Mostrando entradas con la etiqueta bersuit. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bersuit. Mostrar todas las entradas

31.10.08

.sueños atrasados. .30.10.08.

Me encuentro sentada en un parque cuadrado. Parece un espacio cerrado, donde la vegetación se encuentra hacia las afueras mientras en las esquinas aparecen bancas de concreto y metal. Me encuentro sentada en una esquina leyendo, junto a mí hay dos personas más, una especie de compañeros que platican a su vez con otras personas que se encuentran fuera del espacio. Cada uno ocupa una banca distinta y tiene una bolsa con sus cosas.
Hay tres hombres que dan una vuelta tras otra al especio cerrado, acercándose hacia los bordes. Yo los miro pasar una y otra vez, como si fueran los tres el mismo y como si no se cansaran de su inútil labor. Los tres visten de negro con ropas deportivas. No me dejan concentrarme en mi lectura y siempre que van a acercarse tengo que levantar la vista del libro para concentrarme en ellos.
Mis acompañantes, en un punto, se levantan y se inclinan sobre las jardineras para poder hablar mejor con las personas de fuera y dejan sus cosas en las bancas. Entonces tengo la sensación de que somos los únicos en un terreno enorme y casi desolado. La siguiente vez que pasan los hombres corriendo toman las dos bolsas de ellos y se dan a la fuga. Una fuga cíclica porque continuan corriendo en círculos pero ahora como si estuvieran alejados de nosotros. Yo tomo mi bolsa fuertemente y la mantengo junto a mí, con la sensación de que si la suelto un poco o si dejo de verlos se la llevarán también. Pienso en avisarle a los otros, que continuan hablando, sobre el robo, pero pienso que no tiene caso y mejor sencillamente me voy.
Tengo que llegar a mi trabajo, tomo un auto negro que comienzo a usar por primera vez y pienso que no debe ser tan difícil. Manejo hasta llegar a la colonia donde vivía de niña, hacia la zona más alejada y donde se encuentra un edificio algo derruido. Dejo el coche estacionado en la calle de enfrente, donde no camina nadie y entro. Todo parece en construcción, la entrada es pequeña y parte de las baldosas del suelo han sido removidas y se puede ver la arena debajo. Algunas partes están restringidas al paso. Las escaleras son pequeñas y sin soporte alguno, como si uno fuera a caerse de un momento a otro. Pareciera también como si no hubiera techo y el cielo se observara entre los huecos abiertos. Subo al segundo piso y ahí hay un pequeño salón que se escapa a la construcción caótica. Es de piso de madera y las paredes de espejos, como si fuera un salón de baile. Hay un gran grupo de señoras que apenas entran en ese espacio y que visten trajes de colores llamativos. Parece que dieran vueltas constantemente, siempre sobre su mismo eje y apenas chocando de pronto unas contra otras. Yo trabajo ahí, para una mujer que no puedo distinguir entre las demás y sin saber en qué consiste mi trabajo. Solo me mantengo ahí, mirándolas.
Entre todas ellas reconozco a Aranza y me sorprende un poco verla ahí. Me explica que está haciendo su servicio social en el mismo lugar. Platicamos brevemente antes de que las mujeres comiencen a irse y sea hora de retirarnos. Somos las últimas en bajar. Cuando está por irse le digo que puedo acercarla a su casa, si no teme a mi terrible habilidad para conducir. Me dice que tiene que pasar a buscar algo a una casa por ahí y que mejor va caminando. Me siento tonta por habérselo ofrecido y me voy.
El sueño cambia y estoy en las afueras de un espacio arenoso, con algunos locales de madera. Como si fuera una reproducción en fantasía de un pueblo de vaqueros. Hay poca gente y los lugares parecen pequeños y desiertos. Camino como si tuviera un rumbo fijo pero lo desconociera. Entonces veo que un hombre sale de un local y detiene a una joven que camina frente a mí. Luce joven, de cabellos castaños y un vestido blanco y azul. Él le pregunta por el final de un cuento que tiene pero que sólo llega hasta la mitad. Habla de una joven que queda atrapada en un pequeño pueblo. Ella le dice que sabe el final, que la joven sería torturada, que su cabello sería cortado completamente, que le arrancarían las ropas y la reducirían al mínimo de su ser. Que estaría condenada siempre, en un estado intermedio casi metafísico. Y mientras habla sé que habla de ella, sin saberlo, que ella quedará atrapada ahí y será torturada y su condena casi griega estará más allá de los límites de una posible realidad. La miro e imagino su cabello castaño cayendo por montones junto a ella, con su vestido roto y con todo el pueblo fantasma a su alrededor. Pero simplemente continuo caminando.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "La soledad" de la Bersuit Vergarabat.

25.10.08

.sueños atrasados. .25.10.08.

El tiempo en la isla siempre corre a un ritmo distinto. Yo no estoy exactamente ahí, pero tampoco en ninguna otra parte. Manejo un automóvil por algún rumbo idefinido: no miro hacia la carretera, miro hacia dentro. Hasta que la voz de Erika interrumpe mis ensoñaciones y me trae de vuelta. Tengo un compromiso que había olvidado, tengo que abandonar a mis desconocidos acompañantes y cambiar el rumbo, regresar a mi primaria. Es un día húmedo y la arena del patio, donde me estaciono, está mojada. Todo parece extrañamente vivo, aunque no se vean demasiadas personas en el lugar. Erika ya se encuentra esperándome en las canchas de basquet cuando yo llego hasta ella. Me siento feliz y voy cantando 'tropical dreams' de el Guisante Mágico y bailándola cuando llega hasta ella que me mira extrañada. No me dice nada y vamos caminando hacia la biblioteca, nos topamos con personas que parecen perdidas, la mayoría en grupo, a mí me causa una especie de gracia el mirarlo confundidos. Avanzo rápidamente hacia la biblioteca, la puerta está abierta y dentro puedo mirar una maqueta enorme, a modo de flor extraña cuyos pétalos se conforman por máscaras de yeso. Es completamente blanca. No me dijo que el piso junto a las escaleras está aún húmedo y me resbalo y caigo antes de poder subir, chocando contra la pared. Erika me mira preocupada pero yo no puedo dejar de reirme por mi torpe descuido.
El sueño cambia, estamos en un lugar enorme, con un escenario y un par de niveles. En el primero, el más cercano y más abajo, donde nos encontramos, hay muchas sillas metálicas y pequeñas dispuestas. Del techo cuelgan pancartas y diversos adornos, todo luce amplio y por los espacios abiertos entra un fuerte sol. Es un concierto de la Bersuit y en la música de fondo suena la canción de ellos de 'el viejo de arriba'. Hay mucha gente y siento que me he perdido de las personas con las que iba originalmente. Siento como si estuviéramos en América Latina, pero todas las personas que se encuentran en el público son conocidos. Llego junto a Mayra, después de vagar un rato, parece que está sola. Me cuenta sobre un proyecto que está llevando en la universidad sobre un automóvil. Me habla sobre los colores y el modo en que las agencias los manejan, de modo que si quisieras un coche de un color que la agencia no maneje, te costaría extra porque tendría que comprar los derechos sobre el color o emularlo vagamente. Mientras me lo cuenta imagino pequeñas cascadas de colores acrílicos que se derraman unos sobre otros. Pienso en lo poco práctico que es eso y en que debería pintar mi coche. Lo imagino de verde principalmente.
Alejandra aparece entonces, como si apenas me hubiera encontrado. Me platica sobre una reseña que leyó sobre el último concierto de Calamaro, que fue enorme. Mientras me cuenta lo que pasó miro que, precisamente, una de las pancartas que penden del techo tiene una fotografía de Calamaro. Me dice que fue un evento gigante, y yo me imaginaba una especie de escenario al aire libre donde convergía el escenario con otras secciones mercantiles o de servicios. Lo narraba con extremo detalle, como si hubiera estado ahí. Me decía entonces que Raúl había ido, que le había contado que incluso había comprado un souvenir, un pequeño peluche. Entonces yo sabía que el concierto había sido en Puerto Rico, y no me sorprendía enterarme que a Raúl le gustara esa música. Lo buscaba entonces entre la gente y lo encontraba, unas filas adelante, también solo, le preguntaba por el concierto y me lo contaba vagamente, como si comenzara a olvidarlo o le restara importancia. Le preguntaba por el peluche y me decía que sí, había comprado uno, y me lo daba entonces. Era un pequeño leon con una camisa del cantante argentino. Lo miraba fijamente, como si no supiera si me lo mostraba únicamente o me lo estaba regalando.
Un inoportuno despertador irrumpe mi sueño y entonces despierto.




En mi sueño suena "No te bancaste" de Andrés Calamaro.