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8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.