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10.1.09

.sueños atrasados. .07.01.09.

Estaba de nuevo en la isla, volvía a ser de nueva una adolescente. Me encontraba devuelta a aquellos años a la vez que los cargaba encima. Salía del teatro de la ciudad como si hubiera salido de una clase. Me encontraba por el estacionamiento cerca del parque central y la tarde comenzaba a caer. Todo lucía abandonado y ya sólo quedábamos Mariana y yo ahí afuera. Hacía mucho frío. Mariana fumaba un cigarro mientras platicábamos y yo sostenía unos libros. Entonces ella me decía que ya tenía que irse y que pediría un taxi. Me ofrezco a acompañarla unas cuadras y luego continuaría caminando hasta casa de Ian que vivía cerca de ahí. Era como si las calles después del centro continuaran creciendo hasta su casa.
Antes de subirme al taxi le preguntaba si estaba bien mi atuendo, me sentía preocupada por cómo me vería Ian. Llevaba un vestido negro muy corto, una mezcla entre vestido formal y vestido de playa. Era lindo, pero yo me sentía nerviosa de que la falda pudiera lucir muy corta. Mariana me decía que no, que estaba bien. Yo trataba de jalarlo para conseguir que bajara un poco más y era como si jalara más tela que se encontraba debajo. Como si la falda tuviera otra debajo en color azul deslavado que queda más larga que la tela negra. Sentía como si mi cuerpo, de la cintura para abajo, fuese un terreno enorme donde podría encontrar telas y telas saliendo, como del sombrero de un mago.
Mariana detenía un taxi y me subía con ella. Avanzábamos por calles muy grandes y en la esquina le decía al taxi que me bajaba pero él no se detenía. Seguía insistiéndole y él decía que lo haría, pero continuaba avanzando. Comenzábamos a discutir, a agredirnos verbalmente, hasta que por fin se detenía pasadas varias calles. Él decía que se detendría sólo cuando fuera el momento y yo le respondía que, claro, el momento sería muchas cuadras después de que uno debiera bajarse. No me despedía de Mariana y comenzaba a avanzar por las pequeñas calles que llevaban al centro de la ciudad. Le llamaba por teléfono a Ian para preguntarle si me estaba esperando y me imaginaba su casa como una pequeña casa caribeña y él me decía que sí y me sentía como una adolescente de nuevo al escuchar su voz.
Entonces despertaba.




En mi sueño suena "Our last summer" de Abba.

8.10.08

.sueños. .08.10.08.

Era como si la casa fuera todo, como si la ciudad se ramificara a partir de sus pasillos, del encuentro y superposición de sus habitaciones. Tan blanca, las paredes tan altas, las ventanas grandes que siempre parecían retratar la oscuridad de afuera. Caminaba yo hacia el encuentro de Miriam, en algún bar, y llegado daba la sensación de haber simplemente llegado hasta su cuarto. Platicábamos durante mucho rato sobre nuestras vidas, le decía que apenas me había mudado de nuevo y que todo iba bien. Ella parecía pasar de la alegría a una tristeza suave, siempre con el mismo gesto. Hablaba pero no me contaba nada. Le decía entonces que tenía que regresar, que esperaba dormir temprano, y ella me decía que se quedaría ahí un rato más, y al salirme de la habitación no tenía la sensación de abandonar un espacio suyo si no un local lleno de gente.
Caminaba entre los pasillos, que de pronto daban la sensación de ser calles de arena húmeda, de colonias perdidas e inseguras, con casas de aluminio oscuro a mis costados. Llegaba hasta el cuarto de Jorge que parecía ser la entrada a mi casa, la delimitación de ella en toda la estructura infinita. Jorge fumaba lenta y tristemente en su cama, como si pensara demasiado en algo. Lo saludaba y le decía que iría a mi cuarto por algo pero no respondía. Continuaba por los pasillos y tenía la sensación de recorrer distancias enormes y jamás llegar a un sitio mío, siempre encontrar las cosas de paso. Después de lo que sentí que fue demasiado tiempo regresaba y Jorge se encontraba en la misma posición pero ahora, junto a él, estaba recostada Miriam. Platicaban quedamente. Al verme Miriam me decía que si no pensaba dormirme temprano, pero no le respondía. Comentaba entonces de qué tal lo pasábamos ahora que nos habíamos mudado juntos y yo respondía que bien, que jamás me había sentido mejor en otro lugar. Aunque sabía que Jorge le había estado contando antes de cómo se sentía al tener que vivir ahora con Ian, Bake y yo. Como si ellos dos fueran una extensión de mí, pero al mismo tiempo una multitud que lo ahogaba y que lo hacía difuminarse entre las paredes, convirtiéndolo en sólo uno más de aquella casa que antes había sido su casa. Pero no decía más frente a mí, y yo lo abrazaba fuertemente, sintiendo que al abrazarlo también abrazaba a Ian y a Bake, que debían estar silenciosos en sus habitaciones, en algún otro lado entre tantos pasillos.
Pensaba en si Miriam se quedaría hasta tarde y en si Jorge se sentía cómodo con ella, como si fuera imposible imaginarlos platicando ahí, aunque no platicaban en mi presencia. Me acercaba para mirar por la ventana y veía las calles de arena húmeda en las que me parecía que antes me perdía. Me iba de la habitación sin despedirme.
En alguna parte de la casa también estaba él, como si no estuviera, aunque Jorge no lo mencionara. Yo me lo imaginaba detenido, e imaginaba sus reacciones ante conversaciones hipotéticas. Porque incluso aunque estuviera soñando tenía que imaginarlo. Aunque estuviera soñando no podía verlo.
Quizá pasó más tiempo mientras estuve perdida de nuevo en los pasillos. Eventualmente despierto.




En mis sueños suena "Laberinto" de Fábula.

15.9.08

.sueños. .15.09.08.

Estoy detenida junto a unas mallas metálicas, endebles, viejas. De mi lado, una calle larga y abandonada, del otro un terreno baldío de arena y charcos. En el terreno baldío se levanta un circo improvisado, cuyas carpas oscuras y viejas apenas pueden mantenerse de pie con formas irregulares y equívocas. Los espacios se continuan unos a otros, como un laberinto de telas deterioradas. Todos lucen demasiado pequeños y de contenidos dudosos. Delante de todos ellos, sin poder adivinarse las entradas, en unas mesas metálicas se encuentran algunas personas vendiendo los boletos. Algunos de ellos son enanos. Pocas personas parecen querer acercarse y el lugar no deja de lucir abandonado. Yo entro y me acerco a una de las mesas, hay tres funciones en el día y yo compro para la más tarde. No tengo nada más qué hacer pero parece ser la mejor opción esperar hasta entonces. Compro dos boletos y salgo.
Afuera, un grupo de personas de ropas oscuras, una especie de vagabundos, se recuestan contra las mallas, sentados en el suelo, uno junto al otro. Me recuesto yo también, más cercana a la entrada del circo que a ellos, sin sentarme por completo en el suelo. Ian llega y se coloca junto a mí, de pie, como si hubiese estado ahí desde antes, como si fuese por él por quien yo me hubiese quedado. Los hombres hablan un poco del circo, de los fenómenos que se exhiben en él, de manera poco clara y que no deja adivinar lo que verdaderamente se esconde detrás de esas carpas. La tarde parece que se acerca a morir y todo tiene una sensación de arenoso, de cálido detenido. De pronto empiezan a hablar de la reina y dicen que está loca, pero la mención de ello contiene una carga semántica inentendible, una composición compleja de toda su estructura mental que no acabo a entender. Sólo puedo imaginármela, elegantemente vestida de rosa. Ian habla con ellos y cuando yo pregunto evidencio lo alejada que estoy de la conversación. Ian me dice que ya me lo había contado, que habíamos hablado de lo mismo algunos días antes, pero yo no lo recuerdo.
Entonces el sueño cambia. Estoy saliendo de la escuela y voy camino a la casa. Llevo una enorme mochila negra cuyo contenido deforma su visión normal, aunque no termina por ser pesada. El camino a la casa parece un laberinto de calles cerradas, de pasillos de restaurantes y casas que se conectan unos a otros. Todo luce alumbrado por luces beige y yo tengo una extraña prisa por llegar. El camino se va llenando de obstáculos y cada vez me cuesta más avanzar rápidamente. Llegando a un sitio con mesas metálicas y blancas un chico se pone de pie y me saluda, lo veo fijamente, sonrío un poco pero sigo de largo. Entonces escucho su voz diciendo "no sabes quien soy, ¿verdad?" y volteo de nuevo a verlo. Fijamente. No sé quién es, me dice que así he ido olvidando poco a poco a las personas que antes conocía. Como si todo mi mundo anterior se hubiese ido borrando poco a poco. Una chica llega y habla con él, parece que discuten pero se van llenando de gestos, levantando la voz, convirtiéndose en otros. Aprovecho el momento y me voy, inquieta. Llego finalmente hasta mi casa, que es la casa de mi abuela. Con su antigua puerta demasiado blanca. Entro y veo a Dulce arreglando algo. Los espacios parecen más amplios y a pesar de todos los lugares ocultos estoy segura de que es la única que está en la casa. Me dice que debemos hacer algo, algo que no recuerdo.
Más cosas suceden que olvido, entonces despierto.




En mi sueño suena "Mientras no cueste trabajo" de Melendi.

13.9.08

.sueños. .13.09.08.

Me encuentro en un local, un cuarto pequeño y oscuro, con pocas superficies elevadas que utilizar improvisadamente como bancos. Se encuentra ligeramente por debajo del nivel del suelo y da la impresión de estar húmedo, viejo, la única luz que se filtra entra por el espacio abierto de la entrada hacia la calle. Hay más personas, todas parecen estar de pie y estáticas, yo miro fijamente el suelo, como si leyera algo, pero no hay texto.
Una amiga junto a mí me dice entonces que mire a la televisión. Levanto la vista hacia el único aparato, sostenido en una de las esquinas del lugar, todos parecen estarlo mirando. La imagen en la pantalla ocupa toda mi visión y es como si fuera lo único que existiera. Ahí, en escenas cortadas e independientes, aparecen distintos cuerpos de mujeres bailando, moviéndose, mujeres cuyo rostro no puede verse bien. Mujeres con cuerpos pequeños, delgados, con huesos largos y desproporcionados, mujeres moviéndose torpemente obstaculizadas por su propia y extrema delgadez. Mujeres cuyos miembros se caen como si fuesen piel desprendida y que continuan danzas ridículas que pretenden ser sensuales. Mujeres sin manos, con muñones improvisados, con pechos planos como una hoja de papel, con piernas largas y débiles. No entiendo qué tengo que ver en esas mujeres, pregunto algo respecto a ellas pero nadie responde.
Ian entra entonces al local y me llama, desvío la vista para verlo a él y me dice que vayamos al cine. Acepto y salimos a la calle, una calle grisácea en un día húmedo, con pocos autos y pocas personas, una calle triste y perdida. Mientras caminamos le pregunto qué película veremos y dice un nombre como "Habitación 162". Mientras las palabras llegan a mí el título va cambiando, los números son otros, se desprenden de un número mayor que va más allá del mil, podría ser 1462, y al siguiente minuto ser otro. En el poster de la película me imagino sencillamente la imagen de una puerta.
Suceden muchas cosas más que no recuerdo. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Una canción triste" de Enrique Bunbury.

24.8.08

.sueños. .24.08.08.

Imágenes independientes en un sueño probablemente más largo y entramado. Sostengo una revista frente a un oscuro puesto de periódicos. El formato es similiar al de las revistas culturales pero las frases parecen anunciar noticias sensacionalistas. Sólo alcanzo a leer una donde habla de la muerte de Diego Luna y la confirmación de Camila Sodi de su segundo embarazo.
No recuerdo más, eventualmente despierto.




Es curiosa la intromisión de Diego Luna en mis sueños. También es extraño que Ian haya soñado con otra muerte, aunque menos sensacionalista.
En mi sueño suena "Persephone" de Cocteau Twins.

17.8.08

.sueños. .16.08.08.

Me sentía como si al avanzar sólo bordeara las cosas. Como si todo estuviese cerca de los edificios y las formas, como una especie de fuerza de atracción. Recorro un largo tramo cargando una maleta, corro, detrás de mí viene Ian, a paso más lento, como fastidiado por lo que tenemos que atravesar.
Llegamos a la estación de tren, que es como un largo pasillo subterráneo, húmedo, oscuro y de concreto alto. No vemos a nadie hasta llegar al final donde la gente se amontona por pequeñas entradas sin orden, como refugiados de guerra. Camino hacia el final, donde ya casi no hay nadie y apenas se puede vislumbrar los rieles. Ian me alcanza finalmente pero continúa colocándose detrás de mí. Estamos España, y esperamos ese tren porque tenemos que ir a la Coruña, pero no estoy muy consciente de porqué la prisa.
Ian comienza a decirme algo, con un tono serio y continuo, como si se quejara mientras me narra una historia. Pero no puedo escucharlo, miro constantemente esperando poder ver cuando llegue el tren. Delante de mí obstaculizan mi vista algunas columnas de concreto y una especie de pantalla de plástico. A veces veo que se acerca algo pero entonces descubro que es completamente blanco y sé que es el metro, que pasa de largo sin siquiera detenerse. No tiene ventanas y no puedo ver a nadie dentro de él.
Siento como si cada vez hubiese más gente amontonándose en la estación y temo perder el tren cuando llegue. Entonces lo veo entrar en el andén, de naranja y blanco, y me apresuro hacia él. Al pasar descubro que no tenemos boleto y el hombre al frente me dice que tenemos que comprarlos antes de subir. Le digo a Ian que se adelante a subirse y yo lo alcanzo. Compro los boletos en un pequeño kiosko demasiado bajo, con demasiada luz por dentro y con una extraña reja negra cubriéndolo completamente. Cuando me acerco al tren veo que parece haberse transformado en una camioneta larga, con apenas unos cuantos asientos. Las filas son de cuatro y se encuentran en distintas posiciones a lo largo, las sillas se mueven muy fácilmente a través del espacio aunque se encuentran muy amontonadas. Varios chicos se han sentado ya adelante y jalo uno de los asientos para pasar atrás, a un par de asientos juntos. Apenas si encuentro espacio para poner mi maleta en el piso aunque no tenga espacio para poner los pies, pero Ian la pone en su asiento y salta hacia la cajuela, que es amplia y se encuentra desocupada. Le digo que porqué no se sienta y me dice que le molesta la falta de espacio, que está mejor ahí, aunque yo siento que sigue molesto conmigo y prefiere no estar cerca.
De otros sueños recuerdo un centro comercial pequeño y oscuro con tiendas deshabitadas, alguien jalando mi pierna del otro lado de una puerta y otras pequeñas imágenes que no alcanzan a concretarse. En algún punto me despierto.




En mi sueño suena "Timing" de Kevin Johansen

31.7.08

.sueños atrasados. .30.07.08.

Caminaba por lo que parecía un terreno baldío pero era en realidad un parque o algo así. La distancia parecía enorme pero yo caminaba poco, llegaba hasta una banca en donde habíamos acordado de vernos. No recordaba las circunstancias exactas en las que habíamos acordado el encuentro. Una farola iluminaba el sitio donde él ya estaba sentado, yo llegaba y me sentaba junto a él como si fuese casualidad. Lo saludaba, escuetamente, sabiendo que nos conocíamos pero como si también eso fuese inexplicable, lo llamaba Gabriel, por reacción, aunque recordaba entonces que no era ése su nombre, aunque tampoco parecía sorprenderle. Recordaba que Ian no llegaría y me preguntaba también porqué, los tiempos eran inexactos y era como si entonces estuviese aún internado y le fuese imposible.
Cuando hablaba no lo miraba, estábamos simplemente sentados sobre una banca que se tambaleaba extrañamente como si fuese un juego de feria que se mantiene suspendido sin brindarnos ninguna protección. Al otro lado de la banca se encuentran también dos personas, uno junto al otro pero sin mirarse y sin hablar.
Gabo comienza a hablarme, me cuenta algo que no tiene nada que ver con la razón por la cuál nos encontramos allá ni con la inexistente amistad que nos une. Habla mucho, quedo, casi como si no hablara para mí. Cuando volteo a verlo descubro que sus facciones son distintas a como las recordaba. Pareciera como si no pudiese mirar su rostro como un conjunto y cada vez que me detenía en alguna parte del mismo lo miraba entonces bajo una lupa y sus proporciones se magnificaban inexplicablemente. Como si siempre estuviese cambiando, sin darse cuenta, mientras no dejaba de hablar. Retiraba la mirada y no me atrevía a continuar viéndolo mientras hablaba, me recriminaba a mí misma que yo siempre miro a las personas cuando hablan y me lo imaginaba cambiando aún. Yo no decía nada.
Puede que haya sucedido algo después, pero no lo recuerdo. Entonces despertaba.




En mi sueño suena "The way young lovers do" de Starsailor.