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26.1.09

.sueños. .25.01.09.

Hay un largo recorrido laberíntico. No me siento perseguida: tengo que llegar a algún sitio. Atravesamos casas viejas, pisos de lozas blancas y verdes. Paredes que se van cayendo, techos altos. Todo a media oscuridad. Todo encerrado y todo viejo. Pero siento que debo correr, que para después será demasiado tarde. Mi hermana corre detrás de mí todo el tiempo, no decimos nada, no es una competencia pero siento que debo llegar antes que ella. Adelante siempre luce más oscuro.
Al llegar a la última sala hay un mantel blanco en el suelo, en medio de una habitación sin más muebles. Sobre el mantel se encuentran dos pequeñas cunas a nivel del suelo. Como pequeñas cajas oscuras. Me siento en el suelo y detrás de mí mi hermana repite mis actos, espalda contra espalda. Tomo al bebé que está en la cuna frente a mí, lo abrazo. Ya no es una bebé, es una muñeca. Una muñeca vieja, fea, sin ropa, únicamente con el cuerpo de peluche blanco, los ojos azules muy abiertos y casi despintados, el cabello rubio sucio revuelto y escaso. La muñeca me mira, y yo me siento culpable de pensarla fea, de saberla fea. Después será demasiado tarde. Tomo un biberón y comienzo a alimentarla, la leche se cae por entre sus pequeños labios de plástico.
Entonces despierto.



En mis sueños suena "Prison song" de System of a Down.

31.10.08

.sueños atrasados. .30.10.08.

Me encuentro sentada en un parque cuadrado. Parece un espacio cerrado, donde la vegetación se encuentra hacia las afueras mientras en las esquinas aparecen bancas de concreto y metal. Me encuentro sentada en una esquina leyendo, junto a mí hay dos personas más, una especie de compañeros que platican a su vez con otras personas que se encuentran fuera del espacio. Cada uno ocupa una banca distinta y tiene una bolsa con sus cosas.
Hay tres hombres que dan una vuelta tras otra al especio cerrado, acercándose hacia los bordes. Yo los miro pasar una y otra vez, como si fueran los tres el mismo y como si no se cansaran de su inútil labor. Los tres visten de negro con ropas deportivas. No me dejan concentrarme en mi lectura y siempre que van a acercarse tengo que levantar la vista del libro para concentrarme en ellos.
Mis acompañantes, en un punto, se levantan y se inclinan sobre las jardineras para poder hablar mejor con las personas de fuera y dejan sus cosas en las bancas. Entonces tengo la sensación de que somos los únicos en un terreno enorme y casi desolado. La siguiente vez que pasan los hombres corriendo toman las dos bolsas de ellos y se dan a la fuga. Una fuga cíclica porque continuan corriendo en círculos pero ahora como si estuvieran alejados de nosotros. Yo tomo mi bolsa fuertemente y la mantengo junto a mí, con la sensación de que si la suelto un poco o si dejo de verlos se la llevarán también. Pienso en avisarle a los otros, que continuan hablando, sobre el robo, pero pienso que no tiene caso y mejor sencillamente me voy.
Tengo que llegar a mi trabajo, tomo un auto negro que comienzo a usar por primera vez y pienso que no debe ser tan difícil. Manejo hasta llegar a la colonia donde vivía de niña, hacia la zona más alejada y donde se encuentra un edificio algo derruido. Dejo el coche estacionado en la calle de enfrente, donde no camina nadie y entro. Todo parece en construcción, la entrada es pequeña y parte de las baldosas del suelo han sido removidas y se puede ver la arena debajo. Algunas partes están restringidas al paso. Las escaleras son pequeñas y sin soporte alguno, como si uno fuera a caerse de un momento a otro. Pareciera también como si no hubiera techo y el cielo se observara entre los huecos abiertos. Subo al segundo piso y ahí hay un pequeño salón que se escapa a la construcción caótica. Es de piso de madera y las paredes de espejos, como si fuera un salón de baile. Hay un gran grupo de señoras que apenas entran en ese espacio y que visten trajes de colores llamativos. Parece que dieran vueltas constantemente, siempre sobre su mismo eje y apenas chocando de pronto unas contra otras. Yo trabajo ahí, para una mujer que no puedo distinguir entre las demás y sin saber en qué consiste mi trabajo. Solo me mantengo ahí, mirándolas.
Entre todas ellas reconozco a Aranza y me sorprende un poco verla ahí. Me explica que está haciendo su servicio social en el mismo lugar. Platicamos brevemente antes de que las mujeres comiencen a irse y sea hora de retirarnos. Somos las últimas en bajar. Cuando está por irse le digo que puedo acercarla a su casa, si no teme a mi terrible habilidad para conducir. Me dice que tiene que pasar a buscar algo a una casa por ahí y que mejor va caminando. Me siento tonta por habérselo ofrecido y me voy.
El sueño cambia y estoy en las afueras de un espacio arenoso, con algunos locales de madera. Como si fuera una reproducción en fantasía de un pueblo de vaqueros. Hay poca gente y los lugares parecen pequeños y desiertos. Camino como si tuviera un rumbo fijo pero lo desconociera. Entonces veo que un hombre sale de un local y detiene a una joven que camina frente a mí. Luce joven, de cabellos castaños y un vestido blanco y azul. Él le pregunta por el final de un cuento que tiene pero que sólo llega hasta la mitad. Habla de una joven que queda atrapada en un pequeño pueblo. Ella le dice que sabe el final, que la joven sería torturada, que su cabello sería cortado completamente, que le arrancarían las ropas y la reducirían al mínimo de su ser. Que estaría condenada siempre, en un estado intermedio casi metafísico. Y mientras habla sé que habla de ella, sin saberlo, que ella quedará atrapada ahí y será torturada y su condena casi griega estará más allá de los límites de una posible realidad. La miro e imagino su cabello castaño cayendo por montones junto a ella, con su vestido roto y con todo el pueblo fantasma a su alrededor. Pero simplemente continuo caminando.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "La soledad" de la Bersuit Vergarabat.

.sueños atrasados. .29.10.08.

Las paredes oscuras y derruidas de color azul, veo sitios desocupados y pasillos que no sé hacia qué partes llegan. Todas las personas lucen como sombras, sólo alcanzo a distinguir a una niña rubia que corre siempre hacia direcciones contrarias. Sé que tengo que repetir imágenes que han sido predispuestas antes, que tengo que calcar una estructura que ya ha sido dada. Pero las personas no parecen dispuestas a permitirlo, trato de ordenarnos sutilmente pero parecen siempre escapar. Especialmente la niña. Y no puedo repetirlo, miro las paredes, los espacios, lo que va a caerse. Pienso en si vivo ahí, en si es una vecindad, un sitio donde sólo se reune gente a vender comida. Veo algunas ollas con agua hirviendo y otros hombres delante de ellas. Como si todos estuviéramos perdidos y tuviéramos frío, y necesitáramos estar aquí, reunidos, juntos.
Probablemente suceden más cosas, pero eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Giros" de Fito Paez.

21.9.08

.sueños atrasados. .18.09.08.

Una niña corre por los pasillos de mi infancia. Entre escritorios de madera oscura que para ella se vuelven un laberinto. Un cuarto sucede a otro, como si se encimaran continuamente y formaran una casa que se vuelve a construir sobre sí misma. Es muy pequeña, como de cuatro o cinco años, pero incluso su estatura es pequeñita, apenas si puede asomarse al borde de los escritorios. Vive, casi comunitariamente en esa casa, con gente tan dispar, tan sola. Las alfombras de los otros cuartos son verdes y todo luce oscuro, ella corre constantemente de un sitio a otro, como si no pudiera quedarse quieta.
Yo he venido de muy lejos para verla. La veo desde la puerta y tengo que interceptarla cuando pasa corriendo por la puerta. Me conoce, me ha visto estos últimos días. Le pregunto por su padre y me dice que no tiene. Le pregunto igualmente por su madre y responde del mismo modo. Parece poco preocupada por el hecho, como demasiado consciente. No le pregunto quién la ha estado criando. La tengo tomada por los hombros, con su ropa pequeñita, su cabello oscuro y sus ojos grandes. Le digo que por su madre no tendría que preocuparse más, porque soy yo. Que había estado lejos pero que había vuelto. Ella me mira fijamente con sus enormes ojos y comienza a llorar. Siento que todos desde los otros cuartos me miran mientras la abrazo y no decimos más.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Menos tu vientre" de Joan Manuel Serrat.