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8.2.09

.sueños atrasados. .07.02.09.

Camino por unas calles pequeñas, de pueblo apenas ciudad, caluroso. Sé que son calles peligrosas pero no me importa, avanzo rápidamente con mi mochila en la espalda. Mirando únicamente el suelo y las bardas blancas que limitan las casas.
Paso junto a un grupo de chicos, una pequeña pandilla que se encuentra reunida en las afueras de una casa. Unos metros después de dejarlos atrás escucho como comienzan a sonar unas sirenas de policía. El grupo de jóvenes trata de dispersarse pero es evidente que los coches van detrás de ellos. Temo que me detengan a mí y corro hacia la última casa de la calle, a donde me dirijo, y como no tengo tiempo de tocar me resguardo lo más que puedo cerca de la barda, para evitar que me vean. Sé que a lo lejos ya han capturado a los jóvenes, y siento como una patrulla pasa por la esquina y me alumbra y sabe que estoy ahí. Pero no me dicen nada y se van.
Toco entonces a la puerta y ella me abre, parece como si no esperara mi visita. Sé que a esas horas está sola y por eso voy a verla, fingiendo que tengo que hacer algo en su casa, que me mandan por algo o que tengo que arreglar algo. Ella no pregunta y me deja entrar. Es pequeña, de estatura y de edad, viste un vestido blanco con flores azules, muy corto. Su piel es morena y lleva unas medias transparentes cubriendo sus piernas aunque es verano. Entra y me deja pasar como si no importara, regresa a sus ocupaciones en las habitaciones de atrás. Yo la sigo sin que me diga nada, miro como pasa frente al cuarto y luego a un baño muy grande con una puerta metálica blanca. La veo y no parece importarle mi presencia. Entro al cuarto, todo luce pequeño y con pocas cosas, está todo un poco tirado pero a mí no me importa. Ella entra entonces detrás de mí, como si ahora quisiera escucharme, y le digo que traje unas películas para que viera, o para que viéramos, y ella sabe que las tengo dentro de la mochila pero no me dice nada. Sale y se dirije ahora hacia la cocina y yo continuo avanzando detrás de ella.
Su cuerpo es pequeño y puedo abarcar gran parte de su cintura con mis manos. Ella se detiene sorprendida pero no me dice nada. La cargo por la cintura y la pongo sobre la mesa de madera con el mantel burdo. Sólo quiero tocarla y recorro su cuerpo como si no conociera ningún cuerpo humano antes, como si fuese un objeto siendo exhibido. Ella primero parece renuente a dejarme, me dice que no puede quererme, que no puede hacer nada más de lo que ya hace. Le digo que no importa, que solo quiero tocarla, como si no pudiera creer que fuera de verdad. Y entonces me deja, se ríe cuando le hago cosquillas y yo siento como ella se va volviendo más pequeña entre mis manos, como si fuera a desaparecer.
Alguien golpea la puerta fuertemente y yo me pongo de pie y tomo mis cosas. Entran antes de que podamos hacer nada y unos hombres comienzan a interrogarme. Son de la policía y me preguntan qué hago ahí a esas horas. Le digo que soy un vendedor, que paso a veces a vender películas y les muestro las que tengo en la mochila para que me crean y ellos violentamente las toman y se me corren de la casa. Me dicen que me vaya y que no regrese. Otros la han conducido antes al cuarto, quizá también preguntándole qué hacía conmigo a esas horas. Ella no dijo nada y sólo fue al cuarto, después de correrme los otros también irán ahí. Termino en la calle y me alejo, caminando hasta que el pavimento de la calle se convierta todo en piedras pequeñas y dejen de haber casas con portones blancos.
Entonces despierto.

28.1.09

.sueños atrasados. .26.01.09.

Llego temprano a mi clase de japonés. Todas las personas continuan aún hablando dispersas, alejando el momento. El salón es distinto, es demasiado pequeño, sin ventanas. Apenas puede entrar una fila de escritorios dobles y dejar un pequeño espacio para moverse. Todo es de madera, no hay nadie sentado. Hay una amiga conmigo pero no dice nada, sólo se mantiene inmutable junto a mí, sin decir nada. Estoy hablando con Francisco, en realidad él me está contando algo pero yo no lo escucho, sólo pienso en lo extraño que es que se presente al curso ahora, sin haber venido a ninguna de las clases anteriores, sin tener idea de lo que hemos visto. Pero él me habla de otras cosas, me cuenta que ha estado teniendo problemas con su novia, Selma. Me cuenta algunas cosas que han sucedido entre ellos y la actitud de Selma en dichas circunstancias es completamente errática. No voluble, no bipolar, no nada que pudiese justificarse de algún modo: simplemente sus acciones no tienen sentido. Le respondo vagamente que no debería sorprenderle, dado que es francesa, pero al momento de enunciar la oración me doy cuenta de que suena terriblemente despectiva y me siento avergonzada de haberla pronunciado. Volteo a verla a ella, sentada sola en el primer escritorio. Es la única persona sentada y mira hacia el frente como si hubiera algo allá, pero no lo hay. Inmóvil con su suéter azul y su cabello negro suelto. Me pregunto si me habrá escuchado pero nada parece indicarlo.
La clase va a comenzar y todos parecen irse a sus lugares. Yo me siento en un escritorio y Francisco se sienta junto a mí, mi amiga parece irse y sentarse en otro lugar, pero no me importa.
La clase terminaba y yo regresaba a casa. Me sentía de nuevo como en la preparatoria, regresando al hogar a la hora de la comida, pero mi familia estaba lista para viajar, como si hubiera sido el último día de clases y ellos tuvieran ya todo listo a mi regreso para el viaje.
Estamos en el coche y tras un viaje corto llegamos a una casa en medio del campo, que más bien parece una campiña europea. Sé que estamos en España, en casa de los padres de él, y sé que nos esperan aunque no nos conozcan.
Recorro constantemente la casa, voy de una habitación a otra, de un salón a otro. Es enorme y luce muy iluminada todo el tiempo. Sé que hay más gente y los escucho a veces en los cuartos a los que no entro, pero nunca los veo, no me encuentro nunca con nadie. Y los días transucurren sin que él llegue, porque sé que no ha terminado sus clases y falta aún para que vuelva a casa, pero no sé cuándo será eso, y sus padres no saben que no nos conocemos así que no me siento con la confianza de preguntárselos. Voy a un cuarto que se encuentra junto a entrada principal, es una especie de recibidor pero en realidad luce como un dormitorio pequeño. Hay dos camas alargadas pero muy angostas que se cubren por unas cortinas transparentes. Me acuesto en una de esas camas, en la otra está sentada mi hermana en silencio, y duermo una siesta.
Han pasado varios días y él no llega, continuo con mi ejercicio absurdo de recorrer la casa obsesivamente. Todo luce muy blanco, muy amplio, entro en varias otras habitaciones: un cuarto que parece un dormitorio. Comienzo a pensar que no lo veré, que nos queda poco tiempo y él bien podría no llegar en esos días. Comienzo también a pensar que quizá llegó precisamente el día en que dormí la siesta y partió durante esas pocas horas. Que era mi única oportunidad y la arruiné. Me siento frustrada por todos mis pensamientos y decido entretenerme haciéndole preguntas a mi ipod.
Salgo al garage, nuestro coche está estacionado ahí, es una camioneta negra muy grande. Abro la puerta del copiloto y me inclino sobre el asiento para buscar mi ipod alrededor de las cosas que hay tiradas en el suelo. Muevo muchas cosas pero no puedo encontrarlo. Escucho las pisadas de alguien que entra en el concreto del garage y entonces siento como unas manos me toman por la cintura y me jalan suavemente obligándome a salir del coche. Me volteo y quedo frente a él, viene con la fatiga de aquel que lleva días viajando y con la borrachera encima también. Sin decirme nada me abraza fuertemente. Siento su peso sobre mí, la carga de una ternura inentendible. Al separarse me dice que lo acompañe a saludar a sus padres.
Entramos a la casa, tengo que dejarlo recargarse en mí puesto que el alcohol ya no le permite caminar correctamente. Soy consciente de nuestra amplia diferencia de alturas, de cómo apenas consigo aferrarme a su cintura, del modo en que debe inclinarse un poco para facilitar nuestro paso. Atravesamos de nuevo los mismos salones por los que yo hubiera pasado antes, donde confluyen estructuras arquitectónicas fantásticas y sitios de todas las casas donde he vivido. Ahora están llenas de personas y ruidos, gente que platica y se mueve pero nadie conocido, nunca sus padres. Hablamos poco y a veces al responderme sus expresiones son iguales que las de Ian. Me hace sentir incómoda, me pregunto si siempre que conozca a alguien estoy condenada a mantener las mismas conversaciones, como si todos fueran si no una calca de algo absoluto.
En alguna de las habitaciones por las que atravesamos me encuentro con mi abuela, está sola. Nos mira fijamente y escucho nada más cómo me dice que cómo puedo estar junto a un joven completamente drogado. Pienso en responderle que no está drogado, que nada más está ebrio, pero también pienso que no tiene caso y salgo de la habitación sin responderle nada.
Llegamos de nuevo al pasillo principal, al final del cual se encuentra la habitación de sus padres. Me dice que irá a saludarlos y que luego vuelve por mí para que salgamos a dar una vuelta por la ciudad. Yo entro en el recibidor con camas nuevamente, donde dejé mis zapatos, y me dispongo a atarlos mientras pienso en lo que sucederá posteriormente. Nos imagino recorriendo en coche una ciudad pequeña y de noche, con calles de pequeños adoquines. Pienso en todo lo que tengo que decirle y todo lo que ahora sé que el tiene que decirme. Nos imagino volviendo de nuevo a esta habitación, sentándonos sobre esta cama y platicando durante toda la noche. Me pregunto si será igual, me pregunto si debería ser igual, me pregunto si importa que sea o no igual. Pero entonces suena el teléfono del cuarto y contesto. Es él, llamándome desde la habitación de sus padres, me dice que tiene que irse, que le acaban de avisar que un programa que tendría ese verano ha cambiado de lugar. Originalmente sería en la misma ciudad en la que nos encontrábamos, pero ahora tendrá que ser en Madrid y tiene que partir justo en ese momento. Sin posibilidad de vernos siquiera a la puerta, como si fuera entonces la distancia más abismal, entre el cuarto de sus padres y aquel falso recibidor. Él suena mal por los sucesos, mal por no poder estar conmigo siquiera un poco.
Le digo, sin demasiada emoción, que puede que no sea tan malo, que mi familia aún esperaba pasar unos días en Madrid antes de regresarnos. A él parece alegrarle la idea, me dice que podría decirle a mi chofer que me dejara frente a su universidad por las tardes, cuando él terminara clases, y así podría pasar el resto del día conmigo. Le digo que eso no importa, que yo puedo moverme sola, y me imagino llegando a su pequeña escuela, más de noche que de tarde, con toda la gente saliendo y alejándose y entonces él, saldría y caminaríamos mientras se vuelve todo más oscuro y la calle más solitaria. Él interrumpe mis pensamientos comentando fugazmente anécdotas que vivimos juntos: recuerdo aquella vez que te caíste. Sonrío casi por compromiso pero no quiero pensar en ellas, trato de regresar siempre a nuestro hilo principal y le pido el número de su celular o no podré llamarlo. Me lo va dictando: 2454. Entonces escucho 'C'. Le pido que me lo repita y vuelve a decirlo, 'C'. Miro las teclas de mi celular, pensando que quizá se refiera a la cuál corresponde la letra C. Pero mis teclas han cambiado de lugar, no tienen letras y muchas ni siquiera tienen números. Él lo dice entonces: 'X'. Y yo sé que se refiere al 6. 24546. Pero al mirar la pantalla del teléfono noto que he escrito 35458. Creo que me he equivocado de número, que me hace falta algo más, que no podré comunicarme nunca de vuelta. Y él sigue hablando, con ternura, historias que yo no puedo escuchar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El club de las mujeres muertas" de Víctor Manuel.

26.1.09

.sueños. .25.01.09.

Hay un largo recorrido laberíntico. No me siento perseguida: tengo que llegar a algún sitio. Atravesamos casas viejas, pisos de lozas blancas y verdes. Paredes que se van cayendo, techos altos. Todo a media oscuridad. Todo encerrado y todo viejo. Pero siento que debo correr, que para después será demasiado tarde. Mi hermana corre detrás de mí todo el tiempo, no decimos nada, no es una competencia pero siento que debo llegar antes que ella. Adelante siempre luce más oscuro.
Al llegar a la última sala hay un mantel blanco en el suelo, en medio de una habitación sin más muebles. Sobre el mantel se encuentran dos pequeñas cunas a nivel del suelo. Como pequeñas cajas oscuras. Me siento en el suelo y detrás de mí mi hermana repite mis actos, espalda contra espalda. Tomo al bebé que está en la cuna frente a mí, lo abrazo. Ya no es una bebé, es una muñeca. Una muñeca vieja, fea, sin ropa, únicamente con el cuerpo de peluche blanco, los ojos azules muy abiertos y casi despintados, el cabello rubio sucio revuelto y escaso. La muñeca me mira, y yo me siento culpable de pensarla fea, de saberla fea. Después será demasiado tarde. Tomo un biberón y comienzo a alimentarla, la leche se cae por entre sus pequeños labios de plástico.
Entonces despierto.



En mis sueños suena "Prison song" de System of a Down.

22.1.09

.sueños atrasados. .21.01.09.

Llegué a casa de Lili como si estuviera muy lejos, en un lugar extranjero, como si yo llegara de muy lejos y no fuera esperada pero tampoco resultara mi presencia en una sorpresa grata. La cotidianidad de lo lejano. Lili está en la habitación, todo parece azul muy pálido y la ventana es muy grande aunque no consigue filtrar demasiada luz dentro. Ella está sentada en la cama blanca y lee unas fotocopias para clase. Pero más que estar sumergida en la lectura parece que la comentara con alguien más, alguien que se encontrara en la cocina, junto a la habitación, y que pudiera escucharla aunque no fuese visto. Quizá Frank o Juan Pablo.
Me siento junto a ella y parece que no se da cuenta. Continua leyendo. Cuando veo el texto se supone que fuera un escrito de Sacha Baron Cohen. Pienso en lo ridículo que debe ser un texto de él pero al irlo leyendo me doy cuenta que es muy distinto a lo que pensaba. En alguna parte dice algo como "Mexico City should improve their manners cause now I'm falling in love with New Orleans". Quisiera continuar leyendo pero la voz de Lili me interrumpe, le dice a su interlocutor que entre el texto se filtra la letra de una canción que le gusta mucho. Comienza a leer la canción, aparentemente habla de un personaje solitario perdido en una ciudad donde va cayendo la noche, en el punto en que aún todo es azul, hace un recuento de todo sin hablar de él. Termina con una frase como "I'm with you. You're with me". Pero mientras miro esta frase se va volviendo más compleja, cambian las palabras, crece, cambia de colores. No puedo enfocar bien el resto del texto ni ya nada más.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Queen of New Orleans" de Bon Jovi.

12.1.09

.sueños atrasados. .08.01.09.

Tenía la sensación de que estábamos de visita en casa de Mauricio. Sin embargo todo lucía como una campiña muy iluminada que se extendía hasta donde la vista alcanzara y donde cada cierto tramo se encontraba alguna construcción, como si las partes de la casa estuvieran dispersas por el campo.
Yo caminaba tras haber salido de una y dirigiéndome a otra. Tenía la sensación de llevar mucho tiempo en ese lugar y sin embargo nunca había visitado el sitio al que me dirigía, que eran una especie de cuartos extra que nadie empleaba. Una especie de lugar secreto que en realidad todos conocían.
Cuando entro algo está sucediendo, escucho una conversación que parece acercarse a una pelea. En lugar de dirigirme hacia ese punto voy rodeando hasta llegar al cuarto que se encuentra junto. En el cuarto hay una pared falsa, la abro como si fuera una puerta y termino encerrada dentro de un pequeño armario improvisado. Sé que al volver a cerrarla nadie notará que estoy dentro, nadie sabrá que estoy ahí. La pelea es cada vez más violenta, me tapo los oídos y repito mentalmente lo que sucede como si fuera una historia conocida: alguien, el visitante, mata a todas las personas que se encontraban en la casa. Nadie era de la familia, todos los demás permanecían callados en otros sitios mientras las dos personas discutían y murieron callados. Con los ojos y los oídos cerrados puedo ver las paredes de afuera llenas de sangre, en una imagen que he visto antes muchas veces.
Salgo y todo lo demás es un escape, más que de una circunstancia de una imagen. Me siento perseguida por la fatalidad, como si se hubiera disperado a través de la casa y ahora me siguiera inevitablemente. Llego a casa de mi abuela, hay una reunión familiar pero todos parecen muy lejanos en una casa que se acrecenta y extiende cuando tratas de abarcarla. Trato de distraerme pero no puedo, me siento nerviosa y voluble. Me refugio en el cuarto de mi abuela y estoy sentada en el piso junto a mis hermanos. Hay otras personas con nosotros que no conozco, niñas pequeñas que hablan y hablan sin que pueda entender lo que dicen. Mi hermana entonces le comenta a alguien más que mi hermano le enseñó cómo subir por las paredes. Y entonces la veo apoyarse contra la alta pared amarilla y comenzar a subir, como si su cuerpo pudiera adherirse sin ningún problema, o como si unos hilos delgados sostuvieran su peso. Ella explica que lo consigue a través de los agujeros de su pantalon, y entonces veo que éste, en algunas partes de la pierna, cambia su tela por una malla con varios agujeros. Con ellos y con los clavos que recorren las paredes, ella va escalando y escalando hasta el infinitamente alto techo de vigas de madera. Cuando veo lo alto que ha llego le digo que deje de hacerlo, que es muy alto y que no podrá bajar. Ella me dice que bajar en sencillo, pero al tratar de hacer algún movimiento en falso se suelta y cae hacia atrás. Trato de atraparla antes de que caiga pero no alcanzo. Escucho cómo cae como peso muerto pero sin embargo se levanta como si nada y me dice que no tenía por qué preocuparme, que no le pasaría nada.
Continuo escapando, avanzo. Me encuentro de pronto en la proa de un barco enorme, todo en metal burdo. Hay varias personas recorriéndolo y yo siento que avanza muy deprisa pero que yo quisiera que lo hiciera aún más rápido. El aire golpea mi cara de frente, pero no puedo ver el agua, solo un cielo demasiado azul. Sospechosamente azul. Entonces un hombre llega junto a mí y yo lo abrazo como si aferrarme a él pudiera salvarme de algo. Comienzo a besarle desesperadamente el rostro, los ojos, la barbilla. Él viste completamente de blanco, es japonés y muchos años mayor que yo. Me abraza tiernamente y me decide que nos escapemos. Yo le digo bajito que ya quiero estar lejos con él, a solas con él, a salvo con él. Nos imagino encerrados en un cuarto sin ventanas.
En un momento se aleja y un par de chicas detrás de mí se acercan alegremente y hacen burla de mis frases de cariño desesperado. Me dicen que no es necesario decir eso, que será demostrarlo cuando esté lejos con él. El barco se va hundiendo conforme hablamos hasta que quedamos nosotras, avanzando en el agua por una corriente submarina. Con el agua empujándonos en un cauce artificial y estrecho. Avanzamos rápidamente mientras continuamos hablando, de todo, de nada. En algún momento algo raro se siente en el ambiente, como si el agua se calentara o el aire se hiciera más pesado. Ellas me dicen que nos detengamos y nos aferramos a las orillas para evitar continuar ser arrastradas. Avanzamos lentamente y llegamos hasta un punto donde el cauce se abre y hay una zona amplia. En ella hay un grupo de hombres de pie y varios cuerpos flotando sin vida. Las venas de sus rostros se marcan sobre la piel como si fueran manchas oscuras, sus ojos están perdidos y hacen que el agua a su alrededor se caliente. Son portadores de la muerte, de algún modo. Mucha gente que viene detrás de nosotros, que también venía en el barco, detienen su curso sin saber qué hacer. Sabemos que no podemos acercarnos.
Regresamos un poco sobre la corriente, escucho como varias de las personas hablan sobre qué hacer. Hasta que alguno de ellos dice "enciendan a Magdalena" y todos quedamos callados. En una zona del cauce parece entrar otra intersección, muy pequeña y casi desapercibida, y todos miramos hacia ella mientras retrocedemos lo más posible. De ella sale Magdalena. Una criatura famélica, humanoide, de piel negra y anatomía irregular. Su enorme sonrisa inicia en su esternón y se extiende por sus costillas, por su costado, hasta terminar en su espalda, en los homóplatos, provista de miles de dientes pequeños, amontonados y afilados. No tiene cabeza, su cuello termina abruptamente como un muñon operado. Avanza torpemente y todos la miramos sin acercanos más. Escucho desde lejos una voz que me llama quedamente por mi nombre, volteo y veo a un chico rubio vestido extravagantemente de rojo. Siento como si lo conociera de toda la vida y nado hacia él. Su altura me rebasa considerablemente y me abrazo a él para no ser arrastrada por la corriente. Sonríe al verme y siento que hay algo que quiere decirme.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El rastro" de Marea.

10.1.09

.sueños atrasados. .04.01.09.

Me encontraba en la isla como si nunca la hubiera abandonado, como si hubiera crecido ahí y todo hubiera sucedido ahí. Había un evento grande, una especie de congreso o reunión y mis padres no podían llevarme a ella y yo quería ir. Les decía que me dejaran en casa de Eduardo y que él me llevaría. Él organizaba algo al respectoo estaba involucrado de algún modo. La situación era conveniente aunque no agradable.
Nos dirigíamos hacia su casa atravesando un laberinto de calles que parecían cercas enormes. Yo quería mostrarle a mi madre un dibujo que alguien había hecho en una pared pero por más que las miraba no recordaba en dónde estaba y no podía encontrarlo. Cuando doblábamos en la pequeña calle donde estaba la casa de Eduardo sabía que ya no lo encontraría. En medio de la calle la casa de Eduardo se alzaba enorme en comparación con las demás cosas, además de que por su color amarillo resultaba también llamativa. Mis padres me dejaban y yo entraba sin que nadie me abriera, como si tuviera control sobre esa casa. Caminaba hacia una especie de falso comedor, demasiado blanco y con una pequeña mesa de madera en medio. En una de las paredes frente a la mesa había un pizarrón blanco. En la mesa estaban sentadas dos chicas que lucían algunos años más jóvenes que nosotros, una de ellas era Cinthia, y Eduardo se encontraba de pie hablando con ellas y mostrándoles algo en el pizarrón que seguía luciendo blanco. Yo me sentaba sin saludar, sin adentrarme en su conversación, dejándolos en su propia burbuja. Hablaban muy entusiasmados, con una alegría exagerada que tenía mucho de parafernalia, riéndose tontamente, escandalosamente, infantilmente. Yo estaba aburrida y harta y en algún momento me ponía de pie para ir a buscar algo en la cocina y al regresar veía que las chicas estaban de pie y que movían algunas cosas en el cuarto. Cinthia entonces tomaba la silla en que yo había estado sentada y se disponía a moverla cuando yo la interrumpía y le decía que no debería tomar las cosas que no son de ella. Mi voz procura ser hiriente hasta lo imposible, yo misma estoy consciente del tono orgulloso y prepotente con que me muevo. La chica no dice nada, sólo deja la silla y se aleja a punto de llorar. Me siento de nuevo y sé que Eduardo se encuentra mirándome, juzgándome, sé que detesta mi actitud, quizá hasta mi presencia, pero también sé que no puede ni va a decirme nada. Me quedo de nuevo sentada y por un momento mi hermana está también sentada junto a mí preguntándome si no he llegado a ser una persona demasiado desagradable.
Llaman a la puerta y momentos después entran en la habitación Mayra, Karen y Lillian. Me pongo de pie para hablar con ellas, cambio por completo y comenzamos a hablar y reir, mientras siento que las dos chicas nos miran a mis espaldas. Vienen de casa de Mayra, quien vive por ahí cerca, y planean irse con nosotros también. Decidimos continuar platicando en la entrada de la casa, para no tener que encontrarnos en el mismo cuarto con ellos.
Lo primero que está entrando a la casa es la biblioteca: el techo es muy alto y por las paredes los libreros de madera cubren toda la altura. También hay algunos pequeños libreros por el medio, dando una noción de librería pequeña y rústica. Mientras hablamos Karen detiene la conversación y le dice a Lillian que no había querido comentárselo pero que encontró el blog de su ex novio. Ella lucía triste pero le preguntaba qué había encontrado en él. La pantalla se desplegaba frente a nosotros y la página se dividía en dos apartados: el más amplio, a la izquierda, tenía la redacción de las entradas, de manera desordenada y como si los pensamientos de un día se confundieran con los del otro; del lado derecho, en una columna pequeña, tenía su información personal, que consistía casi completamente en una lista de sus libros favoritos y una pequeña reseña de cada uno de ellos. Ellas se dedicaban a ver la parte de las entradas, donde parecía que hablaba de Lillian aunque en realidad nunca la mencionara, que hablaba de ellos aunque en realidad todo hiciera referencia a otras cosas. Yo veía su lista de libros, uno por uno, y conforme avanzaba en la interminable lista me daba cuenta de que no solo no había leído ninguno de ellos, tampoco conocía ninguno. Me sentía perdida entre tantos nombres y títulos desconocidos.
Karen entonces me comentaba que este chico le había dejado algunos de sus libros a Eduardo para que se los cuidara, aparentemente se había mudado o algo así. Íbamos hacia el estante en que estos se encontraban y comenzaba a verlos. Eran muchos. Entre ellos se encontraban las obras completas de José Asunción Silva en una colección de 20 tomos. La edición era muy bella, de pasta dura y acabados rústicos en tonos morados o verdes. Comentaba que yo siempre las había querido y odiaba secretamente al ex novio de Lillian por tenerlas. Pero entonces tenía la seguridad de que esos libros no habían sido leídos y que aún ninguno de los libros de la biblioteca de Eduardo había sido leído nunca.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Ciudad de pobres corazones" de Fito Paez.

13.12.08

.sueños atrasados. .16.12.08.

Voy por un largo puente en bicicleta. Es angosto y pareciera que apenas entro yo, salgo de una isla para dirigirme a otra pero apenas miro a la distancia las manchas verdes de su espesa vegetación. El mar enorme y llano y sin olas es también una enorme mancha azul inamovible a la vez que inquieta. Voy en busca de algo, como si necesitara llamar a alguien o dar aviso de algo, pero tengo la sensación de que hace mucho tiempo que no recorro esos caminos y no me siento confiada en no perderme, pero continuo andando. De pronto hay una bifurcación que no recordaba, aunque tampoco me extraña demasiado, sin detenerme y sin reducir la velocidad me voy por el lado derecho del camino. Conforme avanzo me doy cuenta de que mientras mi rumbo se va torciendo, casi como si quisiera regresar sobre sus pasos el propio puente y devolverse a la isla, el otro continua recto hasta el sitio donde en realidad yo quería llegar. Sin embargo no me detengo, continuo, hasta que siento como si el camino del puente se hubiera vuelto una leve corriente de agua sobre la que avanzo y tengo que entonces detenerme justo en el momento en que el puente se termina, roto en medio de las aguas. A lo lejor miro otra parte de la isla de la que vengo, una parte que sabía existía pero no podía recordar. Hay como una entrada de agua particular que se cierra entre la arena, extensa arena, donde el agua se asienta en tonos purpúreos y hermosos. La arena se ve más clara y suave que nunca, y un pequeño grupo de personas nada felizmente en la zona marítima restringida. Hay unas pequeñas cabañas a lo lejos.
Me recrimino por haber olvidado aquel paraje, por no haber regresado. Pienso en que después podré darme una vuelta por allá, llevar a algunas visitas que me persiguen como fantasmas sobre el hombro. Pero ahora no, ahora tengo que llegar a algún lado.
El sueño cambia y yo voy viajando en un helicóptero. Dentro de él, la parte de atrás es una especie de habitación metálica donde yo y otras cinco personas permanecemos de pie en espera que aterricemos. Parece como si las compuertas estuvieran abiertas y el viento meciera nuestros cabellos desordenadamente. Hablamos pero no hay coherencia en nuestra conversación, todos tratan de explicar lo que hacen como si se lo repitieran a ellos mismos. Como si eso lo validara de algún modo. Yo me digo que tengo que buscar a alguien, llegar al otro lado, transmitir o buscar un mensaje. Volteo a mirar por la ventana y veo el mar de frente, justo del otro lado de la ventana. El choque es suave, como si nos adentráramos voluntariamente en el mar. El vuelo errático del helicóptero se había desviado al punto en que terminamos adentrados en el mar. Como si las puertas estuvieran abiertas nado rápidamente hacia la superficie para descubrir que estoy cerca de la orilla y salgo.
Es una pequeña población, apenas de unas pocas casas, con gente caminando de un lado a otro como si hubiera alguna distinción entre aquellos bordes de arena. Me siento en la orilla, mirando hacia las esquinas rotas de los puentes, pensando en el metal roto del helicóptero. Pienso en cómo recuperar el tiempo que he perdido ahora así, varada en un punto inconexo. Entonces recuerdo mi equipaje, mis cosas que ahora se encuentran en el fondo del mar como un triste tesoro contemporáneo. Lo único que me preocupa en ese momento son mis números telefónicos irrecuperables, como si la comunicación también hubiera sido interrumpida en ese punto.
Siento un dolor en mi brazo, como una herida punzante, me volteo y miro que el agijón que sobresale de una caracola se ha clavado en mi palma. La herida duele pero no sangre, arranco violentamente el caracol con mi mano libre y siento un último tirón de la herida. El agijón queda separado de la caracola, como si no hubiera ningún animal detrás, simplemente ese brazo tratando de alcanzar algo. Al arrojar la caracola siento como si no pudiera caminar y me voy hacia adelante, me apoyo en la arena y siento de nuevo otras punzadas, otras heridas en mi cuerpo. Como si tuviera que deshacerme de muchos caracoles y entonces veo que hay por toda la playa. Inmóviles, con la extensión rojiza por fuera como un aviso claro de sus intenciones. Siento que hay alguien junto a mí que también se quita los agijones, yo hago lo mismo y me pongo de pie antes de que suceda de nuevo y avanzo por la playa.
Entonces llego a un armario de madera, pequeño con paredes blancas y la puerta con mirillas. Detenido en medio de la nada, de cara al mar, a unos cuantos metros y abro la puerta. Dentro está Abril, recostada en el fondo. Luce pequeña, como si estuviera dormida y se sintiera incómoda de verme ahí. Le digo que no estamos seguras ahí, que hay muchas amenazas en esa playa. Ella me dice que no es así, que me quede dentro del armario, que ahí estaremos seguras por la noche. Ya ha comenzado a atardecer desde hace algún rato y temo a cuando todo esté oscuro, entro. Una vez dentro siento como si el armario fuera enorme y entonces volviera a empequeñecerse en un segundo. Ella se acusta en el suelo, encogida, dejando un espacio más hacia el fondo, chocando con la pared final. Paso por encima de ella y me acuesto a su lado. Siento como si mi cuerpo fuera enorme y estorboso en comparación al de ella, que se acuesta dándome la espalda, como si mirara a través de las rendijas cómo el atardecer se va ocultando. Ella se cubre apenas con una delgada sábana azul pálido que tiene algunos insectos pequeños caminando por encima de ella. Sacudo la sábana y empujo todo lo que pudiera entrar por debajo de la puerta hasta que queden fuera del armario. Nos cubro a ambas con esa manta pero temo entonces que cuando la luz se vaya por completo muchos más insectos entrarán a caminar sobre nosotras.
El sueño cambia, como si despertara a la mañana siguiente, escucho fuera que mi padre grita mi nombre. Salgo del armario y estoy dentro de un cuarto de hotel, como si hubiéramos estado de vacaciones todo este tiempo y él me estuviera buscando tras una noche que pasé fuera. El cuarto luce como de un modesto hotel de playa. Blanco, con muebles de mimbre. Dos mujeres mayores vestidas de blanco, que son sus hermanas, parecen recoger todo. Estamos a punto de irnos pero yo tengo la sensación de que aún no he hecho lo que iba a hacer ahí.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Desnuda en el Pacífico" de Corcobado.

.sueños atrasados. .06.12.08.

Me llegaba un mail de Esther. Una especie de mensaje comunitario dirigido a decenas más de personas con una especie de ensayo casual y espontáneo en el que presentaba una serie de reflexiones sobre la influencia del azucar en distintos grupos musicales. No puedo leer el mensaje concretamente, solo puedo mirar la pantalla demasiado blanca.




En mis sueños suena "Real sugar" de Roxette.

6.12.08

.sueños atrasados. .04.12.08.

No estoy segura de cómo llegué aquí. Me muevo silenciosamente por los pasillos o por el entramado exterior del edificio. Nadie debe verme. No sé si sea porque me encuentro fuera de la habitación que me asignaron y debiera estar encerrada como todas las demás mujeres, o si ni siquiera debería estar aquí.
La agitación que se escucha dentro del edificio es sorda, como si quien me persiguiera también lo hiciera silenciosamente, sin ser visto. Hay más gente conmigo pero no puedo verlas, sólo intuyo que avanzan a la par que yo.
Entro por una ventana y las demás ya están dentro, pegadas a la pared como si pudieran perderse dentro de ella. Cierro la puerta con seguro y la mujer cautiva me mira sin comprender lo que sucede. Es muy alta, de cabello claro y vestida de vaquera. La empujo y cae de espaldas sobre la cama, sin tratar de levantarse. Las demás rodean la cama y yo salto sobre ella. Quiero hacerle daño, quiero arrancarle las capas. Se mueve como si fuera una muñeca, torpemente, sin cambiar el gesto. Su cuerpo se va hinchando, como si fuera plástico, siento sus ropas como si fueran una membrana cubriéndola apenas, sus venas resaltan bajo su piel traslúcida como si fueran a reventar. Quiero arrancarle la ropa pero siento como si quitara una funda tras otra que terminan atoradas en sus botas ajustadas. No cambia el gesto, la sonrisa idiota. Estoy confundida y no sé qué hacer, las demás sólo miran, no dicen nada.
Tocan a la puerta, una vez, se dan cuenta de que está cerrada. Nos han descubierto, no espero a que las demás hagan nada más y salgo por la ventana. Fuera me sostengo de una cuerda, miro el balcón que une a todas las ventanas de ese pasillo y su conformación extraña, como si fuera una cápsula, incapaz de sostener a nadie. Avanzo hasta la última ventana y entro, pero caigo dentro del cuarto. Al levantar la vista veo a una mujer de pie frente a mí, una mujer hindú con una elegante bata verde. Está descalza, no puedo ver su rostro, sólo alcanzo a ver sus pies y su cuerpo elevándose hasta donde no alcanza mi vista. Me mira queda, sin decir nada, sin alarmarse ni preguntarse nada. Me pongo en pie y salgo del cuarto, veo por el pasillo que ya han entrado al cuarto de la vaquera. Corro en dirección contraria hasta que ya no hay más luz para alumbrarme.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Princesa" de Joaquín Sabina.

.sueños atrasados. .02.12.08.

Miro por sobre el hombro de otro personaje. No estoy yo en el sueño. Estamos en la colonia de mi infancia, las casas lucen limpias pero como si estuvieran abandonadas, o como si todos estuvieran escondidos muy dentro de ellas, ajenos todos a las calles. Nos detenemos frente a la casa de mi infancia, abandonada. Dentro debe comenzar el juego y todos han aceptado entrar, menos la mujer que soy yo. No tiene idea a qué han ido y nadie le ha avisado hasta encontrarse en la puerta. Todo parece normal, pero dentro la casa es profunda y húmeda. Dentro hay un cocodrilo y todos se juegan la vida viendo quién puede escapar. Ella no quiere jugar, ha sobrevivido ya al ataque de un cocodrilo y no quiere arriesgarse de nuevo. Nadie parece insistir pero en el fondo esperan que se quede. Ella sale corriendo y los demás sólo la miran.
Yo quiero despertar. Ella recorre las calles de la colonia buscando a alguien, o un sitio donde refugiarse. Pero no hay nada. Camina y es como si diera vueltas en círculo. El sol brilla demasiado, el día luce muy cálido aunque parece que pronto se avecina la tarde.
Se detiene frente al número 17 de una calle perpendicular, el frente está poblado de plantas y las puertas y ventajas cubiertas por rejas blancas. Mira de frente la casa cuando escucha que alguien le habla. Voltea y ve a uno de los chicos con los que fue. Le dice que fue detrás de ella, aunque no quedan muy claras sus intenciones. Ella pregunta si dejó la puerta abierta y él dice que sí, como si no supiera lo que ello significa. Ella comienza a sentir al reptil por todos lados, como si lo escuchara moviéndose por las calles. Como si ella fuera la colonia, la ciudad, y el cocodrilo la recorriera lento, esquivo.
Mira las rejas de las ventanas altas y piensa que si tan solo pudiera alcanzarlas. Salta y queda colgada de ellas, pero es imposible entrar por las ventanas. El chico en la calle vuelve a repetir que fue a buscarla. Escucha ella un rugido de fondo y cuando baja la vista ve un perro blanco mirando al chico. Luce tranquilo y no es muy grande, pero ella sabe que tiene al cocodrilo por dentro y que está dispuesto a saltar en cualquier momento.
Ella quiere despertar, yo quiero despertar, y entonces despierto.





En mi sueño suena "Sozinho" de Caetano Veloso.

15.11.08

.sueños atrasados. .14.11.08.

Mi celular sonaba desde la habitación contigua. Todo está demasiado iluminado y demasiado vacío. Corro para contestarlo no alcanzo. Cuando lo tomo entre mis manos me llega un mensaje. El celular de convierte en una pantalla, en una tarjeta, en una carta. El texto brilla en grandes letras negras contra el fondo blanco. Es un mensaje de Dante, cuando veo su nombre digo en voz alta, como si le hablara a él, que es raro que me llame después de tanto tiempo. El mensaje se abre como si respondiera, me dice que me apure, que ya están todos ahí. El ahí es muy lejos, tengo que emprender un pequeño viaje. Tengo una conciencia extraña de la reunión, como si tuviera la cita concertada desde mucho tiempo antes pero no hubiera recordado que era ese día. Imaginaba entonces a todos reunidos en casa de Luis, los viejos habitantes de antes, y me extraña que hayan decidido reunirse de nuevo después de tanto tiempo. Es extraño que entre todos ellos no esté Bake. También es extraño que haya sido precisamente Dante quien me llamara. Pero entonces la idea cambia, la reunión es otra, ahí sólo estarán Dante y Luis y muchos desconocidos. No sé cómo acepté ir, quisiera declinar entonces pero no puedo. Al mismo tiempo siento que nunca saldré de ese cuarto.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "The world is not enough" de Garbage.

27.10.08

.sueños. .27.10.08.

Veo repetida una imagen, como si sucediera detrás de un espejo. En ella una mujer se encuentra atrapada en una habitación. No se distingue bien su rostro pero tiene el cabello negro y una bata blanca. En algún momento, sin que se de cuenta, una mano invisible parece atar hilos rojos alrededor de su cintura. El movimiento de los hilos dificulta sus propios movimientos, se encuentra atrapada. En la habitación parece estar sola pero no lo está, tampoco puede salir.
Luego vuelvo a donde estoy, la casa de Nery, fui a visitarla y me lleva hacia la habitación donde tendré que dormir. Subimos por unas escaleras pequeñas, alejadas del resto de la casa, pasamos por una habitación y luego llegamos a otra más alta. Es una habitación amplia, hay tres camas y un baño, aunque no tiene ventanas. El piso es de madera, las camas están cubiertas por sábanas blancas. Nery me dice que ahí dormiré y se despide. Yo siento que la habitación es la misma que veía antes. Le pregunto dónde dormirá ella y me dice que en el cuarto que pasamos primero. Le digo que porqué no duerme aquí conmigo, que hay suficiente espacio y así podremos platicar antes de dormir. Me responde que no le gusta este cuarto y se va.
Me siento incómoda, trato de no pensar en ello pero no puedo dormirme, dejo todas las luces encendidas. En algún momento entra una mujer que trabaja en su casa, una mujer grande, con ese dejo de paz y sabiduría, me dice que sólo va a buscar algo. Entonces me pregunta por qué duermo en esa habitación y le respondo que Nery me dijo. Dice que no debió haberlo hecho, que Nery prefiere pensar que no sucede nada en su casa pero que no es bueno dormir ahí, que vaya con ella y podré dormir en su habitación. Subimos hasta el fin de las escaleras, una habitación más pequeña pero con ventanas en todas partes, luminosa como si fuera de día. Pero entonces siento como si alguien atara hilos rojos en mi cintura, trato de moverme pero no puedo. Ella dice que es tarde, que olvidamos cerrar las puertas y ya nada puede hacerse. Y ahora yo estoy del otro lado del espejo, o me miro de lejos, como si ya no estuviera ahí.
Suceden otras cosas más que no puedo hilar, y entonces despierto.




En mi sueño suena "Ella usó mi cabeza como un revolver" de Soda Stereo.

.sueños atrasados. .26.10.08.

Me encuentro en una especie de balneario, hay piscinas y desniveles acuáticos por todos lados. Todo parece confinado a paredes estrechas y conductos que llevan de un lado a otro, haciendo difícil la movilidad. Hay poca luz y todo da una sensación de oxidado, viejo. Afuera debe ser de noche, lo único que nos alcanzan es la luz artificial en tonos amarillentos. Me encuentro en una esquina alejada, frente a mí distingo dos piscinas, la más cercana a mí es pequeña, y junto a ella hay otra que se extiende hasta donde no alcanzo a ver. Junto a mí una especie de túnel abierto permite llegar a un nivel superior, al tiempo que arroja agua sobre las baldosas que sobresalían al agua de las albercas. Veo a varias personas, sin reconocerlas bien, dentro del agua más como si estuvieran esperando a que si estuvieran bañándose o nadando. Algunos otros pasan, se van, suben, se alejan. Siento que fui por una razón en específico pero no puedo precisar cual. Es una especie de asilo, entre psiquiátrico y de ancianos, pero a la vez es también un retiro voluntario. Un espacio cerrado en que cualquiera puede entrar y alejarse de todo.
Se acerca Dulce a mí, siento como si hubiera interrumpido una conversación pero no hablaba con nadie. Parece alegre de verme, hablamos durante mucho tiempo, hasta que siento que las horas han pasado y tengo que irme. Decide acompañarme hasta la entrada y mientras caminamos pasamos por en medio de las dos grandes albercas. Pero antes de que pueda alejarme de ellas siento que alguien me habla, volteo y veo a una mujer que me dice si podría hablar con la niña. Volteo y la veo dentro del agua, es la única que queda ahí. Entonces sé que estuvo esperando todo el tiempo para hablar conmigo, incapaz de interrumpirme, pero ya no podía permitir que me fuera sin hablar. Me siento culpable porque ella esté ahí, sé también que no es una niña si no una anciana. Me acerco y puedo ver lo que la vida le ha hecho. Su rostro está quemado, mutilado, entre los restos de piel blanca y fuera de lugar apenas pueden adivinarse los rasgos de la cara. Su vestido blanco y su cabello extremadamente blanco, más canoso que rubio. Apenas si puede hablar, sólo se acerca a mí y me dice: ¿podrías quedarte tomando mi mano?
Pasan las horas, todo cambia, estamos en una pequeña habitación blanca, donde el único mueble es una cama exactamente de su tamaño. Ella está acostada, mirando al techo sin hablar, casi sin parpadear. Y yo no suelto su mano. Sé que la mujer está fuera de la habitación. Dejo que el tiempo pasa sintiéndome culpable sin saber por qué. Ya ha amanecido aunque ella aún no duerme cuando salgo un momento a hablar con alguien, una especie de directivo del lugar. Es apenas una conversación de minutos pero cuando vuelvo la mujer no me deja entrar al cuarto, me dice que ya ha muerto. Siento que es mi culpa haber soltado su mano cuando ella me pidió que no lo hiciera, siento que los minutos que me alejé fueron años y que de nuevo, vuelvo a ser culpable de que ella se encuentre atrapada. Ahora en la muerte.
El sueño cambia y entro a una vieja casa, una especie de casa colonial donde los cuartos se suceden uno tras otro, como si no pudieramos ver nunca el anterior o el siguiente. En medio de cada cuarto lo único que hay es una fuente que se va alzando en distintos niveles. En cada uno de estos niveles sobresale, de manera desigual, distintas estatuas de cerámica. Todas blancas, con distintas formas, en distinto orden, formando una especie de estructura caótica que apenas puede sostenerse a sí misma. Voy pasando de cuarto en cuarto, mirando las distintas figuras de cerámica burda. En algún momento levanto una y dentro de esta se encuentra una porción de tierra alzada con la misma forma que antes ocupara la estatuilla. Son tumbas, pequeñas tumbas en miles de fuentes. A veces por las ventanas de la casa puede mirarse hacia afuera la noche, acantilados, algún mar. Hay gente a mi alrededor pero yo avanzo sola. Miro la porción de tierra levantada y me pregunto como en ese pedazo de tierra podría entrar una familia. Una especie de guía que va antes que yo responde mi pregunta: cuando se tiene poco espacio entierran sólo los corazones. Seis corazones en una pequeña porción de tierra dentro de un jarrón de cerámica barata.
Continuo, miro figuras con forma de peces y pienso en que debí haber enterrado al mío. Miro otras con formas complejas, de flores, otras sin ningún sentido. Las paredes a veces cambian de color, a veces hay más luz, a veces un cuarto ya no lleva a otro y se vuelve como un laberinto. Yo venía buscándola a ella pero ahora me siento atrapada, como si debiera atravesar ese lugar más que encontrarla. Pero sin prisa, continuo avanzando de una forma en otra.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Escrito está" de Corcobado.

25.10.08

.sueños atrasados. .25.10.08.

El tiempo en la isla siempre corre a un ritmo distinto. Yo no estoy exactamente ahí, pero tampoco en ninguna otra parte. Manejo un automóvil por algún rumbo idefinido: no miro hacia la carretera, miro hacia dentro. Hasta que la voz de Erika interrumpe mis ensoñaciones y me trae de vuelta. Tengo un compromiso que había olvidado, tengo que abandonar a mis desconocidos acompañantes y cambiar el rumbo, regresar a mi primaria. Es un día húmedo y la arena del patio, donde me estaciono, está mojada. Todo parece extrañamente vivo, aunque no se vean demasiadas personas en el lugar. Erika ya se encuentra esperándome en las canchas de basquet cuando yo llego hasta ella. Me siento feliz y voy cantando 'tropical dreams' de el Guisante Mágico y bailándola cuando llega hasta ella que me mira extrañada. No me dice nada y vamos caminando hacia la biblioteca, nos topamos con personas que parecen perdidas, la mayoría en grupo, a mí me causa una especie de gracia el mirarlo confundidos. Avanzo rápidamente hacia la biblioteca, la puerta está abierta y dentro puedo mirar una maqueta enorme, a modo de flor extraña cuyos pétalos se conforman por máscaras de yeso. Es completamente blanca. No me dijo que el piso junto a las escaleras está aún húmedo y me resbalo y caigo antes de poder subir, chocando contra la pared. Erika me mira preocupada pero yo no puedo dejar de reirme por mi torpe descuido.
El sueño cambia, estamos en un lugar enorme, con un escenario y un par de niveles. En el primero, el más cercano y más abajo, donde nos encontramos, hay muchas sillas metálicas y pequeñas dispuestas. Del techo cuelgan pancartas y diversos adornos, todo luce amplio y por los espacios abiertos entra un fuerte sol. Es un concierto de la Bersuit y en la música de fondo suena la canción de ellos de 'el viejo de arriba'. Hay mucha gente y siento que me he perdido de las personas con las que iba originalmente. Siento como si estuviéramos en América Latina, pero todas las personas que se encuentran en el público son conocidos. Llego junto a Mayra, después de vagar un rato, parece que está sola. Me cuenta sobre un proyecto que está llevando en la universidad sobre un automóvil. Me habla sobre los colores y el modo en que las agencias los manejan, de modo que si quisieras un coche de un color que la agencia no maneje, te costaría extra porque tendría que comprar los derechos sobre el color o emularlo vagamente. Mientras me lo cuenta imagino pequeñas cascadas de colores acrílicos que se derraman unos sobre otros. Pienso en lo poco práctico que es eso y en que debería pintar mi coche. Lo imagino de verde principalmente.
Alejandra aparece entonces, como si apenas me hubiera encontrado. Me platica sobre una reseña que leyó sobre el último concierto de Calamaro, que fue enorme. Mientras me cuenta lo que pasó miro que, precisamente, una de las pancartas que penden del techo tiene una fotografía de Calamaro. Me dice que fue un evento gigante, y yo me imaginaba una especie de escenario al aire libre donde convergía el escenario con otras secciones mercantiles o de servicios. Lo narraba con extremo detalle, como si hubiera estado ahí. Me decía entonces que Raúl había ido, que le había contado que incluso había comprado un souvenir, un pequeño peluche. Entonces yo sabía que el concierto había sido en Puerto Rico, y no me sorprendía enterarme que a Raúl le gustara esa música. Lo buscaba entonces entre la gente y lo encontraba, unas filas adelante, también solo, le preguntaba por el concierto y me lo contaba vagamente, como si comenzara a olvidarlo o le restara importancia. Le preguntaba por el peluche y me decía que sí, había comprado uno, y me lo daba entonces. Era un pequeño leon con una camisa del cantante argentino. Lo miraba fijamente, como si no supiera si me lo mostraba únicamente o me lo estaba regalando.
Un inoportuno despertador irrumpe mi sueño y entonces despierto.




En mi sueño suena "No te bancaste" de Andrés Calamaro.

22.10.08

.sueños atrasados. .21.10.08.

Paso de un objeto a otro, en eterno viaje, estoy alejándome siempre, avanzando siempre, como si las cosas se movieran vertiginosamente ajenas a mí. Entonces estoy sobre un barco que lentamente comienza a hundirse, sin dejar de avanzar, y yo voy recorriéndome hacia las zonas que se mantengan por encima del año hasta que finalmente no es más que un escalón y justo se acerca a un pueblo poblado de otras naves antes de desaparecer. El atardecer es malva, morado, caramelo.
Después del improsivado muelle de madera hay arena. Cercana comienza a nacer la ciudad, un sitio viejo, lleno de arena y casas casi artesanales. Parece un espejismo de paso, una ciudad perdida en la más vieja tradición de nuestras tierras. Comienzo a avanzar por callejuelas, pasos a desnivel, mercados, laberintos de calles pequeñas. Todo está lleno de gente que pasa, rápida y lenta a la vez, que desaparecen detrás de las esquinas con un dejo de incienso y copal. Toda la ciudad está celebrando las fechas de muertos, todo es una gran alegoría de la celebración.
Yo tomo fotos de todo lo que voy viendo, apresuradamente, siento que voy corriendo y subiendo de nivel, bajando, como si la ciudad se me presentara como un esquema lineal pero que es recorrido de forma compleja. En un punto me encuentro pasando por un puente peatonal que se alza sobre una calle principal a pesar de ser demasiado angosta. Por la calle, apretándose contra las paredes blancas, pasa un desfile de personas disfrazadas representando la tradición desde los vestigios más propios del folklore hasta las típicas alusiones al halloween. Veo un grupo de personas vestidas de calabazas que bailan al ritmo de la música, trato de tomarles fotos pero siempre salen mal, con demasiado acercamiento, fuera de marco, desenfocadas. Tomo varias pero no resulta, sé que todas las fotos anteriores han sido también así, me molesta pero me conformo con haberlas tomado.
Aparece mi padre detrás de mí y me dice que ya nos vayamos, que tenemos que continuar. Camino con él hasta el final del puente, al bajar nos encontramos de nuevo en la playa, pero con la sensación de encontrarnos del lado opuesto de la costa inicial. En toda la playa, dibujada con altas y suaves dunas, sólo se encuentra una mujer, mirando al mar. Parece terriblemente lejana aunque no lo está, mira al sol que parece demasiado cercano mientras se oculta, generando mil colores distintos. Trato de tomarle una foto pero ella se da cuenta y se esconde detrás de una duna, yo pretendo entonces sólo capturar el paisaje e irnos, pero la mujer corre hacia nosotros. Parece molesta por que le haya tomado la foto, comienza a gritar y quejarse pero yo sólo la ignoro, mi padre habla con ella hasta que parece calmarse y se queda sentada junto al puente. Es su hermana, él me dice si debería regalarle una cámara. Yo estoy molesta por su actitud y le respondo que de nada le serviría tener una cámara, que es inútil dársela. Nos internamos de nuevo en la ciudad.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "No" de Shakira.

16.10.08

.sueños. .15.10.08.

Te había enviado un mail, aunque no podría precisar si era el mismo cuento o alguna estructura caótica de todas las palabras que suenan como tú. No había pasado mucho tiempo, lo que podía significar unas horas, unos días, una vida tendida entre los dos eventos; y tus mensajes aparecían en mi ventana en blanco, mientras tú estabas offline. Era sorprendente encontrarte, después de tanto tiempo. Veía tus mensajes como me iban llegando, siempre con una sensación de que todo lo que yo pudiera responder era mínimo ante la cantidad de palabras que hilabas para mí. Escribías y escribías, tus mensajes llegaban a destiempo, o quizá los míos, escribía poco porque tenía poco qué responder. Y a ti no parecía importarte, como si simplemente dejaras ahí los mensajes para mí, para que los recogiera cuando quisiera.
Todo parecía hacer ruido en mi casa, todo parecía requerirme inmediatamente y yo tenía que leer entrecortadamente lo que ponías. Me levantaba constantemente, sentía la necesidad de checar todo, como si pudiera caerse sin mi presencia. Tú no dejabas de escribir, y eran muchas letras y tan corto el mensaje. No me sentía inquieta por atraparlo todo, me bastaba saber que ahí estaba. Cuando regresaba, al final, todo se había desconectado y tu ventana permanecía abierta, como si colgara muerta en medio del blanco. Tus últimas palabras de despedida eran incoherentes y faltas de significado. Pero, escondida, entre líneas pasadas, quedaba inconexa la frase: te quiero por conservarte tibia.
Despierto constantemente.




En mi sueño suena "Te doy una canción" de Silvio Rodriguez.

8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.

5.10.08

.sueños. .05.10.08.

Es de noche y nos encontramos todos encerrados en la habitación. Es la recámara de mis padres de la casa de mi infancia. Pero el cuarto es enorme, la cama se estira hasta lo inimaginable dando una sensación de pequeñas camas pegadas unas con otras. Siento que entra demasiada luz por la ventana, pero no puedo mirar nada afuera. Dormimos intercalados, unos con los pies hacia la puerta, otros hacia la cabecera. Todos usamos las mismas batas blancas, de la misma tela que las sábanas que nos cubren. Del otro lado de la puerta se escuchan ruidos, gritos, quejidos ahogados. Y nosotros también comenzamos a gritar, a movernos, como si tuviéramos que ser el eco de esos sonidos. Como si la reproducción fuese el único modo de mitigar el terror.
Cambio de escena, estoy en la cocina, es la única luz encendida. Es como si temiera encontrarme afuera. Junto a mí hay una chica mirando mis movimientos, es mi pareja. Como si pudiera sentir cada parte de mi cuerpo me doy cuenta que soy hombre. Busco algo, en los cajones, no lo encuentro.
Hay alguien afuera, lo podemos mirar a veces por las ventanas en la sala. Se mueve en el patio, como si nos retara a acercanos, le digo que no voltee a verlo, que lo ignoremos y se irá. Entonces escuchamos cómo derrama algo y mirando que tira gasolina por el patio. Comienza a incendiarse pero es como si el fuego se limitara a un pequeño charco en el concreto, no se mueve. Las llamas bailan alrededor de él pero no se acercan a la casa. Ella me grita que va hacia la puerta y corremos nosotros también. Tiene seguro pero él empuja como si no importara, veo el seguro puesto pero la puerta se tambalea como si fuera a caerse de un momento a otro. Ambos nos mantenemos haciendo peso. Pienso en que jamás he usado un extinguidor, en que los demás tardarán en llegar, en que no hay nadie cerca. Y la puerta tan endeble. De pronto ya no veo las manos ni el cuerpo de ella empujando, ya no siento los golpes del otro lado, ya no miro el fuego por la ventana. Todos se han ido, y sumergida en la noche oscura me encuentro sola.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El mar" de Ely Guerra.

.sueños atrasados. .03.10.08.

Iba a visitar a Vanessa. Sabía que no se había estado sintiendo bien y pensé que quizá necesitaría de alguien que la cuidara durante algunos días. Era como si viviera cerca de ella, apenas a algunas horas, para que la ceremoniosidad del encuentro quedara relegada a lo cotidiano. Ella vivía en una ciudad eternamente gris, como si las ventanas siempre estuvieran empañadas de humedad. Tenía mi edad y vivía con su hermana menor, apenas un par de años, quien era exactamente igual a ella sólo que con el cabello muy largo y profundamente negro.
La melancolía de Vanessa era una mezcla de depresión y gripa, parecía siempre sin ganas de moverse, mirando por las ventanas. Su departamento era pequeño y poco amueblado, con demasiada luz que lo hacía lucir demasiado blanco. Su hermana me insistía constantemente que saliéramos, que hicieramos algo, ella estaba siempre con un pie afuera, saliendo y entrando. Vanessa no decía nada. Y yo siempre declinaba las invitaciones de su hermana, advirtiéndole que había ido para cuidar a Vanessa. Pero ella insistía, siempre, como si quisiera alejarme de su hermana. Ellas apenas si se hablaban, como si no se conocieran. Finalmente tengo que declinar, mientras me encuentro en la cocina lavando algo, explicándole que no pienso salir con ella. Entonces se marcha y no vuelvo a verla.
El día que me voy Vanessa me acompaña al aeropuerto. Para llegar debemos de tomar un tren que recorre lentamente por campiñas verdes y húmedas. Somos las únicas en el vagón y vamos todo el camino abrazadas sin decir nada. Cuando llegamos a nuestro destino soy la única que se baja, ella se queda dentro y se despide de mí mientras espera que el tren vaya de regreso. En la estación ya es de noche y afuera llueve terriblemente. Alguien viene conmigo, detrás de mí, y yo arrastro mi maleta hasta la salida. Afuera hay un sólo taxi esperando pero una familia delante de mí lo toma primero. El taxista me pregunta a dónde iré y le digo que al aeropuerto y promete regresar por mí. Me detengo contra la pared, sola, mirando la noche, a esperar.
Entonces cambia el sueño.
A partir de ahí vienen imágenes confusas. Un enorme reloj rosa de pulsera que me dan para que funcione como celular. Una casa en la esquina de la de Mayra, desde donde corro por las noches para escribirle mensajes en su puerta metálica blanca, por fuera, para que ella los lea por la mañana. Un supermercado donde corro mientras me encuentro con diversos primos en el camino, algunos me jalan para que corra con ellos. Confusión y superposición de imágenes.
Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Nada" de Juanes.

2.10.08

.sueños. .02.10.08.

Nos encontramos en un centro comercial de noche, poca gente apenas si se encuentra por los pasillos blancos con tiendas a oscuras. Nos encontramos en un extremo, voy con mi hermana, como si apenas fuera una niña de 8 años, y una amiga, creo que Lili. Ellas me siguen. Vamos al cine, a la última función, pero es tarde. Tenemos que cambiar los boletos en uno de los extremos del lugar. Tengo una tarjeta y debemos ocuparla en unas extrañas máquinas, como columnas de aluminio que se encuentran erguidas aleatoriamente en un espacio abierto. Por la avertura tengo que confirmar mi identidad introduciendo uno de mis anillos. Coloco el de cadena en la única avertura, pero por su estructura pierde la forma al entrar, de manera que no puede continuar la operación. Me desespero, las demás personas que aparecen toman sus boletos y se van, no veo a nadie que pueda ayudarme. Caminamos hacia el único lugar abierto, que en un restaurante donde ya se encuentran limpiando el local y pregunto si no puede ayudarnos. Un chico vestido de rojo me dice que no, me pregunta qué anillo escogí y le muestra el mismo, a lo que responde que fue una mala decisión. Lo sé, y me arrepiento de no haberme dado cuenta antes. Miro un reloj en alguna parte y veo que vamos ya 20 minutos atrasadas. Desisto. Lili y mi hermana se mantienen mudas y alejadas de mí. No sé qué más hacer.
El resto del sueño transcurre en otras búsquedas de espacios perfectos. Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Mi gin tonic" de Andrés Calamaro.