Mostrando entradas con la etiqueta metal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta metal. Mostrar todas las entradas

28.1.09

.sueños atrasados. .28.01.09.

He llegado a un pueblo pequeño por la noche. Como si todo el pueblo fueran apenas aquellas calles oscuras por donde llueve o ha llovido, como espejismo de ciudad industrial en decadencia. Llego a mi casa, o a la que debería ser mi casa. Todo como si llegara a una vieja estación de camiones por donde siempre tengo que volver a pasar. Recuerdo veces anteriores, el polvo del camino en que me detenía, el sol terriblemente ardiende con destellos rojos en todos lados. Llego y sé que todo está embrujado, pero la maldición es tan cotidiana como la lluvia o como los ruidos metálicos de todo lo que aún no se ha caído.
La estación de camiones es una gran casa como una gran madre. Y siento como si dentro confluyéramos todos aunque me encuentre sola. Es imposible llegar a los andénes. En medio de la sala de espera, completamente a oscuras, se encuentra una enorme piscina. Con el agua terriblemente clara en cuyo fondo resplandecen unas fuertes luces que hacen que todo aparezca con tonalidades verdes claras. Estoy sentada en una de sus orillas curveadas, remojando mis pies en el agua. Y del otro lado cuatro elefantes se encuentran sentados frente a mí, jugando. Arrojan cada cierto tiempo diversos objetos, casi todos esféricos, hasta que estos chocan contra una red que se encuentra suspendida entre su esquina y la mía. La red golpea los objetos de vuelta que terminan rodando caóticamente por la habitación, dispersos. Lo hacen constantemente y por momentos pareciera que ríen con aquella gracia. Hasta que uno de ellos, el que se encuentra más hacia la esquina derecha arroja una pequeña pelota amarilla, la cuál apenas si consigue golpear la red y resbala hasta quedar flotando en el agua. Las risas se detienen, también los juegos, sin pensarlo el elefante se arroja al agua sólo para descubrir que hacia abajo se tiende un abismo. No puedo moverme y con infinita tristeza contemplo como poco a poco el agua va cubriendo al paquidermo hasta que sólo queda de él su trompa pidiendo auxilio y después ni siquiera eso. Quisiera moverse y entiendo cuán absurdo sería tratar de ayudar a un elefante. Sólo queda la pelota amarilla flotando burlonamente en el agua, como una fruta. Los demás elefantes dejan de jugar.
Me pongo de pie y me alejo, quiero encontrar a alguien más y compartirle la terrible tristeza que tengo dentro. Sólo quiero poder pronunciarlo, que uno de mis elefantes ha muerto y que es muy pesado para mí cargar con ese luto. Quiero el consuelo de las palabras, pero no hay nadie. No puedo llegar nunca hasta la puerta.
Entonces despierto.



En mis sueños suena "Elephant woman" de Blonde Redhead.

26.1.09

.sueños atrasados. .21.01.09.

Caminamos por la orilla de la playa. Hay un desnivel pronunciado de arena antes de llegar hacia el mar. Me siento traicionada por el aparato en el que me muevo, como si mis piernas fueran inútiles y una complicada estructura de metal tuviera que reemplazar su función. Miro todo desde lo alto y tengo la sensación de que otras personas se mueven detrás de mí, pero no volteo a verlas. El día es gris.
Me bajo y no quiero saber nada más del mar. Entro en un pequeño sitio, cuyas paredes son casi en su totalidad de cristal. Lili se encuentra dentro y detrás de mí entra un hombre vistiendo un traje rojo tornasol que le queda un poco grande. Lili toca la tela, es muy suave y muy floja como para ser un traje. Le dice que ella tiene un vestido del mismo color, pero mira la tela casi con tristeza.
Quizá suceden otras cosas que no recuerdo. Entonces despierto.




En mis sueños suena "Aviones plateados" de El Último de la Fila.

13.10.08

.sueños. .13.10.08.

Los insectos se han apoderado de nuestra vieja casa. Regreso a una niñez nocturna donde todo es ajeno menos el cuarto de mis padres. Conozco las reglas, escucho sus pequeños y cientos de pies recorrer todos los sitios. En la cama duermen mi madre y mi hermana, siento el peligro escondido en todos los pequeños pliegues de las sábanas que se amontonan alrededor de sus cuerpos. No sé dónde están los demás, prometimos que no dejaríamos que eso pasara.
Voy encontrando los insectos recorriendo las paredes, debajo de la cama, con sus pequeñas corazas y su simulación de máquinas complejas son sólo metal y color. Y no podemos permitir que continuen apoderándose de todo. Tomo un martillo y trato de matarlos pero es difícil dar con ellos. Parecen no moverse, pero al punto en que estrello el martillo contra sus cuerpos da siempre en el lugar errado. Ellos siguen moviéndose sin alejarse, yo me desespero. Caminan sobre la cabecera, debajo de la cama que es enorme, se pierden.
El sueño cambia, miro a un grupo de chicos jugar beisball. Los miro como si me encontrara lejos, pero al mismo tiempo estoy cerca. Hay algo de tristeza en esa imagen lenta, como si repitieran los movimientos de un juego que es ajeno. Sin ánimos de jugar. Los conozco a todos, los estoy esperando como sin querer hacerlo. Cuando terminan comenzamos a caminar hasta que se hace de noche y el clima cálido se convierte en un frío helado. Comenzamos a subir una montaña porque deseamos acampar en la cima por la noche. Cuando trato de subir por unas piedras me doy cuenta de que no llevo zapatos puestos. El que viene detrás de mí me mira, como preguntándome dónde dejé los zapatos. Y yo le respondo pensando que los había dejado junto a la puerta, pero olvidé agarrarlos antes de salir. Mis pies sólo están cubiertos por gruesos calcetines azules que aún no dejan pasar el frío pero comienzan a mojarse por los restos de nieve. Todos continuan caminando como si no se hubieran enterado de nada, y yo me quedo sentada, pensando en qué debería hacer. Y él se queda delante de mí, simplemente mirándome.
El sueño cambia y estoy jugando cartas con Lillian en un cuarto. No hay nadie más en la casa y el juego no parece responder a ningún tipo de normas. Tampoco parece importarnos, hablamos más de lo que tiramos las cartas. Esperamos algo que todavía no llega. Entonces entra Álvaro de pronto a la habitación y nos dice que pronto nos iremos, que tomemos nuestras cosas. Lillian y yo nos ponemos de pie y vamos al cuarto de junto, encima de la cama está mi maleta abierta y desordenada por todo el cuarto está la ropa. Álvaro entra detrás de nosotras cargando la maleta de Lillian que tiene ya algunas cosas dentro pero que también está abierta y desordenada. La deja sobre la cama y se mantiene junto a la puerta. Vamos buscando nuestras cosas entre el desorden, y entonces yo trato de preguntarle algo a Lillian que no me responde. Le hablo de nuevo y es como si no me escuchara, como si mi voz fuera muda y entonces me doy cuenta de que tampoco Álvaro me escucha. Tengo la sensación de que nada en la habitación es mío, que hay algo que he perdido.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Tú me acostumbraste" de Chavela Vargas.

12.10.08

.sueños. .12.10.08.

Camino por las calles de una ciudad clara pero sin gente. Alguien va a mi lado, un poco por delante de mí, un amigo a quien no miro directamente. Estamos buscando un café que él mencionó pero que parece haber desaparecido de un momento a otro. Entramos de pronto en un edificio grande, como si fuese un hospital o algunas oficinas. Por dentro los espacios son enormes y lucen vacíos, lo único que se distingue es la alfombra roja en el suelo. Avanzamos hacia nuestra derecha y vamos recorriendo el sitio hasta que se convierte en otro, una especie de museo de aquellos que parecen haberse localizado dentro de grandes casas viejas remodeladas. Llegamos hasta el final, donde hay unas amplias escaleras en espiral que llevan a un segundo piso casi improvisado. Subimos. Arriba es una especie de patio simplemente, sostenido sobre el salón que se encuentra abajo. Hay mucha gente, aunque lal mayoría van solos o apenas en parejas. Como si fuera un mirador sin vistas a ninguna parte. Llego hasta el final, hacia el barandal por donde se asoma a la parte de abajo y al mirar hacia allá descubro que ahora es una iglesia, aunque no hay bancas y muchas personas, vestidas elegantemente se encuentran allá. Miro a mi prima Tere, quien viste un vestido azul y luce más joven, voltea hacia arriba y me dice que baje, que ya va a comenzar, y yo me siento entonces de 10 años, vistiendo un traje de paje y me dispongo a bajar las escaleras.
Pero el sueño cambia, recorro de nuevo los sitios de algún edificio, está por caer la tarde y la luz es grisácea. Voy buscando a alguien, hasta que llego a un cuarto con unas enormes puertas de cristal opaco y metal oscuro. Están ligeramente abiertas y veo dentro a mi prima María José. Es su boda y voy a buscarla, a preguntarle si ya está lista, y la veo frente a un tocador, ya con su peinado completamente realizado pero vistiendo únicamente una bata. Detrás de ella se ve una enorme bañera de mármol con agua. Parece sorprendida y un poco inquieta de haberme visto, me dice que ya casi está lista pero que decidió que antes de la ceremonia iba a tomar un baño con su prometido. Escucho como él se encuentra en un cuarto conjunto y que está a punto de entrar, pero mi prima cierra las puertas antes de que pueda verlo. Me alejo y regreso a la iglesia, que es una especie de santuario construido con modelos arquitectónicos griegos, compuesto de varios recintos donde todos los objetos son tan bajos que permiten que pueda mirarse sin problemas hacia el frente, donde se encuentra el altar. Llego donde se encuentran varios familiares y les digo que tardará en comenzar la boda porque los novios se están bañando. Algunos parecen sorprendidos por los conceptos mudables de moralidad pre-matrimonial, pero yo insisto en que si llevan tanto tiempo viviendo juntos ya es algo ridículo. Uno de mis tíos me dice que habló con Francia y que también se casará en unos meses. Primero me alegro, pero entonces pienso que ella ya está casada en realidad, como también lo está María José y que en realidad la única que podría casarse aún sería Angélica. No sé si atribuir aquello a una confusión por parte de mi tío o a que me encuentro detenida en un tiempo anterior a todos aquellos sucesos. Todos parecen regresar a sus esperas y sus actividades.
Yo no me siento arreglada para el evento y entonces veo que se encuentra por ahí un estilista amigo de alguna de mis primas, le pregunto si puede peinarme y me dice que sí. Voy con él hacia otro sitio donde se encuentran unas elegantes sillas negras y me siento en una. Lo veo platicando con un joven sentado algo alejado que me parece demasiado conocido. Sé que es su pareja, sus rasgos son muy suaves pero todo en su rostro parece demasiado pequeño, su mirada es extraña. Sé que es amigo de Erika, aunque él no parece recordarme a mí. Me extraña que esté ahí. El estilista comienza a peinar mis cabellos mientras yo miro una pequeña fuente que se encuentra frente a mí.
Y el sueño vuelve a cambiar. Me encuentro en un enorme cuerpo de agua, cambiante, hay piedras que van formando diferentes arquitecturas improvisadas, o variando la profundidad del agua conforme avanza. Somos criaturas de agua, el sol crea reflejos de todos los colores. Somos muchos, escucho que alguien cuenta una historia detrás de mí. Habla sobre tigres marinos que se esconden entre las olas, de cazadores que entran en su juego y sobre el saber en qué momento no podemos ganar. El cazador de la historia, ante la amenaza inminente de su derrote, se convierte en un rizo metálico que se hunde en el agua.
Me alejo, me pierdo entre las aguas y las rocas, a veces siento a las personas cerca de mí y a veces lejos, aunque quisiera que siempre estuvieran lejos. Siento golpes en el agua sin entender quien los da, todo parece estar dando vueltas o soy yo que no salgo nunca del mismo sitio. Estoy muy confundida, quizá ese sea el peligro. Siento a muchas personas cerca de mí, mirándome, viendo como me convierto yo también en un rizo metálico y me voy hundiendo hasta el fondo de las aguas profundas.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Va a empezar a llover" de Enrique Bunbury & Vegas

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.

7.8.08

.sueños. .07.08.08.

Estaba dentro del cuarto. Una especie de enorme intersección entre muchas otras recámaras. La casa era alta, las paredes y los pocos muebles oscuros y todo con poca iluminación, todo en rojo. Hay una gran mesa en medio, con demasiados ángulos y muchas sillas. En una de ellas, frente a mí, está sentada una niña, como de nueve años, rubia y con un vestido claro. No me mira, está inmersa en su labor: con objetos viejos, usados, rotos, construye otros nuevos, como si la materia fuese completamente moldeable. Nada de lo que construye parece tener una utilidad real y solo parecen nuevas partes metálicas, híbridas de sus anteriores compuestos. Pero ella no se detiene, construye uno tras otro y parece como si siempre estuviera construyendo el mismo.
Miro y alrededor de la sala, igualmente amorfa y llena de ángulos, hay muchas puertas y no sé por cuál debería de entrar. Escojo una al azar, llego a otro cuarto, igualmente oscuro pero más pequeño y menos iluminado. En él sólo se encuentra un mueble alto, angosto, sin sillas, donde otras cuatro niñas construyen más cosas. Lucen así, rubias, pálidas, con vestidos claros, un poco más grandes que la del cuarto anterior, pero sé entonces que están enfermas. Su metabolismo desordenado las traiciona y por dentro están envejeciendo todo el tiempo, lucen como niñas pero por dentro tienen mil años y quizá están muriendo. Escucho una voz como si viniera del cuarto de junto y le hablara a ellas, que tampoco han reparado en mí. Dice que dos de ellas tendrán que irse, y el ser alejadas de esta labor es casi equiparable a desaparecer del todo. Ellas se detienen y miran fijamente hacia la pared oscura de donde surge la voz, entonces me doy cuenta que son idénticas, como si fuese la misma repetida cuatro veces. La voz también parece darse cuenta y entonces es imposible apartar a ninguna.
Salgo del cuarto y entro a otra puerta, estoy en otro sueño. Despierto en el cuarto de mi abuelo, estoy acostada junto a mi hermana quien aún duerme. Siento la cama demasiado grande y veo la puerta abierta y la luz que se cuela por ella. Hay un mensaje junto a la cama de mi primo Andrés que dice que no nos despertó, que se adelantaría, junto a una foto de nosotras dos durmiendo. Lo único en lo que puedo reparar en que mis piernas se encuentran marcadas por unas mallas negras y llevo una falda. Me levanto enojada y salgo, llego a la cocina que es enorme y está llena de ollas de metal negro, no hay más muebles que muchos hornos y estufas. Están Andrés y mi padre cocinando en una olla enorme y les digo que por qué no me esperaron, responden sin decir nada y me doy cuenta de que ya no queda nada, todo está sucio pero vacío.
Salgo y estoy en otro sueño, salgo de la casa donde viví tantos años atrás como si ahora fuera mía y estuviese de nuevo ahí. Salgo y el resto de la colonia parece abandonada, las demás casas van siendo consumidas por las plantas y la luz apenas si es suficiente para caminar aunque es de día. Atravieso las calles desiertas como si tuviera prisa y un rumbo fijo, en las entradas oscuras de algunas casas escucho animales rugir y moverse oscuramente. A veces me detengo en las intersecciones esperando encontrar a alguien, creyendo escuchar voces familiares, sumida en una ensoñación más que asustada. El camino hacia la entrada parece eterno y cuando llego hay un solo guardia sentado, que me dice que no puedo salir.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Not without you" de Marlango.