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11.10.08

.sueños. .11.10.08.

Venía con Alejandra en su camioneta, atravesando la calle que se encuentra detrás de la universidad. Era de noche, como si acabáramos de salir de algún sitio cercano pero al mismo tiempo se sentía como esos largos viajes en que a uno lo sorprende la noche sin llegar a su destino. Hablábamos en voz baja y nuestras palabras se confundían con la música, sin voz, que inundaba el espacio dentro del automóvil.
En algún momento, pasando frente a una casa vieja que tiene una larga entrada llena de árboles, vimos como en el carril contrario venía en nuestra dirección Dulce en su carro. Yo no me fijaba en el detalle hasta que Alejandra me hacía ver que, finalmente y contra todos nuestros consejos, Dulce venía manejando. Yo veía entonces que Lili venía en el asiento del copiloto y en lugar de mirar hacia el camino miraba fija pero tranquilamente a Dulce. Por la expresión de ésta y por los movimientos del volante parecía como si estuviese conduciendo a gran velocidad, pero en realidad apenas si el coche avanzaba suavemente por el camino. Lili no parecía alarmada, y deducíamos una discusión en la cuál Dulce se negó a cederle el control del coche sin demasiada protesta por parte de Lili. No volteaban a vernos siquiera y se perdían después de pasar junto a nosotros. Alejandra me comentaba, un poco molesta, lo peligroso que era que estuviera manejando. Yo no reparaba en pensar qué hacían ellas conduciendo desde la dirección contraria, de dónde venían y hacia dónde iban.
Alejandra volvía a la plática silenciosa pero yo no hablaba más, me daba cuenta entonces que la calle estaba sola, que no había nadie caminando y que el de Dulce había sido el único carro con el que nos habíamos encontrado, que las farolas estaban apagadas y que todas las luces parecían haberse apagado también, aunque una cierta luminosidad tenue y sepia caía sobre todos los objetos a nuestro alrededor. Continuábamos en el camino, en dirección opuesta a la casa.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Volve a casa" de No Te Va A Gustar.

21.9.08

.sueños. .21.09.08.

Avanzo por un pasillo rojo. Todo luce cerrado y las direcciones pierden sentido, avanzo en línea recta hasta que este pasillo de la vuelta sobre sí mismo y continue hacia arriba, desdoblado. Llego a una especie de patio recortado dentro del mismo pasillo. Han desaparecido las paredes y hay un salto antes de continuar, a diferente altura. Está Mónica sentada frente a una mesa, parece que hace algo. Los bordes, las mesas y las sillas son todas blancas. Hablo ligeramente con ella, pero me siento extraña. Salto a la continuación de la línea roja y hay una mujer, casi en la misma posición que Mónica, pero también con una especie de asador donde prepara unas carnes. Me habla, y parece que hablara español pero no puedo entender nada. Me da comida, un poco servido en un plato y otro poco en una bolsa de plástico, para comer luego. Luce amable, de pronto otras personas aparecen y les da más de comer y luego desaparecen por un lado u otro. Regreso con Mónica, quien continua inmersa en su labor, hablo de lo extraño que es estar en Alemania y que aquella mujer es la única que ha sido amable conmigo en todo aquel país. Alguien, junto a nosotros, vuela un papalote blanco con formas extrañas. Luego llegan también Cinthia y Dulce y se sientan en la mesa y empezamos a hablar, como si ya estuvieramos lejos y todo fuera una plática sobre el pasado.
Entonces cambia el sueño.
Voy caminando por una calle de noche. Todo luce húmedo, la calle luce enorme y apenas iluminada. No pasan los coches y se ven pocas personas, aunque de vez en cuando las luces de los locales a mi lado están encendidas aunque el lugar esté cerrado. Llego hasta un lugar donde hay varias personas, conocidos que no alcanzo a identificar del todo. Varios hablan, me hablan, pero me siento sola, no entiendo lo que dicen. En el frente entonces veo el artefacto. Es una especie de nuez metálica, con formas como de submarino, que se abre por la mitad, como una nuez. Es completamente blanco y sólo yo parezco saber lo que significa. Corro hacia él y lo mantengo cerrado, les pido ayuda y varias personas me ayudan a sostenerlo, aunque sin demasiado énfasis. Les preguntó cómo pudieron dejarlo abierto. Aunque las ventanillas no muestran nada dentro yo puedo sentirlo. Por movementos muevo todo el objeto para que se note como en la parte inferior, de tela, un cuerpo pequeño se mueve mecido por las sacudidas. Necesito cerrarlo y les pido a unos amigos detrás de mí que vayan a comprar un candado. Uno sale hacia la única tienda abierta a esas horas. Otra se acerca y comienza a tirar muchos clavos junto a mí, de todos tamaños y colores. Les preguntó para qué son y me dicen que para cerrarlo. Le digo que con clavos no se puede, le grito. Tiempo después regresa el chico que salió y me trae también clavos. Estoy harta, dejo a alguien sosteniendo el objeto, que para entonces ya muestra muchas aberturas que me preocupan. Pero salgo con otro amigo y vamos a la tienda. Caminamos como una cuadra y ahí está, encendida. Todo el lugar está lleno de herramientas, paredes enteras llenas de candados. Tomamos un par pequeños mientras él escoge otras cosas. Entonces otro chico entra, me saluda, lo veo, y me dice que vayamos a otro lado. Me voy sin que me importe mi amigo escogiendo herramientas, o siquiera regresar.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Quién fuera" de Silvio Rodriguez.

17.9.08

.sueños a la siesta. .17.09.08.

Alejandra me llama por teléfono para preguntarme si no iré a clases. Le respondo que no, que no me siento con ganas. Al poco rato llaman a la puerta y voy a abrir y es ella. No sé si viene porque quiera saber cómo estoy o porque decidió de últimomento que tampoco quería ir a clases. Nos sentamos en los sillones de la sala, que son tres y son azules, platicamos. Entonces me llega un mensaje de Dulce con la misma pregunta y respondo de igual modo, al poco tiempo ella también llega y terminamos las tres sentadas sin más.
Tenemos algo más qué hacer, me dicen que ya es hora de que nos vayamos. Les digo que me esperen un momento, que tengo que ir a ver unas cosas antes. Paso por el cuarto y continuo hacia la habitación de mi hermano, que es la misma que tenía en la casa donde vivíamos cuando éramos pequeños. Le pregunto algo vanal, que quizá no viene a caso, me responde y me dice también que tome mis libros. No sé de qué libros me habla y entonces se levanta hacia el librero y me da un libro de pasta roja, con imágenes amarillas, el nombre del autor suena alemán aunque lo asocio mentalmente con Pirandello. Lo miro sorprendida y me pregunto cómo pude haber olvidado ese libro, siendo tan bueno, aunque al hojear la edición me parece completamente desconocida. Pero mi hermano insiste en que es mío. Me pregunta si ya he leído otro libro relacionado con espirales y le respondo que no, entonces saca una tomo grueso, con ese aire de bestseller norteamericano, en la portada la foto de un jardín cuyas nubes van cambiando de forma hasta formar un espiral casi morado. Me dice que es excelente, que me lo lleve, yo sólo miro el espiral y le pregunto si así se llama. Entonces el señala, más abajo, el título: "Los dos milagros".
Regreso al cuarto y les digo a las chicas que nos vayamos. Salimos a una calle que luce inglesa. Nos damos cuenta entonces que ninguna ha traído su carro y nos preguntamos qué hacer. Les digo que me parece que en la esquina hay una especie de transporte. Camino hacia una tienda cuya fachada está cubierta de ladrillos rojos y solo tiene algunas ventanas para mirar hacia el interior. Ahí venden toda clase de objetos relacionados con osos, aunque el lugar parece más un sitio de comida. Tiene un letrero que anuncia que para evitar la contaminación tienen un vehículo que sale cada cierto tiempo hacia donde los pasajeros necesiten ir. Pero el lugar luce cerrado.
Regreso con ellas justo cuando Gabriel pasa por la calle, manejando un jeep. Se detiene y nos regaña por no haber ido a clases, pero se ofrece a llevarnos a donde necesitamos. Me subo en el asiento del copiloto y ellas dos atrás, aunque de pronto también está Lili entre ellas. El viaje es confuso, entre zonas de viviendas y largos tramos de caminos verdes. Vamos platicando, algo relacionado con nuestro destino o con los libros. Pareciera que hay mucho ruido, no recuerdo las primeras partes de la conversación. Le preguntan a Gabriel por su madre, el comenta, de modo casi irónico, que sufrió un ataque al corazón. Me río y le digo que no tiene corazón por hablar así, me responde que no, que es su modo de preocuparse. Como si la solemnidad fuese algo completamente ajeno a él.
Estoy bebiendo café frío que pasamos a comprar, el me pide si puede tomar un poco y se lo doy. Al devolvérmelo le doy un sorbo y digo que le falta azúcar. Me dice que no, que el azúcar no remediará nada porque el café sabe malo, sin más.
De pronto atrás comienzan a hablar por su lado y Gabriel me dice que va a contarme una pesadilla que tuvo. Vamos atravesando una aparentemente interminable zona verde. Me dice que en su sueño iba a una posada con un hombre que conoció pero que ya está muerto. Era un hombre rubio, muy bajo. Era sencillamente un conocido pero iban juntos a una posada, casi podía imaginarme el sitio con una fachada roja y con aire claustrofóbico. Al igual que él, las demás personas en la posada eran simples conocidos o en algunos casos ni siquiera eso. La pesadilla residía ahí: una celebración con un conjunto de personas que no se importan para nada entre sí.
El mensaje de Dulce de "¿no vendrás a clase?" me despierta con un suave sensación de deja-vu.




En mi sueño suena "Hoy me dejaré" de Carlos Ann.

23.8.08

.sueños. .23.08.08.

Camino por la universidad, apresuradamente. Me detengo entonces y paso por lo que sería la cafetería de nuestra facultad, pero a diferencia se encuentra por completo cerrada, como un oscuro salón subterráneo. Las paredes grises, sin ventanas, los espacios amplios sin muebles y el piso alfombrado en azul. Al pasar me encuentro con mi profesor Alfonso platicando con los estudiantes dos generaciones menores que la mía, parece una conversación animada, sé que acaban de salir de su clase de brasileña. Ni siquiera los saludo.
Camino hasta el fondo de un largo pasillo oscuro, cuando vuelvo a salir a la luz he cambiado de escenario. Estoy en un terreno de concreto amplio, como una improvisada cancha de basquetbol sin delimitaciones. A lo lejos pueden advertirse las rejas blancas y algunos edificios lejanos y aparentemente abandonados del mismo color. El aire se siente caluroso. Junto a mí están varios compañeros y entonces me doy cuenta de la principal razón por la cuál las bardas bordean todo el conjunto irregular. Un grupo de hienas van corriendo y pasan junto a nosotros.
Uno de nosotros entonces corre entre ellas, sin dificultad, pero entonces toma a uno de los dos cachorros que se encontraban protegidos por la manada que se aleja. Sólo las hienas alrededor de él notan el hurto, al tiempo que nos advierte que comencemos a correr. Me quedo paralizada por un momento y una de las hienas se abalanza sobre mí y muerde el brazo que alzo para defenderme. Forcejeamos por un momento hasta que logro soltarme.
Corremos hacia la salida, mientras ellas van en busca del resto del grupo para perseguirnos. Una vez llegados a la puerta volteo y veo una única hiena que se adelanta al grupo y la aparto al tiempo que también alcanza a morderme un poco el brazo. Lo siento entumido y comprendo que se haya alejado todo el dolor. Cierro la puerta y subo rápidamente al carro que nos espera afuera.
Escucho el ruido de las hienas golpeando la puerta metálica, e incluso veo cómo una consigue sortear la altura de la misma y llegar a la calle. Entonces me percato que quien maneja el coche, un vocho blanco, es mi primo Andrés quien acelera rápidamente para alejarnos. Comento, casi con tristeza, que es una pena que haya tan poca seguridad y la hiena haya conseguido escapar, como si el mundo real fuese un mayor peligro para ella que viceversa. La miro, luciendo ahora más perdida que furiosa y moviéndose apenas lentamente sin atreverse a alejarse del conjunto. Nos alejamos.
Me pregunto para qué necesitaríamos una hiena pequeña. Dulce, en la parte de atrás del coche, me pide que le muestre mis heridas. Estiro mi brazo y veo las marcas de las mordidas, sin sangre y como si estuvieran ya cicatrizadas y costuradas. Ella me dice que no parece grave pero que aún así tendrían que inyectarme contra el tétanos.
Miro mi brazo cubierto de marcas, como una tela hecha de retazos. Entonces despierto.




En mi sueño suena "Me arde" de Andrés Calamaro.

22.8.08

.sueños. .22.08.08.

Caminaba con Dulce sobre la calle de atrás de la universidad. Íbamos rápidamente, probablemente a comer, y hacía mucho calor. Hablábamos sobre algún tema con el que estaba fastidiada, así que iba un poco de malas. Pasábamos frente al sushi y en una de las mesitas que están fuera veía a Jessica y a Víctor comiendo. La mesa era muy pequeña, de manera que sólo cabía un plato sobre la superficie y no parecía precisamente de sushi. Se encontraban muy cerca y acaramelados, de manera que en una escena digna de "La dama y el vagabundo", Víctor le daba de comer en la boca.
Dulce parecía no percatarse de ello y seguía hablando, yo sólo los miraba y ellos tampoco se daban cuenta de que yo pasaba por ahí. Pensaba mentalmente en lo idiota que era Jessica por regresar con él, pero aún eso no superaba mi desconocido enojo inicial.
Por la mañana recordaba algunas otras partes del sueño que ahora se han ido. Eventualmente despertaba.




En mi sueño suena "Nuestra sociedad secreta" de Xabel Vegas y las Uvas de la Ira.