Mostrando entradas con la etiqueta literariamente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literariamente. Mostrar todas las entradas

16.11.08

.entre líneas.


Mario rememora con nostalgia los tiempos (una hora atrás) cuando podían hablarse en voz alta y hasta reír. El portafolios se le está haciendo demasiado pesado y de nuevo tiene la tentación de abandonarlo a su suerte. ¿Abandonarlo sin antes haber revisado el contenido? Cobardía pura.
Siguen caminando sin rumbo fijo para despistar a algún posible aunque improbable perseguidor. No son ya Pedro y Mario los que caminan, son un saco y un portafolios convertidos en personajes.
"Aquí pasan cosas raras", Luisa Valenzuela

A veces yo también quisiera contar muchas cosas, transformarme dentro del cuento, volverme un objeto. Camuflajearme con el lenguaje, que no es cualquier cosa. Así se me apareció Luisa primero inaugurando los días como noches invertidas, días naranjas. Pero yo olvido fácilmente las cosas, me digo mentalmente que tengo que conseguir un libro de ella pero espero hasta volver a encontrármela en mis lecturas narratológicas y decirme que a esta mujer no la conozco, aunque sí. Pensar que tenía un gato imaginario pero no, ella no. Por eso mi biblioteca es tan desorganizada. También yo cuando encuentro algo me gusta pensar que ha sido dispuesto ahí para mí, que aquí también pasan cosas raras.

.entre líneas.


Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba.
"La intrusa", Jorge Luis Borges

Siempre me ha tocado leer a Borges un poco a la fuerza, sabiendo que tenía que hacerlo, diciéndome que no era voluntad propia si no una especie de juego del destino. Tampoco le he tomado la manía irracional de otros escritores, a veces lo imagino en la imaginación de Buba y las dos lo escuchamos diciendo 'ché!' acompañando cualquier otra frase menos interesante. Siempre me lo encuentro en los cursos, de todos, especialmente acompañado de Emma Zunz, su cierva de ojos heridos (o sus ojos heridos de cierva, en el orden en que la veas). Y me digo que no, que no es voluntad propia.
Alejandra dice que ya lo habíamos leído pero yo no lo recuerdo. Por primera vez me descubro queriendo vivir en alguno de sus personajes. Queriendo ser yo aquella intrusa carne vendida a jirones rotos.