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22.1.09

.sueños atrasados. .16.01.09.

La habitación es todo, no se le puede contener, los pasillos no llevan lejos de ella. La luz amarillenta da una sensación de que ya ha anochecido siempre. Hay poca gente pero todo luce tan pequeño por momentos que siempre parece que estamos amontonados, que todo el tiempo chocamos con los demás y que nuestro cuerpo apenas puede limitar su propio espacio. Yo vivo ahí, tengo mi espacio para escaparme, y por encima de todas las cosas miro mi casa, como una pequeña casita del árbol construida sin árbol alguno.
Hay algunas mujeres cerca de mí y hablan, aunque no les presto atención ni puedo entenderlas. Alguien más me dice algo y me siento retada, como si tuviera que demostrarle algo a los demás, encontrándonos todos tan atrapados. Tomo la escalera y me dispongo a subir a mi habitación casa del árbol, casi casa de muñecas. La escalera es pequeña y luce frágil, la acomodo pero no parece suficientemente rígida como para aguantar mi peso. Trato de acomodarla un poco más pero no tiene caso. Todos me miran mientras realizo esta acción, como si fuera mi gran prueba.
Subo unos escalones y siento como si fuera a romperse. Al único que yo puedo mirar es a quien me retó. Continuo subiendo como si la distancia fuera muy larga aunque la casa apenas si debe suspenderse unos dos metros y medio por encima del nivel del suelo. No miro hacia arriba mientras subo.
Cuando llego al final me doy cuenta que no hay final. La escalera da contra la pared también amarilla. La gente continua mirando, la escalera se encuentra contra un enorme librero infantil. Mi casa ha desaparecido dentro de uno de los libros. Ellos no dejan de mirarme y yo ya no quiero mirarlos a ellos. Tomo el libro, de pasta oscura sin dibujos, lo abro. Parece una libreta de dibujo, en sus páginas apenas algunas manchas de colores claros casi diluidos con agua pretenden concretar formas. Mi casa está dentro y sé que si quisiera podría entrar. Cierro los ojos y quiero desaparecer. Pero no puedo.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Mi niñez" de Joan Manuel Serrat.

30.9.08

.sueños. .30.09.08.

Entro en la pequeña librería de segunda mano. Es pequeña, desde la entrada puede apreciarse todo el lugar y las pocas cosas que lo componen: una gran mesa central de baja altura que apenas se alza por encima de mis rodillas, y algunos libreros más aparatosos que espacios alrededor. Otra mesa, más alta, junto a la puerta, sirve para el cobro y la vigilancia del lugar, un hombre oscuro detrás de ella parece no prestar demasiada atención. Es como si alcanzara a Lili y Ariadna en un sitio lejano al que no se supone que debiera haber asistido. Ellas recorren la librería revisando cada uno de los ejemplares, como si su búsqueda tuviese que ser minuciosa y eterna. Apenas un par de personas más entran y salen rápidamente, mientras ellas no interrumpen su labor. Yo me coloco junto a la mesa central y reviso superficialmente los ejemplares desordenados sobre ella. Tengo la sensación de que todos son cuentos infantiles, burdos y viejos cuentos infantiles. Lili se acerca a mí y me dijo que vio algunos libros para mí pero que no sabe si me serán útiles. Yo les encargué algo en su búsqueda y me señala un libro maltratado con el grabado de un dragón en la portada. Lo tomo y el título me indica que se trata de monstruos medievales. Comienzo a hojearlo pero me doy cuenta de que son historias ficticias sobre diversos elementos del bestiario medieval. No, no me sirve, necesito información, no cuentos. Donde lo tomé hay otros que parecen de la misma colección, miro el siguiente que tiene el grabado oriental de un hombre en la portada. Hay algo imperfecto y siniestro en su anatomía pero no alcanzo a precisar qué. El título indica que se trata de cuentos sobre monstruos asiáticos.
Desisto en la búsqueda así que vuelvo a mirar sin mayor cuidado los demás libros, Lili y Ariadna parecen estar pagando varios ejemplares que encontraron y parecen alegres por ello. Entonces Ariadna me llama mostrándome un libro grueso de pasta dura que se encontraba en el librero junto al mostrador. Camino hasta ellas y lo tomo, es una especie de diccionarios de criaturas monstruosas de todas las partes del mundo, con diversas imágenes y un cuidado editorial más propio de un libro de artes plásticas que de un diccionario. Me parece extraño no haber escuchado antes de él. En la portada una figura grabada toda en negro sobre fondo blanco parece no alcanzar a precisar ninguna forma.
Ariadna ha pagado y se coloca junto a mí, de frente al librero que sigue al que resguardaba el diccionario. Me indica algo y sólo entonces me doy cuenta que en este segundo librero se encuentran únicamente figuras de peluche que desentonan con todo el lugar. Coloridos y felices animales se montonan entre los estantes de madera. Ariadna me señala uno que se encuentra en el último, fuera de nuestro alcance por la altura. Son dos colchones con forma de gatos rosados que se complementan formando un ying yang con sus cuerpos. Lo miro fijamente, es muy lindo pero es también muy extraño. Casi tan extraño como que a Ariadna le guste algo relacionado con gatos. Cuando me doy cuenta ya no está junto a mí. Han salido de la tienda.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Mírame y no me toque" de Joan Manuel Serrat.