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8.2.09

.sueños atrasados. .06.02.09.

El auto se detiene en mitad de la nada. Vengo en la parte de atrás de la camioneta y tengo la idea de que el conductor ha salido a pelearse, pero después ya no hay nadie fuera. Ni queda nadie dentro. A lo lejos sólo se mira el paisaje desértico. Me bajo. Me siento mal, siento como si mi cuerpo se encontrara hinchado, como si por mi garganta subiera alguna clase de relleno. Siento mi garganta atorada y mi boca llena y me arrodillo tratando de vomitar pero no puedo. La sensación es dolorosa, como una herida interna que sangra. Continuo tratando de vomitar y cuando por fin lo logro es un líquido negro que cae al suelo. No me hace sentir mejor, continuo sintiéndome llena de malas cosas. Es algo que está mal dentro de mí y sé que tengo que escupirlo todo pero no puedo. Pienso en que todo dentro de mí es negro y no puedo escupirlo.
Avanzo hasta llegar a un centro comercial de varios niveles. Veo personas pasando junto a mí y que se alejan, atravesando los pasillos. Todo luce de un ambiente cálido, las paredes son anaranjadas y hay varias plantas. Yo subo escaleras, salto de un nivel a otro, veo tiendas de piedras preciosas en formas extrañas. Espero a alguien, quizá a la misma persona que estaba en el coche conmigo. Pero parece como si nunca fuera a llegar, como si ya estuviera ahí, en alguna parte, pero no fuera a llegar conmigo nunca. Me desespero pero no puedo hacer nada, continuo avanzando de un lado a otro, me desespero. Estoy mareada y quisiera vomitar de nuevo. Me detengo en un pasillo y quisiera poder soltarlo todo. Hay alguien detenido junto a mí, me mira como si le importara pero no hace nada. Me duele todo el cuerpo, quisiera que todo terminara, pero no puedo vomitar.
Entonces despierto.

22.1.09

.sueños atrasados. .16.01.09.

La habitación es todo, no se le puede contener, los pasillos no llevan lejos de ella. La luz amarillenta da una sensación de que ya ha anochecido siempre. Hay poca gente pero todo luce tan pequeño por momentos que siempre parece que estamos amontonados, que todo el tiempo chocamos con los demás y que nuestro cuerpo apenas puede limitar su propio espacio. Yo vivo ahí, tengo mi espacio para escaparme, y por encima de todas las cosas miro mi casa, como una pequeña casita del árbol construida sin árbol alguno.
Hay algunas mujeres cerca de mí y hablan, aunque no les presto atención ni puedo entenderlas. Alguien más me dice algo y me siento retada, como si tuviera que demostrarle algo a los demás, encontrándonos todos tan atrapados. Tomo la escalera y me dispongo a subir a mi habitación casa del árbol, casi casa de muñecas. La escalera es pequeña y luce frágil, la acomodo pero no parece suficientemente rígida como para aguantar mi peso. Trato de acomodarla un poco más pero no tiene caso. Todos me miran mientras realizo esta acción, como si fuera mi gran prueba.
Subo unos escalones y siento como si fuera a romperse. Al único que yo puedo mirar es a quien me retó. Continuo subiendo como si la distancia fuera muy larga aunque la casa apenas si debe suspenderse unos dos metros y medio por encima del nivel del suelo. No miro hacia arriba mientras subo.
Cuando llego al final me doy cuenta que no hay final. La escalera da contra la pared también amarilla. La gente continua mirando, la escalera se encuentra contra un enorme librero infantil. Mi casa ha desaparecido dentro de uno de los libros. Ellos no dejan de mirarme y yo ya no quiero mirarlos a ellos. Tomo el libro, de pasta oscura sin dibujos, lo abro. Parece una libreta de dibujo, en sus páginas apenas algunas manchas de colores claros casi diluidos con agua pretenden concretar formas. Mi casa está dentro y sé que si quisiera podría entrar. Cierro los ojos y quiero desaparecer. Pero no puedo.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Mi niñez" de Joan Manuel Serrat.

31.10.08

.sueños atrasados. .30.10.08.

Me encuentro sentada en un parque cuadrado. Parece un espacio cerrado, donde la vegetación se encuentra hacia las afueras mientras en las esquinas aparecen bancas de concreto y metal. Me encuentro sentada en una esquina leyendo, junto a mí hay dos personas más, una especie de compañeros que platican a su vez con otras personas que se encuentran fuera del espacio. Cada uno ocupa una banca distinta y tiene una bolsa con sus cosas.
Hay tres hombres que dan una vuelta tras otra al especio cerrado, acercándose hacia los bordes. Yo los miro pasar una y otra vez, como si fueran los tres el mismo y como si no se cansaran de su inútil labor. Los tres visten de negro con ropas deportivas. No me dejan concentrarme en mi lectura y siempre que van a acercarse tengo que levantar la vista del libro para concentrarme en ellos.
Mis acompañantes, en un punto, se levantan y se inclinan sobre las jardineras para poder hablar mejor con las personas de fuera y dejan sus cosas en las bancas. Entonces tengo la sensación de que somos los únicos en un terreno enorme y casi desolado. La siguiente vez que pasan los hombres corriendo toman las dos bolsas de ellos y se dan a la fuga. Una fuga cíclica porque continuan corriendo en círculos pero ahora como si estuvieran alejados de nosotros. Yo tomo mi bolsa fuertemente y la mantengo junto a mí, con la sensación de que si la suelto un poco o si dejo de verlos se la llevarán también. Pienso en avisarle a los otros, que continuan hablando, sobre el robo, pero pienso que no tiene caso y mejor sencillamente me voy.
Tengo que llegar a mi trabajo, tomo un auto negro que comienzo a usar por primera vez y pienso que no debe ser tan difícil. Manejo hasta llegar a la colonia donde vivía de niña, hacia la zona más alejada y donde se encuentra un edificio algo derruido. Dejo el coche estacionado en la calle de enfrente, donde no camina nadie y entro. Todo parece en construcción, la entrada es pequeña y parte de las baldosas del suelo han sido removidas y se puede ver la arena debajo. Algunas partes están restringidas al paso. Las escaleras son pequeñas y sin soporte alguno, como si uno fuera a caerse de un momento a otro. Pareciera también como si no hubiera techo y el cielo se observara entre los huecos abiertos. Subo al segundo piso y ahí hay un pequeño salón que se escapa a la construcción caótica. Es de piso de madera y las paredes de espejos, como si fuera un salón de baile. Hay un gran grupo de señoras que apenas entran en ese espacio y que visten trajes de colores llamativos. Parece que dieran vueltas constantemente, siempre sobre su mismo eje y apenas chocando de pronto unas contra otras. Yo trabajo ahí, para una mujer que no puedo distinguir entre las demás y sin saber en qué consiste mi trabajo. Solo me mantengo ahí, mirándolas.
Entre todas ellas reconozco a Aranza y me sorprende un poco verla ahí. Me explica que está haciendo su servicio social en el mismo lugar. Platicamos brevemente antes de que las mujeres comiencen a irse y sea hora de retirarnos. Somos las últimas en bajar. Cuando está por irse le digo que puedo acercarla a su casa, si no teme a mi terrible habilidad para conducir. Me dice que tiene que pasar a buscar algo a una casa por ahí y que mejor va caminando. Me siento tonta por habérselo ofrecido y me voy.
El sueño cambia y estoy en las afueras de un espacio arenoso, con algunos locales de madera. Como si fuera una reproducción en fantasía de un pueblo de vaqueros. Hay poca gente y los lugares parecen pequeños y desiertos. Camino como si tuviera un rumbo fijo pero lo desconociera. Entonces veo que un hombre sale de un local y detiene a una joven que camina frente a mí. Luce joven, de cabellos castaños y un vestido blanco y azul. Él le pregunta por el final de un cuento que tiene pero que sólo llega hasta la mitad. Habla de una joven que queda atrapada en un pequeño pueblo. Ella le dice que sabe el final, que la joven sería torturada, que su cabello sería cortado completamente, que le arrancarían las ropas y la reducirían al mínimo de su ser. Que estaría condenada siempre, en un estado intermedio casi metafísico. Y mientras habla sé que habla de ella, sin saberlo, que ella quedará atrapada ahí y será torturada y su condena casi griega estará más allá de los límites de una posible realidad. La miro e imagino su cabello castaño cayendo por montones junto a ella, con su vestido roto y con todo el pueblo fantasma a su alrededor. Pero simplemente continuo caminando.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "La soledad" de la Bersuit Vergarabat.

27.10.08

.sueños. .27.10.08.

Veo repetida una imagen, como si sucediera detrás de un espejo. En ella una mujer se encuentra atrapada en una habitación. No se distingue bien su rostro pero tiene el cabello negro y una bata blanca. En algún momento, sin que se de cuenta, una mano invisible parece atar hilos rojos alrededor de su cintura. El movimiento de los hilos dificulta sus propios movimientos, se encuentra atrapada. En la habitación parece estar sola pero no lo está, tampoco puede salir.
Luego vuelvo a donde estoy, la casa de Nery, fui a visitarla y me lleva hacia la habitación donde tendré que dormir. Subimos por unas escaleras pequeñas, alejadas del resto de la casa, pasamos por una habitación y luego llegamos a otra más alta. Es una habitación amplia, hay tres camas y un baño, aunque no tiene ventanas. El piso es de madera, las camas están cubiertas por sábanas blancas. Nery me dice que ahí dormiré y se despide. Yo siento que la habitación es la misma que veía antes. Le pregunto dónde dormirá ella y me dice que en el cuarto que pasamos primero. Le digo que porqué no duerme aquí conmigo, que hay suficiente espacio y así podremos platicar antes de dormir. Me responde que no le gusta este cuarto y se va.
Me siento incómoda, trato de no pensar en ello pero no puedo dormirme, dejo todas las luces encendidas. En algún momento entra una mujer que trabaja en su casa, una mujer grande, con ese dejo de paz y sabiduría, me dice que sólo va a buscar algo. Entonces me pregunta por qué duermo en esa habitación y le respondo que Nery me dijo. Dice que no debió haberlo hecho, que Nery prefiere pensar que no sucede nada en su casa pero que no es bueno dormir ahí, que vaya con ella y podré dormir en su habitación. Subimos hasta el fin de las escaleras, una habitación más pequeña pero con ventanas en todas partes, luminosa como si fuera de día. Pero entonces siento como si alguien atara hilos rojos en mi cintura, trato de moverme pero no puedo. Ella dice que es tarde, que olvidamos cerrar las puertas y ya nada puede hacerse. Y ahora yo estoy del otro lado del espejo, o me miro de lejos, como si ya no estuviera ahí.
Suceden otras cosas más que no puedo hilar, y entonces despierto.




En mi sueño suena "Ella usó mi cabeza como un revolver" de Soda Stereo.

12.10.08

.sueños. .12.10.08.

Camino por las calles de una ciudad clara pero sin gente. Alguien va a mi lado, un poco por delante de mí, un amigo a quien no miro directamente. Estamos buscando un café que él mencionó pero que parece haber desaparecido de un momento a otro. Entramos de pronto en un edificio grande, como si fuese un hospital o algunas oficinas. Por dentro los espacios son enormes y lucen vacíos, lo único que se distingue es la alfombra roja en el suelo. Avanzamos hacia nuestra derecha y vamos recorriendo el sitio hasta que se convierte en otro, una especie de museo de aquellos que parecen haberse localizado dentro de grandes casas viejas remodeladas. Llegamos hasta el final, donde hay unas amplias escaleras en espiral que llevan a un segundo piso casi improvisado. Subimos. Arriba es una especie de patio simplemente, sostenido sobre el salón que se encuentra abajo. Hay mucha gente, aunque lal mayoría van solos o apenas en parejas. Como si fuera un mirador sin vistas a ninguna parte. Llego hasta el final, hacia el barandal por donde se asoma a la parte de abajo y al mirar hacia allá descubro que ahora es una iglesia, aunque no hay bancas y muchas personas, vestidas elegantemente se encuentran allá. Miro a mi prima Tere, quien viste un vestido azul y luce más joven, voltea hacia arriba y me dice que baje, que ya va a comenzar, y yo me siento entonces de 10 años, vistiendo un traje de paje y me dispongo a bajar las escaleras.
Pero el sueño cambia, recorro de nuevo los sitios de algún edificio, está por caer la tarde y la luz es grisácea. Voy buscando a alguien, hasta que llego a un cuarto con unas enormes puertas de cristal opaco y metal oscuro. Están ligeramente abiertas y veo dentro a mi prima María José. Es su boda y voy a buscarla, a preguntarle si ya está lista, y la veo frente a un tocador, ya con su peinado completamente realizado pero vistiendo únicamente una bata. Detrás de ella se ve una enorme bañera de mármol con agua. Parece sorprendida y un poco inquieta de haberme visto, me dice que ya casi está lista pero que decidió que antes de la ceremonia iba a tomar un baño con su prometido. Escucho como él se encuentra en un cuarto conjunto y que está a punto de entrar, pero mi prima cierra las puertas antes de que pueda verlo. Me alejo y regreso a la iglesia, que es una especie de santuario construido con modelos arquitectónicos griegos, compuesto de varios recintos donde todos los objetos son tan bajos que permiten que pueda mirarse sin problemas hacia el frente, donde se encuentra el altar. Llego donde se encuentran varios familiares y les digo que tardará en comenzar la boda porque los novios se están bañando. Algunos parecen sorprendidos por los conceptos mudables de moralidad pre-matrimonial, pero yo insisto en que si llevan tanto tiempo viviendo juntos ya es algo ridículo. Uno de mis tíos me dice que habló con Francia y que también se casará en unos meses. Primero me alegro, pero entonces pienso que ella ya está casada en realidad, como también lo está María José y que en realidad la única que podría casarse aún sería Angélica. No sé si atribuir aquello a una confusión por parte de mi tío o a que me encuentro detenida en un tiempo anterior a todos aquellos sucesos. Todos parecen regresar a sus esperas y sus actividades.
Yo no me siento arreglada para el evento y entonces veo que se encuentra por ahí un estilista amigo de alguna de mis primas, le pregunto si puede peinarme y me dice que sí. Voy con él hacia otro sitio donde se encuentran unas elegantes sillas negras y me siento en una. Lo veo platicando con un joven sentado algo alejado que me parece demasiado conocido. Sé que es su pareja, sus rasgos son muy suaves pero todo en su rostro parece demasiado pequeño, su mirada es extraña. Sé que es amigo de Erika, aunque él no parece recordarme a mí. Me extraña que esté ahí. El estilista comienza a peinar mis cabellos mientras yo miro una pequeña fuente que se encuentra frente a mí.
Y el sueño vuelve a cambiar. Me encuentro en un enorme cuerpo de agua, cambiante, hay piedras que van formando diferentes arquitecturas improvisadas, o variando la profundidad del agua conforme avanza. Somos criaturas de agua, el sol crea reflejos de todos los colores. Somos muchos, escucho que alguien cuenta una historia detrás de mí. Habla sobre tigres marinos que se esconden entre las olas, de cazadores que entran en su juego y sobre el saber en qué momento no podemos ganar. El cazador de la historia, ante la amenaza inminente de su derrote, se convierte en un rizo metálico que se hunde en el agua.
Me alejo, me pierdo entre las aguas y las rocas, a veces siento a las personas cerca de mí y a veces lejos, aunque quisiera que siempre estuvieran lejos. Siento golpes en el agua sin entender quien los da, todo parece estar dando vueltas o soy yo que no salgo nunca del mismo sitio. Estoy muy confundida, quizá ese sea el peligro. Siento a muchas personas cerca de mí, mirándome, viendo como me convierto yo también en un rizo metálico y me voy hundiendo hasta el fondo de las aguas profundas.
Entonces despierto.



En mi sueño suena "Va a empezar a llover" de Enrique Bunbury & Vegas

9.8.08

.sueños. .09.08.08.

Camino sobre una calle pequeña, como de pueblo. Es de día y hace calor, me dirijo a un punto fijo que es un local al final de la calle. Alguien me pidió un favor y yo tengo que ir y preguntar ciertas cosas. Entro, el lugar está vacío a excepción de un par de personas en la barra que parecen atender, pero no me prestan demasiada atención. Las paredes del lugar parecen una especie de formación rocosa natural, muy conveniente, pintada con colores azules y rosas llamativos. Subo al siguiente piso, el techo parece más bajo y las sillas y mesas son diferentes. Me siento en una, en un rincón alejado, hay un par de chicos cargando cajas y moviéndolas de lugar. Saco cosas de mi bolsa y mentalmente hago anotaciones del lugar. Al final del piso hay una reducida escalera de caracol de metal oscuro. Me dirijo a ella, comienzo a subir pero no se ve el final. Me detengo llegado un punto en que parece que estoy atrapada entre dos pisos. Me siento en un escalón y me recargo en otros, me quito mis anillos y los dejo en uno más arriba. Me quedo dormida.
Me despierto como si fuera el día siguiente, pero todo luce igual, salgo rápidamente del lugar como si no quisiera que nadie me vea. Caminando de regreso por la calle siento que mi bolsa pesa más que antes, mirándome reflejada en un escaparate descubro que es enorme y apenas si puede cerrarse. Entonces recuerdo que olvidé mis anillos y tengo que regresar corriendo por ellos. Tengo prisa, como si tuviera que estar en otro lado.
El sueño cambia y me encuentro en un aeropuerto, llegando a Pakistán. Me recibe una chica que estudiaba en mi prepa, como si nunca hubiéramos perdido contacto. Miro todo asombrada cuando ella me presenta a sus padres. El aeropuerto es como un gran espacio abierto, de paredes de piedra clara, con enormes cuadros dorados colgados de las paredes. No hay sillas, ni muebles, sólo personas caminando de un lado a otro. Su padre va con otras dos mujeres y yo camino a la par de mi amiga y su madre. Salimos del lugar y veo como un gran desierto.
Su casa es enorme, con espacios abiertos intercalándose con más habitaciones o salones. Estamos sentadas a la orilla de un río artificial por donde cruza un puente. El fondo del río es azul, yo remojo mis pies en el agua y ella recostada junto a mí me cuenta historias de su país. Su padre nos llama entonces y nos dice que tenemos que atravesar el puente, que nos preparemos. Llegamos a una zona con camellos muy altos, cuyas piernas miden más de tres metros. Le digo que cuando era pequeña estaba obsesionada con los camellos. Su padre nos indica el modo en que nos colocaremos, los camellos marchan en líneas de cuatro y los ocupantes de las orillas tienen que sostener un enorme manto colorido que nos cubre a todos. Mi amiga me habla de las personas que viven en el río y que debemos tener cuidado con las flechas. Menciona un término en su idioma que significa morir en el río, y entonces miramos como pasan algunas pequeñas barcas con cadáveres con los ojos abiertos y la piel llena de pequeñas flechas, casi como espinas. Cuando disparan pareciera como si comenzara una lluvia de esas pequeñas flechas.
Pero no alcanzamos a subirnos, algo sucede y de pronto pareciera que reinara el caos, me encuentro sola y escucho ruido de flechas y disparos. Camino pero no puedo encontrar el rumbo entre las habitaciones de la casa, atravieso el río artificial y siento que hay demasiado humo. Entro en una habitación y descubro que es la cocina, un hombre con una pistola me apunta y yo solo alcanzo a tirarme al suelo. Siento que alguien me jala por el brazo y voy atravesando una habitación a otra sin fijarme, sólo escucho el ruido, hasta que llego a un cuarto donde se encuentra mi amiga. Está recostada y su pequeña cama es el único mueble en el cuarto, localizado justamente en medio. Dos mujeres se mantienen de pie junto a ella, vigilándola, cuidándola. Está herida pero no puedo verlo porque una manta la cubre, llego junto a ella y me abraza y comienza a llorar. Me dice que no quería que las cosas salieran así, que al día siguiente viajaríamos a Europa y nos olvidaríamos de todo. Yo solo la abrazo y no le digo nada.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Beyond the wall of sleep" de Sopor Aeternus.

5.8.08

.sueños. .05.08.08.

Era una casa vieja y enorme, llena de pasillos y escaleras, totalmente alfombrada de rojo y sin ventanas por las cuales mirar. En un cuarto me encuentro con mi hermano y ahí vemos películas de terror viejas con pésima calidad. Primero vemos una basada en los crímenes de un asesino serial que en la representación lucía más bien como una momia, completamente chupado y con los ojos idos. La película se corta a la mitad y mi hermano me dice que vaya a buscar el resto. Salgo de la habitación y a la derecha hay unas enormes escaleras, bajo, tengo noción de recorrer muchos pasillos y cuartos y de hablar con algunas personas aunque tengo la noción de que estamos solos en la casa. Al final encuentro los discos y subo de nuevo, al llegar a la habitación nos damos cuenta de que comienza una nueva película pero no nos importa. Al inicio hay un hombre parado en un andén que en realidad es una sola estructura de piedra. Sabe que hay alguien cercano a él pero no podemos verlo, llega un enano y él le da una carta, le dice que es importante que llegue pronto a su destino. El enano quiere saber qué es lo que sucede pero todo parece completamente en secreto. Luego la escena cambia a una casa exactamente igual a la que nos encontramos, donde un hombre con el rostro casi cadavérico habla frente al espejo, su esposa detrás de él parece no percatarse de la propia apariencia del mismo ni de nada, como si su conversación fuese algo completamente independiente de la trama. El hombre finalmente abre la boca y se ve entonces que no tiene dientes si no, en su lugar, una especie de encías afiladas grotescamente. Todas las escenas se han sucedido en blanco y negro.
Mi hermano y yo simplemente continuamos viendo la película. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Track 12" de Devil Doll.

31.7.08

.sueños atrasados. .27.07.08.

La playa era clara y daba la idea de que las casas se organizaban justamente hasta donde llegaban las olas. Yo no podía ver las demás casas, en realidad, me encontraba de frente a un restaurante debajo de una gran palapa. Todo lucía blanco, una barda de piedra gruesa y blanca bordeaba la primera zona, y a lo lejos podía ver unas pequeñas escaleras que conducían a otro salón que desconocía. No había nadie, todavía, las mesas estaban vacías y ni siquiera se veía algún mesero rondando. Llegarían, el sol estaba en su punto y una suave brisa daba el toque adecuado al lugar. Estaba esperando a alguien, pero lo esperaba para alejarme con él, o con ellos.
Yo caminaba por la barda de piedra, bordeando el lugar, mirando únicamente mis pies y el lugar comenzaba a llenarse de gente y gente que yo jamás miraba a la cara. Sus voces eran murmullos que componían un ruido suave, como de grillos. A veces el agua de las olas crecía, como una marea extraña y llegaba al lugar hasta superar las bardas y comenzar a inundarlo todo. Nadie se movía, todo quedaba cubierto por un mar frío de agua cristalina que parecería dulce. Entonces del mismo modo, se alejaba.
A punto de irme descubría que había olvidado mi celular en alguna parte y recordaba haberlo dejado en una de las esquinas, caminaba de vuelta hacia él y estaba cuidadosamente colocado en medio de la barca. Pequeño y negro. Lo recogía y me disponía a irme aunque no había concluido mi espera.
Entonces entraba Alejandra en el lugar, vestida elegante pero tropicalmente, acompañada de un par de amigas que entraban directamente sin voltear a ver a nadie más hasta atravesar las escaleras hacia el fondo. Alejandra se detenía al verme, yo ya me encontraba en la entrada, y me recordaba que habíamos quedado de hacer algo en unos días. Yo le preguntaba entonces si ya había inscrito las materias del próximo semestre y ella me respondía que no, que se había cambiado al TEC y a la carrera de comunicaciones, ambiguamente comentaba que este semestre no metería ninguna materia. Yo lo recordaba y entonces no me sorprendía, sentía que todos habían abandonado ya y era completamente natural. Me recordaba de nuevo nuestra cita y se alejaba hasta las escaleras del fondo. La marea comenzaba a subir de nuevo. Yo me alejaba entonces caminando por el borde de los demás lugares a la orilla.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Me gustas cuando callas" de Brazilian Girls.