las olas. Yo no podía ver las demás casas, en realidad, me encontraba de frente a un restaurante debajo de una gran palapa. Todo lucía blanco, una barda de piedra gruesa y blanca bordeaba la primera zona, y a lo lejos podía ver unas pequeñas escaleras que conducían a otro salón que desconocía. No había nadie, todavía, las mesas estaban vacías y ni siquiera se veía algún mesero rondando. Llegarían, el sol estaba en su punto y una suave brisa daba el toque adecuado al lugar. Estaba esperando a alguien, pero lo esperaba para alejarme con él, o con ellos.
Yo caminaba por la barda de piedra, bordeando el lugar, mirando únicamente mis pies y el lugar comenzaba a llenarse de gente y gente que yo jamás miraba a la cara. Sus voces eran murmullos que componían un ruido suave, como de grillos. A veces el agua de las olas crecía, como una marea extraña y llegaba al lugar hasta superar las bardas y comenzar a inundarlo todo. Nadie se movía, todo quedaba cubierto por un mar frío de agua cristalina que parecería dulce. Entonces del mismo modo, se alejaba.
A punto de irme descubría que había olvidado mi celular en alguna parte y recordaba haberlo dejado en una de las esquinas, caminaba de vuelta hacia él y estaba cuidadosamente colocado en medio de la barca. Pequeño y negro. Lo recogía y me disponía a irme aunque no había concluido mi espera.
Entonces entraba Alejandra en el lugar, vestida elegante pero tropicalmente, acompañada de un par de amigas que entraban directamente sin voltear a ver a nadie más hasta atravesar las escaleras hacia el fondo. Alejandra se detenía al verme, yo ya me encontraba en la entrada, y me recordaba que habíamos quedado de hacer algo en unos días. Yo le preguntaba entonces si ya había inscrito las materias del próximo semestre y ella me respondía que no, que se había cambiado al TEC y a la carrera de comunicaciones, ambiguamente comentaba que este semestre no metería ninguna materia. Yo lo recordaba y entonces no me sorprendía, sentía que todos habían abandonado ya y era completamente natural. Me recordaba de nuevo nuestra cita y se alejaba hasta las escaleras del fondo. La marea comenzaba a subir de nuevo. Yo me alejaba entonces caminando por el borde de los demás lugares a la orilla.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Me gustas cuando callas" de Brazilian Girls.