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28.1.09

.sueños atrasados. .28.01.09.

He llegado a un pueblo pequeño por la noche. Como si todo el pueblo fueran apenas aquellas calles oscuras por donde llueve o ha llovido, como espejismo de ciudad industrial en decadencia. Llego a mi casa, o a la que debería ser mi casa. Todo como si llegara a una vieja estación de camiones por donde siempre tengo que volver a pasar. Recuerdo veces anteriores, el polvo del camino en que me detenía, el sol terriblemente ardiende con destellos rojos en todos lados. Llego y sé que todo está embrujado, pero la maldición es tan cotidiana como la lluvia o como los ruidos metálicos de todo lo que aún no se ha caído.
La estación de camiones es una gran casa como una gran madre. Y siento como si dentro confluyéramos todos aunque me encuentre sola. Es imposible llegar a los andénes. En medio de la sala de espera, completamente a oscuras, se encuentra una enorme piscina. Con el agua terriblemente clara en cuyo fondo resplandecen unas fuertes luces que hacen que todo aparezca con tonalidades verdes claras. Estoy sentada en una de sus orillas curveadas, remojando mis pies en el agua. Y del otro lado cuatro elefantes se encuentran sentados frente a mí, jugando. Arrojan cada cierto tiempo diversos objetos, casi todos esféricos, hasta que estos chocan contra una red que se encuentra suspendida entre su esquina y la mía. La red golpea los objetos de vuelta que terminan rodando caóticamente por la habitación, dispersos. Lo hacen constantemente y por momentos pareciera que ríen con aquella gracia. Hasta que uno de ellos, el que se encuentra más hacia la esquina derecha arroja una pequeña pelota amarilla, la cuál apenas si consigue golpear la red y resbala hasta quedar flotando en el agua. Las risas se detienen, también los juegos, sin pensarlo el elefante se arroja al agua sólo para descubrir que hacia abajo se tiende un abismo. No puedo moverme y con infinita tristeza contemplo como poco a poco el agua va cubriendo al paquidermo hasta que sólo queda de él su trompa pidiendo auxilio y después ni siquiera eso. Quisiera moverse y entiendo cuán absurdo sería tratar de ayudar a un elefante. Sólo queda la pelota amarilla flotando burlonamente en el agua, como una fruta. Los demás elefantes dejan de jugar.
Me pongo de pie y me alejo, quiero encontrar a alguien más y compartirle la terrible tristeza que tengo dentro. Sólo quiero poder pronunciarlo, que uno de mis elefantes ha muerto y que es muy pesado para mí cargar con ese luto. Quiero el consuelo de las palabras, pero no hay nadie. No puedo llegar nunca hasta la puerta.
Entonces despierto.



En mis sueños suena "Elephant woman" de Blonde Redhead.

6.12.08

.sueños atrasados. .04.12.08.

No estoy segura de cómo llegué aquí. Me muevo silenciosamente por los pasillos o por el entramado exterior del edificio. Nadie debe verme. No sé si sea porque me encuentro fuera de la habitación que me asignaron y debiera estar encerrada como todas las demás mujeres, o si ni siquiera debería estar aquí.
La agitación que se escucha dentro del edificio es sorda, como si quien me persiguiera también lo hiciera silenciosamente, sin ser visto. Hay más gente conmigo pero no puedo verlas, sólo intuyo que avanzan a la par que yo.
Entro por una ventana y las demás ya están dentro, pegadas a la pared como si pudieran perderse dentro de ella. Cierro la puerta con seguro y la mujer cautiva me mira sin comprender lo que sucede. Es muy alta, de cabello claro y vestida de vaquera. La empujo y cae de espaldas sobre la cama, sin tratar de levantarse. Las demás rodean la cama y yo salto sobre ella. Quiero hacerle daño, quiero arrancarle las capas. Se mueve como si fuera una muñeca, torpemente, sin cambiar el gesto. Su cuerpo se va hinchando, como si fuera plástico, siento sus ropas como si fueran una membrana cubriéndola apenas, sus venas resaltan bajo su piel traslúcida como si fueran a reventar. Quiero arrancarle la ropa pero siento como si quitara una funda tras otra que terminan atoradas en sus botas ajustadas. No cambia el gesto, la sonrisa idiota. Estoy confundida y no sé qué hacer, las demás sólo miran, no dicen nada.
Tocan a la puerta, una vez, se dan cuenta de que está cerrada. Nos han descubierto, no espero a que las demás hagan nada más y salgo por la ventana. Fuera me sostengo de una cuerda, miro el balcón que une a todas las ventanas de ese pasillo y su conformación extraña, como si fuera una cápsula, incapaz de sostener a nadie. Avanzo hasta la última ventana y entro, pero caigo dentro del cuarto. Al levantar la vista veo a una mujer de pie frente a mí, una mujer hindú con una elegante bata verde. Está descalza, no puedo ver su rostro, sólo alcanzo a ver sus pies y su cuerpo elevándose hasta donde no alcanza mi vista. Me mira queda, sin decir nada, sin alarmarse ni preguntarse nada. Me pongo en pie y salgo del cuarto, veo por el pasillo que ya han entrado al cuarto de la vaquera. Corro en dirección contraria hasta que ya no hay más luz para alumbrarme.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Princesa" de Joaquín Sabina.

30.11.08

.sueños. .30.11.08.

Habíamos llegado hasta un pequeño conjunto de casas, a modo de campamento, en medio de un bosque brillante y cálido. El grupo estaba formado de manera aleatoria, como si hubiésemos sido escogidos para cumplir con una misión concreta que resultaba difícil de precisar. Bajábamos del coche, Eduardo, dos chicas que me parecía conocer superficialmente de la isla y yo. En el lugar ya estaban algunos otros conocidos, aunque aún no podíamos verlos. Todo lucía demasiado tranquilo, como si lo único que se moviera fuera el viento.
Bajábamos con nuestras cosas, equipajes absurdos, y nos dirigíamos hacia nuestras habitaciones. Las casas eran pequeñas, de madera, y estaban organizadas como si fueran las orillas de un cuadrado, donde todas las puertas daban a un espacio abierto de hierba en el centro del lugar. Eran casas pequeñas. Entraba por una de las puertas y atravesaba un pasillo estrecho. Llegaba a un cuarto individual, el único de todos, con una cama enorme de sábanas coloridas, con un cuadro enorme sobre la cabecera y una ventana que ocupaba casi toda la pared de un lado. Era el cuarto de Eduardo, lo sabía, me preguntaba por qué le había tocado el único cuarto individual pero no me detenía demasiado. La ventana era también una puerta corrediza de cristal y salía por ella para entrar en otra de las cabañas. Ahí, en el cuarto en que entraba, habían tres camas grandes, eran los únicos muebles del lugar. La más grande se encontraba en una de las esquinas, colocada contra dos de las paredes que cubrían la cabecera y el lado izquierdo. Las sábanas eran rojizas. Las otras dos, un poco más pequeñas, se encontraban en las paredes restantes: una junto a una ventana grande, aunque no ocupara más que una tercera parte de la pared, y otra separada de cualquier otra cosa. Junto a la cabecera de la cama grande había una puerta que dirigía a un baño u otra habitación. Las dos camas pequeñas, una azul y otra verde, estaban perfectamente tendidas, intactas. Sin embargo yo tenía la noción de que la cama roja era la mía, y dejaba sobre ella varias prendas de ropa clara que llevaba cargando, como si acabara de lavarlas. Pero entonces me detenía mirando la cama destendida, como si pudiera ver también todos los movimientos que habían empujado las sábanas, las personas que habían dormido antes ahí. Es incómodo, dejo entonces mis cosas sobre la cama verde, que es la más lejana.
Entonces entran las dos chicas que venían en el coche junto con una mujer mayor, que aparentemente es una de las organizadoras. Vienen platicando, la mujer les dice que pueden tomar las camas que quedan libres. Pregunto si la roja no estaba ocupada y ella responde que no. La mujer permanece de pie mientras nosotras estamos sentadas sobre nuestras respectivas camas, hablando con ella, mirándola. Ella dice, de manera burlona, si todas nosotras somos novias de Eduardo. Entiendo entonces que las dos chicas que venían en el coche tienen alguna clase de relación con él, conscientes de que también la otra y quizá muchas más, sin que eso importe mayormente. Digo que yo no, quisiera agregar: ya no, pero me callo. Llega la noche y me descubro durmiendo en la cama, siento como si las casas y su orden cambiara mientras dormimos.
Escucho entonces la alarma del despertador, me despierto rápidamente y recuerdo lo que tengo que hacer. La habitación ha cambiado y ahora duermo sola. Me levanto y salgo a patio, las formas se dibujan entre sombras. Camino por una vereda de concreto entre la hierba hasta la casa vecina, donde entro gritando para que los demás se despierten. En una misma habitación están durmiendo las dos chicas y Yahir, mientras que un pequeño pasillo los separa de la habitación de Eduardo. Escucho como se despiertan, apenas, vuelvo a alzar la voz, hay cosas que tenemos qué hacer y es mi deber despertarlos. Se mueven en la cama. Una de las chicas me pide que prenda la lámpara de esferas. Levanto mi vista al techo, que de pronto me doy cuenta que es terriblemente alto, del techo cuelgan mil lámparas con formas distintas, con conceptos imposibles. Una de ellas es una especie de enredadera caída conformada por esferas de colores. Camino hacia la puerta y veo todos los interruptores, como si no pudiera enfocar bien, pero entonces se vuelven uno sólo y es el correcto. La luz que inunda el cuarto es ambarina. Estoy por irme de regreso a mi cuarto, a arreglar todo lo que sea necesario, cuando la otra chica me dice que encienda la luz de los boletos. Veo junto a la puerta una especie de pizarrón de corcho provisto de pequeñas luces. Ahí están clavados los boletos para un evento, como si estuvieran atravesados en una parrilla para pollos, girando. Enciendo su luz y todo alrededor de ellos brilla, es para que no olviden tomarlos antes de salir del cuarto. Son boletos para algún evento que llevan esperando mucho tiempo y que no quieren perderse.
Cuando salgo ya puedo ver claramente, es de noche, una noche cerrada. Una especie de alarma suave suena alrededor y sé que delata mi presencia en el patio interior. Veo que Yahir sale de otra de las casas, burlón, entonces caigo en la cuenta de que no lo vi despertar de su cama porque no estaba ahí. Entiendo que cambió la hora de todos los relojes para jugarme esa broma, como si el hechizo se rompiera todo ha vuelto a la normalidad, como si todos hubieran vuelto a dormir al descubrir, junto conmigo, el truco. No me molesto siquiera por lo que hizo, pienso en todos los relojes a los cuáles tuvo que cambiarle la hora, me doy cuenta que estoy descalza. Camina hacia mí y sin decirnos nada entramos en mi habitación.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Monedas al aire" de Carlos Varela.

20.11.08

.sueños atrasados. .15.11.08.

Entrábamos todos al salón de clases de mi secundaria, con sus bancos viejos de madera, sus tonos oscuros. Afuera hay una sensación de humedad y noche próxima, como si acabara de terminar de llover. Todos nos vamos sentando en diversos lugares como si hubieran sido dispuestos para nosotros, pero no hay ningún maestro al frente a quien debamos nuestro silencio y nuestra calma.
Yo me siento en medio de la fila junto a la pared en que está la puerta. El salón comienza a llenarse y finalmente parece ser que mi escritorio es el único doble y junto a mí se sienta alguien que no alcanzo a reconocer pero que no deja de hablar, hablar y hablar como si lo hiciera para todos y para nadie. No sé hasta qué punto su plática me involucra pero me desespera su voz sobresaliendo entre todos los demás murmullos. Todos parecen distraídos en sus cosas hasta que yo no aguanto más y me pongo de pie buscando otro lugar. Trato de irme a la fila más apartada pero comienzo a darme cuenta que todos los lugares están ocupados. Camino y me pierdo entre los pasillos de escritorios, nadie parece mirarme. Comienzo a desesperarme. Entonces al final de una fila Enrique me mira y me dice que el escritorio junto a él está desocupado, que puedo sentarme ahí si quiero. Me sorprende que me hable, después de tanto tiempo, pero me siento junto a él. Hay otros chicos con los que él habla y me hacen algunas preguntas, como una conversación casual, como si no hubiera pasado tanto tiempo desde que dejamos de hablarnos.
Miro dentro del escritorio y hay una libreta que alguien pareció olvidarlo. No la toco, no sé bien qué hacer mientras sucede lo que tenga que suceder, lo que venimos a hacer todos aquí. Miro confundida hacia todos lados y el salón parece enorme. Entonces desde uno de los lugares del frente se acerca alguien hacia mí, directamente, es la única persona de pie. Es un chico moreno, de cabello oscuro, de lentes. Me dice algo y después me besa suave, cotidianamente. Me sorprendo y retrocedo, en mi mente un pasado imaginario recrea momentos entre ambos y mi sorpresa se debe a la cotidianidad de aceptar cualquier posible lazo. Siento que todos los que están cerca de mí me miran, pero como si el que estuviera fuera de contexto fuera él. Sonríe y me dice que si pensaba que no íbamos en serio y vuelve a besarme. Cierro los ojos y el sueño cambia.
Estoy en una biblioteca, mirando los anaqueles bajos pero interminables de libros apilados como si fueran más bien una librería. Todos los libros con sus llamativas portadas mirando hacia el frente. Estoy buscando algo pero lo que necesito se confunde entre tantos otros libros basura, sin orden. Miro una especie de diccionario de mitologías cuya portada es una mujer en una caracola marina. Miro casi divertida la horrible edición. Es de noche, a lo lejos se perciben ventanales enormes que muestran el cielo nocturno. Estamos en el último piso de un alto edificio. Sólo alcanzo a ver las cabezas de algunas personas que se asoman por entre los libreros.
Saco algunos libros, los muevo, dejo unos, los cambio, parece que no puedo decidirme, como si estuviera nerviosa. Entonces del final del pasillo sale el mismo chico moreno, me sonríe, me siento turbada porque esté ahí. Me pregunta si nos veremos más tarde, que ahora él tiene algo qué hacer. Le digo que no sé, aunque en realidad no quisiera verlo. Él sigue pareciendo tan sonriente y yo trato de volverme lo más lejana que puedo. Se detiene para mirar algo y yo aprovecho para pretender que busco algo más y continuar caminando por el pasillo. Alejándome, hay zonas más amplias y oscuras, pasillos que van a otros sitios alejados de la biblioteca. Trato de irme, ya no tengo nada qué hacer ahí. El apresura el paso y camina hasta mí, me detiene y me dice que me buscará después. No quiero que lo haga pero asiento.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Mal bicho" de los Fabulosos Cadillas.

5.11.08

.sueños. .05.11.08.

Habíamos detenido nuestro camino junto a una iglesia. Junto a ésta se había montado una pequeña carpa y habían algunas mesas blancas con decoración y algún evento pequeño al que no pertenecíamos del todo pero tampoco estábamos de más. Mi madre estaba sentada sola en una mesa, no había casi nadie sentado. Me sentaba frente a ella, sin preguntarle nada, me respondía que no le gustaba esa iglesia, que pensaba que para encontrarse en un campo a mitad de la nada debería ser más linda por dentro. Me hablaba de ella y me la imaginaba como si hubiera entrado, era muy amplia pero casi vacía, incluso la poca decoración que tenía no parecía religiosa. Pero me la imaginaba de día aunque ahora ya era de noche. Mi madre se distraía y yo me levantaba e iba hacia otro lado, pasaba por una mesa donde habían muchas botellas de distintos alcoholes y cada uno podía servirse. Veía una botella de vodka decorada de manera muy extraña pero me gustaba mucho, le quedaba poco alcohol y aunque no podía tomarlo me decidía a robarla. La tomaba y me iba hacia una zona que eran como los baños, pero al entrar eran una especie de pequeños cubículos donde las personas podían entrar en grupos a platicar de manera un poco privada. Entraba a uno, eran completamente beiges, quería alejarme un rato de los demás. Después de un rato me decidía a salir pero entonces escuchaba que alguien me llamaba y volteaba y veía a Cinthia, iba con un grupo de otros conocidos míos, como Alejandra, me saludaban vagamente y yo les respondía con un poco de educación pero huía rápidamente, me topaba con mi hermana al salir y nos íbamos.
Estábamos de nuevo en el coche, atravesando caminos oscuros, cuando veíamos un restaurante de comida rápida que era muy similar a mcdonalds pero demasiado estilizado. Me baja del coche, ya no estaba mi familia, entraba a él porque era el único establecimiento iluminado pero al entrar ya no era un restaurante si no una especie de oficina de luces ambar. Ahí estaban Sergio y Jorge y me hablaban demasiado rápido, preguntándome demasiadas cosas que no alcanzaba a entender. Detrás de nosotros Ariadna hablaba por teléfono, pero era como si del otro lado de la línea también estuviera ella, en otra ciudad, respondiéndose. Trataba de alejarme de las preguntas pero no se detenían, hasta que Ariadna decía que en el teléfono estaba un escritor de apellido Álito. Ambos corrían rápidamente hacia el teléfono y Sergio lo tomaba. Empezaba a hablar pero era como si el auricular hubiera desaparecido de sus manos. Ariadna también.
El sueño cambia, estoy en una cabaña en medio de un bosque nevado. De nuevo están mi madre y mi hermana. Hay una voz que nos habla y quiere obligarnos a realizar distintas acciones pero tratamos de evitarla, aunque no sabemos por cuanto tiempo. Nos subimos a un trineo de plástico rojo que está frente a nosotras y tratamos de huir, pero siempre tenemos la sensación de que hay otro trineo detrás de nosotras. A veces es como si además lleváramos cargando partes de algún cuerpo humano mutilado. Es confuso, por momentos me siento detenida, en otro trineo, con ropa de clima caluroso y personas que no conozco alrededor de mí me hacen preguntas que no vienen a tema. Por qué uso ese tipo de tela, qué letras se repiten a veces. Trato de responder pero no entiendo bien donde me encuentro.
Hay otras partes del sueño que se me escapan, pero eventualmente me despierto.




En mis sueños suena "Porcelain" de Moby.

31.10.08

.sueños atrasados. .29.10.08.

Las paredes oscuras y derruidas de color azul, veo sitios desocupados y pasillos que no sé hacia qué partes llegan. Todas las personas lucen como sombras, sólo alcanzo a distinguir a una niña rubia que corre siempre hacia direcciones contrarias. Sé que tengo que repetir imágenes que han sido predispuestas antes, que tengo que calcar una estructura que ya ha sido dada. Pero las personas no parecen dispuestas a permitirlo, trato de ordenarnos sutilmente pero parecen siempre escapar. Especialmente la niña. Y no puedo repetirlo, miro las paredes, los espacios, lo que va a caerse. Pienso en si vivo ahí, en si es una vecindad, un sitio donde sólo se reune gente a vender comida. Veo algunas ollas con agua hirviendo y otros hombres delante de ellas. Como si todos estuviéramos perdidos y tuviéramos frío, y necesitáramos estar aquí, reunidos, juntos.
Probablemente suceden más cosas, pero eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Giros" de Fito Paez.

27.10.08

.sueños atrasados. .26.10.08.

Me encuentro en una especie de balneario, hay piscinas y desniveles acuáticos por todos lados. Todo parece confinado a paredes estrechas y conductos que llevan de un lado a otro, haciendo difícil la movilidad. Hay poca luz y todo da una sensación de oxidado, viejo. Afuera debe ser de noche, lo único que nos alcanzan es la luz artificial en tonos amarillentos. Me encuentro en una esquina alejada, frente a mí distingo dos piscinas, la más cercana a mí es pequeña, y junto a ella hay otra que se extiende hasta donde no alcanzo a ver. Junto a mí una especie de túnel abierto permite llegar a un nivel superior, al tiempo que arroja agua sobre las baldosas que sobresalían al agua de las albercas. Veo a varias personas, sin reconocerlas bien, dentro del agua más como si estuvieran esperando a que si estuvieran bañándose o nadando. Algunos otros pasan, se van, suben, se alejan. Siento que fui por una razón en específico pero no puedo precisar cual. Es una especie de asilo, entre psiquiátrico y de ancianos, pero a la vez es también un retiro voluntario. Un espacio cerrado en que cualquiera puede entrar y alejarse de todo.
Se acerca Dulce a mí, siento como si hubiera interrumpido una conversación pero no hablaba con nadie. Parece alegre de verme, hablamos durante mucho tiempo, hasta que siento que las horas han pasado y tengo que irme. Decide acompañarme hasta la entrada y mientras caminamos pasamos por en medio de las dos grandes albercas. Pero antes de que pueda alejarme de ellas siento que alguien me habla, volteo y veo a una mujer que me dice si podría hablar con la niña. Volteo y la veo dentro del agua, es la única que queda ahí. Entonces sé que estuvo esperando todo el tiempo para hablar conmigo, incapaz de interrumpirme, pero ya no podía permitir que me fuera sin hablar. Me siento culpable porque ella esté ahí, sé también que no es una niña si no una anciana. Me acerco y puedo ver lo que la vida le ha hecho. Su rostro está quemado, mutilado, entre los restos de piel blanca y fuera de lugar apenas pueden adivinarse los rasgos de la cara. Su vestido blanco y su cabello extremadamente blanco, más canoso que rubio. Apenas si puede hablar, sólo se acerca a mí y me dice: ¿podrías quedarte tomando mi mano?
Pasan las horas, todo cambia, estamos en una pequeña habitación blanca, donde el único mueble es una cama exactamente de su tamaño. Ella está acostada, mirando al techo sin hablar, casi sin parpadear. Y yo no suelto su mano. Sé que la mujer está fuera de la habitación. Dejo que el tiempo pasa sintiéndome culpable sin saber por qué. Ya ha amanecido aunque ella aún no duerme cuando salgo un momento a hablar con alguien, una especie de directivo del lugar. Es apenas una conversación de minutos pero cuando vuelvo la mujer no me deja entrar al cuarto, me dice que ya ha muerto. Siento que es mi culpa haber soltado su mano cuando ella me pidió que no lo hiciera, siento que los minutos que me alejé fueron años y que de nuevo, vuelvo a ser culpable de que ella se encuentre atrapada. Ahora en la muerte.
El sueño cambia y entro a una vieja casa, una especie de casa colonial donde los cuartos se suceden uno tras otro, como si no pudieramos ver nunca el anterior o el siguiente. En medio de cada cuarto lo único que hay es una fuente que se va alzando en distintos niveles. En cada uno de estos niveles sobresale, de manera desigual, distintas estatuas de cerámica. Todas blancas, con distintas formas, en distinto orden, formando una especie de estructura caótica que apenas puede sostenerse a sí misma. Voy pasando de cuarto en cuarto, mirando las distintas figuras de cerámica burda. En algún momento levanto una y dentro de esta se encuentra una porción de tierra alzada con la misma forma que antes ocupara la estatuilla. Son tumbas, pequeñas tumbas en miles de fuentes. A veces por las ventanas de la casa puede mirarse hacia afuera la noche, acantilados, algún mar. Hay gente a mi alrededor pero yo avanzo sola. Miro la porción de tierra levantada y me pregunto como en ese pedazo de tierra podría entrar una familia. Una especie de guía que va antes que yo responde mi pregunta: cuando se tiene poco espacio entierran sólo los corazones. Seis corazones en una pequeña porción de tierra dentro de un jarrón de cerámica barata.
Continuo, miro figuras con forma de peces y pienso en que debí haber enterrado al mío. Miro otras con formas complejas, de flores, otras sin ningún sentido. Las paredes a veces cambian de color, a veces hay más luz, a veces un cuarto ya no lleva a otro y se vuelve como un laberinto. Yo venía buscándola a ella pero ahora me siento atrapada, como si debiera atravesar ese lugar más que encontrarla. Pero sin prisa, continuo avanzando de una forma en otra.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Escrito está" de Corcobado.

22.10.08

.sueños. .22.10.08.

Me dijeron que no saliera de la habitación, estaba en alguna parte de un edificio a oscuras, en medio de una calle abandonada, en algún sitio que no conozco. No había nada en la habitación y yo la sentía tan pequeña como si estuviera encerrada en un armario. La sensación de no pertenecer me hacía preguntarme por qué debía esperar ahí. Y me habían advertido no salir, yo miraba por la única ventana la calle que parecía amarilla por la luz de las farolas en la noche. Como si saltara por la ventana yo me encontraba fuera, y caminaba, sintiendo a lo lejos las luces de neón moviéndose, como si la verdadera ciudad estuviera más lejos, del otro lado. Todo luce abandonado, pero no muerto, como si apenas hubieran dejado esas calles y pronto fueran a regresar por ellas.
El sueño cambia y estoy en alguno de los salones de mi primaria, están en filas todos los grandes escritorios de madera, pero no está el escritorio del profesor, en lugar de ello hay una especie de armario improvisado, grande, como otro pequeño cuarto a un nivel ligeramente superior. Estamos encerrados, como si tuvieramos qué vivir ahí y no hay modo de mirar afuera, las ventanas están selladas. Yo entro al pequeño cuarto como queriendo descubrir qué hay dentro, y no hay nada, más que el espacio entre las paredes amarillas. En algunas partes hay agujeros ya que las paredes son de alguna especie de plástico, ojos curiosos me miran por esos agujeros. Yo tomo papeles que encuentro y los voy colocando para sellar cada agujero, no quiero que me miren, quiero estar sola adentro.
El sueño cambia constantemente y yo corro por azoteas, por paredes de concreto, cambio siempre de sitio, quizá lo único que sé es que no debo salir, siempre debo encontrarme adentro.
Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Afuera" de Jaguares.

13.10.08

.sueños. .13.10.08.

Los insectos se han apoderado de nuestra vieja casa. Regreso a una niñez nocturna donde todo es ajeno menos el cuarto de mis padres. Conozco las reglas, escucho sus pequeños y cientos de pies recorrer todos los sitios. En la cama duermen mi madre y mi hermana, siento el peligro escondido en todos los pequeños pliegues de las sábanas que se amontonan alrededor de sus cuerpos. No sé dónde están los demás, prometimos que no dejaríamos que eso pasara.
Voy encontrando los insectos recorriendo las paredes, debajo de la cama, con sus pequeñas corazas y su simulación de máquinas complejas son sólo metal y color. Y no podemos permitir que continuen apoderándose de todo. Tomo un martillo y trato de matarlos pero es difícil dar con ellos. Parecen no moverse, pero al punto en que estrello el martillo contra sus cuerpos da siempre en el lugar errado. Ellos siguen moviéndose sin alejarse, yo me desespero. Caminan sobre la cabecera, debajo de la cama que es enorme, se pierden.
El sueño cambia, miro a un grupo de chicos jugar beisball. Los miro como si me encontrara lejos, pero al mismo tiempo estoy cerca. Hay algo de tristeza en esa imagen lenta, como si repitieran los movimientos de un juego que es ajeno. Sin ánimos de jugar. Los conozco a todos, los estoy esperando como sin querer hacerlo. Cuando terminan comenzamos a caminar hasta que se hace de noche y el clima cálido se convierte en un frío helado. Comenzamos a subir una montaña porque deseamos acampar en la cima por la noche. Cuando trato de subir por unas piedras me doy cuenta de que no llevo zapatos puestos. El que viene detrás de mí me mira, como preguntándome dónde dejé los zapatos. Y yo le respondo pensando que los había dejado junto a la puerta, pero olvidé agarrarlos antes de salir. Mis pies sólo están cubiertos por gruesos calcetines azules que aún no dejan pasar el frío pero comienzan a mojarse por los restos de nieve. Todos continuan caminando como si no se hubieran enterado de nada, y yo me quedo sentada, pensando en qué debería hacer. Y él se queda delante de mí, simplemente mirándome.
El sueño cambia y estoy jugando cartas con Lillian en un cuarto. No hay nadie más en la casa y el juego no parece responder a ningún tipo de normas. Tampoco parece importarnos, hablamos más de lo que tiramos las cartas. Esperamos algo que todavía no llega. Entonces entra Álvaro de pronto a la habitación y nos dice que pronto nos iremos, que tomemos nuestras cosas. Lillian y yo nos ponemos de pie y vamos al cuarto de junto, encima de la cama está mi maleta abierta y desordenada por todo el cuarto está la ropa. Álvaro entra detrás de nosotras cargando la maleta de Lillian que tiene ya algunas cosas dentro pero que también está abierta y desordenada. La deja sobre la cama y se mantiene junto a la puerta. Vamos buscando nuestras cosas entre el desorden, y entonces yo trato de preguntarle algo a Lillian que no me responde. Le hablo de nuevo y es como si no me escuchara, como si mi voz fuera muda y entonces me doy cuenta de que tampoco Álvaro me escucha. Tengo la sensación de que nada en la habitación es mío, que hay algo que he perdido.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Tú me acostumbraste" de Chavela Vargas.

11.10.08

.sueños. .11.10.08.

Venía con Alejandra en su camioneta, atravesando la calle que se encuentra detrás de la universidad. Era de noche, como si acabáramos de salir de algún sitio cercano pero al mismo tiempo se sentía como esos largos viajes en que a uno lo sorprende la noche sin llegar a su destino. Hablábamos en voz baja y nuestras palabras se confundían con la música, sin voz, que inundaba el espacio dentro del automóvil.
En algún momento, pasando frente a una casa vieja que tiene una larga entrada llena de árboles, vimos como en el carril contrario venía en nuestra dirección Dulce en su carro. Yo no me fijaba en el detalle hasta que Alejandra me hacía ver que, finalmente y contra todos nuestros consejos, Dulce venía manejando. Yo veía entonces que Lili venía en el asiento del copiloto y en lugar de mirar hacia el camino miraba fija pero tranquilamente a Dulce. Por la expresión de ésta y por los movimientos del volante parecía como si estuviese conduciendo a gran velocidad, pero en realidad apenas si el coche avanzaba suavemente por el camino. Lili no parecía alarmada, y deducíamos una discusión en la cuál Dulce se negó a cederle el control del coche sin demasiada protesta por parte de Lili. No volteaban a vernos siquiera y se perdían después de pasar junto a nosotros. Alejandra me comentaba, un poco molesta, lo peligroso que era que estuviera manejando. Yo no reparaba en pensar qué hacían ellas conduciendo desde la dirección contraria, de dónde venían y hacia dónde iban.
Alejandra volvía a la plática silenciosa pero yo no hablaba más, me daba cuenta entonces que la calle estaba sola, que no había nadie caminando y que el de Dulce había sido el único carro con el que nos habíamos encontrado, que las farolas estaban apagadas y que todas las luces parecían haberse apagado también, aunque una cierta luminosidad tenue y sepia caía sobre todos los objetos a nuestro alrededor. Continuábamos en el camino, en dirección opuesta a la casa.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Volve a casa" de No Te Va A Gustar.

5.10.08

.sueños. .05.10.08.

Es de noche y nos encontramos todos encerrados en la habitación. Es la recámara de mis padres de la casa de mi infancia. Pero el cuarto es enorme, la cama se estira hasta lo inimaginable dando una sensación de pequeñas camas pegadas unas con otras. Siento que entra demasiada luz por la ventana, pero no puedo mirar nada afuera. Dormimos intercalados, unos con los pies hacia la puerta, otros hacia la cabecera. Todos usamos las mismas batas blancas, de la misma tela que las sábanas que nos cubren. Del otro lado de la puerta se escuchan ruidos, gritos, quejidos ahogados. Y nosotros también comenzamos a gritar, a movernos, como si tuviéramos que ser el eco de esos sonidos. Como si la reproducción fuese el único modo de mitigar el terror.
Cambio de escena, estoy en la cocina, es la única luz encendida. Es como si temiera encontrarme afuera. Junto a mí hay una chica mirando mis movimientos, es mi pareja. Como si pudiera sentir cada parte de mi cuerpo me doy cuenta que soy hombre. Busco algo, en los cajones, no lo encuentro.
Hay alguien afuera, lo podemos mirar a veces por las ventanas en la sala. Se mueve en el patio, como si nos retara a acercanos, le digo que no voltee a verlo, que lo ignoremos y se irá. Entonces escuchamos cómo derrama algo y mirando que tira gasolina por el patio. Comienza a incendiarse pero es como si el fuego se limitara a un pequeño charco en el concreto, no se mueve. Las llamas bailan alrededor de él pero no se acercan a la casa. Ella me grita que va hacia la puerta y corremos nosotros también. Tiene seguro pero él empuja como si no importara, veo el seguro puesto pero la puerta se tambalea como si fuera a caerse de un momento a otro. Ambos nos mantenemos haciendo peso. Pienso en que jamás he usado un extinguidor, en que los demás tardarán en llegar, en que no hay nadie cerca. Y la puerta tan endeble. De pronto ya no veo las manos ni el cuerpo de ella empujando, ya no siento los golpes del otro lado, ya no miro el fuego por la ventana. Todos se han ido, y sumergida en la noche oscura me encuentro sola.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "El mar" de Ely Guerra.

.sueños atrasados. .03.10.08.

Iba a visitar a Vanessa. Sabía que no se había estado sintiendo bien y pensé que quizá necesitaría de alguien que la cuidara durante algunos días. Era como si viviera cerca de ella, apenas a algunas horas, para que la ceremoniosidad del encuentro quedara relegada a lo cotidiano. Ella vivía en una ciudad eternamente gris, como si las ventanas siempre estuvieran empañadas de humedad. Tenía mi edad y vivía con su hermana menor, apenas un par de años, quien era exactamente igual a ella sólo que con el cabello muy largo y profundamente negro.
La melancolía de Vanessa era una mezcla de depresión y gripa, parecía siempre sin ganas de moverse, mirando por las ventanas. Su departamento era pequeño y poco amueblado, con demasiada luz que lo hacía lucir demasiado blanco. Su hermana me insistía constantemente que saliéramos, que hicieramos algo, ella estaba siempre con un pie afuera, saliendo y entrando. Vanessa no decía nada. Y yo siempre declinaba las invitaciones de su hermana, advirtiéndole que había ido para cuidar a Vanessa. Pero ella insistía, siempre, como si quisiera alejarme de su hermana. Ellas apenas si se hablaban, como si no se conocieran. Finalmente tengo que declinar, mientras me encuentro en la cocina lavando algo, explicándole que no pienso salir con ella. Entonces se marcha y no vuelvo a verla.
El día que me voy Vanessa me acompaña al aeropuerto. Para llegar debemos de tomar un tren que recorre lentamente por campiñas verdes y húmedas. Somos las únicas en el vagón y vamos todo el camino abrazadas sin decir nada. Cuando llegamos a nuestro destino soy la única que se baja, ella se queda dentro y se despide de mí mientras espera que el tren vaya de regreso. En la estación ya es de noche y afuera llueve terriblemente. Alguien viene conmigo, detrás de mí, y yo arrastro mi maleta hasta la salida. Afuera hay un sólo taxi esperando pero una familia delante de mí lo toma primero. El taxista me pregunta a dónde iré y le digo que al aeropuerto y promete regresar por mí. Me detengo contra la pared, sola, mirando la noche, a esperar.
Entonces cambia el sueño.
A partir de ahí vienen imágenes confusas. Un enorme reloj rosa de pulsera que me dan para que funcione como celular. Una casa en la esquina de la de Mayra, desde donde corro por las noches para escribirle mensajes en su puerta metálica blanca, por fuera, para que ella los lea por la mañana. Un supermercado donde corro mientras me encuentro con diversos primos en el camino, algunos me jalan para que corra con ellos. Confusión y superposición de imágenes.
Eventualmente despierto.




En mi sueño suena "Nada" de Juanes.

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.

13.8.08

.sueños. .13.08.08.

Alguien frente a una puerta blanca me pide mis llaves. Remuevo y saco un grupo de numerosas llaves de metal. Cuando trato de encontrar la de la puerta me pierdo entre todas ellas, luciendo tan similares. Ese alguien, frente a la puerta blanca, me muestra su propio juego de llaves, coloreadas, diciéndome que debería ordenar las mías así.

Me despierto pensando en largos papiros escritos con muchas diferentes lenguas, y en cuentos con muchas noches. Pero la alarma para despertarme confunde los sueños concretos y desbarata lo poco que podría quedar de ellos.




En mi sueño suena "Tu gitana" de Luar Na Lubre.