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8.2.09

.sueños atrasados. .06.02.09.

El auto se detiene en mitad de la nada. Vengo en la parte de atrás de la camioneta y tengo la idea de que el conductor ha salido a pelearse, pero después ya no hay nadie fuera. Ni queda nadie dentro. A lo lejos sólo se mira el paisaje desértico. Me bajo. Me siento mal, siento como si mi cuerpo se encontrara hinchado, como si por mi garganta subiera alguna clase de relleno. Siento mi garganta atorada y mi boca llena y me arrodillo tratando de vomitar pero no puedo. La sensación es dolorosa, como una herida interna que sangra. Continuo tratando de vomitar y cuando por fin lo logro es un líquido negro que cae al suelo. No me hace sentir mejor, continuo sintiéndome llena de malas cosas. Es algo que está mal dentro de mí y sé que tengo que escupirlo todo pero no puedo. Pienso en que todo dentro de mí es negro y no puedo escupirlo.
Avanzo hasta llegar a un centro comercial de varios niveles. Veo personas pasando junto a mí y que se alejan, atravesando los pasillos. Todo luce de un ambiente cálido, las paredes son anaranjadas y hay varias plantas. Yo subo escaleras, salto de un nivel a otro, veo tiendas de piedras preciosas en formas extrañas. Espero a alguien, quizá a la misma persona que estaba en el coche conmigo. Pero parece como si nunca fuera a llegar, como si ya estuviera ahí, en alguna parte, pero no fuera a llegar conmigo nunca. Me desespero pero no puedo hacer nada, continuo avanzando de un lado a otro, me desespero. Estoy mareada y quisiera vomitar de nuevo. Me detengo en un pasillo y quisiera poder soltarlo todo. Hay alguien detenido junto a mí, me mira como si le importara pero no hace nada. Me duele todo el cuerpo, quisiera que todo terminara, pero no puedo vomitar.
Entonces despierto.

6.12.08

.sueños atrasados. .02.12.08.

Miro por sobre el hombro de otro personaje. No estoy yo en el sueño. Estamos en la colonia de mi infancia, las casas lucen limpias pero como si estuvieran abandonadas, o como si todos estuvieran escondidos muy dentro de ellas, ajenos todos a las calles. Nos detenemos frente a la casa de mi infancia, abandonada. Dentro debe comenzar el juego y todos han aceptado entrar, menos la mujer que soy yo. No tiene idea a qué han ido y nadie le ha avisado hasta encontrarse en la puerta. Todo parece normal, pero dentro la casa es profunda y húmeda. Dentro hay un cocodrilo y todos se juegan la vida viendo quién puede escapar. Ella no quiere jugar, ha sobrevivido ya al ataque de un cocodrilo y no quiere arriesgarse de nuevo. Nadie parece insistir pero en el fondo esperan que se quede. Ella sale corriendo y los demás sólo la miran.
Yo quiero despertar. Ella recorre las calles de la colonia buscando a alguien, o un sitio donde refugiarse. Pero no hay nada. Camina y es como si diera vueltas en círculo. El sol brilla demasiado, el día luce muy cálido aunque parece que pronto se avecina la tarde.
Se detiene frente al número 17 de una calle perpendicular, el frente está poblado de plantas y las puertas y ventajas cubiertas por rejas blancas. Mira de frente la casa cuando escucha que alguien le habla. Voltea y ve a uno de los chicos con los que fue. Le dice que fue detrás de ella, aunque no quedan muy claras sus intenciones. Ella pregunta si dejó la puerta abierta y él dice que sí, como si no supiera lo que ello significa. Ella comienza a sentir al reptil por todos lados, como si lo escuchara moviéndose por las calles. Como si ella fuera la colonia, la ciudad, y el cocodrilo la recorriera lento, esquivo.
Mira las rejas de las ventanas altas y piensa que si tan solo pudiera alcanzarlas. Salta y queda colgada de ellas, pero es imposible entrar por las ventanas. El chico en la calle vuelve a repetir que fue a buscarla. Escucha ella un rugido de fondo y cuando baja la vista ve un perro blanco mirando al chico. Luce tranquilo y no es muy grande, pero ella sabe que tiene al cocodrilo por dentro y que está dispuesto a saltar en cualquier momento.
Ella quiere despertar, yo quiero despertar, y entonces despierto.





En mi sueño suena "Sozinho" de Caetano Veloso.