Mostrando entradas con la etiqueta mensaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mensaje. Mostrar todas las entradas

15.11.08

.sueños atrasados. .14.11.08.

Mi celular sonaba desde la habitación contigua. Todo está demasiado iluminado y demasiado vacío. Corro para contestarlo no alcanzo. Cuando lo tomo entre mis manos me llega un mensaje. El celular de convierte en una pantalla, en una tarjeta, en una carta. El texto brilla en grandes letras negras contra el fondo blanco. Es un mensaje de Dante, cuando veo su nombre digo en voz alta, como si le hablara a él, que es raro que me llame después de tanto tiempo. El mensaje se abre como si respondiera, me dice que me apure, que ya están todos ahí. El ahí es muy lejos, tengo que emprender un pequeño viaje. Tengo una conciencia extraña de la reunión, como si tuviera la cita concertada desde mucho tiempo antes pero no hubiera recordado que era ese día. Imaginaba entonces a todos reunidos en casa de Luis, los viejos habitantes de antes, y me extraña que hayan decidido reunirse de nuevo después de tanto tiempo. Es extraño que entre todos ellos no esté Bake. También es extraño que haya sido precisamente Dante quien me llamara. Pero entonces la idea cambia, la reunión es otra, ahí sólo estarán Dante y Luis y muchos desconocidos. No sé cómo acepté ir, quisiera declinar entonces pero no puedo. Al mismo tiempo siento que nunca saldré de ese cuarto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "The world is not enough" de Garbage.

16.10.08

.sueños. .15.10.08.

Te había enviado un mail, aunque no podría precisar si era el mismo cuento o alguna estructura caótica de todas las palabras que suenan como tú. No había pasado mucho tiempo, lo que podía significar unas horas, unos días, una vida tendida entre los dos eventos; y tus mensajes aparecían en mi ventana en blanco, mientras tú estabas offline. Era sorprendente encontrarte, después de tanto tiempo. Veía tus mensajes como me iban llegando, siempre con una sensación de que todo lo que yo pudiera responder era mínimo ante la cantidad de palabras que hilabas para mí. Escribías y escribías, tus mensajes llegaban a destiempo, o quizá los míos, escribía poco porque tenía poco qué responder. Y a ti no parecía importarte, como si simplemente dejaras ahí los mensajes para mí, para que los recogiera cuando quisiera.
Todo parecía hacer ruido en mi casa, todo parecía requerirme inmediatamente y yo tenía que leer entrecortadamente lo que ponías. Me levantaba constantemente, sentía la necesidad de checar todo, como si pudiera caerse sin mi presencia. Tú no dejabas de escribir, y eran muchas letras y tan corto el mensaje. No me sentía inquieta por atraparlo todo, me bastaba saber que ahí estaba. Cuando regresaba, al final, todo se había desconectado y tu ventana permanecía abierta, como si colgara muerta en medio del blanco. Tus últimas palabras de despedida eran incoherentes y faltas de significado. Pero, escondida, entre líneas pasadas, quedaba inconexa la frase: te quiero por conservarte tibia.
Despierto constantemente.




En mi sueño suena "Te doy una canción" de Silvio Rodriguez.