30.11.08

.detalles diurnos.


Iba a resultar que Freud tenía razón y la mujer cocodrilo no tenía un caos en las hormonas si no todas las tuberías averiadas. Lo supuso ante el círculo con que sus labios formaban la o. No. Qué Dalí en negativa ni qué nada. Era fácil preveerlo, sin todas sus adivinas, o sin las adivinas de él, que eran más y tenían más peso. ¿Con qué asocias esta mancha, Samantha? Soy algo más que mi nombre y que mis traumas. O eso me gusta creer cuando se va la luz y mis huesos no resisten la estructura de mi cuerpo. Soy algo más que un historial de enfermedades inventadas y de anécdotas escritas en desorden.
O eso me gusta creer.
Cuando se acaba el té y de cocodrilo sólo tengo el apellido y los sueños acuosos. Antes de despertar, Samantha narrando el sueño de Kafka ante el abismo. Todos estamos alerta.

.sueños. .30.11.08.

Habíamos llegado hasta un pequeño conjunto de casas, a modo de campamento, en medio de un bosque brillante y cálido. El grupo estaba formado de manera aleatoria, como si hubiésemos sido escogidos para cumplir con una misión concreta que resultaba difícil de precisar. Bajábamos del coche, Eduardo, dos chicas que me parecía conocer superficialmente de la isla y yo. En el lugar ya estaban algunos otros conocidos, aunque aún no podíamos verlos. Todo lucía demasiado tranquilo, como si lo único que se moviera fuera el viento.
Bajábamos con nuestras cosas, equipajes absurdos, y nos dirigíamos hacia nuestras habitaciones. Las casas eran pequeñas, de madera, y estaban organizadas como si fueran las orillas de un cuadrado, donde todas las puertas daban a un espacio abierto de hierba en el centro del lugar. Eran casas pequeñas. Entraba por una de las puertas y atravesaba un pasillo estrecho. Llegaba a un cuarto individual, el único de todos, con una cama enorme de sábanas coloridas, con un cuadro enorme sobre la cabecera y una ventana que ocupaba casi toda la pared de un lado. Era el cuarto de Eduardo, lo sabía, me preguntaba por qué le había tocado el único cuarto individual pero no me detenía demasiado. La ventana era también una puerta corrediza de cristal y salía por ella para entrar en otra de las cabañas. Ahí, en el cuarto en que entraba, habían tres camas grandes, eran los únicos muebles del lugar. La más grande se encontraba en una de las esquinas, colocada contra dos de las paredes que cubrían la cabecera y el lado izquierdo. Las sábanas eran rojizas. Las otras dos, un poco más pequeñas, se encontraban en las paredes restantes: una junto a una ventana grande, aunque no ocupara más que una tercera parte de la pared, y otra separada de cualquier otra cosa. Junto a la cabecera de la cama grande había una puerta que dirigía a un baño u otra habitación. Las dos camas pequeñas, una azul y otra verde, estaban perfectamente tendidas, intactas. Sin embargo yo tenía la noción de que la cama roja era la mía, y dejaba sobre ella varias prendas de ropa clara que llevaba cargando, como si acabara de lavarlas. Pero entonces me detenía mirando la cama destendida, como si pudiera ver también todos los movimientos que habían empujado las sábanas, las personas que habían dormido antes ahí. Es incómodo, dejo entonces mis cosas sobre la cama verde, que es la más lejana.
Entonces entran las dos chicas que venían en el coche junto con una mujer mayor, que aparentemente es una de las organizadoras. Vienen platicando, la mujer les dice que pueden tomar las camas que quedan libres. Pregunto si la roja no estaba ocupada y ella responde que no. La mujer permanece de pie mientras nosotras estamos sentadas sobre nuestras respectivas camas, hablando con ella, mirándola. Ella dice, de manera burlona, si todas nosotras somos novias de Eduardo. Entiendo entonces que las dos chicas que venían en el coche tienen alguna clase de relación con él, conscientes de que también la otra y quizá muchas más, sin que eso importe mayormente. Digo que yo no, quisiera agregar: ya no, pero me callo. Llega la noche y me descubro durmiendo en la cama, siento como si las casas y su orden cambiara mientras dormimos.
Escucho entonces la alarma del despertador, me despierto rápidamente y recuerdo lo que tengo que hacer. La habitación ha cambiado y ahora duermo sola. Me levanto y salgo a patio, las formas se dibujan entre sombras. Camino por una vereda de concreto entre la hierba hasta la casa vecina, donde entro gritando para que los demás se despierten. En una misma habitación están durmiendo las dos chicas y Yahir, mientras que un pequeño pasillo los separa de la habitación de Eduardo. Escucho como se despiertan, apenas, vuelvo a alzar la voz, hay cosas que tenemos qué hacer y es mi deber despertarlos. Se mueven en la cama. Una de las chicas me pide que prenda la lámpara de esferas. Levanto mi vista al techo, que de pronto me doy cuenta que es terriblemente alto, del techo cuelgan mil lámparas con formas distintas, con conceptos imposibles. Una de ellas es una especie de enredadera caída conformada por esferas de colores. Camino hacia la puerta y veo todos los interruptores, como si no pudiera enfocar bien, pero entonces se vuelven uno sólo y es el correcto. La luz que inunda el cuarto es ambarina. Estoy por irme de regreso a mi cuarto, a arreglar todo lo que sea necesario, cuando la otra chica me dice que encienda la luz de los boletos. Veo junto a la puerta una especie de pizarrón de corcho provisto de pequeñas luces. Ahí están clavados los boletos para un evento, como si estuvieran atravesados en una parrilla para pollos, girando. Enciendo su luz y todo alrededor de ellos brilla, es para que no olviden tomarlos antes de salir del cuarto. Son boletos para algún evento que llevan esperando mucho tiempo y que no quieren perderse.
Cuando salgo ya puedo ver claramente, es de noche, una noche cerrada. Una especie de alarma suave suena alrededor y sé que delata mi presencia en el patio interior. Veo que Yahir sale de otra de las casas, burlón, entonces caigo en la cuenta de que no lo vi despertar de su cama porque no estaba ahí. Entiendo que cambió la hora de todos los relojes para jugarme esa broma, como si el hechizo se rompiera todo ha vuelto a la normalidad, como si todos hubieran vuelto a dormir al descubrir, junto conmigo, el truco. No me molesto siquiera por lo que hizo, pienso en todos los relojes a los cuáles tuvo que cambiarle la hora, me doy cuenta que estoy descalza. Camina hacia mí y sin decirnos nada entramos en mi habitación.
Entonces despierto.




En mi sueño suena "Monedas al aire" de Carlos Varela.

29.11.08

.sueños atrasados. .27.11.08.

Avanzo distraída por un gran local, alfombrado y con techo alto, cuya distribución me remite a una librería aunque se trata en realidad de una tienda de teléfonos. No estoy segura de lo que busco y avanzo con duda, como si temiera de los espacios abiertos.
Entonces, al llegar a una parte, una mujer se acerca a mí y me dice que pase, como si me estuviera esperando y supiera todo lo que tendría que suceder a continuación. Camino detrás de ella hasta el espacio entre dos anaqueles de madera clara, cuyos productos no alcanzan a entenderse del todo. Tengo papeles que llenar antes de continuar, como si ella supiera lo que yo quiero, las decisiones que ahora parecen tomadas. Hay una especie de intimidad entre esos anaqueles, como si nadie pudiera acercarse a nosotros. Yo me siento en el suelo en medio de ellos y comienzo a llenar hojas ligeramente azules, con información imprecisa. La mujer se mantiene de pie, alerta de cualquier persona que quisiera acercarse a nosotras.
Entonces, en uno de esos anaqueles hay una pantalla donde comienza a pasar un video. Parte de lo que suceda en el video tendrá que repetirse en las hojas y me dispongo a verlo. Habla de un descubrimiento reciente sobre ciertos peces con características prehistóricas. En la pantalla aparece su descubridor, quien levanta un especimen que parece una especie de mantarraya, de color café y cuya piel parece reproducir formaciones rocosas. Es casi monstruoso, pero con una monstruosidad que raya en lo cómico. La información al respecto parece un murmullo de fondo, el animal comienza a cambiar con las tomas, hasta que termina por ser un pez gigante que necesita ser sacado del mar con la ayuda de dos gruas. Sobre cubierta el científico lo ve, como se asoma vivo, sin heridas, para ser transportado en el barco. Es enorme y su fisionomía ha cambiado radicalmente, a excepción de la piel café y rocosa. Pareciera como si ambos se miraran y el científico lo acaricia tiernamente y deposita un beso sobre su lomo.
Sé que miente, que todo eso ha sido una pantalla, un teatro, lo burdo reflejado en los avances. Todo es mentira pero al mismo tiempo el pez está ahí y tampoco es un engaño. Tengo la noción de que esta comunicación entre el video y yo es algo completamente íntimo, un secreto que debo guardar, de manera que no estoy segura del todo el modo en que debo terminar de responder las hojas.
Me dispongo a continuar con la monótona labor cuando despierto.




En mi sueño suena "Wish you were here" de Pink Floyd.

28.11.08

.detalles diurnos.


Soy tan tonta que lo olvido todo. Qué cometa distraída morado obispo volaba lejos y yo la ignoraba. Caminábamos juntos por las playas de Barcelona y tenías hambre de paella. Con este vestido blanco soñé toda mi vida: tela torpe. Nada cambia. En todos mis paisajes hay un sol y una brisa salada que me golpea hasta en el agua dulce. Si no somos del Caribe, si no somos peces, si no tomamos estas manos para esculpirlas en recuerdos futuros, ¿entonces qué? Soy tan tonta que me olvido de las ciudades que tenían tu nombre, los sueños viejos que tenían tu nombre, los recuerdos que tenían tu nombre. Y yo por dentro me desvisto y regreso a las palabras que te pedían que devolvieras las llaves. Ganas de hacerte reescribir aquel poema, decías, y si estábamos mintiendo era justo.

.fotofobia.


¿Quién te inventa, Barcelona, como yo?

(o como el autor de este cuento que no me deja dormir)

27.11.08

.para no olvidar.


dos pilotos se enfrentan al volante
en el rally a dakar de la m30
el segundo no cumple los cincuenta
y el que va por delante
del sargento pimienta es un marciano
que canta por los codos de su hermano

ambos tienen sus celos y sus novias
sus divorcios, sus ángeles caídos
sus volcanes, sus duelos, ¿quién ha sido?
sus filias y sus fobias
pero uno suda a muerte la camisa
y el otro duda y nunca tiene prisa

qué par de idiotas
dos ascensores
gata con botas
males de amores
vuelve al rebaño
carne enlutada
sobran peldaños
vista cansada

tuyo y ajeno
besos impares
pan con veneno
luna sin bares
héroes sin tumba
cal en los ojos
hambre con rumba
números rojos

¿quién dijo que hoy es múltiplo de antes
y el ego un envidioso malcriado?
¿qué maldición separa a los amantes
que no se han olvidado?
¿quién podrá resolver la cuadratura
de esta regla de tres con calentura?

falta una sota
sobran dos reyes
cuerpos de jota
contra las leyes
ratas de barco
frena esa moto
viudas de narcos
bodas sin fotos

seda con pana
uña sin mano
cada semana
muere un verano
traje de luces
pata de cojo
cartas y cruces
números rojos




[Joaquín Sabina]

26.11.08

.o tengo los ojos abiertos.


Ejercicio para clase. Texto plagado de lugares comunes:

te sueño y quisiera amarte con los dientes aunque tu corazón sea un dulce amargo y venenoso y aunque te comas las fresas que adivinas en mis labios aunque seas negro y yo blanco y nuestros infinitos tormentos sólo puedan llevarnos a la locura o a la cama porque la luna que es mía está lejos y no brilla todo el tiempo y quisiera navegar los mares de aburridos colores de tus pupilas que me abrazan y me abrasan en tus miradas de fuego te sueño y quisiera amarte vestida de princesa rusa de pie con sed de tu boca loca que me dice que también me sueñas y que quisieras hacer conmigo todo lo anterior y algunas otras cosas menos convencionales