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1.8.08

.sueños. .01.08.08.

Había una habitación, tan larga que parecía ser por sí misma una casa, en medio de un terreno irregular y separado de todo. Había algo que me unía a esa habitación, volví a ella y entraba por la primera puerta, habían muchas más a lo largo de ella y todas se encontraban en un costado. Dentro, todo estaba completamente vacío, sólo las paredes pintadas de azul. La habitación se continuaba con ascensos y descensos hasta donde no alcanzaba a ver, a lo lejos podría haber más gente.
Cerca de mí se encontraban dos personas, altas, cuyas ropas no me dejaban verlos bien. Caminaban y por momento parecía que se unían en uno solo, como piezas independientes dentro de un caleidoscopio. Murmuraban cosas que prefería ignorar, pretendiendo que simplemente miraba la puerta.
Entonces entraba Jessica y me decía que la acompañara a comprar unas cosas y yo lo interpretaba como la oportunidad perfecta para huir y me iba con ella. Nos subíamos en su coche, que era demasiado pequeño, ella iba adelante con una chica que ya no es su amiga y justamente me hablaba de las razones por las cuáles discutieron. La chica no hablaba, ni siquiera apartaba su vista del frente y tampoco se movía, como si no estuviera ahí, y Jessica hablaba como si no estuviera ahí. Nos deteníamos en medio del estacionamiento de un centro comercial cuyas ruinas hacían suponer alguna clase de remodelación, éramos las únicas ahí. El lugar era exactamente igual al único supermercado que había en mi isla cuando era pequeña. Nos bajábamos nada más nosotras dos y caminábamos hacia la única tienda que parecía abierta, un pequeño local de ropa.
Dentro nada más se encontraba una dependienta, también perdida, era de tarde y yo suponía que pronto comenzarían a cerrar, pero todo lucía demasiado en calma. La ropa se amontonaba groseramente en todos lados, Jessica seguía contando algo que ya no podía entender mientras agarraba una pieza tras otra. Toda la ropa era de invierno y prácticamente toda era de color rosa pálido. Miraba de pronto alguna pieza pero siempre que me disponía a tomar alguna descubría que estaba manchada de negro. Dejaba a Jessica en la tienda y me iba.
Luego me encontraba en un cuarto, amplio, casi todo era demasiado alto y negro, y yo estaba recostada en la cama viendo la televisión. Junto a mí se encontraba Elena y me platicaba sobre Alejandra, me decía que habían tenido problemas desde que abandonaron Tijuana y que ya casi no se veían, que ella había estado evitándola sin necesidad. Me contaba también de su nueva pareja, Jerry, que me parecía un nombre extraño para una mujer, sobre todo como ella, tan menuda, delgada y femenina, con la piel ligeramente tostadas y su cabello castaño y rizado. Salíamos hacia otro cuarto y entrábamos como a un sitio con una enorme alberca, ella seguía contándome sobre la nueva novia de Alejandra pero no lograba ubicarla, ni entender dónde estaba. Me metía a la alberca y veía a un grupo de personas y escuchaba como si una voz interior me contara su historia.
Todo se volvía una especie de cuento de hadas, había una mujer alta de cabello largo y negro y también había un hombre alto y fornido. Su cuento era parecido al de la Bella y la Bestia, ambos nadaban a corta distancia, pero de pronto la mujer se alejaba hasta salir por la parte derecha de la alberca. Comenzaba a querer huir, caminando entre las sillas blancas en la orilla que se amontonaban como queriendo evitarle el paso. En su mente ya estaba huyendo sin despedirse y esperaba que nadie se diera cuenta, trataba de correr pero los obstáculos no la dejaban. Llegaba hasta el final y después había un campo de sal como si fuese de nieve, también le costaba caminar, como si la sal se interpusiera en sus pasos e hiciera que cayera constantemente. Cuando creyó que estaba suficientemente lejos descubre de pronto, ante una caída, que su pareja se encuentra junto a ella. La mira con tristeza, como si no entendiera la situación, le muestra un disco de vinilo viejo y le pregunta "¿No te gusta El Mago de Oz?". Ella lo mira y se arrodilla, en posición fetal, llorando. Mentalmente repite: por favor, que no me haga volver.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "No pienses de más" de Jorge Drexler.